En la sexta entrega que hace el doctor García Barrientos en su revisión del canon del teatro occidental, comenta la "Orestíada", señalando que "Esquilo es nada menos que el creador de la tragedia, una ‘dramaturgia’ —en nuestros términos— insuperada hoy y seguramente insuperable. No es hazaña menor sumar la prioridad a la primacía, iniciar una tradición y llevarla, a la vez, a su más alto grado de excelencia".
"Hay autores que cambian el rumbo de un género o de una literatura. Y no por una generación o un siglo; para siempre. [...] Ibsen es uno de esos maestros mágicos. Todo el teatro posterior es ibseniano, lo sepa o no, lo quiera o no; por completo diferente al anterior..."
"Calderón es un dramaturgo universal ―el más universal de nuestra lengua― y un genuino hombre de teatro que dirige algunas de sus piezas y se involucra en lo espectacular. Poeta trágico capaz de explorar los laberintos de la opresión ideológica, política y social, es a la vez uno de los más grandes maestros del género cómico..."
"¿Shakespeare o Racine? Ésta es la cuestión. Y Shakespeare, seguramente, la respuesta. Sí, pero Racine… —y en Fedra, que es la quintaesencia de su dramaturgia, que es la dramaturgia de la quintaesencia— tiene algo, para la literatura y para el teatro, que Shakespeare no tiene y que nadie tiene como él."
"La Celestina es un clásico entre los clásicos. Eso nadie lo duda —señala García Barrientos—, pero quizás tampoco acierte nadie a explicar el porqué." En esta entrega el autor apunta a una posible respuesta.
Rubén Sicilia, dramaturgo y director de teatro cubano, ofrece en este ensayo Una interesante revisión de la representación teatral en términos de su fusión con el juego y el ritual, con la invitación al lector a explorar personalmente la potencialidad de un teatro que se acerque al rito y actualice el espacio de libertad que implica el juego en la actividad teatral