Antes de mi despertar en el teatro, mis maestros ya estaban allí. Habían construido sus casas y sus poéticas sobre los restos de sus propias vidas. Muchos de ellos no son conocidos o apenas se les recuerda: trabajaron desde el silencio, desde la humildad de sus salones de ensayo y de sus salas llenas de espectadores y, lentamente, tras años de trabajo y logros extraordinarios, fueron dejando su sitio y desparecieron. Cuando entendí que mi oficio y mi destino personal sería seguir sus pasos, entendí también que heredaba de ellos esa tradición desgarradora y única de vivir el presente sin otra expectativa que alcanzar la transparencia de un momento irrepetible. Un momento de encuentro con el otro en la oscuridad de un teatro, sin más protección que la verdad de un gesto, de una palabra reveladora.
¿Día mundial del teatro para audiencias jóvenes? ¿De verdad?
¿Por qué tú, particularmente tú, llevarías a un niño a ver una obra de teatro para niños?
¿No tienes nada mejor que hacer que mirar a un grupo de adultos que, por lo general son tan serios y aburridos, hacerse los tontos, hacer mucho ruido, ponerse tristes y hacer el ridículo?
Sin ninguna experiencia previa, salvo la de haber asistido de niño al teatro, a los diecisiete años dirigí una obra actuada por amigos y compañeros de la preparatoria. Se presentó de manera informal en la escuela y también en una sala más adecuada y abierta al público.
Simplemente no puedo imaginar un mundo sin teatro o sin las artes. Para la niña sorda que yo era, las clases de ballet se convirtieron en un refugio seguro donde podía ser yo misma como yo misma era.
Eloise Kazan, es diseñadora de vestuario, escenógrafa, directora de arte e ilustradora. En 25 años de trayectoria ha colaborado con algunos de los directores escénicos más importantes de nuestro país ...