Queridos amigos:
Amo el teatro.
Amo la magia de este arte que nos reúne
en la misma sala y sin embargo somos únicos…
Cada cual con su historia,
descalzos o con zapatillas de lujo,
en el frío del polo o en el calor del trópico.
Cada cual con su humor,
su familia, sus gustos, su color de piel,
sus problemas, sus sueños.
Es esa idea fascinante que se te ocurre,
luminosa como el sol de la mañana;
es tuya y con ella eres feliz.
Es tener planes de repente y es la manera
de volverlos realidad.
Las cosas que nos dan forma, nuestro carácter, son aquellas que están guardadas en nuestra memoria, esfuerzos y eventos que hemos experimentado y que se convierten en recuerdos. Las cosas que recordamos a veces originan en nuestros semejantes deseos de recordar. Incluso eventos en los que somos el centro llegan a nuestra memoria a través de la memoria de otros. Los traemos a nosotros desde la memoria de los otros, a partir de historias que ellos nos relatan.
Los niños tienen su propio espacio y tiempo. No siempre es el mismo espacio ni el mismo tiempo que el de los adultos. Los adolescentes tienen otro espacio y otro tiempo. Y el espacio y tiempo de los niños pequeños es también otro.
El Webster’s English Dictionary define la globalización, entre otras acepciones, como un “mayor intercambio cultural internacional”. Lo que intento subrayar citando el término “globalización” es que deberíamos tener un intercambio más activo del teatro para niños y jóvenes entre las naciones y regiones del mundo para elevar el movimiento teatral de su condición actual.