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Roberto Frabetti, Italia 2009

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Roberto Frabetti, actor, director y escritor,  fundador de la compañía de teatro La Baracca Produzioni Teatrali, Teatro Testoni Ragazzi de Boloña (Italia)

Los niños tienen su propio espacio y tiempo. No siempre es el mismo espacio ni el mismo tiempo que el de los adultos. Los adolescentes tienen otro espacio y otro tiempo. Y el espacio y tiempo de los niños pequeños es también otro.

El espacio y el tiempo definen una dimensión. El espacio y el tiempo están en la base del ritmo. Y el ritmo está en la base del teatro, así como de la vida. En la base de la comunicación, con nosotros mismos y con los otros.

Hacer teatro para niños y niñas —de cualquier edad—, o hacer teatro para adolescentes y jóvenes, significa entrar en nuevos espacios y tiempos. Significa experimentar nuevos ritmos para encontrar un ritmo compartido.

Buscar un ritmo significa buscar un territorio neutral; no una tierra de nadie flotando en medio de un conflicto, sino una tierra que no pertenece a nadie, y aún está libre de conflictos, una tierra libre, donde nada ha de ser defendido, pero donde es posible al fin compartir algo: un trozo de sabiduría, una pregunta, una duda e incluso una emoción.

Es habitual decir que la gran ilusión del hombre es compartir sus emociones con otros, llegar a un estado de fusión, a una empática comunión.

También se dice que esto es imposible en la vida real, excepto cuando un amor comienza. Tal vez podamos ser compasivos, vivir una emoción cerca de alguien, sentir emociones al mismo tiempo, las que, en todo caso, son emociones diferentes.

Puedo alegrarme de que estés contento, pero no estoy feliz, me alegro. Simpatizo contigo mientras vives una emoción intensa.

Puedo sentir pena por tu tristeza. Pero lo que siento no es tristeza; es algo diferente, algo más liviano.

Tal vez podamos compartir una intensa emoción colectiva, al igual que la que nos une al apoyar a un equipo deportivo, pero es difícil compartir una emoción profunda y personal.

Me gusta pensar que el inalcanzable deseo del estado de fusión es una de las razones que ha llevado a la humanidad a necesitar hacer y vivir el arte. En particular, un tipo de arte “vivo”: el arte que necesita la presencia de actores y espectadores al mismo tiempo, como en la música, la danza y el teatro.

En la ficción del teatro es posible compartir emociones profundas, y por ello reales. Si vemos juntos Romeo y Julieta, juntos podemos esperar la salida del sol, a sabiendas de que ya ha amanecido. Siendo Julieta quien detiene, no queriendo; o siendo Romeo quien se queda, sabiendo lo que va a pasar. Si todas las alquimias funcionan y si hay veracidad. La confianza es básica. Me refiero a la confianza de aquellos que se dan cuenta de que viven en una tierra “libre”. Que no es mía ni tuya; una tierra de tránsito y de encuentro.

Es la veracidad de un tipo de teatro que no ensalza a los actores y artistas, sino un teatro en el que los actores y artistas viven intensamente lo que hacen y la oportunidad que la vida les ha ofrecido: la posibilidad de adentrarse en territorios libres, donde puede lograrse la fusión.

Haciendo teatro para niños, niñas y jóvenes, cualquiera que sea su edad, la tierra libre está a menudo a la vista. Porque “ellos” tienen su propio espacio y tiempo. No podemos incluirlos en nuestra dimensión, deberíamos tratar de buscar un nuevo ritmo, el ritmo del encuentro, el ritmo creado del intento y de llegar a conocer a los demás, siendo únicos, siendo diferentes.

Ésta es una de las más importantes características del teatro para niños y niñas, el cual no es un teatro “menor”, sino el lugar de una búsqueda humana y profunda. Porque los niños y niñas tienen derecho a interactuar con adultos que los respeten como personas.

El arte y el teatro pueden representar una tierra donde los encuentros sean posibles, donde otros espacios y tiempos se puedan entrelazar, llenos de sorpresas, permitiéndonos tocar las cuerdas de nuestra sensibilidad más profunda.

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