La mejor manera de que un dramaturgo transmita emociones y pueda conmover a su público es encontrando buenos conflictos y jugosas situaciones que saldrán seguramente de aquellas primeras imágenes intercaladas, y que terminarán por unirse a otras configuraciones posibles, para volver teatral y singular la historia de la que parte.
"Soy de los que piensan —dice Fernando Zabala, docente y dramaturgo argentino— que todo ha sido escrito por los grandes autores universales. [...] Sin embargo, las autoras y autores contemporáneos no nos hemos quedado sin tela para cortar. La manera de escribir y la singularidad de cada autor es única e imponderable..."