La obra, exclusiva para mayores de 15 años, se presenta fines de semana en el Teatro Helénico hasta el 31 de agosto

«Era un árbol seco,/una higuera vieja/que tenía/una rama muy gruesa,/y torcida…/simulando una mueca siniestra./Me acordé de Cristo que la maldijera…/¡y de Judas…/que se ahorcara en ella! » Así versa el poema La higuera maldita, donde el poeta español León Felipe recuerda dos momentos importantes de las Sagradas Escrituras mientras él está tumbado en la tierra, recostado en el tronco de un árbol castellano.
De acuerdo con el evangelio de San Mateo, Jesús hambriento se acercó a una higuera para comer algo, pero el árbol no tenía ningún fruto, entonces El Señor la maldijo y el árbol se secó en seguida. Para León Felipe existe una relación directa entre el árbol maldito por Jesucristo y el árbol que carga con la muerte del traidor. Según el relato del mismo evangelista, Judas sintió remordimientos por haber entregado a su maestro, intentó devolver las monedas de plata que había percibido en pago por su traición y al salir de donde estaban los sumos sacerdotes corrió a ahorcarse. Aunque en ninguna parte de la Biblia se dice cómo se suicidó Judas, ni siquiera si fue de un árbol, para León Felipe ambos símbolos empatan en un mismo universo: su poesía.
Los últimos días de Judas Iscariote es una obra de teatro original del dramaturgo estadounidense Stephen Adly Guirgis que actualmente se presenta, por primera vez en México, bajo la dirección de Marco Vieyra, una producción de Casa Spanda, en el Teatro Helénico por corta temporada. Al igual que en el poema de León Felipe esta puesta en escena supone un reto para configurar un código poético, fársico judicial, que dialoga con la tradición cristiana. La obra comienza con el dolor de la madre de Judas (Nailea Norvind) por el suicidio de su hijo. Ella intercede a Santa Mónica para que la misericordia de Dios alcance a perdonar a Judas Iscariote y le conceda ser salvo. El cuerpo de la obra se desarrolla como una farsa judicial donde posturas dialécticas se enfrentan para absolver o inculpar al gran traidor de la historia cristiana.
La premisa de la obra es superatractiva. La salvación de Judas es una cuestión bastante controversial para propios y extraños. El pensamiento cristiano se ve precisado a dialogar con diversas disciplinas como la hermenéutica bíblica, la teología y la doctrina catequética para poder hilvanar hipótesis sobre el destino de Iscariote. ¿Fue Judas en realidad el traidor de su maestro o solamente la mano ejecutora de un plan previamente trazado por Dios? ¿Fue el asesino indirecto de Jesús? ¿Judas se arrepintió de sus acciones? ¿Pudo entonces ser salvo? Estas y tantas otras preguntas son más una provocación al diálogo que a certezas contundentes. San Mateo le regala un parlamento a Judas en donde reconoce su falta «Pequé entregando sangre inocente» y es esta declaración la que validaría cierta anagnórisis en el proceso de Judas. Sin embargo ¿Fue esto suficiente para obtener la salvación de su alma?
En la obra de Guirgis dicha pregunta es la más contunde provocación para montar un juicio al traidor besucón. El juicio a Judas (Sebastián Silveti) se emplaza en el purgatorio y los litigantes son Fabiana Aziza Cunningham (Federica Rangel) quien llevará a cabo la defensa de Judas y Yusef El Fayoumi (Francisco Rubio) quien hace las veces de fiscal, recio y severo en su condenación al Iscariote. El juez encargo de resolver este complejo caso es el juez Littlefield (Silverio Palacios) quien se ve puntualmente ayudado por su alguacil (Baruk Serna). En este juicio tan absurdo como divino se conjuntan diversos personajes para rendir su declaración, que por momentos inclina la balanza hacia la condenación o salvación del inculpado. En la pasarela de declarantes se encuentran: Simón el Zelote (Luis Fernando Peña), Poncio Pilato (Michelle Rodríguez), Santa Teresa de Calcuta (Nailea Norvind), Satán (Pedro de Tavira) y hasta el padre del psicoanálisis, Sigmund Freud (Enrique Arreola) quien busca exonerar a Judas diagnosticándolo de incompetente mental.
La obra es esencialmente una marea de carcajadas. Marco Vieyra ubicó perfectamente a su elenco en el tono preciso que demanda esta farsa judicial y consigue la osadía de sostener la atención y el compromiso del público por espacio de 2:30 horas. ¡Con lo que supone estar ese tiempo en las estrechas e incómodas butacas del Teatro Helénico! La obra en sí misma tiene el sabor que todo drama judicial exige: dialéctica y suspenso. Por ejemplo en Doce hombres sin piedad(historia que en México ha sido conocida como Doce hombres en pugna)el drama comienza con una declarada sentencia para el culpable, menos por uno de los jurados. Cuando este hombre expone sus argumentos consigue mover la voluntad de otro de los jurados hacia su bando en la segunda ronda de votaciones. Poco a poco el peso de la balanza va mutando de postura a lo largo de la obra. En Los últimos días de Judas Iscariote no existe explícitamente un jurado a la americana que sancione o no al inculpado. De manera simbólica es el espectador quien se llevará su veredicto a casa al salir de la función. La declaraciones de personajes como Santa Teresa de Calcuta o Freud trasladan el juicio de Judas a asuntos más contemporáneos como el problema del aborto o las condiciones mentales que determinan una patología. Esta obra es más que un divertimento, la farsa judicial conmueve a la razón tanto como al sentimiento.
¿Cuáles son los motivos de Judas? En la tradición cristiana los antecedentes de los primeros obispos quedan más o menos omitidos. Se sabe que San Pedro y su hermano Andrés eran pescadores, que San Mateo era publicano y recaudador de impuestos para el imperio romano… ¿y Judas? De acuerdo con la obra de teatro la infancia de Judas estuvo marcada por la miseria y la violencia. El dibujo de personaje que hace del judas adolescente el actor Sebastián Silveti recuerda, de alguna manera, al Jaibo (Roberto Cobo) de Los olvidados, la gran obra mexicana del genio de Calanda, Luis Buñuel. Al igual que el paria de la Ciudad de México, Judas tampoco experimenta la compasión hacia el ciego, a quien burla quitándole su bastón. El Judas de Guirgis y el Jaibo buñueliano son personajes que arrastran en la piel la imposibilidad de sostener una amistad, condición que en ambos casos se rebasa hasta el crimen y la tragedia.
La dirección de Vieyra sobresale en el trabajo con los actores (¡Es un gran director de actores!) en detrimento de la puesta en escena. Los espacios que habitan los personajes son innecesariamente confusos. El purgatorio rulfiano es clara, y oníricamente, un pueblo desértico llamado Comala. El purgatorio por el que deambula Judas es quizá un cuarto de cachivaches o una bodega o los restos de una gran fiesta que ha dejado solamente dos mesas chuecas y muchísimas sillas. La escenografía (diseño de Emilio Zurita) es rústica y austera. Por momentos puede ser cuestionable que exista una torre de sillas por la que no pasa nada varios minutos y después un personaje sube y baja por ellas. Las dudas y extrañezas desaparecen cuando los actores se apropian de la escena. Si hay algo que distingue al elenco es que saben caminar con torería el escenario y disfrutar de cada uno de sus personajes.
Michelle Rodríguez brilla por su comicidad en todo momento. Interpreta a una Santa Mónica muy alejada de las pinturas conventuales y muy cercana a una «chola tepiteña». Se expresa con la jerga propia de un barrio popular y hace gala de la impertinencia propia del peladito que inmediatamente conquista al público. Cuando Santa Mónica se entrevista con Judas para poder ayudarle, Michelle Rodríguez introduce la escena con una metralleta de chistes que no permiten que el público tenga descanso entre risa y risa. En contraste con este personaje, su Poncio Pilato es tan odioso como encantador. Es, al mismo tiempo, el arrogante pretor romano que todos alguna vez hemos imaginado en Semana Santa y el cautivador demagogo que libera presos a votación.
Pedro de Tavira interpreta a un Satán único en su tipo. Tiene el encanto lúdico de un diablito de pastorela (Digo esto con todo el respeto que hay que tenerle al gran género novohispano), al mismo tiempo que recupera la sensualidad del diablo pinalesco en Simón del desierto y el desparpajo de Rik Mayall en el montaje de Jesus Christ Superstar en Londres 2000, donde hizo de Herodes. Esta combinación hace del Satán taviresco un personaje difícil de leer, pero fácil de querer… como el diablo mismo. Francisco Rubio logra sostener la fuerza del leguleyo y lleva su caracterización hasta el extremo de la antipatía. Como el rudo de lucha libre que se crece mientras más lo odia su adversario y lo abuchea el público. En contraste, Rubio consigue dibujar el calor de la piedad de Cristo sin caer en solemnidades chocarreras.
Aunque reitero que los 140 minutos de la puesta en escena se pasan de manera muy ligera, también considero que podría durar menos. Las escenas de los santos funcionan solamente como estampas del martirologio romano, sin tener verdaderamente una función dramática. Pedro y Andrés se presentan y relatan con humor pasajes que todos más o menos conocemos, pero su participación en el juicio es nula, ni es trascendental su aparición para el proceso de Judas. Lo mismo ocurre con María Magdalena (Yessica Borroto) tiene una gran presentación al principio del segundo acto (con un vestuario hermoso entre sensual y casto) pero no trasciende para el resto de la trama. Son escenas con muy buenos chistes situacionales, pero que si desaparecieran no se afectaría en nada el curso de la historia.
Cabe resaltar que aunque el tono de la obra sea irreverente por su naturaleza fársica, se trata de una comedia respetuosa con los valores de la comunidad cristiana. Los últimos días de Judas se presenta los fines de semana en el Teatro Helénico hasta el 31 de agosto. Viernes 20:00 h, sábado 19:00 h y domingo a las 18:00. Es una obra exclusiva para mayores de 15 años. La entrada general tiene un precio de $720, pero existen varias promociones como el Miércoles de 2×1 o los precios preferentes para estudiantes, maestros y personas de la tercera edad. Los boletos están a la ventana en el sitio https://teatrohelenico.comprarboletos.com/ y en las taquillas del recinto.



