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Lo que cabe en una fosa vacía: impertinencia paterna

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Se presenta los fines de semana en el Teatro El Milagro hasta el 23 de agosto

Lo que cabe en una fosa vacía Foto Adrián Martagón

La depresión es el trastorno mental más frecuente en nuestros días. La depresión afecta la concentración, la memoria y altera el ciclo del sueño. La depresión también se ha convertido en uno de los temas favoritos de los creadores escénicos. Quizá la recurrencia de este tema sobre los entarimados mexicanos sea otro de los remanentes que ha dejado la pandemia por COVID19. En consonancia con esta corriente, la puesta en escena Lo que cabe en una fosa vacía, escrita y dirigida por Jimena Hinojosa, explora sobre las variaciones de los abismos cotidianos.

La obra nos sumerge en la vida de Tomás (interpretado por Hamlet Ramírez), un hombre confrontado con los estragos del fracaso como nadador profesional y el dolor ineludible de la pérdida paterna, ocurrida de manera sincrónica con el nacimiento de su hija Mirella —quien transita el mundo desde el silencio del mutismo selectivo—. El espacio ficcional, la alberca Nadando Ando, funciona como una metáfora líquida de la decadencia colectiva e individual donde convergen personajes que intentan maquillar el derrumbe bajo la promesa ilusoria del cambio.

A lo largo del desarrollo dramático, la propuesta escénica acentúa de forma progresiva la depresión y el hastío del protagonista en una trayectoria decadente donde las cosas para Tomás avanzan «de Guatemala a Guatepeor». El vacío que experimenta Tomás no es el único que se respira en el ecosistema de la obra. En torno a él gravitan otros personajes igualmente viciosos, seres insatisfechos que buscan en sus propias compulsiones compensar el vacío que les penetra hasta la hondura del alma. Es el caso de Herrera, (Leonardo Zamudio) quien encarna el vicio de la gula: un apetito inagotable que jamás se sacia porque busca en la comida un paliativo estéril ante el desamparo.

Por otro lado, María Luisa (Tania Mayren) es una mujer ludópata, adicta al vértigo de las apuestas y al riesgo de jugarse los cuartos en una mesa donde, podemos inferir, deposita desesperadamente los restos de su afecto y esperanza. Gis (Daphne Keller) es un personaje que salta de relación en relación sentimental sin depositar en ninguno de los casos el compromiso suficiente. Estos personajes periféricos acompañan el vacío de Tomás, amplificando el discurso a las mil máscaras de la insatisfacción. El título de la obra trasciende la literalidad de la fosa de una alberca para apuntar hacia esos vacíos funcionales u operativos con los que cada personaje intenta habitar el universo propuesto por la dramaturgia.

El lenguaje de la obra se apoya en la escritura narratúrgica, una técnica muy de moda en el teatro dosmilero que hoy ya rechina de desgaste. Temas como la orfandad y la figura espectral del padre se abordan desde soluciones llanas y explícitas, como por ejemplo, hacer que el actor que encarna al patriarca (Carlos Fernández) deambule solamente por el espacio de extremo a extremo ¡Poco le falta para levantar las manos y decir «buuuuh»! El tono de la obra es ambiguo; las pretensiones de humor pocas veces logran cristalizarse en la risa cómplice del espectador, aunque peligrosamente la balanza se inclina hacia un melodrama didáctico que insiste en subrayar las consecuencias fatídicas de la salud mental.

El elenco de la puesta está conformado en su mayoría por actores experimentados: Hamlet Ramírez, Sunem Serrano Cedillo, Daphne Keller, Tania Mayrén, Leonardo Zamudio, Carlos Fernández y Uriel Ledesma. Cada uno de ellos encarna con gran compromiso a sus personajes. La escenografía e iluminación tienen la firma de Anayansi Díaz Gómez. El diseño sonoro es de Emilio Hinojosa Carrión y Jorge Solís Arenazas y el vestuario es diseño original de Viridiana Velasco.

Lo que cabe en una fosa vacía se presenta los fines de semana en el Teatro El Milagro (Milán 24, col. Juárez) hasta el 23 de agosto. Jueves y viernes a las 20:00 h, sábados a las 19:00 h y domingos a las 18:00 h. Las entradas tienen un precio general de $300 y están a la venta en boletopolis.com y en las taquillas de El Milagro.

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