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¿Cómo se puede llegar a la comunidad si sus espacios se encuentran amenazados y controlados?

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Grupo de Arte Alternativo y Centro de Estimulación Artística El Escarabajo, un refugio en Zacatecas

En Zacatecas hemos crecido viendo las nubes, abrazados por la tierra, por el viento que canta junto a sublimes atardeceres. Crecimos con el tiempo suficiente para construir e imaginar, bailar, aplaudir y soñar entre misterios y leyendas de nuestra comunidad, así como en experiencias estéticas que forjaron en nosotros un entorno lleno de arte.

Pero el estado sobrevive a tristes noticias, a búsquedas sin respuestas, a la lucha por los derechos y la defensa de la integridad del ser humano como trabajadores del campo y de la ciudad, como agricultores, profesores y estudiantes que promueven un crecimiento en todos los aspectos para las familias y la sociedad. Pocas veces se dimensiona hasta qué punto la inseguridad atraviesa de manera cercana la vida de los zacatecanos. Nuestros familiares, amigos y conocidos temen por la estabilidad de sus negocios o proyectos, que se ven gravemente perjudicados. El miedo nos persigue hasta en determinar qué palabras debemos pronunciar o callar, y hacia dónde mirar o dejar de hacerlo. Y así, incluso en este texto, aparece el miedo de que una palabra o una mirada pueda ponernos en peligro.

Mi voz nace de aquí, de estas tierras rodeadas de cerros y de cantera, iluminadas de un cielo enrojecido bajo un color azul intenso que nos ofrece inspiración y sueños colectivos.

Yo he tenido el privilegio de crecer dentro de una familia de artistas visuales, actores y directores teatrales, músicos, filósofos, intelectuales y maestros, que me ha permitido trabajar por más de 10 años en las artes escénicas. Varios hemos crecido dentro de un contexto artístico y cultural gracias a que se realizan constantemente exposiciones de arte contemporáneo, festivales teatrales, musicales y escénicos en diferentes espacios alternativos como plazas, cafeterías, callejones y foros independientes, donde compartimos el gusto y la necesidad de juntarnos a cantar, a exponer y a bailar para mostrar la diversidad de lenguajes y expresiones artísticas. He aprendido que asumirnos como comunidad es indispensable para brindarnos el respiro, la fuerza y sobre todo un refugio de resistencia.

En el libro I de la Política, Aristóteles nos da a entender que “el ser humano es por naturaleza un animal político”. La comunidad no aparece en su pensamiento como un añadido accidental a la existencia individual, sino como el espacio en el que nuestra capacidad de hablar, deliberar y distinguir colectivamente entre lo justo y lo injusto puede realizarse. Separado de la comunidad, el individuo permanece como una pieza aislada, pero este, posee capacidades que sólo adquieren su sentido más pleno en relación con los otros.

Entre los artistas se habla mucho de ser y hacer una gran “comunidad” artística, pero ¿a qué nos referimos con esto? ¿Cuál es el contexto que nos ha llevado a esta conclusión? ¿Acaso nos hemos detenido a visualizar toda la diversidad de antecedentes e historias dentro de la misma nación? Me gustaría abrir este espacio de diálogo, empezando por contar un poco de lo que mis jóvenes ojos han percibido en mi estado zacatecano.

En nuestro deseo de resistir ante la violencia y la transgresión de nuestros días, desde el miedo, el enojo y la tristeza, surge la necesidad de ser resguardo y cobijo para el otro, ante la inmensidad de un mundo lleno de sangre, en donde las paredes conservan los rastros de la lucha y han sido testigos de la separaciones violentas e involuntarias, frente a niños, familias y personas que solamente paseaban por las plazas o transitaban hacia sus hogares.

En la lejanía de los municipios que se enfrentan con uñas y dientes a defender sus vidas, orillados a dejar sus casas o a tratar como jefes y autoridades a los enemigos instalados en su propia tierra; en esa resistencia, en ese miedo, cada vez que se nos permite, somos refugio.

Porque en Zacatecas, ser y hacer comunidad no es una elección, es un permiso, una necesidad primordial a la que nos aferramos cada vez que podemos escondernos bajo las piedras para aparentar que no somos un peligro para dichos “jefes o autoridades”. Pero honestamente, en el arte y en la expresión, ¿quién no es un peligro para el sistema?

Algunas veces nos hemos encubierto de una manera equivocada. Se nos ha encontrado al intentar hacer más ruido y más denuncia, lo que nos ha cerrado puertas y nos ha hecho ser parte de una lista riesgosa. ¿Cómo se puede llegar a la comunidad si sus espacios se encuentran amenazados y controlados?

Hemos resistido, nos sostenemos lo más que podemos; en busca de rincones, plazas y callejones nos encontramos en un gran silencio, a través de la mirada, el abrazo y el apoyo entre nosotros. Sí, es disponerse con y para el otro, reunirnos y crear juntos, disponer el cuerpo, la mente y el espacio para el otro. Solo ahí siento que el mundo es capaz de expandirse y, con él, las posibilidades. Esa expansión se siente en el pecho como una bomba incontenible de presencia, al igual que cuando miro un atardecer en estas tierras.

“No estamos solos”, me digo. “Se está mucho más que completo: ahora, de la manera más auténtica, se está existiendo, porque lo hacemos juntos”

He vivido en un hogar y en un estado que, a pesar de sus oscuras dificultades, me han permitido experimentar este sentimiento tantas veces. Es un sentimiento realmente embriagante y meditativo. He tenido el privilegio de crecer alimentada de este néctar y quisiera compartirlo con el mundo entero.

Así han surgido muchos de nuestros proyectos. Hemos deseado ofrecer rincones escondidos y lugares seguros que permitan el desarrollo integral y el crecimiento colectivo de manera artística. En el Grupo de Arte Alternativo EL ESCARABAJO (un grupo multidisciplinario de artes escénicas que integra teatro, danza y música en vivo, cuenta con más de cincuenta puestas en escena en su trayectoria y reflexiona sobre la condición humana a través del teatro alternativo y callejero) fundamos el Centro de Estimulación Artística “EL ESCARABAJO” para brindar danza, teatro y pintura a niños, adolescentes y adultos, desde el motor de conciencia y estímulo de la sensibilidad humana. Se trata de un espacio alternativo en el que se viven procesos sensibles, estéticos y emocionales a través del arte, dentro de un abrazo creativo y vulnerable.

Unido a este objetivo, comenzamos el proyecto del Encuentro Internacional de Formación Artística e Integral “Contrastes”, donde un grupo de estudiantes que había sobrevivido a sus circunstancias socio económicas, luchando contra estructuras rígidas, una mala pedagogía en cuanto a la formación artística y familias temerosas por el futuro laboral de sus hijos; defendieron sus ganas de aprender arte como parte vital de su vida, a pesar de recorrer largas distancias desde sus municipios y conciliando simultáneamente el trabajo y los estudios; estas circunstancias me motivó a crear, junto con ellos y con otras personas que se unieron, un lugar de encuentro de experiencias que contribuyan a su formación dentro de la estética, un lugar que tengan expansión generosamente artística. Y me di cuenta, de que no estaba sola. Muchos de esos jóvenes después de cinco años consecutivos de realizar el encuentro, siguen resistiendo para sostenerlo conmigo. A ellos se suman los maestros invitados, gestores y promotores que han formado parte del proyecto, quienes han sido extremadamente generosos y valientes con el objetivo de crear, aunque sea temporalmente, un refugio seguro, accesible y de calidad artística que favorezca nuestro desarrollo integral, tanto individual como comunitario, para fortalecer nuestras capacidades estéticas, sensibles, amorosas e intelectuales.

Además de estos proyectos, creados junto con el equipo del que formo parte, en Zacatecas se ha buscado abrir más espacios de resistencia que impulsen a los jóvenes a crear amistades que los sostengan y a acceder a una formación que los conduzca a diferentes caminos a nivel nacional e internacional para seguir creciendo dentro del arte. Por mencionar solo algunos denlos que conozco, el grupo de La Ciénega Teatro persiste en desplazarse entre municipios, países y paisajes, integrando en sus obras a más jóvenes entusiastas, brindándoles oportunidades de aportar y conocer el trabajo escénico. Las academias y compañías de danza Inside y Danzalo se han convertido en referentes de la danza zacatecana por sus propuestas estéticas, su calidad técnica y su impulso formativo, mediante los cuales favorecen que jóvenes bailarines ingresen en licenciaturas y participen en premios y concursos nacionales e internacionales. A estos esfuerzos se suman las propuestas de coreógrafos independientes como Luisa Lara, Cinthya Dueñas y Osiel Pérez, entre otros artistas escénicos. El Centro Estatal de las Artes se esfuerza en invitar a diversos artistas para ofrecer talleres circenses sorprendentes, teatrales, dancísticos, musicales y cinematográficos.

Han surgido, impulsados por jóvenes, diversos grupos independientes de teatro que comienzan a participar en convocatorias y festivales importantes del estado. Los refugios comunitarios de creación artística se siguen cultivando debajo de nuestros pasos y escalones que se rebelan cada vez que tenemos la oportunidad de reunirnos.

Estudiar filosofía me ha enseñado que aún hay muchas cosas por aprender, dialogar y expresar. También me ha ofrecido la rigurosidad y la exigencia de replantear una y otra vez los conceptos que utilizamos, así como el compromiso que tenemos de cuestionarlos.

La importancia de hablar sobre la comunidad artística como refugio y rebelión me lleva a entender que la comunidad es la consecuencia de una necesidad orillada a existir: nuestro abrazo hacia lo otro y el reconocimiento de que nos necesitamos. Nos necesitamos como habitantes y amantes de lo sublime, de lo efímero y del instante; como refugio para los demás y, simultáneamente, como seres acogidos por ellos. En comunidad somos creación y creadores: nos reconstruimos también en las manos del otro. Resistimos dentro de un suspiro permanente de esperanza, intentando contener, siquiera por un momento, aquello que nos desborda. Quizá hacer comunidad sea precisamente eso: disponernos a existir juntos cuando el mundo insiste en separarnos y que mejor que esta unión sea a través del arte.

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