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Dramaturgia occidental /32

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Menandro: El misántropo (o El díscolo)

El misántropo, de Menandro, dirección de Carol López, Festival de Teatro Clásico de Mérida, 2022. Foto: Diego J. Casillas.

Ateniense de familia acomodada, Menandro empezó su carrera teatral hacia el 322 a. C. (coincidiendo con la muerte de Aristóteles y de Demóstenes) y con éxito pues, con apenas veinte años, su primera obra, La cólera, ganó el premio, probablemente en las Leneas. Aunque sólo obtuvo siete más en su trayectoria de unos treinta años y más de un centenar de comedias; de las que sólo la elegida se conserva en su práctica integridad. Los datos biográficos son dudosos; pero la iconografía transmite una imagen suya muy halagüeña de epicúreo refinado y elegante, cultivado, inteligente y vivaz.

            Su influjo en la comedia occidental ha sido extraordinario, sobre todo a través de las adaptaciones a la escena romana de sus obras, que gozaron de enorme fortuna en los siglos III y II a. C.; adaptaciones de Terencio, Plauto y otros autores, que nunca dejaron de leerse y a las que debe Menandro su influencia en el teatro europeo del Renacimiento y siglos posteriores, poderosa sobre todo en la comedia clásica francesa.

Pero la contundencia de su influjo posterior no se compadece —veleidades de la historia— con la transmisión de sus textos. Habiendo sido con diferencia el comediógrafo más preciado en época helenística y romana, en Bizancio se abandonó su estudio y se interrumpió la tradición manuscrita, seguramente debido a la profunda crisis (histórica, política y cultural) de los llamados «siglos oscuros» (VII y VIII). Hay que esperar hasta 1844 para que se inicie la recuperación de sus textos directos gracias a la papirología, a la que debe Menandro más que ningún autor. La del texto de El díscolo data de 1958 (y 1969).   

            Menandro es el representante máximo de la Comedia Nueva, además del predilecto en el largo periodo en que los papiros se copiaron (del siglo III a. C. hasta el V o el VI d. C.). La Néa abandona la sátira política de la Archaía por un tipo de comedia de costumbres contemporáneas, centrada en la crítica de vicios individuales, el estudio de los caracteres y las motivaciones de personajes reconocibles, con el foco en la vida privada y que, privilegiando los ambientes burgueses y encarando directamente al público mediante prólogos, apartes y monólogos apelativos, presenta una acción ficticia, bien estructurada y cerrada sobre sí.

            El misántropo es paradigma de este tipo de comedia, que marcará como ningún otro la descendencia del género en Occidente. Ganó el primer premio en el festival de las Leneas del 316 a. C. y refleja muy bien lo que el público de finales del siglo IV a. C. buscaba en la escena: argumentos ligeros sobre preocupaciones cotidianas y con final feliz, que propicien la evasión de los graves problemas de una ciudad que, en franca decadencia, había renunciado ya a sus aspiraciones mayores. Pero también devela un aspecto más serio de las comedias de Menandro, su carácter ético, cercano a los planteamientos de la filosofía peripatética y epicúrea.    

            El personaje epónimo sobre el que gira la acción es Cnemón, «un ser humano bastante inhumano e insociable con todos y que aborrece a la gente. ¿A la gente digo? En todo el tiempo que lleva ése de vida, que no es poco, jamás ha dirigido una palabra amable a nadie», según lo retrata el dios Pan en el Prólogo. Acorde con su carácter, vive apartado en su finca de la campiña, con su hija. También viven allí, pero en casas separadas, su mujer y el hijo que aportó al matrimonio, Gorgias. Sóstrato, joven de familia pudiente, se enamora de la hija del huraño, pero fracasan todas sus intentonas de parlamentar con él, resueltas en encontronazos con los mediadores (despedido alguno a pedradas), incluido Gorgias, que se ofrece a ayudar a los enamorados. Un accidente consigue resolver la situación imposible: Cnemón cae a un pozo y es salvado por su hijastro, que arriesga su vida. El hecho provoca en él una auténtica conversión, cambia su carácter y pasa a creer en los demás. El final feliz se plasma en la doble boda, de los enamorados y de Gorgias con la hermana de Sóstrato, y el banquete nupcial, al que termina uniéndose el patriarca. El triunfo del amor y la fiesta ritual son elementos comunes a la Comedia Antigua; lo nuevo es la posibilidad de transformación moral de Cnemón.        

            «Menandro o la vida, ¿quién de los dos imitó a quién?» (Aristófanes de Bizancio). «Mientras haya esclavos mentirosos, padres de familia rígidos, mujeres engañadoras, lascivas meretrices, existirá Menandro» (Ovidio). «¿A qué va un hombre culto al teatro, si no es a ver a Menandro?» (Plutarco).


José-Luis García Barrientos, doctor en Filología (UCM), Profesor de Investigación del CSIC, profesor de posgrado en la UC3M, es autor de libros, traducidos algunos al árabe y el francés, como Principios de dramatología, Cómo se analiza una obra de teatro, Teatro y ficción, La razón pertinaz, Drama y narración, Anatomía del drama o Siete dramaturgos, tres de ellos publicados por Paso de Gato. www.joseluisgarciabarrientos.com

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