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Un no monstruo que no vuela

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Un día, sin previo aviso, la mamá de una pequeña, de nombre Ele, le avisa que va a llegar a vivir con ellas un “no monstruo que no vuela”. A partir de ese momento, la vida de Ele da un giro, y con la ayuda de su mejor amiga, Be, se lanzará a la aventura de descubrir todos los misterios que encierra la llegada de este terrorífico ser. Juntas irán descubriendo la importancia de la amistad, la familia, el perdón, la honestidad, la comunicación, el respeto y el amor. Esta obra ganó el XXII Premio SGAE de Teatro Infantil 2021.

— I. Un no monstruo que no vuela —

Ele: Mamá trajo un monstruo a vivir a la casa. Lo trajo, lo encerró en el cuarto del fondo y durante días no quiso hablar de él. Durante días no quiso hablar de casi nada. Estoy segura de que es de esos monstruos que matan con la mirada, porque cuando llegaron, mamá me gritó desde la puerta que me encerrara en mi cuarto y no saliera POR NADA DEL MUNDO. ¿Ni por un pedacito de queso? Le pregunté. Ella sabe lo importante que es el queso para mí.

Mamá: ¡Que no!

Ele: Ok… Le dije, un poquito triste por lo del queso, pero sobre todo un poquito nerviosa por la llegada de ESO que mi mamá no quería que viera POR NADA DEL MUNDO.

Y ahí fue cuando me di cuenta de que era un monstruo de esos de los que matan con sólo verte; de los que primero te duermen con unos remolinos que tienen en los ojos y ya que estás casi roncando, te hacen cosquillas en la nariz con unas plumas que tienen en vez de pestañas y hacen que te mueras de un ataque de risa que nunca supiste si fue real o si fue un sueño nada más; o, o, o uno de esos que tienen la nariz tan grande que cuando respiran, ¡slurp!, te inhalan y te quedas ahí pegada adentro de ellos muriendo poco a poco y pensando que debiste hacerle caso a tu mamá cuando te dijo que no salieras por nadaaa-del-munnnn… y te mueres; o uno de los que cuando estás bailando se te me—

Mamá: (Desde la sala.) ¡Ya puedes salir!

Ele: Corro hacia ella, lista para salvarla de lo que sea que una mamá pueda ser salvada por su pequeña y única hija, que igual no es mucho, pero tampoco ha de ser tan poquito. ¡Posición de karateka! (Ele se pone en su posición de karateka.) Estoy lista para la batalla, aunque con los ojos entrecerrados por si las dudas, y grito: ¡Jaiiiiaaaaaaaaaaaajjjjuuuuaaaaaaa! Que es el grito que se da antes de empezar una pelea, como un aviso de “alláááááá vooooooooy”, pero que suena mucho más de miedo que un “alláááááá vooooooooy”, o

como un “prepárateeeee para sentir mi podeeeeeer”, pero que no suena tan feo como un “prepárateeeee para sentir mi podeeeeeer”. Un grito que me sale de muy adentro y que me sirve para sacar todo el miedo que me aprieta la garganta y que me tuerce la panza. ¡Jaiiiiaaaaaaaaaaaajjjjuuuuaaaaaaa!

Mamá: … ¿todo bien?

Ele: ¡¿Y el monstruo?!

Mamá: No es un… bueno… No, no es un monstruo, Ele.

Ele: ¿No? ¿entonces qué es?

Mamá: Es…

Ele: ¿Ajá?

Mamá: Es…

Ele: ¿Sí?

Mamá: … No sé, amor.

Ele: Uh, objeto no identificado, ¡interesante!… ¿Vuela?

Mamá: No, Pirinola, no vuela. Ojalá lo hiciera… No te preocupes por nada, amor. Todo está bien y prometo explicarte todo y responder todas tus preguntas, sólo… necesito un poco de tiempo, ¿está bien?

Ele: “El tiempo es una babosa que siempre llega tarde a clase”, le digo imitando nuestra película favorita, pero ella no se ríe. Su boca lo intenta, pero sus ojos no tienen ganas de reírse y ganan la pelea. Raro. Muy raro.

Mamá: Prepárate para acostarte, y sólo… sólo no te acerques al cuarto del fondo, ¿ok? No quiero que te llene la cabeza de tonterías.

Ele: Mis ojos se abren tanto que temo que se me vayan a salir de la cara.

Mamá: ¿Me lo prometes?

Ele: ¡Promesaaaaaa! Grito mientras corro a encerrarme a mi cuarto. ¡Posición de pensar! (Ele se pone en su posición de pensar.) En mi casa vive un no monstruo no volador que te llena la cabeza de tonterías… ¡Perverso! Pero… ¿por qué mamá trajo a la casa a un no monstruo que te llena la cabeza de tonterías? Y, ¿por qué el no monstruo no vuela? ¿Ningún no monstruo no vuela o nuestro no monstruo es el único que no vuela? ¿Está descompuesto? ¿Se podrá pedir que nos lo cambien por uno que sí vuela? ¡Ah! Y que en vez de tonterías te ponga chistes en la cabeza, ¡eso sería genial!

Estoy cansada de tanto pensar y mi cabeza está hecha bolas. Creo que es momento de irme a dormir pero… mis pies empiezan a moverse como si bailaran; se mueven solos sin necesidad de que yo les de permiso, les ponga música o les cante una canción. ¡Oigan!

Los pies siguen bailando.

¡Alto ahí!

Los pies bailan cada vez más.

Esto se está saliendo de control…

Se mueven cada vez más rápido y con más fuerza.

Estoy segura de que si no estuvieran pegados a mis piernas ya estarían asomados por abajo de la puerta del cuarto del fondo. ¡Que no!, les digo mientras los atrapo con las manos pero no se quedan quietos hasta que les recuerdo que ¡le hicimos una promesa a mamá! Y no somos el tipo de pies que rompen promesas, ¿o sí?

Los pies se detienen y se quedan inmóviles, como pensando. Finalmente, responden que no con un movimiento y se quedan tranquilos, aunque un poco tristes. Se escucha un fuerte ruido que viene de la sala. Todo el cuerpo de Ele se pone alerta.

¡¿Mamá?!

Mamá: (Desde la sala.) Todo está bien, Pirinola, se rompió… un vaso. Pero todo está bien. Todo está muy bien. Todo está muy, muy, muy, muy bien.

Ele: Mmm… Ok. La voz de mamá suena rara, como si estuviera a punto de echarse a reír durante horas. Como si en vez de un vaso, acabara de romper un jarrón lleno de cosquillas que se le suben hasta las axilas.

¿Qué tiene de chistoso romper un vaso? Se los pregunta una experta, no crean que hablan con cualquiera, he roto miles, la última vez que rompí uno mi mamá dijo que—

Un momento… Aquí hay algo raro… ¡Posición de detectives! (Ele alterna posiciones y cambia de voz entre una de detective y otra.)

—¿Así que dijo que fue un vaso?

—Ciertamente que requete-sí.

—Y usted asegura que no pudo ser.

—Ciertamente que requete-no.

—Y… ¿Por qué no?

—Pues porque en esta casa…

—¿Ajá?

—… los vasos…

—¿Sí?

—…son… ¡de plástico!

—¡Noooooooo!

—¡Síííiííííííííííííííí!

—¡¿Todos?!

—¡Todos!

—¿Y no le parece a la mamá que eso es poco saludable y considerado con el planeta?

—Dice que es considerado con su economía, detective. (Susurrando para que nadie más escuche.) Parece que la hija rompía constantemente los de vidrio.

—Oh… entiendo. Bueno, así son los niños.

—Y las niñas.

—Sí, sí, también las niñas… En fin, ¿en qué estábamos?

—El misterio del vaso roto.

—¡Oh sí! Qué misterioso misterio.

—Y…

—¿Qué?

—¿No será que la mamá…

—¡No, no puede ser!

—… nos ha…

—¡No lo diga!

—… mentido?

Ele deshace las posiciones de las detectives y se queda pensativa y triste.

Pero mamá no miente. Algo está muy, muy, muy, muy raro.

Silencio hasta que… finalmente, entiende todo.

¡Claro! ¡Es culpa de ese horrible no monstruo que está obligando a mamá a mentir! Se le metió en la cabeza y se la llenó de tonterías. ¡Tengo que ayudarla!

Ele se pone en posición de súper heroína.

Pies, ¿están ahí?

Voltea hacia abajo y los ve moviéndose emocionados.

Prepárense. Vamos a salir.

— II. El cuarto del fondo —

Han pasado varios minutos, pero Ele está exactamente en la misma posición de súper heroína de la escena anterior, inmóvil.

Ele: Eh… ¿Cuánto tiempo llevamos así? (A sus pies:) ¿En algún momento planean moverse? (No responden.) Con que ya no están tan seguros. (Se tuercen para esconderse de su mirada.) Yo tampoco… (Ele deshace la posición de súper heroína.) ¿Qué pasó? Hace apenas un ratito mi cuerpo estaba aquí y era valiente y era mío pero de repente mis piernas se volvieron gelatina, mi estómago se escondió y no lo encuentro por ningún lado, mi corazón se puso como loco a tocar mil tambores y por alguna razón mis pulmones se convirtieron en pasitas… ¡y yo odio las pasitas!

No puedo moverme y tampoco puedo dejar de moverme porque todo mi cuerpo tiembla sin parar. Ya no soy una niña, soy una gelatina.

Soy una gelatina asustada.

¡Soy una niña gelatina asustada!

Si por lo menos fuera una GRAN niña gelatina asustada, podría hacer algo contra ese no monstruo pero…

Soy una niña chiquita.

Soy chiquitita.

Soy chiquititita.

Soy más chiquita que un ratón.

Soy tan chiquita que los ratones más chiquitos me miran hacia abajo con desprecio.

Nada grande puede salir de una niña tan chiquita.

Soy diminuta.

Soy como un piojo. O una pulga.

Un poquito más chiquita y ya no existo.

Soy— (Se tapa la boca con las manos, asustada.)

(A sí misma.) ¡Shhhhhhhhh!

(Susurrando y girando los ojos hacia arriba, como buscando algo sobre su cabeza o adentro de ella.) Está en mi cabeza…

¡El no monstruo se metió en mi cabeza y me la está llenando de tonterías!

Yo no soy una pulga y por supuesto que requete-tampoco soy una gelatina.

Soy Ele, soy simplemente Ele y eso es mucho, aunque suene a que es poquito.

¡Salte de ahí! (Grita Ele mientras sacude fuerte su cabeza.)

Soy una niña fuerte, valiente, inteligente.

(Voltea los ojos hacia arriba, pero ve que aún están ahí las tonterías.) Otra vez…

¡Soy fuerte, soy valiente, soy inteligente!

¡Otra!

¡SOY FUERTE, SOY VALIENTE, SOY INTELIGENTE!

Repito estas palabras una y otra vez para que saquen todas las tonterías de mi cabeza y para acabar de convencerme de que soy fuerte y soy valiente y soy inteligente, aunque… aunque la verdad es que ahorita lo único que quiero es meterme debajo de la cama, hacerme bolita y cerrar los ojos bien fuerte hasta que venga mi mamá y me abrace.

Tengo miedo y sé que no está mal tener miedo pero no sé dónde ponerlo; siento que me llena todo el cuerpo y que ya no queda lugar para mí… Pero tiene que haber lugar para mí, en alguna parte, mamá me necesita, necesita que la salve.

Respiro muy profundo como lo hago antes de echarme un clavado o como cuando huele a galletitas. Lleno mis pulmones con mucho aire hasta que se inflan como globos y dejan de sentirse como unas asquerosas pasitas.

Lo hago varias veces porque necesito que mi corazón se calme, que mi estómago regrese a su lugar, que mis piernas dejen de temblar… Y porque necesito que algo me calme a mí también y el oxígeno siempre ha sido un buen amigo, está ahí siempre que lo necesito.

Menos abajo del agua.

Ni en el espacio.

Ni aquella vez que metí la cabeza en una bolsa de plástico.

Bueno, está casi siempre que lo necesito y eso ya es bastante.

Compruebo que mi cuerpo nuevamente está aquí y es valiente y es mío.

Y camino hacia la puerta del cuarto.

Cuando llego, la abro lo más, más lento que puedo para que nadie me escuche… y descubro que soy realmente buena abriendo puertas lo más, más lento que puedo, tan buena que podría ganar concursos, tan buena que ganaría miles de premios; podría viajar por todo el mundo abriendo puertas lo más, más lento que nadie las ha abierto jamás, y la gente me vería en la calle y dirían “¡Es ella, la niña que abre puertas lo más, más lento del mundo!”; y harían una película sobre mí, una película larga y aburrida pero muy hermosa, como esas que mamá dice que no entiende, pero que igual la hacen llorar; soy tan buena… que llevo horas aquí y la puerta apenas deja entrar un pequeño rayo de luz.

Estoy aburrida… Y cansada…

Pienso en dejar la expedición para mañana, pero antes de que pueda darme la vuelta, mis pies se desesperan y abren la puerta de una patada. ¡Iiiiiiiáááááááá!

Me tapo la boca con las manos cuando me doy cuenta de lo que acaban de hacer mi voz y mis pies sin mi permiso.

Mamá: ¿Pirinola?

Ele: Me grita mamá mientras se asoma con el teléfono pegado a la oreja.

Mamá: ¿Estás bien?

Ele: Ajá… aquí… nomás… cantando…

Mamá: Sonó más como a un grito.

Ele: Hay muchos estilos para cantar, de alguna forma tengo que encontrar el mío… ¿no?

Mamá: Tiene razón, capitana, ¡suerte en la búsqueda!

Ele: Me dice exagerando una sonrisa y haciendo nuestro saludo de marineras, regresa a su llamada. No me gusta mentir, se podría decir que no miento nunca, pero se estaría diciendo una mentira y no me gusta mentir, así que debería decirse que intento no mentir nunca y que cuando miento lo hago diciendo la verdad. ¡En serio!

Por ejemplo, mi “Iiiiiiiáááááááá” de hace rato fue un grito y no un canto, eso lo sabemos, así que se podría decir que acabo de mentir, ¡pero lo hice diciendo la verdad! Porque es cierto que estoy en la búsqueda de mi propio estilo de canto y es cierto que en esa búsqueda a veces grito, a veces hago “uuuuuuuuuuiiiiiiiiiiii” o a veces hago “ooooiiiiiaaaaaaaaaaaaa” o “shalalalalaaauuuuuá”, entonces mi mentira sólo fue mentira si la relacionamos con el momento exacto en el que la dije, pero no fue mentira si vemos el panorama completo. ¿No?

Pausa.

Lo sé. Soy una niña rara.

Siempre me lo dicen.

Nunca he sabido qué significa ni si es cierto o no que soy una niña rara.

Yo creo que no.

Yo lo que creo… ¡es que soy una iguana!

Se pone en posición de iguana y comienza a arrastrarse por el piso hasta el cuarto del fondo mientras continúa hablando.

Las iguanas somos ágiles, fuertes y rápidas.

Nos encanta trepar árboles y quedarnos allá arriba quietas durante mucho tiempo, espiando.

Vivimos en lugares muy calientes porque odiamos el frío, y odiamos el frío porque hace que nos quedemos tiesas y nos caigamos de los árboles.

Yo por eso siempre me pongo doble calcetín, pero… soy la única iguana que he visto con doble calcetín. Una vez en la playa intenté ponerle calcetines a una iguana, pero nunca la alcan— (La cabeza de Ele choca con la pared del fondo.) ¡Auch! ¿Quién puso una pared justo a la mitad del pasillo? (Se da cuenta de que no está a la mitad del pasillo, está hasta el final delante de la puerta del cuarto del No Monstruo.) ¿Llegamos? ¡Guau, es verdad que las iguanas somos rápidas! a veces más de lo que quisiéramos… ¿Esta puerta siempre ha sido así de grande?

Ele pega la oreja a la puerta; se escucha una serie de ruidos extraños y tenebrosos que vienen de adentro del cuarto: gruñidos, cosas que se arrastran, carraspeos, golpes en el piso, timbres agudos, respiraciones entrecortadas…

¡Esto es peor de lo que pensé! Si mis oídos no me engañan, ahí adentro hay un No Monstruo de por lo menos 20 metros de altura, con dos colmillos tan largos que se arrastran hasta el piso, cuatro patas llenas de garras ansiosas de sangre y una cola con la que puede electrocutar a quien se atraviese en su camino. ¡Horrible!, ¿no? Y eso que aún no les hablo de sus ojos y del sonido agudo e insoportable que hace cada vez que pestañea; un sonido que se te mete en los oídos y llega hasta tu cerebro para comerse cada uno de tus––

No Monstruo: (Desde dentro del cuarto.) ¿Quién anda ahí?

Ele: (Suelta un pequeño grito, se pega a la pared del fondo y empieza a hablar a través de un walkie-talkie imaginario.) ¡Hemos sido descubiertas, repito, hemos sido descubiertas! (Ele voltea a todas partes buscando una escapatoria pero no encuentra ninguna, su cuarto está muy lejos.)

No Monstruo: (Desde dentro del cuarto.) ¿Que quién anda ahí, dije?

Ele: ¡No contestes boca, no contestes!

Escuchamos cómo los ruidos del cuarto van acercándose poco a poco a la puerta, el No Monstruo viene por ella.

No hay escapatoria, pobre Ele, tenías tanto que darle al mundo… Sólo queda una salida… ¡Operación Iguana Congelada!

Ele se quita los zapatos, se quita los dos pares de calcetines que trae puestos y se tira al piso en su posición de iguana congelada, se queda inmóvil varios segundos hasta que recuerda algo y vuelve a hablar por el walkie-talkie imaginario, con extradramatismo.

Si no regreso, díganle a mi mamá que la amo y que el día de muertos me ponga chocolates y quesito.

Vuelve a la posición de iguana congelada con los ojos bien cerrados. Los ruidos siguen acercándose y acercándose mientras Ele lucha por mantenerse inmóvil abriendo a veces un ojo, a veces el otro, para ver si aparece el No Monstruo. De pronto se escuchan una serie de quejidos, toses, gruñidos y el No Monstruo empieza a alejarse de la puerta. Después de unos segundos todo está en silencio nuevamente.

¿Qué pasó? ¿Se fue? ¡Gané! Iguana Congelada, uno; no monstruo, cero.

No Monstruo: (Desde dentro del cuarto.) ¡¿Sigues ahí?!

Ele: ¡No, no, ya me fui, ya me fui!

No Monstruo: (Desde dentro del cuarto.) ¡Espera!

Ele recoge sus zapatos, sus 4 calcetines y corre a encerrarse a su cuarto. Se mete a la cama y se esconde abajo de las cobijas.

Ele: ¡Uff… eso estuvo cerca! Debo tener más cuidado. Voy a necesitar un plan. Nunca he sido buena haciendo planes… ¡pero conozco a alguien que es la mejor!

— III. Plan Be —

Ele y Be están en la escuela, en el recreo. Platican a escondidas en su lugar favorito de toda la escuela, una jardinera abandonada con arbustos llenos de ramas que crecen hacia todos lados. Ele habla mientras Be la escucha y apunta cosas en su libreta.

Ele: … y después me quedé dormida y soñé que mi mamá estaba arriba de un árbol enorme, enorme y estaba atorada y no podía bajar, y estaba llorando, y yo la veía desde abajo y le gritaba que todo estaba muy, muy, muy, muy bien, pero mi voz era muy chiquita y no llegaba hasta donde estaba mi mamá, así que no me escuchaba y seguía llorando, y yo buscaba por dónde subirme al árbol, y encontraba una cueva donde había mucha agua y me metía a la cueva y me metía al agua y había peces de muchos colores, y sin querer me tragaba uno y se me quedaba atorado en la garganta, y yo tenía miedo y sabía que el pez también tenía miedo y yo no quería que tuviéramos miedo, y mucho menos quería tragármelo, así que le empecé a hacer oooooaaaaaagggg, ooooaaaagggg para desatorarlo de mi garganta, pero no se desatoraba, y yo hacía más oooooaaaaaagggg, ooooaaaag, ooooooooaaaaaggggg y el pez (Ele imita la expresión del pez atorado en su garganta) y yo oooaaagggggg, aaaaagggggg y el pez (Ele vuelve a imitar la expresión del pez que cada vez entiende menos lo que está pasando) y yo seguía oooaaagggggg. Hasta que desperté y ya no había ningún árbol ni ninguna cueva ni ningún pez en mi garganta.

Be acaba de anotar algo muy concentrada; cierra su libreta y muy seria, tranquila y cuidadosamente la deja a un lado con el lápiz bien alineado con el borde de la libreta. Ele no le quita los ojos de encima, como a la espera de algo. Be le echa una mirada rápida a Ele, que está cada vez más nerviosa; se levanta, se sacude la ropa con cuidado para quitar todo rastro de tierra y hojas secas y enseguida…

Be: (Brinca y se retuerce de la emoción mientras grita.) ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Ahhhhhhhhhhhhh!!!!!!!!!!!!!!!!!

¡¡¡¡¡¡¡¡Qué maravillosa aventuraaaaaaaaaaa!!!!!!

Ele: ¡¿Verdad-verdad-verdad que sí?! Sabía que te encantaría.

Be: ¡¿Encantarme?! Es lo más emocionante que he oído en años, y eso que el fin de semana pasado fui con mi mamá y mi papá al Museo de Antropología e Historia, y estuve durante horas viendo cosas viejísimas que no se dice viejísimas, dijo mi papá, se dice antigüísimas, y que no, dijo mi mamá, se dice antiquísimas. Y yo no sé, pero estaban loquísimas. ¡Tienes que decirle a tu mamá y a Emilia que te lleven! Aunque tal vez no te interese tanto ahora que hay aventuras miles de millones de veces más aventurosas en tu propia casa.

Ele: Be… ¿crees que podamos acabar con él, con el no monstruo?

Be: Claro que requete-sí.

Ele: ¡Lo sabía! Y… ¿cómo?

Be: Todavía no sé, pero ya se me ocurrirá. Primero necesitamos más información, tenemos que estar seguras de qué tipo de no monstruo es para no confundirlo con un no monstruo que no es, ¡o con uno que sí es! Eso sería terrible. ¿Has podido verlo, aunque sea un poquito?

Ele: Nop… pero lo escuché y si mis oídos no me mienten, es uno de esos que—

Be: Oh…

Ele: ¿Qué?

Be: No te va a gustar.

Ele: ¿Qué?

Be: Los oídos…

Ele:¿Ajá?

Be: Los oídos mienten.

Ele: ¡No!

Be: Confía en mí, soy 6 meses y 3 días más grande que tú y he vivido cosas. Una vez estaba en mi cuarto y escuché que mi mamá gritó “¿Quién quiere pasteeel?”, y corrí al comedor gritando “¡Yooooo!”, y ahí fue cuando supe que mis oídos me habían traicionado y que en realidad mi mamá había gritado “¿Quién rompió el manteeel?”. Y la respuesta también era yo… Ya te imaginarás cómo acabó todo eso… Escucha lo que te digo, Ele, no se puede confiar en estas extrañas cositas con nombre de pan.

Ele se queda preocupada agarrándose las orejas.

¿Por qué no le preguntas a tu mamá? Es la única que lo ha visto. Además, ¿no te parece requete-rarísimo que haya llevado a un no monstruo a vivir a tu casa y que no te haya explicado nada? ¡Tu mamá! Tu mamá AMA explicar.

Ele: Todo es muy requete-rarísimo, Be. Hoy hasta se le olvidó hacerme mi lunch y ni se dio cuenta. Yo sí que me di cuenta, pero no le dije nada y agarré del refri el queso y una uva. ¿Quieres? (Be y Ele comparten el queso y la uva.) Voy a hablar con ella y voy a pedirle que me explique todo.

Be: ¡Sí que sí, posición de súper héroas! (Be se pone es su posición de súper heroína; Ele se queda dudosa, con la boca llena de queso.)

Ele: Me sigue sonando raro…

Be: Pregúntale a tu mamá luego, porfis.

Ele: ¡Ajá! (Ele se pone en su posición de súper heroína al lado de Be.)

Be: ¡Prepárate, no monstruo, prepárate para conocer el Plan Be!

Ele: ¿Plan B? Pero si ni siquiera hemos hecho un Plan A…

Be: No— ¡Osh! No lo digo por— ¡Osh! A ver, va de nuez… ¡Prepárate, no monstruo, prepárate para conocer el Plan Be! (Dice sonriendo y señalándose a sí misma cuando dice “Be”.)

Ele: ¡Ah, ya, ya, ya, ya, ya, ya!

Suena la campana.

Be: ¡Se acabó el recreo, me voy!

Ele: ¿Mañana después de la escuela?

Be: Mañana después de la escuela.

Ele: No olvides tus dos pares de calcetines.

Be: Nunca salgo sin ellos (Dice enseñándole los pies a Ele con sus dos pares bien puestos; agarra su cosas y empieza a irse, pero de repente se detiene y voltea hacia Ele.) Ele, ¿por qué te gusta tanto el queso?

Ele: Porque soy una elefante.

Be: ¿Las elefantes comen queso?

Ele: Claro. ¿Por qué crees que no nos gustan los ratones?… ¡Porque se roban el queso!

Be: Oh, claro.

Ele: Be…

Be: ¿Eu?

Ele: Las orejas de los elefantes…

Be: ¿Qué?

Ele: ¿También mienten?

Be: Mmm… también pregúntale eso a tu mamá.

Be se va corriendo a su salón mientras dice adiós con la mano.

— IV. ELE… ¿FANTE? —

Ele: … y Be se fue corriendo a su salón porque no le gusta llegar tarde, porque quien llega más tarde le toca limpiar el borrador y a Be se le llenan los lentes de gis y no ve nada durante horas, y yo creo que a ella le gusta mucho ver, porque como no confía mucho en las orejas, pues necesita ver. Así que siempre que suena la campana sale corriendo a su salón. Yo me tardo un poquito más, porque en mi salón usamos plumón y no gis, mi maestra dice que ya nadie usa gis, y porque todavía no estoy muy convencida de lo de las orejas, ¡menos de las de los elefantes! Ay, por cierto, se acabó el queso. Y bueno, después entré al salón y ahí fue donde todo pasó.

Mamá: A ver, amor, es mucha información, vamos pasito a pasito, ¿ok? ¿Qué fue lo que te dijo tu compañero?

Ele: Dijo que me llamo Ele porque es la forma corta de decir otra cosa…

Mamá: ¿Ele… fante?

Ele: ¡Es justo lo que yo pensé! … pero no, no fue la palabra que dijo.

Mamá: ¿Cuál dijo?

Ele: Elesbiana

Mamá: ¿Ele… sbiana?

Ele: ¡No te preocupes si no entiendes! La verdad yo tampoco entendí el insulto, pero cuando vi la cara que hizo la maestra, supe que era algo requete-horrible y ni tiempo me dio de preguntar qué quería decir, porque cuando me di cuenta mi puño ya estaba estrellándose contra su cabezota, como si él sí supiera qué significaba la palabra y no le hubiera gustado nadita.

Mamá: Lesbiana no es un insulto, amor.

Ele: ¿No?

Mamá: Lesbiana es una mujer que ama a otra mujer.

Ele: ¿Y qué más?

Mamá: Nada más.

Ele: Tiene que haber algo más, ¡algo requete-horrible! Porque aunque yo fui la que pegó, a mí no me castigaron, al contrario, la maestra me abrazó con cara de preocupada, pero a él sí le dijeron que tenía que ir su mamá o su papá mañana a hablar con la directora.

Mamá: Hay gente, amor, que piensa que hay palabras que pueden usarse como insulto cuando en realidad son palabras que sólo hablan de amor. (Gira la cabeza para echar un vistazo al cuarto del fondo y se queda así un momento, perdida en sus pensamientos.)

Ele: (Ele sigue la mirada de su mamá hasta el cuarto del fondo, pero no encuentra nada interesante ahí.) ¿Por qué?

Mamá: (Regresa de golpe al presente.) ¿Por qué qué?

Ele: ¿Por qué piensan eso?

Mamá: No entienden que cada persona puede amar a quien quiera.

Ele: ¿Por qué no entienden? ¿Ya les explicaron?

Mamá: No sabes cuántas veces lo hemos explicado, Pirinola, pero no quieren escuchar.

Ele: ¡Claro, por las orejas de pan!

Mamá: ¿Cómo?

Ele: ¿Tú crees que las orejas de los elefantes mienten?

Mamá: ¿Qué?

Ele: Que si mienten, las orejas, las de los elefantes.

Mamá: Eh… no, no lo sé.

Ele: ¿No sabes?

Mamá: Bueno, yo diría que no, pero nunca he sido elefante y tampoco he tenido la oportunidad de hablar con uno, así que…

Ele: Ya. ¿Y crees que hagan pan de oreja de elefante?

Mamá: … Ahora sí no estoy entendiendo nada de nada.

Ele: Ya somos dos.

Mamá: Ele, ¿hay algo más que quieras preguntarme? ¿Tienes alguna duda, hay algo que no entiendas?

Ele: (Duda, pero finalmente responde.) No mamá.

Mamá: ¿Segura?

Ele: Sip…

Mamá: Bueno, vámonos a dormir. (Se levanta, le ofrece la mano a Ele para que la tome y caminan hacia el apagador.) ¿Lista?

Ele: ¡Lista!

Mamá apaga la luz y las dos se quedan unos segundos inmóviles esperando a que sus ojos se acostumbren a la oscuridad.

Mamá: ¿Ves algo?

Ele: Todavía no… ¿Tú?

Mamá: Nop.

Esperan unos segundos más en la oscuridad.

Ele: ¿Mamá?

Mamá: ¿Sí, amor?

Ele: ¿Por qué trajiste a un no monstruo a vivir a la casa?

— V. Súper erohínas

Ele y Be están encerradas en el cuarto de Ele; están sentadas en el piso rodeadas de ropa, juguetes, plumones, pinturas…

Be: ¿Eroína?

Ele: Eso me dijo. Con hache.

Be: ¿Con hache dónde?

Ele: Al principio creo, pero no suena.

Be: Entonces da igual dónde la pongamos, ¿no?

Ele: Supongo que sí.

Be: Ok… ¿Te parece bien… así?

Be le enseña una playera sobre la que pintó con los dedos “SUPER EROHINA”.

Ele: ¡Me encanta!

Be: Póntela. La vas a necesitar.

Ele se pone la playera.

Ele: Tengo un poquito de miedo, Be…

Be: Vamos a repasar el plan. (Agarra su libreta, su lápiz y un palito que usa a veces como varita mágica, a veces como directora de orquesta.) ¿Paso número uno?

Ele: Me convierto en iguana y me arrastro hasta el cuarto del fondo, no importa cuánto miedo tenga, no me detengo; me paro frente a la puerta y grito, fuerte para que me escuche el no monstruo y se asuste, pero no tanto como para que me escuche mi mamá y venga a buscarme. ¡Ahora sí, no mons— ¿Crees que debo seguir diciéndole “no monstruo” o mejor empiezo a decirle… abuelo?

Be: ¡”No monstruo” por supuestísimo! Es mucho más emocionante. Además, ya sé que tu mamá te dijo que es tu abuelo, pero si le empiezas a decir así, te vas a encariñar y luego vas a querer quedártelo y vas a pasarte el día entero acariciándolo, dándole de comer y limpiando sus popós.

Ele la mira dudosa.

¡En serio! Me lo explicó mi mamá cuando no me dejó ponerle nombre a la gatita que nos encontramos en la calle y sólo le decíamos “Gatita”.

Ele: ¿Por eso tu gatita se llama Tita?

Be: Ajá, al final mamá no quiso regalarla porque acabo encariñándose. ¡Bueno, basta de distracciones, seguimos! Llegas a la puerta y…

Ele: (Ele no está muy convencida, pero sigue las instrucciones de Be, que dice al mismo tiempo que Ele la frase, pero en silencio, moviendo sólo los labios.) ¡Ahora sí, no monstruo, te llegó tu hora!

Be: ¡Perfecto, paso dos!

Ele: Agarro mi escudo… abro la puerta y—

Be: ¡El escudo! (Be saca de su mochila un escudo hecho con un peluche de tortuga y se lo da a Ele.) Listo, ¿qué más?

Ele: Entro al cuarto del no monstruo y…

Pausa.

Be: ¿Y…?

Ele: Be, ¿qué es exactamente un abuelo?

Be: ¡Ele, no te desconcentres justo en la parte más emocionante!

Ele: Sólo explícame eso. Nunca había tenido uno.

Be: Un abuelo es… es algo así como… Es la persona más vieja y arrugada de la familia. Las abuelas son las que dan los abrazos más apretados y huelen a galletas. Los abuelos a veces cuentan cuentos y se quedan dormidos a la mitad. Son como personas, pero arrugadas. Son como pasitas humanas.

Ele: ¡¿Pasitas?!

Be: Sip.

Ele: ¿Poooor?

Be: Tal vez se bañan mucho.

Ele: Claro.

Be: ¿Seguimos?

Silencio. Ele está pensativa, cabizbaja.

¿Ele?… ¿estás bien?

Ele se quita la playera de SUPER EROHINA y se sienta en el suelo.

Ele: ¿Por qué tuvo que tocarme un abuelo no monstruo y no uno de los que huelen a galletitas?

Be: Yo… no sé…

Ele: Yo quiero uno de los que huelen a galletitas…

Be: ¿Te contó algo más tu mamá? ¿Te dijo si siempre fue un no monstruo o si una noche se transformó por una mordida de un sí monstruo horrible que se escondía abajo de su cama?

Ele: No, no me dijo nada de eso…

Be: ¿Y qué sí te dijo?

Ele: Dijo que se pelearon hace muchos años.

Be: ¿Pooor?

Ele: Dijo que él no la escuchaba.

Be: Tal vez le hablaba bajito.

Ele: No, no era eso, Be…

Be: ¿Entonces? ¿Tenía sucias las orejas? ¿Eh? ¿Le hablaba en otro idioma? ¿Le hablaba de muy lejos? ¿Hablaba con la boca llena? ¿Le hablaba por telé-ono y -a señ– se cor–ba to– el t–empo? ¿Eh? ¿Ele?

Ele: (Ele estalla en un grito de enojo y mucha tristeza.) ¡No lo sé, Be! ¡No sé por qué no la oía, no sé por qué se pelearon, por qué no se vieron durante tantos años, por qué no me dijeron que yo tenía un abuelo, por qué me mintieron, por qué no me tocó un abuelo normal, por qué mamá lo trajo a la casa si es peligroso, por qué no me deja verlo, por qué me haría daño si es mi abuelo, por qué los adultos enredan todo! Me duele la garganta y el pecho…

Ele se suelta a llorar mientras Be da pequeños pasitos hacia un lado y hacia otro buscando una manera de consolar a su amiga.

Be: Yo… yo… yo… no sé, Ele… casi siempre sé las respuestas de todo, pero éstas no me las sé… Lo que sí sé es que yo no te miento y que no te haría daño y que tu mamá te quiere mucho y si te mintió debe ser por algo—

Ele: ¡No! No hay ninguna razón para mentir.

Be: Bueno… ¿te acuerdas cuando estábamos en el recreo hace ratito y me preguntaste que si quería el último pedacito de queso y yo te dije que no, que me daba asco el último pedacito de queso?

Ele: Ajá…

Be: En realidad no me daba asco el último pedacito de queso, pero quería que tú te lo comieras, porque el queso es tu más favorito y siempre lo compartes conmigo, y a mí me gusta, pero no es mi más favorito. Así que te mentí. Perdón, pero fue para que tuvieras el último pedacito de queso.

Ele: ¿En serio?

Be: En serio.

Ele: Sí estuvo requete-rico el último pedacito.

Be: Tal vez tu mamá te mintió porque quería que disfrutaras… algo.

Ele: ¿Pero qué?

Be: … no sé.

Ele: Yo tampoco sé… pero voy a descubrirlo.

Ele se levanta, se pone de nuevo la playera de SUPER EROHINA, toma su escudo y se prepara para salir de su cuarto.

Be: ¡Eres la más valiente!

Ele: No soy, tengo muchísimo miedo.

Be: No se puede ser valiente sin tener miedo antes.

Ele: ¿En serio?

Be: ¡En serio, si no tuvieras miedo, no podrías vencer el miedo!

Ele: Claro… Entonces, ¿soy valiente?

Be: ¡Sííí!

Ele: Soy valiente porque tengo muchísimo miedo.

BE: ¡Síííííííííííííí!

Ele: ¡Soy requete-valiente con todo y mi miedo! Ahora sí, ¡Prepárate, abuelo no monstruo! El plan Be…

Be: … ¡y Ele!

Ele: ¡Sí, sí, sí, y Ele!, acaba de empezar…

— VI. Nos parecemos —

Be: ¡Qué pasó, te tardaste años! Tu mamá no es una persona fácil de distraer, tuve que cantar y bailar y decirle de memoria el ciclo del agua cuando pasa por las montañas y los ríos, luego el mar, luego las nubes y al final lloré con mis propios ojos para que fuera más emocionante la parte donde explico cómo cae la lluvia. En mi salón fui un éxito cuando hice mi exposición y a tu mamá también le encantó. Es linda tu mamá, me abrazó, me dio galletas y me dijo que podía llorar con ella siempre que quisiera.

Ele la observa en silencio, como si no entendiera lo que Be le dice, como si le estuviera hablando en un idioma desconocido.

¿Ele? ¿Me escuchas? … ¿Estás bien?

Ele sigue sin moverse.

¿Qué pasó? ¿Lo mataste? ¿Te deshiciste de él? (Be empieza a examinar a Ele para asegurarse de que no está lastimada o incompleta, pero Ele no reacciona.) ¿Te comió la lengua? ¿Te llenó la cabeza de tonterías? ¡Ele! (Be se acerca a ella y le habla al oído mientras le da unos golpecitos en la cabeza, pero Ele sigue sin moverse.) ¿Estás ahí? ¿Estás prisionera en una burbuja invisible que te obliga a guardar silencio? ¿Estás asustada? ¿Estás enojada? ¿Estás… estás sonriendo?

Ele: Es mi abuelo.

Be: Sí, ya lo sabíamos…

Ele: Sí pero… ¡Es MI ABUELO!

Be: Ay, Ele, ¡ya se te echó a perder la cabeza! ¡Cuéntame qué pasó!

Ele: Hice todo lo que dijiste. Me volví iguana, me arrastré, grité, entré… y lo vi.

Be: ¡¿Y?!

Viajamos al cuarto del fondo, varios minutos atrás. Ele está parada a la mitad del cuarto viendo fijamente al No Monstruo que está rodeado por algunos aparatos para medir sus niveles de oxígeno, su presión, etc. Ele no se mueve, no habla, casi ni respira. Los ojos abiertos como platos.

No Monstruo: ¿Te vas a quedar ahí parada?

¿Hola?

Tú debes ser Ele.

Ele dice que sí con un movimiento de cabeza.

¿Sabes quién soy yo?

Ele dice que sí con un movimiento de cabeza.

Tu mamá no va a estar muy feliz si se entera de que estás aquí.

Ele dice que no con un movimiento de cabeza.

Pero aún así viniste.

Ele dice que sí con un movimiento de cabeza.

Te pareces a ella. Valiente y testaruda.

Ele: Tú pareces una mezcla de pasita y elefante.

No Monstruo: … y directa.

Ele: Y sólo soy valiente porque tengo mucho miedo, que se sepa.

No Monstruo: ¿Miedo? ¿De qué tienes miedo?

Ele: No… no sé.

No Monstruo: Ése es el peor de los miedos, se vuelve muy difícil atacarlo y vencerlo.

Ele: Pero yo vine a atacarte y vencerte… a ti. (Dice Ele apretando fuerte contra sí su escudo de peluche de tortuga, pero sin poder adoptar realmente una posición de ataque.)

No Monstruo: ¿A mí?

Ele dice que sí con la cabeza.

¿Por qué a mí?

Ele: Por…

No Monstruo: … ¿Sí?

Ele: Por…

No Monstruo: … ¿Ajá?

Ele: ¡No sé! La verdad ya no entiendo nada.

Dice Ele dejando caer su escudo y unas lágrimas hasta el piso.

No Monstruo: No… no llores… Ele, yo… yo nunca sé qué hacer cuando… ¿Por qué no vas con tu mamá y… Yo soy sólo un viejo… yo no…

El No Monstruo mira a Ele, que sigue llorando, respira profundo e intenta hablarle sinceramente, aunque le cuesta mucho trabajo.

Lo siento mucho, Ele, siento mucho todo esto.

Yo… no pude… no puedo…

No supe cómo y… ahora… ahora yo…

Yo ya estoy viejo.

Y tu mamá… ella ya… ella no…

Estoy enfermo, Ele…

¿Ves todos estos? (Dice señalando los aparatos que miden su salud.) No tiene caso… yo… No sabría cómo…

Ele: ¡Es que no es tan difícil oír! Ni siquiera tenemos párpados en las orejas…

No Monstruo: Está bien, está bien, tienes razón. Te escucho.

Ele: ¿A mí?

No Monstruo: Claro que a ti, ¿quién es la que vino a meterse a mi cuarto para “atacarme y vencerme”? Tendrás que empezar por algún lado así que: habla, estoy listo, te escucho.

De regreso al cuarto de Ele. Be la mira, pasmada, sin mover un solo músculo, esperando la continuación de la historia. Silencio.

Be: ¿¿¿Y???

Ele: Nos parecemos.

Be: ¿Qué? ¿Quiénes?

Ele: Mi abuelo monstruo y yo.

Be: ¿Abuelo monstruo?

Ele: Yo nunca me había parecido a nadie…

Regresamos al cuarto del fondo, justo al momento donde nos habíamos quedado.

No Monstruo: … estoy listo, te escucho.

Ele: Yo… no sé qué decir.

Ele baja la mirada al piso, avergonzada y derrotada.

No Monstruo: Está bien. A veces, cuando no se sabe qué decir, es mejor no decir nada. Durante mucho tiempo yo hice todo lo contrario y cuando no sabía qué decir era cuando más hablaba. No cometas el mismo error que yo. ¿Ele? (Ele sube poco a poco la mirada hasta encontrarse con la de él.) Cuando sepas qué decir, regresa y dímelo. Te prometo que te voy a escuchar. ¿Está bien?

De regreso al cuarto de Ele.

Ele: Y me fui.

Be: Ok, ok, ok… ¡Hay que regresar! Te voy a escribir aquí lo que le vas a decir… tengo las palabras perfectas. (Be agarra su libreta, su lápiz y se pone a escribir mientras dice en voz alta lo que va apuntando.) Sa…ca tus a… pes… to…sas patas de… mi… casa… o te las… ve… rás con… migo… ca… ra… de… hi… po… pó… ta— (De pronto, Ele se levanta, decidida.) ¿A dónde vas? Todavía no acabo.

Ele: Ya sé por qué no supe qué decir.

Be: ¿Por?

Ele: Porque no soy yo la que tiene algo que decirle.

Be: ¿No? (Dice mostrándole lo que acaba de escribir para ella.)

Ele: No es a mí a quien tiene que escuchar. (Voltea hacia la puerta del cuarto.) Es a mi mamá.

— VII. ¿Algún consejo para pedir perdón? —

Ele va caminando muy decidida hacia el cuarto del fondo, Be va atrás de ella, asustada, sin entender qué pasa, tratando de detenerla.

Be: ¡Ele! ¿Qué haces? Si no es a ti a quien tiene que escuchar, ¿qué haces yendo hacia su cuarto? ¡Tu mamá está hacia el otro lado! ¡Ele!

Ele: Tengo que averiguar.

Be: ¿Que averiguar qué? ¿Qué se siente que muéramos? ¡Ele, ven! ¡Hay que regresar!

Ele: No puedo regresar. Tengo que saber qué pasó antes.

Be: ¿Antes de cuándo?

Ele: Antes de hace mucho. Antes de que no se hablaran, cuando sí se hablaban. Le pregunté a mi mamá y me dijo que algún día entendería, pero yo quiero que ese día sea hoy. Él sí me va a contar.

Be: ¿Por qué estás tan segura?

Ele: Porque es mi abuelo.

Be: ¡Y ella es tu mamá!

Ele: ¡Por eso!

Be: ¡¿Por eso qué?!

Ele: (Ele se detiene y gira hacia Be.) Las mamás nos cuidan, Be. Mi mamá me está cuidando, por eso no me cuenta nada. Pero yo no tengo miedo. ¿Me entiendes?

Be: A veces sí, a veces no…

Ele: ¿Vamos?

Ele le da la mano a Be, ella la toma y caminan juntas hasta el final del pasillo. Ele entra al cuarto sin dudar, Be se queda en la puerta viendo hacia adentro, pero con medio cuerpo afuera.

No Monstruo: Regresaste, ¿ya descubriste qué quieres decir?

Ele: ¿Por qué no escuchaste a mi mamá?

No Monstruo: ¿Cómo?

Ele: ¿Por qué no la escuchaste? Antes, hace mucho. ¿Por qué se peleó contigo? ¿Por qué te dejó de hablar? ¿Por qué piensa que eres peligroso? ¿Eres peligroso? ¿La lastimaste? ¿Piensas lastimarme? ¿Eres malo? ¿Eres un monstruo? Y ni se te ocurra mentirme, que me daría cuenta luego lueguito.

No Monstruo: No tengo ninguna intención de mentirte, Ele. Mucho menos de lastimarte.

Ele: De todas formas no podrías, tengo esto. (Ele le muestra su escudo de tortuga y su playera de SUPER EROHINA.) Y a mi amiga Be, que ahorita está asustada, pero casi siempre es muy valiente.

No Monstruo: Hola, Be.

Be: (Desde la puerta.) Hola, señor… Monstruo.

Ele: ¿Entonces?

No Monstruo: Yo—

Ele: Sólo… ten cuidado con lo que digas, porque aunque quiero que digas la verdad, no quiero que digas cosas que hagan que te odie, porque a mí no me gusta odiar y tampoco me gusta no tener un abuelo, y ahora que sí lo tengo, no me gustaría perderlo, me gustaría quedármelo. (A Be:) Y eso que aún no le he puesto nombre. (Al No Monstruo:) Y no pienso limpiar tus popós, aunque darte de comer tampoco me parece feo, ¿te gusta el queso?

Bueno, pero el punto es que ojalá no digas algo horrible, porque me gustaría tener un abuelo, pero no me gustaría tener un abuelo malévolo. Esa palabra me la enseñó Be, que es 6 meses y 3 días más grande que yo y ha vivido cosas, por eso sabe más. Y seguro tú has vivido muchas, muchas más y tal vez si lo que me cuentas no es taaan feo, tal vez puedas quedarte y contarme algunas historias más. (A Be:) Aunque se quede dormido a la mitad, no importa. (Al No Monstruo🙂 siempre y cuando huelas a galletas y te portes bien. ¿Ok?

No Monstruo: Eres una niña…

Ele: … rara, lo sé.

Be: (Desde la puerta.) Siempre se lo dicen.

Ele: Es cierto.

No Monstruo: Valiente. Yo iba a decir que eres una niña muy valiente.

Be: ¡Yo siempre se lo digo!

Ele: También es cierto.

No Monstruo: Hace muchos años tu mamá fue muy valiente y honesta conmigo y yo no supe escucharla. Fue a buscarme un día y me explicó quién era ella, qué quería y a quién quería. Y yo… yo lo hice todo mal, Ele. Me asusté, no supe cómo reaccionar, me enojé y me convertí en un monstruo.

Be: (Que ha ido acercándose poco a poco para oír la historia, susurrando.) ¡Ahí fue!

No Monstruo: Tardé años en darme cuenta de mi error. Lastimé a tu mamá, Ele. Le dije cosas horribles que no pienso repetir. La llamé rara, igual que como te han llamado a ti. La llamé de muchas maneras que no debí…

Be: A Ele le dijeron Elesbiana.

Ele: Es cierto.

No Monstruo: ¿QUÉ?

Ele: ¡No te asustes, no es una grosería! Es una mujer que ama a otra mujer, como mamá y Emilia. Es en realidad una palabra que habla de amor, pero hay gente que la usa como insulto, pero es porque no entienden.

Be: ¿Qué no entienden?

Ele: Que cada quien puede amar a quien quiera y eso está bien, requete-bien.

Be: ¿Y por qué no entienden?

Ele: No sé, supongo que no les han explicado, no es que sea difícil de entender, ¿no?

Be: Pues no.

Ele: Pues no. (Al No Monstruo:) ¿Verdad que no? … ¿Hola? Te quedaste trabado… ¿Hoooolaaaa?

No Monstruo: Yo…

Ele y Be: ¿Ajá?

No Monstruo: Yo…

Ele y Be: ¿Sí?

No Monstruo: Necesito hablar con tu mamá.

Ele: ¡Lo sabía! (Ele corre sin pensarlo mucho hasta su abuelo y lo abraza, emocionada. El No Monstruo está sorprendido y no sabe cómo reaccionar. Be da pasitos hacia un lado y hacia el otro tratando de decidir si su amiga corre o no peligro. Finalmente, el No Monstruo abraza con ternura a Ele, ella sonríe. El abrazo termina y Ele corre hacia la puerta.) ¡Voy por mi mamá!

No Monstruo: ¡Ele!

Ele se detiene en la puerta y voltea hacia él.

Ele: ¿Sí?

No monstruo: Una última cosa… De nieta sabia a abuelo tonto, ¿algún consejo para pedir perdón?

— VIII. Voz de elefanta —

Ele y Be están en la escuela, en el recreo, escondidas en su jardinera secreta.

Ele: … Y entonces pensaba que si aventaba el escudo y aventaba los calcetines, iba a poder trepar más fácil, así que aventaba el escudo y aventaba los calcetines, y sí empezaba a subir más fácil, así, como chango, juic-juic-juic-juic, pero sin cola… hubiera sido lindo tener una cola… También los elefantes tienen cola, pero no se cuelgan de ella porque están gorditos. Pero en el sueño yo no era elefante, era chango y empezaba a subir, así, juic-juic-juic-juic, pero sin cola, y trepaba cada vez más y más y más rápido, hasta que me daba cuenta de que ya no estaba trepando, ¡estaba volando!—

Be: Vuelando

Ele: ¿Eh?

Be: Se dice “vuelando”, ¡pero sigue, sigue!

Ele: ¡Ah! Pues estaba vuelando.

Y entonces… llegaba hasta arriba de la montaña.

Y desde ahí veía todo, Be. ¡Todo!

Y veía para abajo y me daba miedo, pero también no me daba miedo.

Y me paraba hasta arriba de un árbol.

Y ya no era un chango y tampoco era un pájaro y una iguana menos, porque me había quitado los calcetines y no me había congelado.

Y estaba ahí, arriba del árbol… y era… Era Yo. Así, YO.

Sin cola, sin alas, sin trompa, sin calcetines, sin escudo. Sin nada. Era YO.

Y se sentía muy bien ser Yo.

Y empezaba a gritar ¡aiaaaaaaaaaaúúúú! ¡aiaaaaaaaaaaúúúú!

Y mi voz no era chiquita como otras veces en mis sueños, era grande y de muchos colores.

Como voz de elefanta.

Y me desperté porque alguien me estaba moviendo, y cuando abrí los ojos vi a mi mamá junto a mi cama, con los ojos sorprendidos.

Dice que estuve gritando de verdad y no sólo en el sueño.

Viajamos al cuarto de Ele, la noche del sueño.

¿Y cómo era mi voz?

Mamá: ¿Tu voz?

Ele: ¡Sí! ¡¿Cómo era?!

Mamá: Era…

Ele: ¿Sí?

Mamá: Era…

Ele: ¿Ajá?

No Monstruo: (Que está asomándose por la puerta del cuarto de Ele.) Era una voz grande y colorida.

Ele: ¡¿Verdad, verdad que sí?!

No Monstruo: (El No Monstruo hace un gesto hacia Mamá pidiéndole permiso de entrar. Mamá voltea a ver a Ele, que la mira con ojos emocionados; duda por un momento y finalmente dice que sí con un gesto. El No Monstruo se acerca despacio a la cama de Ele.) Era la voz más grande, bella y luminosa que yo haya oído, Ele.

Volvemos a la escuela, a la jardinera donde Ele y Be platican.

Be: ¡Guau, como voz de elefanta!

Ele: Sí, como voz de elefanta.

Be: Qué bueno que te dejaron quedártelo. Y qué mal que no te dejaron ponerle nombre.

Ele: Sí… parece que ya tenía uno.

Be: Claro.

Ele: ¿Quieres? (Dice ofreciéndole el último pedacito de queso.)

Be: ¿Es el último?

Ele: Sip… ¿te da asco?

Be: Sólo poquito.

Ele: (Dándole el último pedacito completo.) Gracias por ayudarme.

Be se pone en su posición de súper heroína, toma el pedacito y se lo come disfrutándolo mucho.

Be: ¡Siempre de los siempres!

Ele: (Poniéndose también en posición de súper heroína.) ¡Sip, siempre de los siempres!

Suena la campana.

Be: ¡Se acabó el recreo, me voy! (Agarra sus cosas y empieza a irse.) Estuvo lindo tu sueño, ni idea de qué significa. (Dice mientras se va corriendo hacia su salón diciendo adiós con la mano.)

Ele: Ni idea… (Sola en la jardinera, voltea a ver hacia un lado y otro, pícara y finalmente se decide:

baila, canta, brinca, barrita como elefanta y grita🙂 ¡¡¡¡¡¡Aiiiaaaaaaaaaaúúúú!!!!!! ¡¡¡¡¡¡Aiiiaaaaaaaaaaúúúú!!!!!! ¡¡¡¡¡¡Aiiiaaaaaaaaaaúúúú!!!!!!

FIN



Sara Pinet.
Actriz, dramaturga y guionista mexicana egresada del Centro Universitario de Teatro de la UNAM en 2009. Es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte como dramaturga desde 2023, periodo en el cual ha escrito las obras Entre el ombligo y el corazón, El tornado soy yo y Manantial, todas dirigidas a niñas, niños y jóvenes.
Es ganadora del Premio de Dramaturgia Bellas Artes de Obra de Teatro para Niños 2014 por la obra Lo que queda de nosotros escrita en coautoría con Alejandro Ricaño, publicada por Paso de Gato, y del XXII Premio SGAE de Teatro Infantil 2021 otorgado en Madrid, España, por Un no monstruo que no vuela.

Las autorizaciones para el montaje de esta obra pueden solicitarse a la autora en la siguiente dirección electrónica:
sarapinet@hotmail.com

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