A través de elementos simbólicos, se van develando las heridas de la violencia de género en la historia de tres mujeres —una adolescente, su madre y su abuela—, ante la visita del padre largamente ausente de la joven y la situación de la madre despedida por denunciar un caso de violencia. Quemar el bosque contigo adentro participó en el Festival La Mousson d’été 2022 en Francia y en el Encuentro de Dramaturgia Punto Cadeneta Punto 2024 en Colombia.
Todos ustedes destruyen estúpidamente los bosques,
y pronto no habrá nada en la tierra.
Del mismo modo estúpido labran la pérdida del hombre,
y pronto sobre la tierra —gracias a ustedes—
no quedará ni fidelidad, ni pureza, ni capacidad de sacrificio.
¿Por qué no pueden ver con indiferencia a una mujer que no es suya?
Sencillamente porque cada uno de ustedes
lleva dentro el demonio de la destrucción.
No tienen piedad ni de los bosques, ni de los pájaros,
ni de las mujeres, ¡ni siquiera uno del otro!
Anton Chéjov, El tío Vania
PERSONAJES
Victoria: 16 años
Idara: Madre de Victoria
Aurora: Abuela de Victoria
David: Padre de Victoria
Flora Tristán
Coneja
Mapache
Idara, la gata y la coneja deben ser interpretadas por la misma actriz. Para los animales, debe estar con la ropa de Idara y cabeza de animal. El mapache debe ser interpretado por el actor que hace de David, con la ropa de David y cabeza de animal.
— 1 —
Oímos un susurro.
Susurro: Fuego. Se acerca el fuego. Una simple chispa puede desatar el incendio. El silencio es el viento que aviva las llamas.
Sala de una casa en medio de un bosque. Aurora, la abuela, está de pie frente a una mesa, asustada. En la mesa, cartas de tarot colocadas. Victoria mira a su abuela desde el lado opuesto de la sala. Silencio. En ese momento entra Idara.
Idara: ¿Qué pasó?
Aurora: Otra vez fuego.
Victoria: Le estaba leyendo a la señora de la bodega. La abuela puso las cartas y empezó a decir: “¡Fuego! ¡Fuego! ¡Fuego!”.
Aurora: Fuego.
Victoria: Se ha ido llorando como si su casa estuviera en llamas.
Aurora: Yo no puedo seguir.
Idara: Tranquila, mamá.
Aurora: Ayer pasó lo mismo con la señora de…
Victoria: Es la tercera vez.
Idara: Necesitas un descanso. Te lo digo hace tiempo. Es mejor que canceles los clientes de la semana. Con mis ahorros por ahora estamos bien, y en cualquier momento consigo otro trabajo.
Aurora: ¿Tercera vez?
Idara: Tengo una entrevista para un trabajo el lunes.
Victoria: Yo puedo buscar un trabajo.
Idara: No.
Aurora: También vi fuego antes de la muerte de mi madre.
Idara: Vamos a tu cuarto, mamá.
Victoria: Necesitan a alguien en la tienda de…
Idara: He dicho que no.
Aurora: El fuego va a volver.
Idara: Te voy a hacer una manzanilla, ven.
Victoria: Mamá, abuela.
Idara y Aurora: Qué.
Victoria: Tengo algo que decirles.
Aurora: ¿Qué?
Victoria: Hablé con mi papá.
Pausa.
Idara: Qué bueno. (Pausa.) ¿Qué cuenta?
Victoria: Viene.
Idara: ¿Viene acá?
Victoria: Sí.
Idara: Ah. ¿Cuándo?
Victoria: Hoy.
Idara y Aurora: ¡¿Hoy?!
Victoria: Sí, hoy. A las 4:00 p. m.
Idara: En veinte minutos.
Victoria: Sí.
Pausa. Idara y Aurora están heladas.
Victoria: Es una broma.
Idara: ¡Carajo!
Aurora: ¡Victoria! Qué susto, dios santo.
Idara: ¿Te parece buen momento para bromas?
Victoria: Bueno…
Idara: ¿Cuál es la idea de la bromita?
Aurora: Ni pizca de gracia hizo.
Victoria: Qué poco sentido del humor.
Idara: Sí, anda a descansar, mamá.
Aurora: Yo sabía que escondernos acá no nos iba a salvar, cuando el venado huye del león la tierra se hace pantano, es el ciclo natural…
Idara: ¿Tienes fiebre?
Aurora: ¿Yo?
Idara: Estás un poco caliente, ven, vamos a la cama…
Un maullido que viene de muy cerca, como detrás del sillón.
Idara: ¡Flora Tristán!
Aurora: ¡Acá! ¡Por acá está!
Idara: ¡Flora Tristán!
Aurora: (Busca en la sala.) ¡Flora Tristán! ¡Flora Tristán!
Idara: No está… Sonó como si estuviera acá, ¿no?
Aurora: Sí…
Idara: ¿Florita?
Idara sale de la casa.
Aurora: Anoche soñé con ella. Estaba embarazada y todos sus hijos nacían muertos, ella daba a luz en mi cama y yo la ayudaba a abrir todas las telitas, y cuando abríamos encontrábamos a los gatitos muertos.
Victoria: ¿Por qué no lees las cartas para ver dónde está, abuela?
Aurora: Sólo veo fuego cuando leo las cartas.
Victoria: El mundo va a arder en llamas.
Aurora: ¿Has visto el termómetro?
Victoria: Stephen Hawking predijo que la Tierra acabará siendo una enorme bola de fuego.
Aurora: Como mi madre.
Victoria: El calor solar provoca deshidratación en las plantas, y cuando baja la humedad del terreno, las plantas son incapaces de obtener agua del suelo, así que se van secando poco a poco. Este proceso hace que las plantas emitan etileno, un compuesto químico altamente combustible. Entonces las plantas se vuelven fácilmente inflamables. Y si a estas condiciones les sumamos la existencia de periodos de altas temperaturas y vientos fuertes, una simple chispa puede provocar un incendio. La chispa produce una bola de fuego que se alimenta de las plantas y del viento silenciosamente, y poco a poco estas llamas devastan zonas forestales enormes y calientan aun más el planeta. Es un círculo vicioso.
Aurora: ¿La ves?
Victoria: A quién.
Aurora: ¿A tu bisabuela?
Victoria: ¿Tú la ves?
Aurora: No puedo.
Regresa Idara.
Idara: La gata no está afuera. Tal vez era otro gato.
Victoria: Sí va a venir mi papá. No era broma.
Aurora: ¿Qué?
Victoria: Viene en quince minutos.
Idara: ¿Qué te pasa, Victoria?
Aurora: Tampoco da risa ahora.
Victoria: Quizá en diez.
Idara: ¿Tienes ganas de molestar? ¿No ves cómo está tu abuela?
Aurora: Amaneció bromista la niña.
Idara: ¿No es broma?
Victoria: Me duele la barriga.
Idara: ¿Victoria? ¿Va a venir tu papá?
Victoria: Sí. Perdón. No sabía cómo decirles.
Aurora: No entiendo nada. ¿Viene David?
Victoria: Sí. Ahorita viene.
Idara: Pero no entiendo… ¿cómo se le ocurre caer así de improviso?
Victoria: Me dijo hace una semana que venía hoy.
Idara: ¿Pero te has vuelto loca? ¿Y por qué no nos avisaste? ¡Victoria, ¿por qué no me dijiste nada?! (A Aurora.) ¿Tú no sabías que iba a venir, mamá? ¿No lo viste en tus cartas?
Aurora: Yo vi fuego.
Idara: No puedo creer que no me haya avisado.
Victoria: Ahora él me escribe directamente a mí.
Idara: ¿A ti? ¿Desde cuándo?
Victoria: Unos meses.
Idara: ¿Meses?
Victoria: Desde enero.
Idara: ¿Y qué hablan?
Victoria: Mamá…
Idara: No tenía idea.
Victoria: Es mi padre.
Idara: No lo conoces.
Victoria: Claro que lo conozco.
Idara: ¡Lo has visto dos veces en tu vida!
Victoria: Nada que ver, como cuatro veces.
Idara: Y qué quiere.
Victoria: Sólo visitarnos.
Idara: Bueno, que venga mañana. No puedo recibirlo ahora, tengo una reunión.
Aurora: Ida, por favor.
Victoria: ¿Quieres que me escape?
Idara: No me amenaces, Victoria.
Aurora: No podemos cerrarle la puerta.
Victoria: Me voy a alistar.
Idara: ¡Tú y yo vamos a tener una conversación muy seria luego!
Victoria sale.
Idara: ¿Tú sabías?
Aurora: Me acabo de enterar a la misma vez que tú.
Idara: ¿Sabías que se estaban comunicando?
Aurora: Voy a preparar limonada.
Idara: ¡Tú sabías!
Sale Aurora.
Idara: ¡Ni se te ocurra invitarlo a cenar, mamá!
Se oye un maullido.
Idara: ¿Flora Tristán? ¿Florita?
Idara busca a Flora Tristán por todos lados.
Entra Victoria.
Idara: Escúchame, Victoria. No le digas a tu papá nada sobre mi trabajo ni lo de tu abuela.
Victoria: Ya sabe.
Idara: ¿Qué sabe? ¿Lo de mi trabajo? ¿Le has contado?
Victoria: Sólo lo de tu trabajo. Lo de la abuela no.
Entra Aurora.
Aurora: ¿No tienes nada mejor para ponerte, Victoria?
Victoria: No.
Aurora: ¿No tienes un pantalón que no tenga huecos?
Victoria: No.
Aurora: Esas zapatillas, Dios mío. ¿Nunca les has pasado un trapo?
Victoria: Abuela…
Aurora: Va a pensar que te tenemos como a una mendiga. Al menos ponte una blusa. ¿No tienes una blusa bonita?
Victoria: No tengo blusas.
Aurora: ¿No tienes blusas?
Victoria: No tengo blusas.
Aurora: No tienes blusas.
Victoria: No tengo blusas.
Idara: Es verdad, no tiene blusas.
Aurora: No te gustan las blusas.
Victoria: No, no me gustan las blusas.
Idara: Nunca le han gustado las blusas.
Aurora: ¿Por qué no te gustan las blusas?
Victoria: ¿Es obligatorio que me gusten las blusas?
Idara: Yo tampoco uso blusas.
Aurora: Son demasiado femeninas las blusas para ti.
Victoria: ¿Demasiado femeninas?
Aurora: Para ti. Yo creo que no son demasiado femeninas para ti, pero tú crees que sí son demasiado femeninas para ti.
Victoria: Son demasiado femeninas para mí.
Aurora: Pero tú eres femenina.
Victoria: ¿Soy femenina?
Idara: Eres femenina.
Aurora: Eres muy femenina. Eres tan femenina como una blusa.
Victoria: No me gusta la palabra “femenina”.
Aurora: ¿Qué te gusta, Victoria? ¿Qué te gusta?
Victoria: Me duele la barriga.
Aurora: Bueno, quédate así. Pero métete el polo dentro del pantalón.
Victoria: No, no me gusta.
Aurora: Tienes una linda figura, no sé por qué te tapas tanto.
Victoria: Abuela, quiero parecer natural. Quiero que parezca que es un día como cualquier otro.
Aurora: Eso es imposible.
Idara: ¡Es un día como cualquier otro!
Aurora: Déjame limpiarte un poco. ¿Dónde has metido esas zapatillas, en un charco de lodo?
Victoria: Toda mi vida es un charco de lodo.
Aurora: Victoria, por Dios santo. Tú no sabes lo que es estar en un charco de lodo. No tienes idea de lo que es la desesperación. Espero que nunca sepas lo que es estar en un charco de lodo, hundida hasta el cuello, sin nadie que te tienda una mano.
Aurora le limpia las zapatillas a Victoria.
Victoria: Abuela, esa mancha no va a salir. Párala.
Aurora: ¿Pero dónde has metido el pie, Victoria?
Idara: ¿Y qué cosas te ha estado contando todos estos meses que han estado hablando, eh? ¿Te ha dicho en qué trabaja ahora, ha hecho otra película, algo? A mí no me dice nada hace meses.
Victoria: Escúchame mamá, no le digas nada por favor. No le hables de su trabajo, de mi ropa, no le hagas ninguna pregunta. Tú tampoco, abuela.
Aurora: Entendido.
Idara: Victoria, no nos digas lo que tenemos que hacer, somos grandes.
Victoria: No lo pongas incómodo.
Idara: No le voy a decir nada. Sólo le voy a preguntar cómo está y nos vamos a ir a nuestros cuartos.
Victoria: Y no van a estar entrando a la sala todo el tiempo.
Idara: ¿Para qué viene, te dijo?
Victoria: Dijo que quería verme.
Aurora: Déjame peinarte.
Victoria: ¡No!
Aurora: La trenza te queda linda.
Victoria: Así estoy bien.
Aurora: Pero parece que no te has pasado el peine en un mes.
Idara: ¡Déjala, mamá!
Victoria: ¡Es mi pelo y yo quiero tenerlo así!
Aurora: Está bien. Está bien. Éste es un día importante.
Idara: Ay mamá, por favor…
Aurora: ¿Qué edad tenías la última vez que lo viste? ¿Ocho, nueve?
Victoria: Nueve.
Aurora: Todo va a salir bien. Cuando seas viejita y recuerdes el pasado, te vas a acordar de este día, y te dirás…
Victoria: ¿Qué? ¿Qué me diré?
Tocan la puerta.
— 2 —
Susurro: Una simple chispa puede desatar el incendio.
David y Victoria están sentados frente a frente en la sala. En la mesa de centro hay una jarra y dos vasos.
David: ¿Te sirvo?
Victoria: Gracias.
David sirve en los dos vasos.
David: Hace años que no tomo limonada.
Silencio.
David: Qué grande estás.
Victoria no contesta.
David: Ya no eres una niña.
Victoria no contesta.
David: ¿Cómo te va?
Victoria: Bien.
David: No puedo creer que hayan pasado… ¿Cinco años?
Victoria: Seis.
David: He planeado venir varias veces, pero nunca tengo vacaciones, siempre estoy hasta el cuello de trabajo.
Victoria: ¿Estás haciendo una película?
David: No, en este momento no. Estoy trabajando sobre todo en videos a pedido, pero preparo el guion de una película. Hace calor acá. Pensé que iba a hacer frío.
Victoria: ¿Puedo ir?
David: ¿Adónde?
Victoria: A la ciudad.
David: ¿Conmigo?
Victoria: No me gusta vivir acá.
David: Me imagino. Bueno, pero no sé si tu mamá aceptaría. ¿No tienes que ir a la escuela?
Victoria: No importa.
David: Éste es tu penúltimo año en la escuela, ¿no?
Victoria: Sí.
David: Tal vez cuando termines.
Victoria mira hacia la habitación de su madre.
David: ¿Eres buena alumna?
Victoria: No.
David: ¿No?
Victoria: Normal.
David: ¿Y ya estás pensando qué vas a hacer después?
Victoria: Tal vez ir a la universidad.
David: Entonces definitivamente te tendrás que venir a la ciudad. ¿Y qué piensas estudiar?
Entra Idara y cruza la sala para ir a la cocina.
Victoria: No sé todavía.
David: ¿Cuál es tu curso favorito?
Victoria: Ninguno.
David: ¿Pero qué te gusta?
Victoria: (Pausa.) Los animales.
David: Ah. Tal vez puedes estudiar zoología o veterinaria.
Victoria mira hacia la cocina.
David: ¿Cuál es tu animal favorito?
Victoria: El mapache.
Regresa Idara de la cocina hacia su habitación.
David: ¿No está buena la limonada?
Victoria: Está amarga.
David: A ver. Está rica. ¿Quieres que hagamos otra?
Victoria: No.
David: Le pido a tu abuela unos limones y…
Victoria: No, no quiero.
David: ¿No quieres ir a tomar algo en otra parte?
Victoria: Mi mamá no me va a dejar.
David: Está bien, nos quedamos acá. Está bonita la casa.
Vuelve a entrar Idara y cruza la sala para salir a la cocina.
Victoria: Tengo un mapache en mi cuarto.
David: ¿Un mapache?
Victoria: Un mapache y un conejo.
David: ¿En tu cuarto?
Victoria: Bueno, en realidad es un mapache y una coneja.
David: ¿Y cómo así los tienes en tu cuarto?
Victoria: Es que mi mamá no quiere que estén dando vueltas por la casa.
David: ¿Pero de dónde los sacaste?
Victoria: Huyen de los incendios forestales y se refugian en las casas. Antes también tenía una ardilla, pero se murió.
David: ¿Y eso no es peligroso?
Victoria: Qué.
David: Tener animales encerrados en un cuarto.
Victoria: ¿Peligroso?
David: El conejo está bien, pero los mapaches son salvajes.
Victoria: Es un mapache pacífico, no muerde. Y la coneja es ciega de un ojo. Llegó ensangrentada y la curé.
David: Creo que es ilegal capturar a un animal salvaje sano y forzarlo a vivir el resto de su vida en confinamiento.
Victoria: Yo no capturé a ninguno. Ellos vinieron a mí y me pidieron refugio.
David: ¿Y tu madre está de acuerdo?
Victoria: Claro.
Victoria mira hacia la cocina.
David: ¿Tienes novio?
Victoria: No.
David: Eres muy joven para eso, claro. Está mejor así, concentrarse en los estudios. Y en salvar animales refugiados.
Pausa. Regresa Idara cruzando la sala hacia su habitación.
David: ¿Te gusta la escuela?
Victoria: No.
David: ¿Por qué no?
Victoria mira hacia la habitación de su madre.
David: Cuando tenía tu edad me escapé un día de la escuela. Como estaba emocionado, caminé y caminé. Caminé mucho, y cuando me dio hambre quise regresar al colegio y no supe cómo. Estuve todo el día caminando sin aliento, imaginando que me convertía en un vagabundo y no lograba nunca regresar. Preguntando logré regresar a mi casa. Cuando llegué, de noche, nadie me dijo nada. No se habían dado cuenta de que había llegado de noche, que me había escapado, que casi no regreso. Comí algo en la mesa de la cocina y me fui a dormir con mi secreto.
Victoria está hundida.
David: ¿Sabes? Yo… Yo puedo aprender a ser padre. No lo he sido hasta ahora, realmente, lo sé. Tal vez te hizo bien estar lejos de mí. Yo… no sé si hubiera estado a la altura… Yo trabajo mucho, no me he casado, no soy el tipo de persona que nació para ser papá, ¿me entiendes? Tu mamá, en cambio… Bueno, pero ahora las cosas han cambiado. Quisiera poder decirte esto de la manera más honesta, pero tengo miedo de que… Estoy acá y me parece que… No sé cómo decirte esto, tengo miedo de traumarte para el resto de tu vida, éste es el problema de ser padre, cualquier cosa… Siento que estoy caminando en un campo minado… Ser padre, esto no es algo que… Quizá no debería decirte nada, pero… ¿sabes qué? (Quiere decirle algo pero no puede. Pausa.) ¿Tu mamá sigue sin trabajo?
Victoria: Sí.
David: ¿Y tiene otras posibilidades?
Victoria: No sé. No creo. Ella quiere meter a la cárcel a un señor, un profesor del colegio donde trabajaba.
David: ¿Por qué quiere meterlo a la cárcel?
Victoria: No sé. Él es muy poderoso, tiene amigos en el gobierno regional. Nadie quiere meterse en problemas con él.
David: ¿Y tú qué piensas de eso?
Victoria: Le advirtieron que podían despedirla si no se callaba, pero no hizo caso. Sigue buscando pruebas. Yo creo que el tipo va a mandar a matarla.
David: ¿Matarla?
Victoria mira hacia la habitación de su madre.
David: ¿Tienes miedo?
Victoria: Desde ayer, mi abuela sólo ve fuego cada vez que lee las cartas.
David: ¿Fuego?
Victoria: Mi bisabuela murió por combustión espontánea.
David: ¿Combustión espontánea?
Victoria: Una noche estaba en la cama, y de pronto una llama de fuego salió de su cuerpo y se incendió toda. La cama apenas se chamuscó en la zona donde estuvo el cuerpo de mi bisabuela. La mesita y las cosas que estaban cerca a la cama quedaron intactas.
David: ¿Quién te ha dicho eso?
Victoria: Mi abuela es vidente, trabajó cuando era joven en un programa de televisión prediciendo el futuro, eso sí lo sabes, ¿no?
David: Sí, sí.
Victoria: Bueno, desde que vivimos acá, ella trabaja recibiendo clientes de la zona. Pero de un día al otro, mi abuela empezó a ver fuego en las cartas. Cada vez que trata de leerle el futuro a un cliente, sólo ve fuego.
David: ¿Pero ella te ha dicho que tu bisabuela… que le pasó “eso”?
Victoria: Cuando murió la bisabuela, parece que todos dijeron que ella había dejado caer una vela y la vela había terminado quemándola. Luego inventaron lo del ataque al corazón, para que no sonara tan sórdido. Pero mi abuela ha tenido que aceptar que no había vela ni cigarrillo ni nada que pudiese haber iniciado un accidente. Además, todo estaba intacto, todo a su alrededor, cuando la encontraron. O sea: la mesita de noche no estaba quemada, tampoco el colchón, ni siquiera toda la sábana. Yo he investigado, hay otros casos de combustión espontánea humana, mujeres sobre todo, que todavía son un misterio para la ciencia. Mujeres que repentinamente empiezan a arder. A unas temperaturas tan elevadas que llegan a carbonizarse hasta los huesos. Todos los objetos y muebles a su alrededor quedan intactos. Muchas veces las manos y pies también quedan intactos. Sólo hay unos pocos cientos de casos de combustión humana espontánea documentados a lo largo de la historia, y en ninguno se ha podido encontrar una explicación lógica. La ciencia propone posibles causas, pero aún no se ha podido explicar cómo surge la chispa, cómo se prende el cuerpo.
David: ¿Tu mamá te ha contado esa historia?
Victoria: No, mi mamá dice que la bisabuela murió de un infarto. Ella no quiere aceptar que la bisabuela murió por combustión espontánea. La abuela en secreto me ha terminado aceptando que su madre se incendió.
David: ¿Me invitas tu limonada?
David se toma todo el vaso sin respirar.
David: Voy a abrir la ventana.
— 3 —
Idara y David de pie en la sala.
David: Estás mucho más guapa.
Idara: Qué pretendes.
David: Nada, nada.
Idara: Cuáles son tus planes.
David: Tengo un proyecto de película, pero…
Idara: Me refiero a Victoria.
David: Cálmate.
Idara: No me da la gana de calmarme.
David: Me contó Victoria que tuviste problemas en el trabajo.
Idara: No te hagas, ya sabes que me despidieron.
David: Sí. Me contó Victoria. Imagino lo duros que son estos tiempos para ti. Necesitas ayuda, puedes contar conmigo.
Idara: ¿Por eso has venido?
David: No, no.
Idara: Nunca te he necesitado y tampoco te necesito ahora.
David: Perdóname por haber estado tan lejos todo este tiempo.
Entra Aurora.
Aurora: Ya hice tu cama. Tenemos una pequeña habitación que usamos de depósito donde te puedes quedar.
Idara: ¿Qué? No, no, David está en un hotel.
David: Bueno, en realidad no.
Idara: ¿Cómo que no?
David: Hay un hostal más o menos cerca, pero está lleno porque hay un matrimonio por aquí.
Idara: Tiene que haber otro.
David: Pensaba dormir en el auto.
Aurora: ¿En el auto? De ninguna manera, tenemos sitio.
Idara: No me parece que vengas por primera vez y…
David: Duermo en el auto, no hay problema.
Aurora: ¿Flora Tristán? ¿No oíste a la gata?
Idara: Sonó por allá.
Aurora sale a la cocina.
Idara: ¿Hasta cuándo pretendes quedarte?
David: Sólo hasta mañana. Me gustaría poder estar con Victoria todo el tiempo posible.
Idara: Está en la adolescencia. La etapa en la que yo soy la culpable de todo.
David: No la voy a enemistar contigo.
Idara: Me trata como si fuera su enemiga. La razón de su sufrimiento. Yo soy la culpable de que ella haya tenido un padre ausente. No tú, yo.
David: Las adolescentes son…
Idara: Mira, no me vengas a decir cómo son las adolescentes. Yo sólo te digo una cosa, David: yo he criado a Victoria y es lo más importante de mi vida. Si tú la haces sufrir, yo te mato.
David: ¿Qué te pasa? No le voy a hacer nada a Victoria.
Reaparece Aurora.
Aurora: Debe ser afuera, la escucho maullar, pero no sé de dónde viene.
Idara: ¿Por qué no te fijas en los árboles, mamá?
Aurora: ¿Cómo va a estar en un árbol?
Idara: O en la casa de Ortiz, es capaz de raptarla.
Aurora: Por favor Ida, ya déjalo en paz a Ortiz.
Idara: No dejo en paz a nadie.
Aurora: Está obsesionada con un profesor adefesiero.
Idara: Es un criminal.
Pausa. Aurora sale.
David: Cómo has cambiado.
Silencio.
Idara: Desde que nació fue una niña muy difícil. Tiene un carácter muy fuerte. Le costó mucho el colegio, los estudios, las amigas, la vida. Cada reto era como escalar una montaña sin zapatos, con los pies en carne viva. Ahuyentaba a la gente. Nació con una rabia… parecía haber heredado un reclamo, un dolor antiguo, su llanto parecía el llanto de cientos de especies animales y vegetales que poblaron el mundo y lo tiñeron de sangre antes de ella. Yo no sabía qué hacer, estaba sola y desbordada. Tuve una pareja, pero él no soportó, hizo hasta lo imposible para que Victoria lo aceptara, pero ella era un perro rabioso en la puerta de mi casa. No pudo, se fue, nos dejó solas. Nos fuimos aislando, las dos, atormentadas por ver en la otra un reflejo y no poder escapar. Pasamos momentos muy difíciles, hubo crisis que me mostraron los límites de mi corazón y de mi fuerza. Llegué a desear que el carro en el que viajábamos las dos se cayera por el precipicio sobre el bosque y se incendiara con nosotras adentro. Cuando me dijiste que no querías ser padre, me fui con los dos billetes miserables que me diste. Busqué a mi mamá, le dije que estaba embarazada, que no sabía qué hacer. Ella me leyó el tarot, salió la carta de “El Carro”, y me dijo “El Carro significa triunfo, esperanza, victoria”. Entonces yo la miré y le dije: “La llamaré así, Victoria”. Y decidí hacerlo sin ti. Luego asumiste tu paternidad, y pagaste cosas, sí, pero lo hice sola. Te apareciste en muchas de mis pesadillas. Tenía terror de que llegaras un día y te llevaras a mi hija.
A veces miraba sus ojos, sus manos, y volvía a ver tu cara gritándome: “No quiero ser padre. No quiero tener un hijo”. (Grita.) “Las personas tienen hijos para que alguien los necesite en este mundo de soledad.”
Ella vive a pesar de ti, y a pesar del ser humano… ¡Es una niña! ¡Es una niña! ¡Es una niña y se llama Victoria!
David: Perdóname.
Idara se desploma.
— 4 —
Victoria: El ser humano ha elevado la temperatura del mundo con sus autos, sus aparatos, su compulsión por la carne de los animales… Niegan el calentamiento global encerrados en sus mansiones con aire acondicionado, mientras afuera miles mueren de calor y de frío. Queman árboles para sembrar el alimento para sus reses, para vender más carne, más de esos miles de kilos de grasienta carne de vaca y de cerdo que los matarán de cáncer.
Aurora: Igual ya no nos alcanza para la carne.
Victoria: ¿Sabes cuántos bosques quedan en el mundo? En nombre del desarrollo el ser humano se suicida en la Tierra.
Aurora: Los opuestos viajan juntos, algo muy bueno está naciendo y debes estar alerta.
Victoria: La película de mi papá es sobre eso.
Idara: ¿No era sobre un extraterrestre?
Victoria: Sí, un extraterrestre que escapa de su planeta devastado.
Aurora: ¿Qué película?
Idara: Un guion que ha escrito.
Aurora: ¿Es bueno?
Victoria: Sí.
Idara: ¿Hubo algo que te incomodó?
Victoria: ¿De la película?
Idara: De tu padre. Cuando estuvieron acá solos.
Victoria: No.
Idara: ¿Segura?
Victoria: Sí.
Idara: Tú sabes que nadie puede tocarte, ¿no?
Victoria: No me tocó nada, mamá.
Idara: Tampoco te dijo nada raro.
Victoria: Tengo sueño.
Idara: Tú me contarías cualquier cosa que te pareciera mala o incómoda, ¿no?
Victoria: Mamá.
Idara: Estoy tratando de protegerte, Victoria.
Aurora: No tienen que hablar tan bajito. Ya se durmió, creo. Ronca.
Victoria: Me voy a dormir.
Idara: (A Victoria.) ¿Estás molesta?
Victoria: No.
Idara: Estás molesta porque no te dejé salir con tu padre a cenar.
Aurora: Le quería dar sus opiniones sobre su guion.
Idara: Se las hubieras dado, ¿tenía que ser en privado?
Aurora: No le gusta hablar contigo presente.
Idara: Se las puedes dar mañana en el desayuno, porque gracias a tu abuela vamos a tener a tu padre las veinticuatro horas del día.
Victoria: Claro, le puedo dar mis opiniones contigo espiando detrás de la puerta.
Idara: Yo no te espío detrás de la puerta.
Victoria: Mañana vamos a ir a almorzar a un restaurante del pueblo.
Idara: Ni hablar.
Victoria: Ya le dije que sí.
Idara: Tú no decides, eres menor de edad.
Victoria: Es importante para mí.
Idara: Cuando cumplas dieciocho puedes ir adonde quieras.
Victoria: ¡Sólo vamos a ir a almorzar!
Idara: No me grites.
Victoria: ¡No te estoy gritando!
Idara: ¡Sí me estás gritando!
Victoria: ¡Tú también!
Idara: ¡Pero yo soy tu madre! ¿Adónde vas?
Victoria: ¡A mi cuarto!
Idara: ¡Te estoy hablando, no te vas a ninguna parte!
Victoria: ¡Qué quieres!
Idara: No tienes permiso para ir mañana, no insistas.
Victoria: Mi papá puede dármelo.
Idara: Tu papá no tiene ningún poder acá.
Victoria: ¿Por qué no? ¡Es mi papá!
Idara: ¡La encargada de tu crianza soy yo!
Victoria: ¡Ya tengo dieciséis años, ya no soy una niña!
Idara: ¡Claro que eres una niña, hasta los dieciocho años eres una niña!
Victoria: ¡Eso quisieras!
Idara: ¿Yo? No. Yo ya quisiera que fueras grande y que te hagas cargo de ti misma.
Victoria: No te preocupes, ya pronto cumplo dieciocho y dejaré de ser una carga.
Idara: ¡No eres una carga! Te he cuidado y criado con amor y alegría.
Victoria: No parecía.
Idara: ¿Cómo que no?
Victoria: Si miro atrás siempre estás llorando o gritando.
Idara: Qué injusta eres. Te olvidas de todo lo que nos hemos reído, de todo lo que nos hemos divertido, de todo lo que nos hemos amado.
Victoria: Mejor me voy a mi habitación antes de que te pongas a llorar.
Idara: Y si me recuerdas gritando o llorando es porque resulta que no soy una máquina, soy un ser humano, y tú siempre has disfrutado llevarme a mi límite.
Victoria: ¿Disfrutado? ¿Quién puede disfrutar ver a su madre fuera de control?
Victoria tira la cáscara de una fruta al piso a propósito.
Idara: ¡Victoria!
Victoria: ¿Cómo puedes prohibirme ir a almorzar con mi padre? ¿Cómo puedes ser tan cruel?
Aparece Flora Tristán.
Idara: Ay no, no empieces con el drama por favor.
Aurora: ¡Ya basta!
Victoria grita. Grita mucho. Grita como si fuera la primera mujer en el mundo que puede gritar.
Victoria: Quiero morirme.
La gata y Victoria se miran. Sólo Victoria puede ver a la gata.
Idara: A ver. Tranquila. Vamos a recoger. Yo te ayudo. Vamos a recoger juntas este desastre, ¿sí?
Idara recoge el desorden sola.
Victoria: Flora Tristán no va a regresar.
Aurora: ¿Por qué dices eso? ¿Sabes algo de ella?
Idara: ¿Ha sido tu mapache? ¿Le ha hecho daño tu mapache a mi gata, Victoria?
Victoria se va. La gata va tras ella.
Aurora: Lo dice para fastidiar.
Idara: ¡Pon pestillo a tu puerta, Victoria!
Aurora: ¡Te va a escuchar David!
Idara: ¡Qué me importa que me escuche!
Aurora: Cálmate, Ida.
Idara: Tal vez tú puedes ir con ellos.
Aurora: ¿Al restaurant? No te pases.
Idara: ¿Por qué no?
Aurora: ¿De chaperona?
Idara: Por favor.
Aurora: No exageres. ¿Qué crees que le podría hacer? Tienes que dejar de sentir tanto miedo por Victoria. Suéltala. Déjala que aprenda.
Idara: Que aprenda. Como “aprendí” yo, ¿no?
Aurora: Claro.
Idara: Como “aprendí” cuando era niña.
Aurora: ¿Qué?
Idara: ¿No te acuerdas?
Aurora: ¿Qué?
Idara: ¿Qué, ya te olvidaste de cómo tuve que “aprender” yo a los doce años?
Aurora: ¿De qué estás hablando?
Idara: No puedo creerlo.
Aurora: ¿Qué?
Idara: Olvídalo.
Aurora: Sigue.
Idara: No.
Aurora: Sigue por favor. Te refieres a lo de tu instructor de la academia de gimnasia.
Pausa.
Idara: Dejaste que yo “aprendiera”.
Aurora guarda silencio.
Se oye el ruido de una puerta cerrarse con violencia. Las dos se sobresaltan. Se oyen murmullos de mujeres.
Aurora: ¿Quién cerró la puerta?
Idara: David.
Aurora: Está durmiendo.
Idara: Será el viento, mamá. Léeme las cartas.
Aurora: No, no.
Idara: Léeme. Necesito saber qué va a pasar con Victoria.
Aurora: ¿Mamá?
Idara: Dime qué va a pasar con Victoria.
Aurora: ¡Fuego! ¡Fuego! ¡Fuego!
— 5 —
Aurora: Vamos los tres hasta el restaurant. Los dejo en la mesa. Yo me voy a sentar en otra mesa o si no puedo, los recojo en una hora.
David: ¿Me lees el futuro, Aurora?
Aurora: No, no. Ya no hago eso.
David: ¿Por qué?
Aurora: Estoy jubilada.
David: Eres joven para eso.
Aurora: Cuando recién llegamos acá, estuve un año sin salir, con las persianas cerradas, sin saber si era de día o de noche, atendiendo a las innumerables personas que buscaban mi ayuda. Madres con hijos que venían a rogar que salve a sus crías desnutridas, mujeres desesperadas porque sus maridos las abandonaban con miles de hijos, jovencitos que me pedían hablar con su madre asesinada. Al cabo de un año me enfermé, estuve dos semanas inmóvil, muriendo, y cuando salí de eso decidí dejar de atender. Desde hace ocho años sólo atiendo para ver el futuro, no hago trabajos, y sólo tres personas al día. Pero aun así, el futuro es una bola de fuego.
David: ¿Temes algo?
Aurora: El futuro está en el pasado, ¿sabes? Nos hemos pasado la vida tratando de ver el futuro, cuando lo que tendríamos que haber hecho es mirar hacia atrás, nada más. Ahí está el futuro. La única forma de escapar del futuro es dejar nuestro cuerpo calcinado.
Suena un ruido.
Aurora: ¿Oíste? ¿Florita?
David: Es Victoria.
Aurora: No regresa la gata.
David: Los gatos hacen viajes, y luego vuelven.
Aurora: Ida no va a dormir hasta que no vuelva la gata. Yo pienso que el animalito ha huido del miedo.
David: ¿Miedo por qué?
Aurora: Unos días antes de desaparecer, la gata empezó a comportarse de manera extraña. Se quedaba mirando un punto fijo a la pared y maullaba, como si viera a alguien. Yo pienso que era mi madre. Se aterró la gata.
David: ¿Tu madre da vueltas por acá?
Aurora: Yo no la veo. Yo siempre he visto y escuchado a los muertos, pero a mi madre no sé por qué nunca la he podido ver. Y ahora, desde que desapareció Florita, sólo escucho y veo fuego.
David: Algo me contó Victoria… del fuego.
Aurora: Un día vi fuego en las cartas, revisé las instalaciones eléctricas, las fuentes de gas, todo. A la semana siguiente mi madre murió… A veces uno lo ve, y no sabe qué es lo que hay que hacer para prevenir la tragedia. ¿Esto lo vas a poner luego en una película para que todos se rían de mí, David?
David: ¿Qué tipo de tragedia crees que te están advirtiendo esas cartas?
Aurora: No lo sé. Pero tú llegaste. ¿Estará relacionado contigo?
David: ¿Conmigo?
Aurora: ¿Por qué has venido, David?
David: ¿Por qué crees?
Aurora: ¿De qué huyes?
David: ¿Crees que huyo? ¿De qué huyo?
Aurora: Estás escapando. Pero te voy a decir algo. Eso de lo que huyes, ha venido contigo.
David ríe. Luego vuelve a ponerse serio.
David: ¿Por qué siguen viviendo acá? Es dificilísimo llegar.
Aurora: Acá todavía se puede respirar.
David: La escuela a cuántos kilómetros está, ¿a cuarenta, cincuenta? (Pausa.) ¿Por qué se han apartado del mundo?
Aurora: Nosotras no nos hemos apartado del mundo. Estamos mucho más cerca de él. Escúchame, David, dile a Idara que deje el tema de Ortiz, ella quiere meter al tipo en la cárcel. Dice que es un abusador. Tal vez lo sea, pero él tiene mucho poder. La va a mandar a matar. Ya la ha amenazado. Dicen que ya había violado antes. Una señora lo denunció, una misionera. La mataron a machetazos. Entraron una noche a su casa, la mataron a machetazos e incendiaron su cuarto y todo lo que había dentro. Estamos en peligro.
Pausa. Entra Victoria.
Victoria: ¿Vamos?
— 6 —
Susurro: El silencio es el viento que aviva las llamas.
Victoria: Leí que una mujer de cuarentaicinco años ardió de pronto en un parque de Alemania. Y hace poco, una chica de catorce años vio cómo una llama azul se desprendió de su cuerpo y se empezó a incendiar. En estos dos casos las víctimas se salvaron, pero cuando les ocurre en su habitación y son encontradas horas después, como mi bisabuela, el cuerpo suele estar mucho más quemado que en un incendio convencional. Del torso sólo quedan cenizas, pero las manos y los pies quedan intactos. Algunos científicos dicen que puede ser una anomalía genética, con lo cual cualquiera de nosotras podría arder, mi abuela, mi madre o yo.
David: ¿Y tú qué crees?
Victoria: No sé.
David: ¿Te da miedo?
Victoria: Claro. Ya me hiciste dos preguntas, me toca.
David: Está bien. Dale.
Victoria: ¿Cómo te hiciste esa cicatriz?
David: ¿Ésta? De niño, jugando, me caí contra el borde de una mesa filuda, me hice un corte.
Victoria: ¿A qué le temes?
David: A mí mismo.
Victoria: ¿Por qué?
David: Temo arruinarlo todo, una vez más.
Victoria: ¿Qué has arruinado?
David: Varias cosas. También he arreglado y creado otras, creo.
Victoria: ¿Qué es lo mejor que has creado?
David: Hoy pienso que una hija.
Victoria: ¿Si te estuviera entrevistando otra persona que no fuera tu hija, habrías dicho lo mismo?
David: Supongo que sí.
Victoria: ¿Por qué se separaron tú y mi mamá?
David: Ya me vas haciendo como quince preguntas.
Victoria: Sí.
David: No sé… por la razón por la que se separan casi todos… un día se acabó el amor.
Victoria: ¿Querías ser papá?
David: Ahora sí me toca, Victoria.
Victoria: Difícil responder esa pregunta, ¿no?
David: ¿Qué te ha dicho tu mamá?
Victoria: ¿Quieres adecuar tu versión a la de ella?
David: ¿Le crees a ella?
Victoria: Mi mamá miente mucho y mal.
David: Sí lo quería.
Victoria: Ya.
David: ¿Eso es lo que ella te dijo?
Victoria: Sí.
David: ¿Qué te pasa? ¿Te duele la barriga?
Victoria: Sí.
David: ¿En qué parte? ¿Por acá? ¿Cómo es el dolor?
Victoria: Me arde acá.
David: A ver, ¿por qué no te echas?
Victoria: ¿Puedo ir a vivir contigo?
David: Escúchame, eso que me dijiste, que va a haber un incendio, que se van a quemar ustedes… No va a haber ningún incendio, ¿me entiendes? Ésas son tonterías. Lo que le pasó a tu bisabuela es que estaba fumando un cigarro y seguro se quedó dormida y entonces se quemó la ropa. Un accidente, nada más. Además, ya ha pasado mucho tiempo desde ese accidente, y nadie más se ha quemado, ¿no? Yo te puedo asegurar que no va a quemarse nadie más.
Victoria se retuerce del dolor.
David: Debe ser el arroz con leche. ¿Quieres que vaya a comprarte un remedio? ¿Qué tomas cuando te duele la barriga?
Victoria: Nada.
David: ¿Dónde te duele? ¿Aquí? Tal vez es el apéndice.
Victoria: ¡Aaaaaaaaaaah!
David: ¿Acá? ¿Esto duele?
Victoria: No quiero seguir viviendo acá.
David: Dime si te duele cuando hago esto.
David presiona la barriga de Victoria en la zona del apéndice.
David: ¿Duele?
Victoria: No, es aquí.
David: ¿Aquí?
Victoria: Arde.
Entra Idara.
Idara: ¿Qué haces?
Idara corre y empuja a David.
Idara: ¡¿Qué pasa?!
David: Le duele la barriga…
Idara: ¿Te estaba tocando, mi amor?
David: Sí, quería ver dónde le dolía…
Idara: ¡No vuelvas a ponerle una mano encima!
David: Idara…
Victoria: ¡Mamá, no me ha hecho nada!
Idara: ¿Dónde está mi madre?
David: Salió.
Idara: ¿Los dejó solos?
David: Vino alguien y dijo algo de la gata, y se fue corriendo.
Idara: ¡No debió dejarlos solos!
David: ¡Idara, por favor!
Idara: ¡Aléjate!
Entra Aurora con algo envuelto en un papel periódico en los brazos.
Aurora: La encontré.
Silencio. Idara se acerca a su madre. Abre un poco el periódico y cierra los ojos. Luego coge el bulto entre los brazos, como si fuera un bebe. Llora.
Aurora: Estaba echada en la calle. Quieta. Sin una pizca de sangre. Ni una herida visible. Yo creo que se quemó. Flora Tristán también se ha quemado por dentro.
— 7 —
Alrededor de una caja de cartón hay velas. Aurora, Idara, Victoria y David están sentados mirándola.
Idara: La han matado a palazos.
David: ¿A palazos?
Aurora: ¿Quién dice?
Idara: El veterinario, mamá.
Aurora: No la ha visto por dentro.
Idara: La revisó, mamá. No tenía sangre porque la han matado a palazos, me dijo. Tenía los huesos quebrados.
David: ¿Quién puede hacer algo así?
Idara: Yo sé quién ha sido.
David: ¿Quién?
Aurora: Ya para con eso, Ida.
Idara: ¿Quién más va a ser, mamá?
Victoria: El planeta Tierra va a convertirse en una gran bola de fuego.
Pausa.
David: Mi mamá murió cuando yo tenía doce. Al velorio vino demasiada gente, todos me daban el pésame y yo ni los conocía, yo la miraba a ella en el ataúd y me parecía viva, me parecía que en cualquier momento iba a abrir los ojos y me iba a decir “¿Has ordenado tu cuarto, David?”. Me parecía que cuando se fueran todos, iba a aprovechar para despertarse, pero no pasó. Cuando regresamos a casa mi papá, mi hermano y yo, las cañerías habían reventado. Pasamos toda la noche sacando el agua de la casa inundada. Todo quedó húmedo durante años. Estoy escribiendo un guion sobre ese día, es un niño que…
Aurora: No, no nos cuentes ese guion, David. No es el momento.
David: Lo siento.
Aurora: Hay que enterrarla.
Victoria: Me voy a ir a vivir con mi papá a la ciudad.
Aurora: ¿Cómo?
Idara: Sabía que ibas a tratar de llevártela.
Victoria: Cálmate, mamá…
David: Yo no me la voy a llevar, Idara.
Idara: No, claro.
David: Victoria, éste no es el momento…
Idara: ¡La has convencido de irse contigo a mis espaldas!
David: No…
Victoria: Yo lo he decidido, mamá…
Idara: No lo puedo creer. ¡No lo puedo creer…!
David: A ver, Victoria. Tal vez cuando acabes el colegio podríamos ver la posibilidad…
Aurora: Victoria, ven, vamos a buscar un lugar para enterrar a Flora Tristán. ¡Victoria, ven!
Victoria sale tras Aurora, que carga el pequeño ataúd.
Idara: ¿Cómo te atreves?
David: ¿Podemos hablar tranquilamente? Tranquilízate y lo conversamos. Yo no voy a quitártela, ¿cómo voy a hacer eso? Ella dice que quiere vivir conmigo, pero no hemos…
Idara: Yo quería ser cineasta cuando estudiábamos en la universidad, ¿te acuerdas? Tenía un proyecto de cortometraje que empecé y que tuve que dejar porque salí embarazada. Tenía que mantener a la niña, no podía darme el lujo de ser directora de cine. Luego, años después me enteré de que tú sí te habías convertido en director; claro pues, pensé yo, él puede darse el lujo de ser artista, hacer su película que nadie entiende porque tiene dónde vivir y no tiene que alimentar a nadie. Mientras tú construías tu carrera de cineasta experimental, el genio incomprendido, yo me rompía el lomo enseñando en un colegio y criando a una niña. ¿Y todo para qué? Para que tú, que haces un cine que no aporta nada, cínico e infértil, luego vengas y te la lleves para que te aplauda. Nunca le he dicho a Victoria lo que pienso de ti, nunca lo he hecho porque no quiero que odie a su padre, no quiero que ella sepa que su padre famoso hace cine para alimentar su narcisismo, un cine vacío y ególatra, mientras su madre se saca la mierda para formar a personas que en el futuro se harán cargo de este mundo; yo enseño, construyo, escucho, guío, tú sólo tiras fuegos artificiales al público y sales corriendo con tu trofeo en mano, y luego vienes con tu frivolidad, con tu indolencia, a llevarte a la niña que yo crie con mi esfuerzo y mi sacrificio. La apartas de mí para que te siga a todas partes, para que te contemple en el ejercicio del arte que yo no pude ejercer por amor a ella. ¿Qué clase de artista eres que no puedes sentir compasión? ¿Qué clase de artista, qué clase de ser humano se aprovecha de la ilusión de una adolescente para paliar su culpa y para satisfacer su ego? ¿Qué clase de artista se roba las flores del jardín ajeno? ¿Sabes por qué me han echado del trabajo? Por inconforme. Porque pienso en el futuro de los niños y las niñas de este país. Porque un día, después de muchos años de ser profesora, a los padres les empezó a molestar que yo les hable a las niñas de sus derechos. ¡De sus derechos! Los padres escribieron una carta al director del colegio, acusándome de feminista. ¡De feminista, como si fuera un crimen! ¡El mundo está infestado de mujeres humilladas, acosadas, violadas, golpeadas y asesinadas, y esos señores no se indignan por eso, no, no, no, se indignan porque la profesora les habla a sus niñas de cuidar su cuerpo y porque la profesora las ayuda con amor y valentía a ponerles palabras, ¡por fin!, palabras a los abusos que sufren ellas, a los que sufren sus madres, a los que sufrieron sus abuelas y bisabuelas desde que empezó la humanidad. Pero la gota que rebalsó el vaso fue que una de las alumnas me confesó que un profesor la había violado. Estaba embarazada. Me metí en el asunto, hablé con la madre, el director me dijo que debía dejar el tema ahí. El violador tiene poder, está vinculado al gobierno regional, podía sacar al director del colegio. Me negué a callarme, y los seis años que trabajé para el colegio no fueron obstáculo para echarme. Pero por supuesto que no lograron callarme, nadie me va a callar, ¿entiendes? La mentira y la violencia no van a encontrar una aliada en mí. A nadie le gusta la aguafiestas, es incómoda, es peligrosa. Pues lo siento. ¡Soy la loca, la nazi, y sin embargo no mato ni quemo ni violo a nadie! ¡Por eso el mundo está así, prefieren tener en la mesa a un abusador antes que a la mujer que lo señala! ¡Nadie quiere mover un ladrillo del edificio, todos prefieren que siga igual, para conservar sus privilegios, para no enfrentar el desafío de modificar el pensamiento! Pero nuestras historias entran en sus casas, se filtran por las paredes, por las cañerías, no lo pueden evitar. Aunque tapeen las ventanas, igual va a entrar la verdad que va a combustionar con la piel herida de miles de mujeres, va estallar todo, ¿entiendes? Aunque nos echen a todas, igual va a estallar.
Entra Aurora sostenida por Victoria.
Idara: ¿Qué pasa, mamá?
Victoria: Se ha mareado.
Idara: Ven, vamos para que te acuestes.
Pausa. Idara lleva a su madre a su habitación. Victoria y David se miran.
Victoria: Voy a hacer el hueco para Flora Tristán.
Victoria sale. Regresa Idara.
David: Victoria dice que su bisabuela está en esta casa.
Idara: No le hagas caso, se sugestiona con las cosas de mi mamá.
David: Dice que entra a su habitación.
Idara: No le creas todo lo que te dice. Quiere asustarte.
David: Aparte de la bisabuela, viven con ella un mapache y un conejo refugiados.
Idara: Siempre recoge animalitos, es una manía que tiene.
David: Los tiene en una jaula.
Idara: Sí, sí.
David: No se ven muy bien.
Idara: ¿Los has visto?
David: Anoche entré a su habitación. La tenía abierta.
Idara: ¡Cómo te atreves a entrar a su habitación!
David: ¡Escúchame! La puerta estaba abierta de par en par. Yo desde mi cuarto la oía hablar. Hablaba con alguien, le preguntaba, le respondía sí, no. En un momento empezó a llorar. Lloraba mucho. Me tuve que acercar, ¿cómo iba a quedarme quieto? Pensé despertarte a ti, pero mi impulso fue ir donde ella. Estaba sentada en su cama. Miraba al frente suyo, a un punto fijo, como si hubiera alguien ahí. No es que les hablara a los animales, hablaba a algo que no se veía, ahí. No podía entender qué le decía. Era como una conversación con la pared. Y lloraba. Me acerqué a ella. Le dije “Victoria”, y me miró, pero como si no me mirara. Siguió llorando, mirando hacia delante. “¿Con quién hablas?”, le pregunté. No entendí qué me dijo y se volvió a acostar.
Idara: Todos los niños hablan dormidos.
David: Ella ya no es una niña. Ella estaba hablando con su bisabuela, o eso es lo que ella creía. Luego vi la jaula, al lado de su cama. Esos animales no están bien. El mapache es agresivo. Necesita salir.
Pausa.
Idara: Cuando tenía seis años, Victoria estaba jugando con unos amiguitos de por acá. En un momento del juego la llevaron al cementerio, que queda a unos diez minutos de acá caminando, y la dejaron ahí. Sola. Ella me contó luego que tuvo mucho miedo, que no podía respirar, y en eso vio a un hombre. Un hombre bajito. El hombrecito la llamó para que la siguiera. Ella no sabía qué hacer, hasta que se puso a correr de regreso a casa. Desde ese día se volvió más retraída y empezó a imaginar fantasmas.
Entra Victoria.
Idara: Victoria, ¿podemos hablar, tranquilamente?
Pausa. Victoria asiente.
Idara: ¿Por qué quieres irte?
Victoria no contesta.
Idara: ¿Victoria? ¿Por qué quieres irte?
Victoria no contesta.
Idara: ¿No estás contenta acá?
David: Cálmate.
Idara: ¡No me digas cómo hablar en mi casa! (A Victoria.) ¿No te gusta vivir con nosotras?
Victoria: No es eso…
Idara: ¿Por qué haces esto? ¿Por qué quieres irte con él? ¿Te hemos hecho algo? ¡Dime qué te he hecho!
David: Por favor, cálmate, Idara…
Victoria: ¿Vas a llorar?
Idara: No, te estoy preguntando tranquilamente.
Victoria: Es para prepararme para el momento trágico.
Idara: ¿Por qué me agredes de esa manera?
Victoria: Haces un drama de todo.
Idara: Soy tu madre, debo cuidarte.
Victoria: Acabas de perder tu trabajo por armar una tragedia griega en el colegio.
Idara: ¿Tragedia griega? Yo sólo….
Victoria: A los 44 años te haces la rebelde, la justiciera, y chau, te botan. ¿Así me cuidas?
Idara: ¡Es eso! No lo puedo creer. ¡Victoria yo no…! ¡Yo voy a conseguir otro trabajo, tengo una reunión con el director de una ONG mañana! Y si no consiguiera otra cosa, no me arrepiento por actuar de acuerdo a mis convicciones.
Victoria: ¡Sabías que te podían despedir y no te detuviste pese a que tienes una familia!
Idara: ¡Preferí correr el riesgo! No quería darte un mal ejemplo. No quiero que tengas una madre que agacha la cabeza ante la injusticia por miedo a perder un trabajo.
Victoria: Genial, ahora tengo una madre desempleada y soy la hija de la profesora loca que echaron a las patadas por jugar a la revolución feminista en una escuela rural, y que ahora está amenazada de muerte por dársela de justiciera.
Idara: Siempre vas a verme con los lentes equivocados. Lo has hecho toda la vida.
Victoria: ¿Con qué lentes podía ver una niña a una mamá que le contaba el cuento de la Caperucita en versión hiperrealista cuando tenía tres años?
Idara: Era para que aprendieras a escapar de los abusadores.
Victoria: ¿Cómo querías que te mirara cuando cada vez que te contaba algo malo, tú me decías que era culpa del patriarcado? “Mamá, me saqué mala nota” “¡Es culpa del patriarcado!” “Mama, me salió un grano” “¡Es culpa del patriarcado!”
Idara: Victoria, eso era broma…
Victoria: Todas mis investigaciones, mis tareas, mis cuentos, tenían que tener intencionalidad política, alguna denuncia, algún reclamo. No podía escribir simplemente que el osito se perdió en el bosque, no, sino que lo echaron al bosque porque los dueños de la ciudad lo discriminaron por ser marrón. Yo quería ser una niña normal, y tú nunca me dejaste serlo. ¿Con qué anteojos quieres que te mire?
Idara: ¿Cómo puedes ser tan injusta? Yo te di todo…
Victoria: No es verdad. Siempre he estado sola.
Idara: Esto es absurdo. ¿Sabes qué? Si soy tan mala, vete. ¡Vete! ¡Vete y déjame en paz!
Victoria se dispone a irse, pero Idara la detiene con desesperación. Victoria se libera con violencia de los brazos de su madre, como si ardieran.
Victoria: El alma es energía. Si el alma intenta huir del cuerpo antes de que le toque —o sea antes de que el cuerpo tenga muerte física—, genera una chispa superior a la necesaria para la propia vida, que hace que el cuerpo arda. El alma provoca la combustión para escapar. En el imperio romano se quemaban los cuerpos porque creían que sólo quemándolos el espíritu se podría separar del cuerpo. Las personas sufren combustión espontánea porque dejan su cuerpo, y lo dejan porque su alma no soporta más. Mi bisabuela no tuvo más remedio que quemar su propia cárcel.
Victoria sale.
Idara: ¿Adónde vas? ¡Victoria! ¡No vayas al bosque!
David: ¿Es verdad que se quemó? ¿Tu abuela se quemó?
Idara: ¿Qué?
David: Habla mucho de eso.
Idara: Se ha obsesionado con eso por culpa de mi mamá… A mi abuela le dio un infarto cuando trataba de apagar un pequeño incendio en su habitación, pero ahora Victoria se ha inventado lo de la combustión espontánea, te digo que no creas todo lo que te dice.
David: Tal vez debería ser escritora y no veterinaria.
Idara: Escúchame, David, dile a Victoria que no puede irse contigo.
David: La acabas de echar.
Idara: Por favor. ¡Es una discusión de madre e hija, más tarde nos amistamos!
David: No puedo decirle que no. ¿Cómo voy a hacer eso? Lo va a sentir como un rechazo.
Idara: Una raya más al tigre: no se va a morir.
David: Estás sin trabajo, Idara.
Idara: ¡Y ahora voy a conseguir otro! ¡No me voy a quedar sin trabajo!
David: ¿Es verdad que te han amenazado de muerte?
Idara: David, mira…
David: Aurora me ha dicho que es muy peligroso que sigas con el tema de ese Ortiz. Que el tipo ya mató a otra mujer…
Idara: Ortiz ha violado por lo menos a tres niñas, y puede seguir haciéndolo. Ya hay tres casos.
Entra Aurora.
Aurora: No son tres.
Idara: Tengo uno más. Si consigo que alguna de las tres niñas lo haga público, puedo ir a hacer la denuncia.
Aurora: Ni siquiera sabes quiénes son.
Idara: La primera es mi alumna, la que Ortiz embarazó. Las otras dos no las conozco, no he hablado con ellas, pero he recibido sus correos.
Aurora: ¿Las vas a buscar?
Idara: Son correos anónimos, no quieren decir su nombre porque tienen miedo.
Aurora: Pueden ser inventados…
Idara: ¿Para qué inventarían eso?
Aurora: Hay gente mala.
Idara: ¿Tú darías tu nombre? Si te hubieran violado, ¿darías la cara públicamente: “Mírenme, yo soy la violada”?
Aurora: ¿Por qué tienes que ser tú la que haga justicia?
Idara: ¿Quieres que deje que el tipo siga violando niñas?
David: Estás poniendo en peligro a Victoria, también.
Idara: Ella no sale.
David: Está afuera ahora.
Idara: No se aleja más que unos metros, no entra al bosque ni va al pueblo.
Aurora: ¿Y si entran a la casa?
Idara: Sería muy obvio, todos saben que yo estoy tras él.
Aurora: Creo que estás siendo ingenua.
Idara: ¡No voy a dejar suelto a ese tipo! ¿No entiendes?
Pausa.
Aurora: Voy a preparar té.
Aurora sale.
David: ¿Y si no consigues otro trabajo? ¿No te aliviaría un poco que yo me haga cargo de Victoria un tiempo?
Idara: Puedes hacerte cargo sin llevártela, David.
David: Además aquí no debe tener ni amigos. ¿Cuántas casas hay por acá?
Idara: Tiene amigos.
David: ¿Hasta cuándo pretendes apartarla del mundo, Idara? Cuando termine el colegio tendrá que ir a estudiar a algún lado, acá no hay más que árboles, polvo y cerros.
Idara: Falta mucho para eso. Por ahora está muy bien aquí.
David: Estás siendo muy egoísta.
Idara: Para eso viniste, para llevártela, ¿no? ¿Qué te pasó, David? ¿Quince años evadiendo tu paternidad y de pronto te levantaste un día y dijiste “Quiero ser papá”? ¿Qué te ha pasado? ¿Por qué de pronto quieres recuperar a Victoria? ¿Quieres usarla de escudo para alguna batalla? ¿A ti también te van a acusar de algo, David?
David: Hace años que quiero venir. Pero recién he podido.
Idara: Es una niña. No sabe quién eres.
David: ¿Y tú sí lo sabes?
Idara: Por supuesto que sí. Y ante la ley yo tendría todas las de ganar, lo sabes.
David: ¿Me harías un juicio?
Idara: Bastaría con que cuente algunas cosas que hiciste.
David: ¿Qué te hice?
Idara: ¿Ya no te acuerdas?
David: Era muy joven. No recuerdo haberte hecho nada grave.
Idara: ¿No? Humillar a tu pareja no es grave. Desaparecerte por días sin ninguna explicación: no, no es grave. Reírte de ella con crueldad cuando te reclama sus desapariciones o sus mentiras: no, nada grave. Hacerla llorar todo el tiempo, nada grave, no.
David: Me porté mal algunas veces, lo sé.
Idara: ¿Te acuerdas cuando te dije que estaba embarazada? Me dijiste que estaba mintiendo para que no me dejaras.
David: Me dijiste que te cuidabas. Me mentiste y decidiste embarazarte sin avisarme que no estabas tomando pastillas, ¿no es cierto?
Idara: ¡No! No te mentí, tomaba pastillas, pero me olvidaba a veces de tomarlas, fue un accidente…
David: ¡Te olvidabas!
Idara: Tal vez inconscientemente quería embarazarme y por eso no era tan rigurosa…
David: ¿Eso no es violento también?
Idara: ¿Por qué no te cuidabas tú, si te parecía tan terrible tener un hijo?
David: Confiaba en ti. Ni siquiera habíamos hablado de la posibilidad de tener un hijo, y tú decidiste hacerlo sin mi consentimiento.
Idara: No lo decidí. No fue a propósito. Yo estaba desesperada, en alguna parte de mi cabeza intuía que tener un hijo era la única cosa que podía salvarme.
David: ¡Tener un hijo para salvarte! Qué bien. ¿Te parece justo darle esa responsabilidad a una niña?
Idara: No era algo racional… No fue planeado. Y tú no fuiste tan claro en que no querías hijos. Nunca me dijiste “Yo no quiero tener hijos”. No fui responsable, lo sé. Pero tú tampoco fuiste responsable. Nunca usabas preservativos. No te arranqué un hijo a la fuerza, lo hicimos juntos. Y luego me quisiste tirar a la basura.
David: Fui torpe y violento, lo reconozco. Pero luego reconocí a mi hija.
Idara: Premio al mejor papá.
David: He cumplido económicamente.
Idara: Claro, has pagado el colegio y la has llamado una vez al año por su santo.
David: También por navidad, y muchas veces le mandaba regalos.
Idara: Cuando cumplió diez años te olvidaste de llamarla. Yo me inventé que estabas filmando en una montaña donde no había internet ni teléfonos cerca, le dije que habías caminado dos horas al poblado más cercano para llamarla por teléfono, pero que justo la llamada entró cuando ella estaba en el colegio, que le dejaste un mensaje y miles de besos.
David: ¿Se lo creyó?
Idara: Claro que sí. También se creyó que la caja de plumones que le llegó con un mensajero en la última navidad se lo mandaste tú. Cuando vi que no le habías mandado regalo ni un mensaje, fui a comprar una caja de plumones. Sólo dos veces la viste. Deberías haberte muerto por verla.
David: Me moría por verla; pero yo no estaba bien.
Idara: Y ahora que estás bien, regresas al basurero donde tiraste a tu hija.
David: Estoy tratando de cambiar.
Idara: Alejándola de mí.
David: No…
Idara: No voy a cruzarme de brazos.
David: ¿Estás amenazándome?
Idara: No te estoy amenazando, pero si insistes en llevártela yo me vería obligada a contar algunas cosas.
David: ¿Algunas cosas?
Idara: Las cosas que hacías con las actrices jóvenes, por ejemplo. Cómo las seducías aprovechando tu poder, prometiéndoles papeles… Estabas conmigo y aun así. Y si yo me atrevía a hacerte una escena de celos, me hacías sentir como una loca.
David: ¿A quién le vas a contar eso?
Idara: A quien quiera escuchar.
David: ¿Someterías a Victoria a esa violencia, a que vea cómo su madre acusa a su padre?
Idara: Violencia es lo que tú has hecho y lo que estás haciendo.
David: No serías capaz.
Idara: ¿Cuánta gente querría seguir trabajando contigo si yo cuento lo de las actrices?
David: ¿Quieres decirle que yo no quise tenerla, que me fui cuando la concebimos accidentalmente?
Idara: No, no…
David: Díselo. Has guardado esa verdad todos estos años y se te está haciendo lava adentro. Díselo y que ella decida.
Idara: ¿Qué ella decida? ¿Vas a dejar que una niña de dieciséis años decida?
David: Es más grande que tú.
— 8 —
Aurora: Mi abuela le dijo una vez a mi mamá que yo me iba a volver loca. Su casa era oscura, no tenía luz. Una bruja mala. En casa vivía con mi mamá y mi papá, pero yo veía mucho más gente que nosotros. No sabía que no estaban vivos. Un día le hablé a un muerto. Y como lo escuché, vinieron los otros. Los muertos se pasaron la voz y empezaron a acosarme, todos querían que yo los escuchara. Pensé que iba a enloquecer. Una vez vi una bola de fuego correr por el techo de una casa. Le conté a una amiga, y ella me dijo que su abuela le contó que algunas brujas se convierten en fuego, una bola de fuego que sólo deja sus manos y pies, que en su pueblo a veces se veían bolas de fuego brincando por los cerros y al día siguiente desaparecía un niño.
Idara: Eso se lo inventaban los curas, para tapar sus propios secuestros.
Aurora: Puede ser.
Victoria: Hay algo que quiero decirles.
Idara: Qué cosa.
Victoria: La bisabuela está acá.
Pausa.
Idara: Victoria, no.
Aurora: ¿La ves?
Idara: Mamá, por favor.
Victoria: Ahí está.
Idara: No bromees con eso, Victoria.
Aurora: ¿Mamá? ¿Ella me escucha?
Idara: Basta, por favor.
Victoria: Sí te escucha.
Pausa.
Victoria: ¿Por qué has vuelto?
Se oyen murmullos de niñas que escapan de las paredes.
Victoria: Un hombre. Un hombre que navega en un barco.
Idara: Basta.
Aurora: ¡El tío Ricardo, el marino! ¿Qué pasó con él?
Victoria: Cuando era niña, él la llevo a un…
Aurora: ¡No la escuches! ¡No la escuches! ¡No la escuches!
Idara: Mamá…
Aurora: ¡No la escuches, Victoria!
Victoria: El silencio es el viento que aviva las llamas.
Victoria se desvanece. Idara corre a socorrerla. Aurora está en shock. Los murmullos terminan. Victoria mira a su mamá en silencio.
Victoria: Se fue.
Idara: ¿Estás bien?
Victoria la mira.
Idara: ¿Qué pasó?
Victoria: Nada.
Idara: ¿Qué pasa? ¿Estás bien?
Victoria: Tengo sueño.
Idara: Échate, mi amor. Descansa.
Victoria se queda dormida.
Silencio. Aurora sigue en shock.
Idara: ¿Mamá?
Aurora no responde.
Idara: ¿Mamá?
Aurora: Estoy suspendida en el ojo del huracán. Observando el movimiento. El silencio es el viento que aviva las llamas. Cuando yo tenía catorce años, mi padre, una noche… yo estaba en mi cama, sentí sus pasos, su olor a alcohol cerca de mi cara. Después ya no. Después sólo el agua oscura. La puerta de mi cuarto cerrándose. Al día siguiente, él me dijo. “No recuerdas lo que pasó anoche, no? Lo que recuerdas no pasó, fue un sueño.” Un tiempo después, traté de contárselo a mi mamá. Ella me calló y me dijo…
Idara: Hay plantas que no se queman.
Aurora: Hay plantas que no se queman. Algunos árboles disparan su crecimiento en dos o tres metros durante un solo año para ganar altura y escapar al impacto del fuego.
Idara: Otros desarrollan una corteza gruesa que protege su vida interior.
Silencio.
Idara: Mi abuelo.
Pausa.
Idara: Nunca me advertiste que podía pasarme eso.
Pausa.
Idara: Ves el futuro de todos, pero a tu hija nunca le advertiste que le iban a partir la vida en dos, como a ti. Tampoco hiciste nada para evitarlo. ¿Por qué nunca has podido ver mi futuro, mamá?
Aurora: Mi madre tampoco pudo. Tampoco pudo evitármelo.
Idara se echa junto a Victoria. Aurora hace lo mismo.
Susurro: Aurora, Aurora, hija. Busca el agua, el agua.
Aparece Flora Tristán, la gata. Victoria abre los ojos. Victoria la mira.
La gata mira a Victoria en silencio durante un rato. Luego le habla.
Flora Tristán: Mi padre no me reconoció. Viví con mi madre. Fui obrera de niña. Me casé muy joven con un hombre que no amaba. Tuve tres hijos, uno murió de pequeño. Mi esposo me maltrató. Un día escapé por la puerta trasera y me separé de él. Mi doble condición de hija natural y esposa separada me convirtieron en una paria. Mi exesposo me persiguió incansablemente hasta que logró quitarme a mi hijo. Escapé con mi hija, muy lejos, con miedo de que me alcanzara. Trabajé como criada. Un día me disparó por la espalda en plena calle. Caí y luego corrí a refugiarme en una tienda. La bala se quedó atracada cerca de mi corazón. Tuve fiebre durante tres días. Estuve a punto de morir. Me salvé. Luego él intentó violar a mi hija. Fui feminista y comunista. Luché por las mujeres y los proletarios. Morí enferma a los cuarentaiún años mientras gritaba que todas las desgracias del mundo provienen del olvido y el desprecio de los derechos de la mujer.
Victoria: Mi mapache tiene miedo.
La gata se va. Victoria se va tras ella.
Aurora duerme.
Aurora: Mamá. Mamá.
Idara despierta y la mira. Le toca la frente.
Idara: ¿Mamá? Estás ardiendo.
Aurora: ¿Sí?
Idara: Toma agua.
Idara le da un vaso con agua. Aurora toma todo el vaso.
Aurora: Gracias.
Idara: De nada.
Aurora: Ida.
Idara: ¿Qué, mamá?
Aurora: Tu padre nunca te hizo daño. Él nunca.
Idara: Lo sé.
Aurora: Tampoco le conté nunca lo que me hizo mi padre. No se lo conté a nadie, en realidad. Mi padre, tu abuelo… fue una buena persona. No era malo. Él no hacía eso, sólo esa vez… el alcohol… Él estaba muy mal en esa época, lo había perdido todo. Me quería. Te quería mucho a ti, te adoraba. Te cuidó cuando tu padre murió…
Idara: Me cuidó, sí. A mí me protegió. ¿No tenías miedo?
Aurora: ¿De qué?
Idara: De que él me hiciera lo que te hizo a ti.
Aurora: No. (Pausa.) No hubiera sido capaz.
Idara: Léeme las cartas. Dime qué va a pasar.
Aurora: No puedo.
Idara pone frente a Aurora una mesita y un mazo de cartas de tarot.
Idara: Vamos, mamá. Léeme.
Aurora no se mueve. No puede empezar.
Idara: Léeme, mamá.
Aurora: No.
Idara: Léeme.
Aurora: Cuando eras jovencita, me preguntaste: si ustedes las brujas tienen tanto poder, ¿por qué no lo usan para mejorar el mundo? Tenemos que vivir cientos de vidas para trascender, te dije. A veces una persona está en la vida doce y otra en la vida setentainueve, es como si una hablara chino, y la otra ruso, nunca van a entenderse. Nosotras estamos diseñadas para ayudar, pero no debemos interrumpir los procesos ajenos, hay procesos que tienen que cumplirse, porque a esa persona le faltan muchas vidas para poder entender, para poder digerir la información que podemos darle. Necesitamos que la persona nos pida ayuda y nos permita ingresar. No todos estamos listos para escuchar.
Entra Victoria. Tiene los brazos ensangrentados.
— 9 —
Aurora: Cuando tenías cuatro años, me preguntaste mi edad. Te dije que tenía más que tu mamá. ¿Entonces te vas a morir?, me preguntaste. Nadie te había hablado de la muerte. Pero tú la veías, ahí, y te hablaba. Yo no me voy a morir, te dije. Sólo voy a dejar mi cuerpo. Y cada vez que sientas el viento en tu cara, será tu abuela acariciándote. Porque dejaré mi cuerpo para seguir mi viaje, y seré la vida y los pajaritos que ves en el aire. Tus sueños y pesadillas nacieron antes que tú. No les cierres la puerta. Amarra tu bandera al cuerpo. Estás en el ojo del huracán. Si resistes, eres la que puede ver el movimiento.
Victoria, con los brazos vendados, descansa. Idara la mira.
Idara: Hay árboles que no se queman. Se llaman plantas pirófilas. Son plantas que han evolucionado para adaptarse a un hábitat donde los incendios son habituales. Cuando el resto de vegetación se incendia, las pirófilas aprovechan las cenizas para alimentarse y crecer. Es más, hay algunas que para poder perpetuar su especie necesitan que haya un incendio. Después del incendio la planta madre muere, pero sus semillas germinan alimentándose de sus restos. Plantas que se alimentan de las cenizas de las otras.
Victoria: No quiero que te maten.
Pausa.
Idara: Está bien. Está bien. Voy a dejar el caso. No lo voy a denunciar.
— 10 —
Aurora realiza un ritual de protección en la casa con palo santo. David, Idara y Victoria la ayudan.
Idara se pone un gorrito de cumpleaños, y prende la canción “Fiesta”, de Rafaella Carrá.
Idara: Feliz cumpleaños, mi amor.
Idara baila. Victoria y David la miran estupefactos. Aurora se divierte y se une a bailar con su hija. David comprende que debe plegarse al ánimo festivo, y lo intenta. Saca a su hija a bailar, y Victoria acepta por compromiso, baila como un poste. Luego Idara quiere bailar con su hija, pero entonces Victoria la rechaza con violencia y va a apagar la música.
Victoria: Esa canción es horrible.
Idara: Pero era nuestra canción favorita, ¿no te acuerdas? La bailábamos todo el día cuando eras chiquita.
Victoria: No me acuerdo.
Victoria sale. Idara se saca el gorrito.
— 11 —
Victoria: Cuando el extraterrestre le cuenta a la chica que su padre le arrancó el brazo, el personaje queda mal. Parece que está justificando las agresiones que ha hecho él a los humanos.
David: Bueno, no las justifica.
Victoria: El extraterrestre eres tú, ¿no?
David: ¿Yo? No.
Victoria: Y la chica es mi mamá.
David: No, no. ¿Por qué dices eso? Es ficción.
Victoria: El problema es que, si le cuenta eso a la chica para que lo perdone, es… Sería mejor que… no sé… que haga algo más radical. Que se convierta en humano.
David: (Ríe.) Sí, podría ser. El personaje es débil. No es mi mejor guion. La próxima vez te voy a llamar para que me ayudes a escribirlo mejor.
Victoria: ¿Los extrañas?
David: ¿A quiénes?
Victoria: A tus padres.
David: A mi mamá, sí. Mucho. A él, claro, también.
Victoria: ¿Cómo era mi abuela?
David: Era… generosa. Enigmática. Muy seria. Y a la vez muy alegre. A veces muy inocente, muy frágil. Y otras… un ejército entero. ¡Qué miedo! Te pareces mucho, mucho. Me recuerdas mucho a ella.
Victoria: Ya hice mi maleta.
David: ¿Qué?
Victoria: Me voy contigo.
David: No, Victoria.
Victoria: ¿No me voy contigo?
David se ríe, nervioso.
Victoria: Qué.
David: Si fuera tan fácil.
Victoria: Vamos.
David: Victoria.
Victoria: Vuélvete humano.
David ríe. Está en una cueva oscura.
David: Mi mamá hubiera dicho: ¡Vamos, de una vez! ¿Por qué no?
Los dos sonríen.
David: Nos escapamos como dos niños… una travesura.
Victoria: Sí.
David: Vivo en un departamento enano. Sólo tiene una habitación.
Victoria: Buscamos otro sitio. No tiene que ser grande. Yo sólo necesito una cama.
David: Casi nunca estoy ahí, tengo muchísimo trabajo. No podría estar casi nunca contigo.
Victoria: Estoy acostumbrada a estar sola. Sé cocinar. Sé limpiar. Me las arreglo.
David: ¿Y el colegio? No puedes dejar el colegio a mitad de año.
Victoria: No tengo amigos. No les gusto. Me molestan. Odio el colegio. Puedo empezar el próximo año en un colegio público de allá.
Pausa.
David: No, Victoria. No vas a venir conmigo.
Victoria: ¿Por qué no?
David: Porque no.
Victoria lo mira sin expresión.
David: Soy humano.
Victoria calla.
David: Tu madre tiene razón, debes quedarte acá. Cuando termines el colegio quizá podemos ver de buscar una universidad allá.
Victoria calla.
David: Tu vida recién empieza.
Victoria calla.
David: Habrá tiempo para todo.
Victoria calla.
David: Las cosas son mucho más complicadas de lo que tú crees, lo entenderás cuando seas grande.
Victoria calla.
Victoria: Mi coneja ha muerto.
David: ¿Se murió?
Victoria: Yo la estaba mirando y de pronto le salió una llama azul. Me miró con angustia y le tiré un vaso de agua. Apagué el fuego, pero igual ya estaba quemada por dentro.
David: ¿Dónde está?
Victoria: La enterré.
David: ¿Es verdad eso?
Victoria: ¿Qué?
David: Tal vez imaginaste la llama, y simplemente ha muerto por una enfermedad, o por tristeza, o algo.
Victoria: Pensé que tú sí me creías.
David: Victoria, yo creo…
Victoria: Ahora qué va a pasar con mi mapache.
David: Victoria basta. Te estás portando como una niña caprichosa. No te puedo llevar ahora, esas cosas necesitan planificación. ¿No te das cuenta? A tu edad deberías ser capaz de entender algo tan lógico.
Entra la coneja. Mira a Victoria. Victoria la mira. David no la ve.
David: El mapache ha matado a la coneja. Debes liberarlo. Es cruel tenerlo encerrado.
Victoria y la coneja siguen mirándose.
David: Ya tengo que irme. Tengo trabajo mañana en la ciudad. Me quedan por lo menos ocho horas de viaje por delante. Cualquier cosa que necesites me avisas, tienes mi teléfono.
Victoria guarda silencio, mirando a su coneja.
David: Ya sé que no me vas a llamar. Yo lo haré.
Victoria se acerca a la coneja.
David: ¿No me vas a decir nada?
Silencio. David mira a su hija. Se va.
Victoria y la coneja se miran por largo rato en silencio. Luego la coneja le habla. Mientras le habla, Victoria se tira al piso y se pone en posición fetal, como si le ardiera el estómago.
Coneja: Me atacó con una piedra. La piedra me hirió la cara y me dejó al borde de la muerte. Me arrastré para pedir auxilio. Mis cuatro hijos lo vieron todo. El menor, mi cría de año y medio lloraba al ver a su madre desfigurada y ensangrentada. Yo ya lo había denunciado nueve veces por violencia física y una por violación sexual. Me mudé tres veces para huir de él. La policía nunca hizo nada. En el hospital yo no podía hablar, no podía comer, perdí la visión de un ojo. Perdí también mucha sangre. Morí sola sin mis niños, desangrada y ciega. ¿Dónde están mis crías ahora? No puedo ver nada sin ellas. Se murieron todas en mi útero, un corazón sin leche que late sólo por la fuerza de la desesperación. Mis crías no están. Parí mil y las he abandonado. Las oigo llorar y lamo sus lágrimas. Para que la vida me vuelva. Para que la vida me vuelva y me regresen a mis crías adentro.
La coneja se va. Victoria se incorpora y también sale corriendo.
— 12 —
Idara encuentra a David en un tronco que está afuera de la casa.
Idara: ¿Qué haces aquí?
David: Encontré un bar.
Idara: ¿Pero no te ibas ya?
David: Sí, ya me voy.
Idara: ¿Pero cómo vas a conducir así?
David: Me faltó decirte algo.
Idara: ¿Qué quieres?
David: Quiero proponerte algo.
Idara: No hables tan alto, se van a despertar.
David: Vámonos juntos. Hagamos una familia, los tres. Bueno, los cuatro.
Idara: ¿Estás hablando en serio?
Ambos sonríen. Se miran. David avanza hacia Idara, para besarla. Ella se aparta.
Idara: Estás haciendo el ridículo.
David: Perdóname.
Idara: Vete. Duerme un par de horas en el auto y vete.
David: ¿Por qué no hacemos una película juntos?
Idara: ¿Qué?
David: Una película documental sobre la historia del profesor violador y tu despido. Escribimos juntos el guion, y luego también la filmamos juntos. O mejor tú escribes el guion sola. Tú cuentas ahí todo, el tipo no va a poder hacerte nada porque será público, estará acorralado.
Idara: Has tomado mucho, estás delirando.
David: Estoy seguro de que conseguiré financiamiento para eso. Piénsalo, estás desempleada, ¿no? Podrías regresar a tu vocación, hacer cine, lo que querías…
Idara: ¿Quieres reparar tus errores dirigiendo una película para mí?
David: Algo así. No sé. No sería para ti, sería para todos, es una historia que debe conocerse…
Idara: Perfecto, hazlo solo. Te lo cuento todo.
David: ¡Pero te necesito a ti!
Idara: ¡No grites!
David: Te necesito a ti, para que cuentes la historia desde tu punto de vista.
Idara: Haz un personaje de ficción que cuente lo que yo pasé.
David: Sería lo de siempre, un hombre escribiendo la historia de la mujer. Tú contándolo con tus palabras sería…
Idara: ¿Por qué no me pides perdón y punto?
David: La dirigimos los dos. La firmamos los dos.
Idara lo mira muy seria.
David: La diriges tú, la firmas tú, yo me hago cargo de la producción.
Idara: He decidido dejar el tema, se lo prometí a Victoria. Y si no fuera así, igual no haría esa película.
David: Ya te pedí perdón. No sé qué hacer.
Idara: Dejar de presentarte borracho en casa de tu hija será un buen primer paso.
David: No sé cómo recomenzar.
Idara: Ya has recomenzado. Tal vez ya me puedes contar quién te hizo esa herida en la frente.
David llora.
Idara: Vete. Se va a despertar Victoria y no va a entender qué haces aquí.
Pausa.
David: No le digas que vine.
Idara: No le diré nada. Dame las llaves y duerme en el carro.
David se levanta. Idara lo ayuda, y luego lo abraza.
David se va.
Entra Aurora, la acompañan la coneja y la gata. Madre e hija se miran. Silencio.
Idara: No puedo más.
Aurora: Vamos a hablar con la mamá de la niña.
Idara: ¿Cual?
Aurora: La mamá de tu alumna, la víctima, la que no es anónima.
Idara: ¿Para qué?
Aurora: Para que denuncie.
Idara: No quiere denunciarlo. Ortiz le ha pagado para que no hable.
Aurora: Hay que decirle que hay dos víctimas más, que deben unirse.
Idara: Me rogó que deje las cosas como están. Que no quiere que su hija sea parte de algo así. Que no quiere que su hija sea sometida a interrogatorios ni exámenes. Quiere que tenga una vida normal. Yo le dije: “Pero ya no tiene una vida normal. Ni la va a tener nunca. Una vez que has sido violada, nunca más vuelves a tener una vida normal”. Me miró con odio. Me dijo que ella prefería que las cosas quedaran así. Que si yo insistía con denunciar el caso, ella negaría todo. Que yo estoy loca. Me sugirió que me preocupara mejor por proteger a mi hija. Me pareció que fue una amenaza eso, no sé. Le pregunté cómo podía estar en paz sabiendo que está ayudando a proteger a un criminal. Ella me dijo que de cualquier manera nunca más estaría en paz, hiciera lo que hiciera.
Aurora: Tiene que haber una manera de…
Idara: Ya le prometí a Victoria que no me meteré más. Ya no hay nada que hacer, mamá.
Aurora: Se acerca el fuego.
Pausa. Idara corre a mirar por la ventana.
Aurora: Victoria.
Se escucha un grito de una niña.
Idara: ¡Victoria!
Idara corre a la habitación de Victoria.
Aurora coge un hacha.
Idara regresa.
Idara: ¡No está en su cuarto! ¡Victoria! ¡Victoria!
Idara ve a Aurora con el hacha.
Aurora: Hay que matarlo.
Aurora sale corriendo de la casa con el arma. Idara va tras ella.
— 13 —
Victoria está en el bosque.
El mapache la mira. El mapache es David con cabeza de mapache.
El mapache le habla a Victoria.
Mapache: Ellos siempre se estaban peleando en su habitación. Yo los escuchaba metido en la cama. Una noche, mi mamá entró a mi cuarto y se acostó a mi lado. Mi papá le gritaba “¡Ven! ¡Regresa!”. Ella se apretó a mí, abrazándome fuerte debajo de las sábanas. Él entró a mi cuarto. Se paró al lado de mi cama. La cogió del brazo y la sacó de allí arrastrándola. Mi mamá me miró y su mirada se me clavó en el corazón. Yo ya tenía ocho años, ya era un soldado preparado para la guerra, corrí tras ellos y traté de que la soltara, gritándole “¡Déjala! ¡Déjala!”. Él la soltó y se ocupó de mí. Me golpeó fuerte. Uno de sus golpes me cortó la mejilla derecha. Sangraba mucho. Mi padre se fue. Mi mamá vino hacia mí, lloramos juntos. Luego él volvió con una bolsa con hielo y me la colocó en la herida. Después él y mi mamá se fueron a su cuarto. Años después, cuando me convertí en adulto, mis dientes necesitaban morder y desollar.
Victoria se pone de pie. Va hacia el mapache. Le quita la máscara. Es su papá. Lo abraza.
— 14 —
Idara, Victoria y Aurora están en la sala.
Idara: ¿Te sientes mejor?
Victoria: Sí.
Idara: ¿Qué pasó?
Victoria: Llegué hasta el fuego. (Pausa.) ¿Qué va a pasar, abuela, qué va a pasar?
Aurora le entrega a Victoria las cartas del tarot.
Aurora: Míralo tú en las cartas. Saca una. Cuando tú naciste, le leí las cartas a tu madre, y salió la carta que significa “Victoria”.
Silencio. Victoria tira todas las cartas al aire y se queda con una carta. Se la da a su madre, sin mirarla.
Idara mira la carta sin mostrarla.
Idara: Victoria.
Idara y Victoria se miran.
Idara: No va a llegar el fuego hasta acá.
Se oyen ruidos afuera. Aurora se asoma por la ventana. Idara y Victoria se miran.
Aurora: Ahí vienen. Decenas de animales vienen hacia acá. Conejos, mapaches, lobos, osos…
Victoria: Huyen del incendio.
Idara se asoma por la ventana.
Idara: Son cientos.
Victoria: Ábreles. Déjalos entrar.
Se miran.
Suenan más fuerte los murmullos que escapan de las paredes, como llamas de fuego que entran a la casa, y se unen al ruido que hacen los animales afuera, que piden refugio.
Idara abre la puerta. La casa es invadida por cientos de animales.
Apagón.
Mariana de Althaus (Lima, 1974). Dramaturga y directora de teatro, ha escrito y dirigido obras como Tres historias del mar, Ruido, Efímero, La mujer espada, El lenguaje de las sirenas, Criadero, Entonces Alicia cayó, El sistema solar, Padre Nuestro, Karamazov, Pájaros en llamas, Todos los sueños del mundo, Trucos para ver en la oscuridad, Quemar el bosque contigo adentro, La vida en otros planetas, Detrás ruge el lago y Niños caen de los árboles, entre otras. Algunos de sus montajes han participado en festivales como Santiago a Mil (Chile), el Festival de Cádiz (España), el Festival Hispanoamericano de Teatro de Miami (EE. UU.) y Mirada (Brasil). También ha participado en los festivales de dramaturgia La Mousson d’été 2022, Francia, y Punto Cadeneta Punto 2024, en Colombia.
Las autorizaciones para el montaje de esta obra pueden solicitarse a la autora en la siguiente dirección electrónica: madealt@gmail.com



