Yazmín Jauregui escenifica un monólogo de Alejandro Román, dirigida por Tania Ángeles

Los martes de septiembre en la Sala Julián Carrillo de Radio UNAM se presentará Adriana Tristeza, unipersonal de Alejandro Román, dirigido por Tania Ángeles Begún y protagonizado por Yazmín Jáuregui. El texto de Román forma parte de Ánima sola, tríptico de monólogos que aborda la desaparición forzada, el amor y la violencia contra las mujeres, y que obtuvo el Premio Víctor Hugo Rascón Banda en 2010.
Para Yazmín Jáuregui, regresar a este personaje después de diez años representa mucho más que retomar un proyecto. Es también la posibilidad de revisitarlo desde otra perspectiva: con una mirada femenina y la experiencia que tanto ella como creadora como Tania Ángeles han adquirido durante estos años.
«Es un personaje con el que me quedé durante una década, pero creí que era necesario tener un concepto femenino, y eso se lo damos Tania y yo», explica Yazmín, sobre este unipersonal convertido en un nuevo proyecto, un estreno independiente. La obra completa de Ánima sola la integran tres monólogos. Sin embargo, en esta ocasión se presenta únicamente Adriana Tristeza, que aborda un caso real de feminicidio ocurrido en Tijuana.
Para Yazmín, llevar un tema como la desaparición y el feminicidio al escenario implica un enorme desafío.
«Hablar de desapariciones es tan complejo y mucho más llevarlo a escena. No hay manera de poner en un escenario el dolor tan grande que hay cuando un ser querido desaparece», señala.
La historia de Adriana, es la de una joven edecán que vivió en Tijuana, que se relacionó con personas involucradas con el crimen organizado. La secuestran, la descuartizan, la asesinan y finalmente la arrojan a los basureros de la ciudad.
A pesar de la dureza del tema, la actriz encuentra en la escritura de Alejandro Román una posibilidad para acercarse a él desde otro lugar. El texto, doloroso y trágico, es también profundamente poético, característica que, considera, permite a la historia trascender la nota roja y convertirse en una experiencia teatral.
Alejarse del morbo
Para Tania Ángeles, uno de los principales retos de la puesta ha sido encontrar un equilibrio entre la crudeza de la historia y la necesidad de hablar de ella sin reproducir la violencia en forma superficial.
«El reto es poder generar la contraparte, sumarle la de la vida y no ser reiterativos con la violencia. El texto es poético, muy fuerte, pero no queremos recaer en el morbo, en la nota roja», explica.
La directora busca que el montaje se acerque a la integridad humana de las personas detrás de las cifras de desapariciones y feminicidios. Para ello, el equipo creativo ha construido una propuesta visual y sonora que busca darle una dimensión distinta al relato.
Ángeles, quien además de teatro trabaja en cine, incorpora recursos audiovisuales a la puesta en escena. La música del unipersonal fue compuesta por Alexis Josh, músico originario de Oaxaca, mientras que el trabajo de escenografía, vestuario, iluminación y audiovisuales busca construir una atmósfera cálida.
«Nuestro mundo creativo quiere darle luz a esta historia. Una cosa es la realidad, lo que está pasando, y otra cosa es poder darle esta alma que ya tiene el proyecto, pero darle esta luz cálida, esta luz humana», comenta.
La intención no es que el espectador abandone la sala con miedo o angustia. Por el contrario, las creadoras buscan que la experiencia produzca empatía y abra un espacio para el diálogo.
«Cuando vamos a ver una puesta en escena que es muy dura sales de ahí con miedo y nosotras queremos que salgan de la obra con compasión hacia el otro, más allá de la división de género; vernos como seres humanos vivos y poder dignificar la vida y cuidarnos. Es nuestro mayor sueño», señala Tania.
De Adriana a una red de mujeres
Yazmín comenzó su formación teatral a los 15 años, en un taller del Colegio de Bachilleres. Posteriormente estudió en Casa Azul y desarrolló una trayectoria que incluye teatro y televisión. Desde sus primeros proyectos encontró una relación con el llamado teatro social.
En Adriana Tristeza, esa relación adquiere una dimensión personal. La actriz explica que durante el proceso de investigación se acercó a colectivos de personas buscadoras y a distintos espacios relacionados con casos de violencia.
«Hay más de 200 colectivos de personas en búsqueda en México», comenta. También menciona su acercamiento a grupos y espacios como Sabuesos y la UAM, además de la investigación realizada por ella, Tania y el propio autor.
El objetivo fue que Adriana no fuera sólo un personaje, sino una representación de muchas mujeres que han desaparecido, que han sido asesinadas o que no han tenido la posibilidad de ser reconocidas.
«Quisimos darle esa voz, no solo la de Adriana, sino la de todas las mujeres que no han tenido la oportunidad de ser reconocidas, de ser encontradas, aquellas que en México solo son un número más», explica Yazmín.
Por ello, para la actriz, el proyecto no termina cuando baja el telón. Una de sus principales motivaciones es generar vínculos con el público.
«Me importa mucho hablar de este tema más allá de subirme al escenario. Me interesa más el vínculo y los lazos que se tejan con el público que asiste a este tipo de proyectos, porque es necesario crear una red, es necesario hablar de lo que está pasando y generar también focos de alerta entre comunidades y mujeres.»
El teatro crea comunidad
La preocupación de ambas creadoras por temas sociales también se relaciona con el trabajo comunitario que Tania Ángeles desarrolla desde hace más de una década.
La directora cuenta con una asociación civil dedicada al impacto social y al arte comunitario, desde donde ha trabajado en diferentes estados de la República y en sitios considerados polígonos de violencia. A través de murales, cine, festivales y teatro, su trabajo busca generar espacios de diálogo y cultura de paz.
«Creemos que a través del arte podemos reducir la violencia, a través del arte podemos crear comunidad», afirma.
Para Ángeles, el teatro puede funcionar tanto como herramienta como finalidad: un espacio donde las personas puedan encontrarse, cuestionar su realidad y pensar colectivamente en posibles soluciones.
«Es muy importante darle voz a las víctimas a través del arte», sostiene.
Por ello, uno de los objetivos de su trabajo es llevar los montajes más allá de las temporadas tradicionales y acercarlos a lugares donde el acceso a la cultura suele ser limitado: colonias y centros penitenciarios, entre otros.
«Nos interesa llevar el teatro a las personas, no en el sentido de temporada, sino llevar este tipo de montajes a colonias, centros penitenciarios, porque creemos que a veces las personas no tienen acceso al arte y es importante cuestionarnos qué estamos haciendo como sociedad.»
Tania considera que el teatro tiene la capacidad de generar una identificación particular con quienes observan una historia frente a ellos. A diferencia de otros medios, la experiencia presencial permite establecer un vínculo directo entre el escenario y el público.
«El teatro genera una empatía muy distinta a la de los periódicos. Es un espejo maravilloso», dice.
En Adriana Tristeza, esa empatía se construye a través de la actuación de Yazmín, pero también mediante los recursos audiovisuales, la música, la escenografía y el vestuario.
Todo está pensado para conducir al espectador hacia un viaje emocional que le permita preguntarse qué está sucediendo en el país y por qué la violencia, las desapariciones y las muertes han llegado a convertirse en parte de nuestra cotidianeidad.
«No buscamos la confrontación, sino el diálogo», explica Tania. «Es muy importante porque, creando comunidad, podemos llegar a ese diálogo.»

La directora ha desarrollado anteriormente trabajos relacionados con la violencia contra las mujeres, entre ellos María, todo va a estar bien, puesta en escena que tuvo temporadas en el Foro Shakespeare y que aborda la violencia física, psicológica y sexual contra mujeres de tres generaciones.
También ha trabajado en proyectos de investigación y creación vinculados con la violencia en Ecatepec y ha recibido reconocimiento de Radio UNAM por su texto La Ruta, publicado posteriormente por Paso de Gato.
Más que transmitir miedo
Para Yazmín y Tania, Adriana Tristeza el proyecto parte de una preocupación social que continúa fuera del escenario: crear redes, generar comunidad, hablar de la violencia y recuperar la capacidad de mirar al otro.
Yazmín vuelve a un personaje que marcó una etapa de su trayectoria, ahora lo hace acompañada de una nueva mirada y de una nueva forma de entender el teatro social.
El resultado es un unipersonal que busca que el espectador no se quede únicamente con la tragedia de Adriana, sino que pueda reconocer en ella muchas otras historias y preguntarse qué puede hacer, desde su propia ciudad o población, para evitar que esas historias continúen repitiéndose.
Adriana Tristeza, de Alejandro Román, bajo la dirección de Tania Ángeles Begún y con la actuación de Yazmín Jáuregui, se presenta los martes de septiembre en la Sala Julián Carrillo de Radio UNAM.



