La identidad del Festival iberoamericano de Cádiz trasciende a quien lo dirige, asegura su titular, de origen gaditano-argentino. El festejo escénico, del 24 al 31 de octubre
En las oficinas del Festival Internacional de Cádiz montones de revistas y libros de teatro, en las paredes afiches con fotos de pasadas ediciones dan cuenta de las ya cuarenta ediciones celebradas de este Festival. Es temprano, hay ya en la oficina bastante actividad, al fondo del Salón Mónica, la nueva directora, espera para esta entrevista, afuera en Cádiz el mar y el Festival.

Nació el Festival Iberoamericano de Cádiz a la sombra de los fastos que preparaban la celebración del V Centenario, pero pasados los fastos ha sobrevivido gracias a la pasión que ha movido a las gentes que participan cada año y al interés que el festival suscita allende y aquende. Ya son cuarenta años, más de cuatrocientos grupos han participado y han hecho seguramente más de quinientas actuaciones. Aquí han actuado sobre los cuatro centenares de actores de diferentes nacionalidades, de toda America Latina, España, Portugal y Estados Unidos; modestia aparte, soy uno de ellos. Lo digo porque creo que participar en este festival no ha pasado desapercibido en nuestras vidas. Tampoco para algunos de los anteriores directores; Juan Margallo creador del festival, José Sanchis Sinisterra o Pepe Bable, gente de teatro con muchos conocimientos y experiencias prácticas en los asuntos teatrales de Iberoamérica. A Mónica Yuste la actual directora no le falta experiencia en esas lides; mujer de teatro gaditana afincada hace muchos años en Argentina tiene a su favor el conocer la vida cotidiana en los dos continentes. Bienvenida. Se ha estrenado este año en el cargo y la cosa va bien, con fuerza, calidad y variedad en los espectáculos, el público acude. Hay un público gaditano, fiel al Festival, casi fans. Empezaron jóvenes, son muchos años y ahora se van haciendo mayores. Piensa el cronista que estaría muy bien que sin perder esa franja de público llegaran a las salas gente más joven.
Mónica hablabas antes de las Actividades Paralelas del festival. Cómo es eso.
M: Sí, son muy importantes y participativas. Aspectos teóricos y prácticos. Además de las funciones hay una serie de actividades complementarias, talleres, exposiciones, algún documental, cursos de formación, Encuentro de directores de Festivales, presentación de libros… Este año Memorias de un sueño, de Pepe Bable y L. Ramos García. Bueno, esas son algunas… Además, como están todos los grupos alojados en el mismo hotel, en los desayunos y en las comidas la gente habla distendidamente de sus trabajos, de sus países, etcétera…Estos momentos son muy importantes, la convivencia es una huella de identidad del Festival.
Has completado allá tu formación profesional, aunque empezaste acá. Sí Cadiz es la ventana que permite asomarse a los dos lados, tú, que ves para acá y para allá qué diferencias fundamentales ves entre el teatro de America Latina y el teatro español.
M: En lo concerniente al público gaditano, son más propensos a la risa, el de allí también se ríe pero también esperan que les conmueva. La risa es indispensable pero si no te conmueve es como un plato que le falta sabor. No se puede hablar de teatro latinoamericano o español como una unidad, hay mucha diversidad en sus formas y contenidos. Esa generalización no es real, la complejidad y la diversidad de las manifestaciones artísticas no lo permite.
Si se nota que aquí se está desarrollando más lo performático, la irrupción de la tecnología, pantallas, etc… Allá no tanto tal vez por falta de medios; a más presupuesto más técnica. Alla hay espacios, pero no hay dinero para los grupos, el teatro fundamentalmente lo mantienen sus gentes, la ilusión, el gusto por alimentar la vocación. Aquí se están perdiendo los grupos, es difícil mantenerlos, pero son el ombligo del asunto. A las compañías ya no les interesa.
Producción y distribución.
En general, pienso yo, que hay una especie de crisis de creatividad, estamos muy enojados. Falta convertir lo oscuro en luminoso. Si programo lo muy oscuro, yo voy al psiquiátrico y el público no vuelve. He tratado que en la programación haya variedad, luz y humor.
Pero hubo obras muy densas, como La Zaranda o Monga, de Brazil, la del Teatro Petra de Colombia o Vuela Alto, de Chile, etc.
M: Claro, es que con el humor y la luz también se puede conmover. Se puede ser intenso y divertido… Vuelvo al tema Latinoamérica, aquí se es mas profesional sobre todo por el asunto de la producción y la distribución. Alla no hay empresas distribuidoras como aquí. Los grupos se venden ellos mismos. Pero las condiciones de mercado determinan las oportunidades de actuar. Pasa que también las distribuidoras son un embudo. En Latinoamérica se da a veces, que hay siete actores explicando su obra muy bien, muy profundamente a un programador, pero no saben cuánto pedir, cuánto vale la obra.
Qué aspectos del FIT te gustaría desarrollar.
- M:La identidad del Festival trasciende a quien lo dirige. Hay un público Fan, pero hay que rejuvenecer la audiencia, un público nuevo que ame el festival como lo aman los no tan jóvenes. La mística tiene que persistir y entrar los jóvenes en esa mística, hay que hacer una gestión para incluirlos, inclusive a los chiquillos y adolescentes.
¿Tal vez creando mayores vínculos con la Universidad y los institutos?
M: Para eso y otras cosas hay que conseguir una mayor financiación o tener un equipo de trabajo completo durante todo el año, eso daría un salto cualitativo.
-Creo que eso tiene que ver con la actividad teatral en Cádiz más allá del Festival…
M: En esta edición hemos programado Ultramarinos, una especie de mercado encuentro de las artes escénicas para grupos andaluces, ¿sobre todo gaditanos… Dónde están? quiénes son? Ideal sería que la gente no tenga que irse, que puedan vivir de hacer teatro en Cádiz. El FIT debe estar al servicio del público y la teatralidad gaditana.
¿Cómo llegas al FIT?
M: He hecho muchos oficios dentro del teatro, sobre todo gestión y producción, eso y haber vivido y trabajado los últimos veinte años en America Latina me dan una especie de conocimiento del terreno. De joven hice teatro aficionado con Alicia Hermida y con Juan Carlos Gene, teatro cooperativo en Cádiz y en Madrid, simultaneaba la academia y la práctica. Luego en Argentina abrimos una sala para cien espectadores. Para llevar adelante este trabajo necesitaba estudiar producción. Era esencial crear una sala. También conseguí trabajo en la Universidad y paralelo mi vida se fue llenando de hijos.
Ya me acerco a los cincuenta, de niña en Cádiz me interesaba viendo el teatro, me acercaba al FIT a ver las cosas que podía, allí se despertó el apetito por el teatro latinoamericano. Alguna vez, para informarme y ver fotos de teatro me robé la Primer Acto en la Universidad… No había más. Pienso que el FIT tiene que tener su propio sello de calidad.
Rápido hemos abarcado una pequeña parte de la biografía de esta gaditana-argentina, “Estoy colonizada por Latinoamérica, la experiencia latina es como un triple Master de “Gestión en superación de Obstáculos”. Su biografía es la de una espectadora del festival que derivó en su directora. La historia de una mujer que se acercaba al FIT con la mirada de una niña curiosa, provinciana y ahora tiene en sus manos el timón del Festival.
Desde aquí le deseamos a Mónica Yuste y al Festival de Cádiz, sobre todo en estos tiempos que se antojan sombríos, buen tiempo y buena mar.



