Los fines de semana hasta el 19 de julio en El Milagro

«Todo es posible y todo se hace en nombre del amor. Los pecados de la madre ha de pagarlos la hija. ¿Es así? ¿Es la desgracia de la hija el triunfo de la madre? ¿Es mi dolor tu alegría secreta?» Así remata el diálogo Eva (Liv Ullman) en la confrontación que sostiene con su madre (Ingrid Bergman), en esa larga y lacerante madrugada que es el clímax de Höstsonaten, la pieza cinematográfica de Ingmar Bergman. También es la frase que no dejaba de taladrar mi cabeza mientras veía la puesta en escena Suficiente.
Aída del Río, dramaturga y directora, ha llevado a escena su obra Suficiente y estrena su segunda temporada en el Teatro El Milagro. Es una pieza distópica que se emplaza en un futuro cercano, México 2038, donde un grupo de adolescentes son confinados a pasar por el programa gubernamental Jóvenes para el Futuro (cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia) encerrados en una casa donde deberán sortear diversas actividades para ganarse puntos y así ser acreedores al título de líderes mexicanos. La dramaturgia «hace un zoom» al fracaso de un sistema que forja jóvenes insatisfechos frente a parámetros inalcanzables de éxito y felicidad.
He tenido una gran sorpresa al conocer que detrás de la gran actriz que es Aída del Río también existen una dramaturga muy crítica y una directora temeraria. Del Río construye esta obra como un homenaje teatral al libro ¿Conoces los sentimientos de tus hijos?, escrito por su madre, Aída del Río, donde la autora estudia la importancia de trazar el amor hacia los hijos con límites claros y definidos. La tesis que sostiene la dramaturgia es que muchas generaciones hemos sido educadas desde las expectativas y los miedos, en aras del amor, pero esto no es necesariamente lo que los adolescentes necesitan en su búsqueda de identidad.
La psicóloga Claudia Chuff (productora) conversó con la dramaturga sobre el patrón de comportamiento que observaba en varias de sus consultas con adolescentes. Los padres llegaban con una «lista de deseos» pidiéndole que resolviera los problemas de sus hijos en un santiamén; pero estos problemas muchas veces tienen una hondura sistemática que los propios padres son incapaces de mirar. Los números de depresión infantil y adolescente son un problema de salud pública alarmante que quizá hemos ignorado porque como sociedad no nos atrevemos siquiera a nombrarlo.
Suficiente es una comedia didáctica que nos invita a reflexionar sobre los ideales de éxito y felicidad que estamos sembrando en nuestros jóvenes y que pueden ser la semilla del dolor futuro. La dramaturgia funciona como una especie de oráculo que proyecta las posibles consecuencias si seguimos educando con los mismos estándares de hoy. En ese sentido, Aída del Río interpreta al «fantasma de las navidades futuras» (Dickens 1843) que pone frente a los ojos del espectador la crudeza del fracaso materializada en un grupo de adolescentes que no saben relacionarse entre ellos, que sufren por la incomunicación con sus padres y que buscan en sustancias como el alcohol y el LSD evadir la realidad que les perturba.
La obra se emplaza en el «big brother» que comparten los seis adolescentes que integran uno de los grupos del programa. Sabemos del mundo exterior únicamente por videomensajes que Luca (la asistente virtual) proyecta en una gran pantalla o por algunas llamadas o intercambio de mensajes que tienen los participantes furtivamente con el mundo exterior. El elenco de padres, aunque ausentes, es tan importante como los adolescentes que miramos en escena. Hay de todo, como en botica: padres influencers, periodistas de renombre, abogados moralinos, lesbianas y hasta el clásico padre violento de Iztapalapa. Desde sus peculiares trincheras, esta lotería de padres ha fracasado en las promesas de felicidad y éxito que han contado a sus hijos. Los contextos importan, pero el problema es generacional y sistémico.
La estética de la puesta en escena recuerda bastante a la serie de televisión coreana El juego del calamar. Los personajes visten con pants verdes y duermen en literas muy precarias con dos o tres objetos personales nada más. Por todo lo alto del escenario está un enorme círculo de luces led que representa a Luca, la asistente virtual (personaje que cada vez es más recurrente en el teatro) quién coordina los retos a superar, pone música y proyecta la tabla de puntajes que chocarreramente altera los ánimos de los reclusos. Hay también a izquierda y derecha unos paneles gigantes con un casillero por donde se intercambian objetos con el exterior. La escenografía tiene la firma de Iván Sotelo, el vestuario es diseño de Mariana Almazzi y Mario González Solís. Sara Alcántara es la diseñadora de iluminación.
El elenco está integrado por Rodrigo Olguín, Fabiola Villalpando, Michel Santré, Mario González Solís, María Ibarra Paleta, Hibert Lara, Fernanda Monroy, Javier Tascón, Mercedes Gutiérrez y Samantha Torreskelly. Los actores Rodrigo Olguín (interpreta a Andrés) y Fabiola Villalpando (como Daniela) trabajan sus personajes priorizando la forma, una máscara que no siempre tiene una sustancia real que soporte al personaje. Ambos tienden al grito en las escenas álgidas y su dicción es confusa en varios momentos. Mario González Solís (hace de Ricardo o Richi) tiene una vis cómica muy venturosa. Comprende las pausas de la comedia con la contención necesaria y evita caer en regodeos protagónicos. Sus momentos humorísticos son el pulso lúdico de la historia. Los actores alternan diversos personajes y se recomienda consultar el rol de elenco en las redes sociales de la compañía.
El personaje de Benjamín soporta sobre sus hombros gran parte de la tesis dramática. Es un hombre atractivo (quizá él no lo sabe) que arrastra un fracaso sentimental que lo condujo a un intento de suicidio. De entre todos los personajes es el más romántico. Sus padres lo han educado escuchando en la radio Universal Stereo y ese rock ochentero le impulsa a querer estudiar la carrera de música. Su pulsión creativa choca con un mundo permeado por la inteligencia artificial que enfría las relaciones humanas a través del arte.
Advierto que el montaje tiene una duración de 2 horas y 30 minutos, aunque cuenta con un intermedio de 10 minutos. El primer acto de la obra es muy fluido en cada uno de sus propósitos: presentar a los personajes, emplazar los objetivos, etc. El segundo acto es más lento y sentimental. El remate de la obra es satisfactorio en mayor medida, aunque amargo. La dramaturga entiende los mecanismos del teatro didáctico, que en Brecht alcanzan a su mayor exponente, y compone un final que expone la desazón necesaria para la reflexión crítica.
Suficiente está los fines de semana en el Teatro El Milagro hasta el 19 de julio. Los Jueves y viernes a las 20:00, sábado a las 19:00 y domingo a las 18:00. Es una obra recomendada para mayores de 15 años. Los boletos tienen un precio de $480 y están a la venta en Boletopolis.com y en la taquilla del teatro. Se invita a seguir las redes sociales de la obra como @suficienteobra en Instagram y Tiktok.



