El brillo en su mirada y el entusiasmo al hablar eran señales de un conocimiento que requiere expulsarse para retribuir lo aprendido, un gran maestro de la escena y de la vida.

Paco era memoria teatral andante. Lo pienso y se disipa la neblina del tiempo. Sobresale de todas las imágenes una que fue muy frecuente a principios de los noventa: charlar por horas en el Teatro La Caja después de ensayar. En ese momento aún no sabía que un maestro se fortalece con el interés e inquietud de los alumnos, de la misma manera que el teatro se robustece con la presencia del espectador. Los cigarrillos se extinguían con la rapidez que yo devoraba sus anécdotas. Me hablaba de la genialidad de Marco Antonio Montero y su contribución al origen de la actividad teatral xalapeña. El brillo en su mirada y el entusiasmo al hablar eran las señales de un conocimiento que requiere expulsarse para retribuir lo aprendido. No necesitaba decir frases elevadas. Con palabras sencillas prodigaba sabiduría. Él sabía dialogar con los jóvenes. Miraba en ellos la posibilidad de mirarse a sí mismo. Paco fue un enfant terrible, como lo llamaban sus contemporáneos. Dirigió su primera obra a los 15 años, y en palabras de él mismo: “no tuve la más mínima idea de lo que hacía”. Era Electra de Sófocles. Así de atrevido era el muchacho. Por eso era tan indulgente con nuestras incipientes carreras. Y en afán de emular a su mentor Montero intentaba asesorarnos desde la plática más trivial hasta convertirse en tutor con rigor intelectual. Algo veía en nosotros y procuraba pulir nuestro instinto escénico. En lo personal, solo tengo palabras eternas de agradecimiento. Recuerdo con mucho orgullo cuando me invitó de asistente de dirección a La hija del payaso, de Manuel de Eduardo de Gorostiza, proceso que no logré concluir. Y de ahí la ruptura. Paco era muy celoso en su trabajo de acompañamiento pedagógico y la corresponsabilidad. Si alguien fallaba, difícilmente lo volvía a arropar.
Paco fue un gran maestro de la escena y de la vida. Se desempeñaba en todas las áreas de la disciplina teatral. El primer Paco que conocí fue el investigador histórico. Era una enciclopedia humana. Registró el devenir teatral de la ciudad que lo vio nacer en el teatro y lo acogió para ser su cronista. Hizo de la escena local un archivo vivo y perpetuo. Hablaba con mucho entusiasmo de los orígenes de la actividad teatral universitaria (1953) y sus distintas agrupaciones que se unieron en 1984 para formar la compañía profesional que hoy conocemos como OrTeUV (Organización Teatral de la Universidad Veracruzana). Narraba aquel épico Hamlet, dirigido por Montero. Era tal la magnitud de la remembranza que siento haber apreciado esa puesta en escena memorable realizada en 1962 en la explanada de la plaza Xallitic. Hay montajes que nos marcan la trayectoria artística como puntos de referencia para desarrollar nuestra poética. Uno de ellos fue para mí La Serrana de Plasencia, de José de Valdivielso, cuando conocí al Paco director, realizada en la Facultad de Teatro de la UV. A sus cuarenta años mostraba una madurez escénica con una perspectiva visual impactante y con un dominio poético del espacio y los cuerpos en movimiento. Un lenguaje teatral que dialogaba con la escena actual articulando de manera poderosa el texto y la acción.
Él amaba los clásicos, era un lector impresionante siendo fiel a esa idea de cómo se debe interpretar de la manera textocentrista. El valor que le daba a la letra se debía a su formación académica. Estudió en la Facultad de Lenguas Españolas (1967-73). Analizar un texto con él era de una precisión quirúrgica. Observaba detalles que nadie más podía ver. Los versos de Lope de Vega no eran tan complicados de entender cuando él te los explicaba. Qué divertido era el Siglo de Oro con su mirada.
El Paco organizador de festivales universitarios era muy generoso. Tenía la disposición de atender a todo aquel que se acercara a solicitarle una asesoría, opinión o comentarios sobre lo que iban a presentar. Se involucraba de tal manera que mantenía la continuidad en los Talleres Libres de Actuación en La Caja para fomentar el entrenamiento constante y así asegurar el crecimiento del nivel teatral.
Cuando abrió Candileja, centro de documentación teatral, en 1995, fue una nueva oportunidad de volver a charlar con él en cada visita. No fueron pocas las veces que intenté subsanar esa distancia con tibios intentos de retomar la charla extensa con el gran maestro. Pero me conformaba con la cortesía que siempre lo caracterizaba cuando asistía a una consulta en Candileja. Y nuevamente la actitud del cirujano haciendo cortes precisos en la información requerida. Hasta que él mismo fue el que acortó esa distancia cuando conocí al Paco entrevistador. Me invitó a una charla en su templo para el registro del diálogo entre creadores y ¡sepa dios! dónde habrá quedado ese video, seguramente en las cajas ocultas de dicho acervo, porque las respuestas no fueron muy inteligentes. Paco era muy
intimidante, generaba un respeto tan solo mirarlo. A pesar de ello, siempre mostró humildad en la entrevista intentando corregir sutilmente mi pretensión intelectual. Es muy ingenuo creer que se podía poner a su altura. No pude evitar el desastre provocado por el nerviosismo. Pero para mí fue un gran momento haber roto por un instante ese muro de comunicación. Es a nuestros maestros a quienes les dedicamos los trabajos teatrales buscando la aprobación. El Paco crítico fue muy severo con mis propuestas escénicas. Lejos de verlo con coraje entendí que el proceso de aprendizaje no se había detenido sino que la tomé como una enseñanza alternativa. Un gran maestro nunca deja de serlo, aun en la distancia.
A Paco lo invitaron a ser profesor de actuación, a dar talleres, ponencias, dirigir en otras ciudades, a colaborar en revistas. Se convirtió en el mayor referente del teatro xalapeño, en el mejor ejemplo a seguir.
Los pasos de Paco en la escena teatral son puentes que invitan a cruzar hacia otras latitudes tanto territoriales como epistemológicas. Así como te ayudaba a pensar la escena, era un modelo a seguir en cada una de sus facetas teatrales. Fue un precursor de la vinculación interestatal de proyectos creativos autogestivos. Inolvidable su montaje Las trapacerías de Scapin, de Moliere, con el TATUAS en Culiacán, Sinaloa. En 1991 cuando recién iniciaba el Programa Nacional de teatro escolar en los estados. Dejó marcas indelebles en todos los territorios que pisó. Y es debido a eso que el pésame se extendió por todo el país.
A Paco lo seguiremos viendo en la lluvia xalapeña caminando por Enríquez con ese aire quijotesco, tomándose un café en La Parroquia con la lealtad que se le tiene a los espacios importantes, en los teatros institucionales e independientes y sobre todo en Candileja, santuario del saber teatral.
Ahora con su partida, inevitablemente, todos los que le conocimos fuimos a buscar fotografías y rascar en la memoria recuerdos bellos. Porque la huella de las personas ilustres dejan un legado humano imborrable.
Yo escribo con la angustia de no haber logrado esa última charla que estaba pendiente. En palabras de Luis Marín, el ‘sanchopanza’ de la documentación teatral, “te sabe y ve tu trabajo desde mi lente. Además te tiene un gran respeto”, en respuesta a mi interés por concertar una visita. Estar con Luis en mis últimos proyectos era como estar un poco con Paco, porque como buen aprendiz ha sabido conservar el sueño de Paco. Y estoy seguro que mantendrá esa flama que a tantos nos iluminó.



