
Nos convocaron, un jueves lluvioso de julio, al teatro Rafael Solana, el motivo, una reunión especial: se inauguró el género del monólogo para dos actores. Lleno de entusiasmo por ver a Mauricio Herrera, tuve el gusto de saludar antes de la escenificación, a su hijo Alejandro, autor del concepto; y Claudio que está a punto de estrenar Marihuanólogos en el Foro Shakespeare al lado de Arath de la Torre y Sergio Ochoa.
Así que me dispuse a disfrutar de una noche de nostalgia, recuerdos y cariño hijos-padre, pues tuvieron la magnífica idea de organizar para Mauricio este homenaje-fiesta teatral. Conversaron frente a una ambientación doméstica, una chimenea, dos sillones, una mesita, piano vertical, guitarra, serrucho y una caja llena de sorpresas.
Después de la tercera llamada, salió Alejandro a recibirnos actuando ser su padre y recibirnos en una función de Concierto Miedo. Luego, los dos iniciaron una plática en la que había un tema central, la biografía viva del actor que diera vida a Sueños de un Seductor -que recuerdo gratamente como una de las obras cumbre del Xola-
Fueron cientos de anécdotas, llenas de momentos que tienen el color de la niñez del homenajeado, al lado de sus padres, el recuerdo del progenitor estricto que trabajaba desde muy temprano, y de su madre consentidora, que deconstruía con cariño la severidad paterna.
La infancia plena de historias en que sus travesuras denotaban su gran creatividad, que lo iba llevando de la mano, hasta debutar a los diez años con el smoking heredado de un primo, conduciendo una ceremonia escolar y cantando. Era un momento especial que quedaría grabado con letras de oro en sus nostalgias.
Años después desvieló un auto ¡que acaba de volcar! En una travesura juvenil que hizo expresar a los papás de los involucrados, “no importa, ellos están bien”
Daré saltos en la narración, porque fueron más de dos horas de charla las que presenciamos, escuchamos las famosas melodías que interpreta con una hoja de árbol, un serrucho, un piano, -la guitarra quedó sin ser usada por la extensión de la jornada-
Platicó acerca de sus múltiples aventuras: al informar a su padre que deseaba ser artista, le pidió sólo una cosa: un título. Averiguando cuál carrera era la que sería más afín a sus intereses, descubrió que Arquitectura cumplía los requisitos. Así que entró a la UNAM, donde rápidamente hizo amistad con Juan José Gurrola, del que opina fue un talentoso director y ahí inició su evolución profesional, con una obra de William Saroyan, La hermosa gente, que tuvo mucho éxito e hizo a un crítico expresar: “para que aprendan los actores profesionales”.
Su paso por la comedia al lado de Oscar Ortiz de Pinedo, Emilio Brillas, anécdotas llenas de humor y remembranzas, de las que recuerda fechas y lugares, como si fuera ayer.
Y sigo con los saltos narrativos: hablaron de su paso por la televisión, donde fue contratado directamente por el Sr. Azcárraga, era un programa de entrevistas, muy demandante.
Cuando fue llamado por Manolo Fábregas, en donde una de sus peripecias fue echarse “un torito” (actuar sin ensayos previos) muy gratificante hoy que lo recuerda, pero que en su momento le resultó una píldora difícil de pasar.
Vimos fotografías de la evolución de su vida, sus múltiples amigos como Héctor Ortega, videos de sus montajes emblemáticos, como Con Cierto Miedo donde es indispensable recordar cómo compuso La Cucaracha y habló con Franz Beckenbauer (musicólogo, otorrinolaringólogo, proctólogo, ginecólogo, en fin, todólogo)
Para tener un gran colofón cantaron, Julieta Bracho, uno de los invitados interpretó Oh sole mio y Luana, esposa de Mauricio, otra melodía. ¡Qué voces!
Fue una noche llena de añoranzas que nos llevó de la melancolía a la alegre carcajada.
Muy bien, Alejandro, es un gran invento éste monólogo para dos. Al homenajeado: un abrazo lleno de admiración.


