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La fabulosa historia de una salmón al borde

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Katia de la Vega, autora, directora y productora

La fabulosa historia de una salmón al borde. Foto: Roberto Sosa.

De un puente a punto de saltar; los salmones migran al océano y vuelven al agua dulce para procrear y morir; en su intento por llegar a este sitio nadan en contracorriente hacia las partes altas, brincan y en ocasiones lo hacen para caer en las fauces de los osos que esperan este momento para alimentarse. Es como si fuera un suicidio, saltar para ser devorados. Ella intentó tirarse del puente y dar fin a su existencia.

KV.-Me quería morir”.

RS.- ¿Por qué?

KV.- Porque no podía vivir de mi arte, no podía vivir de la actuación, no había manera. Siempre me quedaba en todos los trabajos como maestra de inglés. Un día sucedió, cerca de donde yo vivía por Mixcoac había una escuela de idiomas, fui a una entrevista de trabajo, me dijeron: usted se presenta mañana a trabajar. Salí, vi el puente de Barranca del muerto, abajo una gran cantidad de tráfico de coches, me trepé, y dije adiós, no puede ser, para qué sigo viviendo, para qué existo”.

En género cabaret, Katia de la Vega presenta éste monólogo para narrar su historia, un espectáculo musical que fusiona comedia, risas y llanto. La Dra. Chéjov es un personaje que nos habla de los trastornos de salud mental como, Trastorno Afectivo Bipolar y Trastorno Límite de la Personalidad. Una persona del público pasa al escenario para ser “examinado”; en todas las pruebas aparece mentalmente que está enfermo, como casi toda la población del mundo, nos dice la Dra.

RS.- Háblame de tu obra “La fabulosa historia de una salmón al borde” ¿Cómo fue el inicio de este proyercto?

KV.- Inició yo internada en un psiquiátrico, fue en junio de 2019. Empecé a escribir un diario ahí dentro.

RS.- Te habían ofrecido un buen trabajo.

KV.- Ese trabajo yo no lo quería, no quería seguir siendo maestra de inglés. Te explico, cuando uno tiene una fuerte depresión, si las cosas que quieres o deseas no se dan, se triplican y magnifican a una potencia enorme, a un nivel radical. Yo estaba muy triste, realmente no me gustaba mi vida, no quería seguir viviendo así y dije, me voy a matar.

RS.- ¿Y qué pasó?  

KV.- Miré hacia abajo, me di cuenta de todos los coches que pasaban y dije: a ver Katia, si te tiras vas a matar a mucha gente, va a ser un desastre, la gente no se tiene que morir por tu culpa, pensé, yo no soy una asesina, tampoco una asesina de mí misma. De pronto en unos segundos, en un momento, recordé que allá a lo lejos está el Instituto Nacional de Siquiatría; no he ido a tocar la puerta para decirles que realmente me siento muy mal y no sé qué está pasando dentro de mi cabeza. Lo que pensé fue, me voy a bajar y voy a ir a ese hospital. Pasó un señor, me agarró y me bajó, me dijo: ¡¿qué te pasa chamaca?! No recuerdo cuántos años tenía, fue en 2019. El señor decía ¡qué te pasa, voy a llamar a tus papás!. ¿Estás bien?, obviamente no estaba bien, le dije, háblele a mi mamá. Le llamaron y ya no recuerdo más, estaba en shock.

 Ese día mi mamá se quedó a dormir conmigo, al día siguiente me dijo que fuéramos al Instituto, hicimos una maleta y me llevó al hospital; me moría de miedo.

RS.- ¿Cómo fue la llegada, qué viste y sentiste cuando cruzas la puerta?

KV.- Cuando me bajé,  en una bahía que hay sobre Periférico para entrar al Instituto Nacional de Siquiatría, me empezó a dar un ataque de ansiedad, de pánico horroroso y empecé a temblar. Me reía y lloraba, reía y lloraba, eso que le pasa al Joker en las películas sí sucede, a mí me pasaba eso. Iba con mi novio y mi mamá, me agarraron los enfermeros y me subieron a una camilla, me inyectaron algo, pero antes me dijeron que tenía que firmar porque todo eso es voluntario, lo que sea les firmo, les dije. No sé qué me inyectaron, pero me quito el ataque de ansiedad, ingresé en urgencias. Lo que firmé autorizaba la inyección, es muy importante que tú aceptes.

RS.- Despiertas y ¿qué sigue?

KV.- Que estaba en urgencias, mi mamá conmigo; me hicieron una serie de preguntas y de estudios. Fueron horas, como ocho horas en urgencias en la camilla. Mi madre consiguiendo enfermeras o cuidadoras porque no se pude quedar contigo alguien que tome medicamentos, mi mamá estaba en tratamiento, solo podían ser enfermeras o amigas; mi mamá consiguiendo a todo mundo porque yo tenía que tener vigilancia las 24 horas,  porque, pues, había intentado suicidarme.

Su actuación es impecable, no solo canta e interactúa con los asistentes; maneja títeres, una salmón, otro pez y una anguila; interpreta a una canción en idioma hebreo, en este momento el público está emocionalmente conmovido. Katia deja todo sobre el escenario, su entrega manifiesta el amor por su profesión, por el teatro, profesión que le ayuda a salir de este grave suceso que marcó su existencia.

RS.- Empieza tu tratamiento y tienes otra conciencia, otra visión de la vida. ¿En qué momento dices que esto vale la pena escribirlo?

KV.- Empecé a escribir en el primer internamiento, mi diario; escribí todo lo que veía y sentía, todo, todo. En el segundo internamiento en el 2020, en enero justo, seguía escribiendo el mismo diario, eso año se vino la pandemia; me puse mal porque nos dejaron de atender en el hospital por el Covid. En junio volví por tercera vez y seguía escribiendo. Escribir me ayudaba muchísimo.

Salí en julio del 2020; pasaron dos años, me enteré que Verónica Albarrán de la Escuela Nacional de Arte Teatral, lanza un taller para la creación de monólogos y unipersonales. Me vino a la mente que el libro que escribí adentro del  hospital lo convertiría  en obra de teatro. ¿Qué me pasaba en esos días?  No me quedaba en los castings porque me temblaban las manos por los medicamentos.

Subí 25 kilos de peso, eso me volvió súper insegura, ya ves como es el medio. Yo no sabía ni quién era, y si nadie me va a dar trabajo –pensé- , yo me doy trabajo a mí misma. Escribí la obra, me metí al taller  el cual duro tres meses, armé el monólogo, se estrenó el 15 de agosto de 2022. Lo probé porque justo pensé que debía ser como improvisado, en comedia. Decidí que la única manera que voy a entrar en ti, al principio, para hablarte de algo tan fuerte es por la risa, por el humor. La probé y fue un hitazo. Cuando terminó la función ese día mi mamá  –todas presentamos nuestros monólogos- me dijo: ´Katia esta obra yo te la produzco, escoge las fechas en el Foro Contigo América, inicia una temporada, porque esto que vi hoy, mis respetos´. Para mí fue impresionante porque cuando mi madre me iba a ver y yo decía, pobre mamá, le tocaba verme por ejemplo en Las brujas de Salem y ser la niña que está desnuda en el proscenio tirándose sangre, y mi pobre madre yendo a vomitar; o viendo otra sobre disfunción eréctil, esas cosas que a los papás no les gustan. Mi mamá llegaba al teatro como diciendo “que va a hacer esta mujer ahora” y cuando vio esta obra, pues si dijo, vamos a luchar por este proyecto. Es un gran regalo, enorme.

RS.- El teatro te ayudó más que el tratamiento, te ayudó más lo que sacaste en el escenario que los medicamentos, terapias y demás ¿Estoy bien o me equivoco? 

KV.- Es todo, sin medicamentos, siquiatras y terapias yo no podría presentar el monólogo, no estaría sana. No hay manera de hacer lo que hago, si yo no estuviera emocionalmente estable, no podría tener la distancia y objetividad para hablar de esto. Ya pasaron cinco años, perdón pero el reverendo ¡putazo! fue hace cinco años. Es un todo, como tú me lo comentaste, el teatro sana, ¡por supuesto! Para mí cada vez que abro la boca y cuento mi historia me sana a mí, pero también es un efecto espejo. Quizá las personas que tengo enfrente no tienen un trastorno mental, pero todos hemos tenido  o podríamos tener temas de salud mental.

La fabulosa historia de una salmón al borde es teatro que abraza y sana; si alguien ha pasado o vive un tema de salud mental, acá tiene replica. En el programa de mano aparecen los contactos de las instituciones encargadas de ayudar y canalizar a las personas que lo necesiten. El teatro en esta obra cumple al ser un vaso comunicador entre patronatos y enfermos mentales. 

Actuación, dramaturgia, dirección y producción, Katia de la Vega; diseño gráfico, Magaly Montoya; títeres, Ana Patricia Yáñez; fotografía y video, Enrique Castro / José Luis Coronel. Funciones en el Espacio Urgente 2 del Foro Shakespeare, los sábados a las 20:15 horas hasta el 26 de octubre.

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