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Fernando Moguel, a diez años de su partida

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in memoriam

El 27 de noviembre de 2014, muere el gran fotógrafo teatral Fernando Moguel a los 62 años de edad, a causa de complicaciones por el cáncer. Durante tres décadas, el artista de la lente pudo detener el tiempo para dejar testimonio del arte teatral mexicano, y del arte escénico en general. 

En 2008, Moguel que nació en Mérida un 31 de marzo de 1952, cumplía entonces con 30 años de labor cuando recibió la medalla Xavier Villaurrutia durante la 29 Muestra Nacional de Teatro por sus aportaciones a este campo. 

En pasodegato.com lo recordamos a diez años de su aniversario luctuoso editando en nuestro portal la entrevista que la destacada crítica de teatro Alegría Martínez, colaboradora nuestra, tuvo a bien publicar en le revista impresa de Paso de Gato número 36, en su sección Reportaje Especial, en la que Martínez recoge las impresiones que el autor de imágenes de más de cuatro mil obras de teatro le brindó.

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Fernando Moguel amaba tremendamente a Ofelia Medina y una noche se fue al teatro con su camarita escondida a ver a su actriz favorita en Traición, de Harold Pinter, y de repente disparó. Ésa fue la primera obra que retrató sin que nadie se diera cuenta. 

Treinta años después, con un archivo fotográfico de 4 mil obras de teatro y danza, el Instituto Nacional de Bellas Artes y el gobierno del estado de Chihuahua, le entregaron la Medalla Xavier Villaurrutia por su trayectoria dedicada a la promoción del teatro, durante la inauguración de la XXIX Muestra Nacional de Teatro realizada en Ciudad Juárez. 

En aquel entonces, 1978-1979, el joven nacido en Mérida sencillamente usaba las fotos para guardarlas en su álbum y verlas cuando se le antojase. No imaginó que años después, al trabajar como jefe de fotógrafos del Departamento de Prensa de la Delegación Cuauhtémoc, abriría una exposición con imágenes de actrices en escena. 

«Mujer ser teatro fue mi primera exposición», relata, «Ofelia Medina aparecía 18 veces del total de 20 fotos en las que también había actrices como Adriana Roel y Rosenda Monteros.» 

Desde muy pequeño, su abuela materna lo llevó a ver todo el teatro que hacían en Mérida compañías que en ese momento le parecieron muy importantes, como la de Eglé Mendiburu y la de Conchi Roch, que montaban obras costumbristas de Alejandro Casona y de Emilio Carballido. Nieto y abuela, amantes del teatro, acudían también a ver todas las obras que llegaban de gira a su estado, protagonizadas por Arturo de Córdoba y Marga López. Su abuelo paterno, que era fotógrafo además de reportero, fue fundador del diario de Yucatán, uno de los más importantes de su pueblo. Sobre él cuenta que: 

«Se llamaba Fernando Moguel y lo conocían como el Fox Moguel, porque era campeón de fox-trot, así que mucha gente, cuando ya vivía yo en el D. F., aún me decía el Foxito. 

»Me vine de Mérida al día siguiente de cumplir 18 años, con la consigna de ver teatro. Trabajaba en la farmacia Nosarco, en el centro, y juntaba mi dinerito para ir cada vez que podía. Mi familia se quedó allá, yo vivía en una casa de huéspedes.» 

En esa época, con José López Portillo como Presidente, su hermana Margarita producía teatro a precios populares, casi a 10 pesos la entrada, y Fernando aprovechaba para ir a ver a Lorenzo de Rodas, a María Idalia, a Ignacio López Tarso y a Carlos Ancira: 

«Cuando quería ver el trabajo de las grandes compañías que montaban obras musicales como Mame, juntaba dinero y esperaba a que fuera día festivo. Así celebraba los 24 de diciembre, el día de mi cumpleaños, y hasta el 10 de mayo, pues me iba a festejar a mi mamá al teatro aunque ella no estuviera allí. »

En ese entonces me puse a estudiar foto como hobby, y cuando me invitaron a trabajar en la Delegación Cuauhtémoc, primero fui asistente de fotógrafo hasta que llegué a la jefatura del departamento. Antes había estudiado para modisto y tuve un taller de costura donde maquilábamos para firmas como Vanity.» 

Así, luego de cursar la preparatoria, Fernando estudió fotografía con Lázaro Blanco, un fotógrafo muy reconocido en el extranjero y poco apreciado en México. 

«Fue un pedagogo muy importante», recuerda Fernando, «y hacía que con la pura cámara y un lente de 50 mm, sin flash ni lente especial, tomara uno su foto. Eso me sirvió porque yo debía capturar las imágenes en el teatro sin los registros fotográficos, y esto tiene sus limitantes. 

»Ahora, para hacer las fotos de artes escénicas, a veces uso tripié o monopié, además de diversos lentes para ampliar o acercar la imagen, pero en aquella época, todo eso me dio herramientas para trabajar en el teatro sin mucho problema. 

»La dificultad de tomar fotografía teatral tiene que ver, por ejemplo, con que no se puede usar tripié ni flash, porque lo más importante es la atmósfera y con esos aditamentos de cámara puedes transformar automáticamente lo que sucede en escena. Ahora, con la técnica digital tienes que usar escalas asa mucho más elevadas y sensibles para capturar todo lo que se necesita sin problemas. 

»En espectáculos de danza, a diferencia del teatro, hay que usar velocidades muy altas para poder capturar el movimiento y contrarrestar la poca luz que por lo general hay.» 

Cuando Moguel sólo era un admirador de la revista Tiempo Libre, se le ocurrió llevar sus fotos de Ofelia Medina para promocionar su exposición, pero lo que hicieron fue usarlas para anunciar la obra donde salía la actriz, sin mencionar nada más del autor de la foto. 

«Cuando vi impresa mi foto, me emocioné muchísimo y fui a darles las gracias y a pedirles que también anunciaran mi muestra. Lety, que me recibió ese día, era la encargada de teatro en la revista y ella se lo dijo a Rodolfo Rojas Zea, que era el director. Me hicieron pasar y él me preguntó: “¿Quieres trabajar aquí?” En ese momento escribió algo en su máquina y me dio mi primera orden de trabajo. Me acuerdo que se trataba de ir a fotografiar Las criadas, de Jean Genet, donde José Sefami salía vestido de señora. Ésa fue la primera foto que me pagaron, y a partir de ese momento nadie me detuvo: pude entrar con mi camarita a todas las obras. Me costó trabajo, porque mucha gente aún no sabía qué era Tiempo Libre, entonces yo lo explicaba y me hacían esperar, pero después ya me dejaban entrar.» 

Fernando Moguel es actualmente coordinador editorial, reseñista y encargado de la sección de teatro de Tiempo Libre. Entre los montajes que recuerda que marcaron con intensidad su trayectoria, está la obra de Víctor Hugo Rascón Banda, Armas blancas, que dirigiera Julio Castillo: 

«Cuando se presentó Armas blancas, estaba prohibido tomar fotos, pero yo metí mi cámara y salió una de las mejores fotos que he tomado. Víctor Hugo Rascón Banda fue mi ángel guardián toda la vida. Lo conocí profesionalmente cuando vi su obra y luego, en 1985, cuando ocurrió el temblor, en Tiempo Libre se estaban haciendo entrevistas a los afectados y yo lo entrevisté en su casa. Casi me muero cuando me dieron esa orden, pues se había convertido en un héroe para mí a partir de Armas blancas. Cuando tomé la fotografía de la regadera, descubrí que podía participar en el teatro como fotógrafo. 

»Así nos hicimos cuates, aunque no fuimos amigos de cantina, pero hubo una relación profesional interesante. Me empezó a invitar a los ensayos de sus obras y desde ese momento se volvió para mí muy importante.» Antes de ese momento, Fernado Moguel había intentado participar en el teatro en su pueblo: 

«Llegué a actuar, pero no logré mucho porque me moría de risa. Lo más que me pude acercar al teatro en mi tierra fue a vender boletos, estuve de taquillero. La verdad es que no sirvo para dirigir ni para ninguna otra cosa en el teatro; aunque sí puedo decir cuándo una escena está mal construida, pero no cómo puede arreglarse y eso quiero conservarlo así, virgen. 

»El reto para el fotógrafo especializado en artes escénicas consiste en captar en un segundo no sólo la atmósfera de la obra, sino también el texto y el contexto. Captar la obra completa en una imagen», afirma contundente. 

«La imagen tiene que dar a quien la mire una idea de si esa obra lo va a hacer reír, llorar o sufrir.» 

A lo largo de su carrera, los cambios tecnológicos, las diferentes maneras de hacer teatro y las herramientas necesarias para su profesión, han representado siempre un nuevo reto para Moguel: 

«Para mí es más divertido y le pone sal al asunto, porque de pronto se vuelve monótono y entonces ya se convierte en chamba. Al llegar la era digital, trajo consigo un nuevo reto; ahora los espectáculos son multimedia y eso implica otro esfuerzo. Los cambios, además, no sólo tienen que ver con la cámara, hay que aprender a manejar computadora, pasar el material por diversos procesos que, para mi edad, yo debería ya estar en stand by, pero esto me resulta muy divertido, aparte de mi pasión por el teatro.» 

Lo que me ha funcionado es que no me adentro mucho en la técnica de actuación ni en detalles de mayor fondo porque me resulta tedioso. Lo que me importa es lo que a mí me da el teatro. Soy capaz de llorar con una obra de Varela y me gusta hacerlo, así que no quiero estudiar el teatro a fondo. Investigar sobre el método de Fulanito y Menganito podría ser para mí un obstáculo, a mí me gusta ver la obra y sentir, eso es lo esencial. 

»Los dos elementos más importantes para mi trabajo son: la luz y la emoción, los considero vitales; y el hecho de conservarme un poco virgen en ese sentido es para mí una forma de sentirlo.» 

Para Fernando, colaborador de publicaciones extranjeras como Teatro/celcit de Argentina, Público de España y La Escena Iberoamericana de Chile, su cámara, lejos de ser un obstáculo entre su ojo y la escena, es un puente: 

«Mi cámara me introduce dentro de la escena, siento que ya no existen los demás espetadores Mi maestro me enseñó que todo fotógrafo debe ser invisible, no debe existir, y aunque sentado con una señora y un señor a cada lado es difícil, este aparatejo me conduce hasta la escena y me hace sentir que soy el único ahí.» 

El momento de hacer “clic” mientras corre la acción de una obra de teatro, es para Moguel algo que se siente: 

«Hay momentos que son muy evidentes, como cuando se van a dar un beso o una bofetada, e incluso otros que son obvios como cuando van a levantar la patita y desde antes te dices: en dos minutos voy a hacer la foto, pero hay otros momentos que los sientes y para lograrlo tienes que seguir la obra. »Es necesario atender la secuencia de la trama, porque si te sientas a disparar a ver en qué momento hay algo bonito, captas fotos planas, sin vida, que no dicen nada de la puesta en escena.» 

Para quien ha publicado sus imágenes casi en todas las revistas especializadas de teatro en el país, como Tramoya, Escénica, Solar y Paso de Gato, la foto más apreciada es prácticamente la que acaba de tomar: 

«Ha habido épocas de distintas fotos que durante un rato me gustan y son interesantes, pero luego llega otra que suplanta a la anterior y hace que se me olvide la que tomé. 

»La última fue una imagen que tomé de una obra de Mérida que se presentó en la Muestra Nacional de Teatro, que se titula No te entiendo, en maya. Ésa fue muy importante porque creo que muestra todo lo que quiero decir. Es la historia de una familia de mestizos en la que el abuelo sólo habla maya, la hija y la esposa hablan el mismo idioma, pero la nieta sólo sabe español, se avergüenza de ser mestiza y se vuelve catrina, no quiere aprender el idioma de su familia. 

»En este caso, para la foto, puse en primer término, un poco difusa, a la catrina, y en segundo plano al papá, o sea, al abuelo con la mamá, pero la joven está desdibujándose, como perdiéndose, porque eso es lo que le está pasando: no es ni mestiza ni catrina, está perdida. 

»Así ha habido épocas y fotos que marcan un tiempo de mi vida, pero las olvido de pronto, como olvidaré ésta cuando aparezca otro reto o me encante otra obra.» A la pregunta sobre el manejo especial de la plástica que existe en los montajes de ciertos directores con una sensualidad particular, responde: 

«De Martín Acosta recuerdo, por ejemplo Carta al artista adolescente, Naturaleza muerta y Marlon Brando, y Eduardo II, que no es muy afortunada pero a mí plásticamente me gustó mucho y pude captar buenos elementos. 

»De Luis de Tavira, tengo presente las imágenes de El caballero de Olmedo, Santa Juana de los mataderos, con aquellas reses descarnadas colgando, y Felipe Ángeles, donde un tren irrumpía en escena. »No sé si los montajes de Jorge Vargas tengan un plástica maravillosa, pero guardo en mi memoria Blod y Galería de moribundos. Y Julio Castillo fue importantísimo en mi vida por Armas blancas y por De la calle, que me pareció divina.» 

Moguel ama su profesión porque le permite hacer lo que le gusta, que es ver teatro: «Eso es lo que amo; no me disgusta ni siquiera el mal teatro, me gusta verlo aunque sea malo y trato de rescatarlo.»

Fernando Moguel, quien es la sexta persona galardonada con la Medalla Xavier Villaurrutia, considera que a partir de este reconocimiento la valoración de su trabajo ha cambiado, no así la estimación económica: 

«En relación con el dinero, definitivamente no hay una valoración adecuada. De pronto me dicen: tengo 20 pesos o tengo 500 pesos y necesito tres fotos para ver si entro a la Compañía Nacional de Teatro, yo las tomo y a veces me pagan, pero en ocasiones se las fío, así que luego hay que vender churros y no es muy atractivo. 

»Ahora, con las cámaras nuevas, todo mundo se siente fotógrafo, pero hace falta saber de foto, darse cuenta de que no se trata nada más de disparar, sino de saber de la obra, conocer de foto y poder combinar el conocimiento de ambas disciplinas.» 

Galardonado con esta presea después de Enrique Mijares, Armando Partida, Rascón Banda, Fernando de Ita y Paco Beverido, piensa que uno de los problemas para los fotógrafos de artes escénicas es la identidad, porque quienes se dedican a esto no son fotógrafos ni teatreros, pero él vive de esta profesión y agradece el reconocimiento: 

«Ha sido como si me pusieran, como fotógrafo de artes escénicas, una silla a la mesa del teatro; es decirme que sí trabajo en el teatro y eso ha sido maravilloso. 

»Actualmente hay pocos fotógrafos especializados porque como uno no juega en un bando ni en el otro a veces no es muy satisfactorio hacer esta labor. 

»En mi caso, mi trabajo va a seguir igual, nada más que como me dieron el diploma, ya no me siento como el que hace la limpieza, que toda la vida es el que menos importa. Siempre sucede lo siguiente, te dicen: “Si hay dinero y lugar para el fotógrafo, que venga; si no, da igual; total, mi prima saca las fotos”. 

»Cuando todavía no escribía en Tiempo Libre, llamaban y decían: “Queremos que venga Bruno Bert; si vas tú, está bien, pero si no tienes tiempo, no importa; nosotros mandamos las fotos”. »Por eso, a partir de la medalla, la percepción de mi lugar en el teatro cambió, porque de repente ocurre que te dicen: “Tú eres de nosotros, perteneces al teatro”.»

Alegría Martínez. Periodista y crítica de teatro, autora de Bitácora de Caballero de Olmedo y de Memorias de Juan José Gurrola, entre otras. 

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