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Un foro con aroma a café

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A ocho años de La Kfeta, escenario de intercambios culturales 

Un espacio que ha ido evolucionando y se ha convertido en una especie de laboratorio multidisciplinario. Fotos:Isaac Ramírez

Existe una diversidad de disciplinas artísticas que se practican y promueven en espacios independientes liderados por jóvenes artistas que ofrecen diferentes alternativas al público sin estar sujetas necesariamente a los apoyos de las instituciones, como es el caso de la Kfeta, colectivo teatral del estado de Durango, que  en su momento se enfrentó a la máxima de que la cultura por “sí misma no vende”, entonces decidió vincularse a distintas actividades que fueron herramientas para el desarrollo de otras diciplinas, convirtiéndose así en un modelo exitoso.  

El teatro es un reflejo de la sociedad que lo crea y lo consume, es un vínculo poderoso que desafía la percepción del mundo, que nos confronta con nosotros mismos y con la realidad en la que vivimos, una realidad que se percibe cambiante. Un estudio estadístico del INEGI, del 2023 arrojó que un 8.5% de la población en México asistió a un montaje, o sea que existe un 91.5% de la población que potencialmente podría asistir al teatro y que se podría atraer a las salas. 

La Kfeta café teatrería, nos cuenta su director y fundador Isaac Ramírez, actor y empresario, como centro cultural al principio buscaba trabajar en conjunto con otras compañías de teatro locales, pero luego se encontraron con que era una tarea poco viable ya que en el medio existen diferentes visiones, también porque “el espacio busca su propia línea, su propia personalidad y su propio carácter para existir”.

Perteneciente al selecto grupo de Pequeñas y Medianas Empresas Culturales del país que se entienden como un negocio para vencer barreras y etiquetas alrededor de ellas, la Kfeta surge oficialmente en diciembre del 2017 comenzando como un espacio para talleres y para ensayos de las primeras obras que se realizaron en Durango, un inicio en comunidad siendo así fieles a su creencia de que las personas crean los teatros. Ahora cuentan también con ciclos de lectura, promoción artística, canto, actuación, debate filosófico y días de juegos de mesa y están abiertos a la posibilidad de crear nuevos espacios porque “las mismas personas manifiestan lo que quieren ver y lo que necesitan”. 

“Las personas que participan en los talleres y aquellos que asisten a ver los espectáculos son parte del proceso necesario donde se encuentran la afinidad y las ideas sobre el camino a seguir y a las formas de trabajo. Tanto nosotros como espacio, influimos en ellas y esas personas alimentan el trabajo, toda la visión y la personalidad de lo que es la kfeta”, afirma Isaac Ramírez quien comenzó su carrera de actor, primero con la inquietud de convertirse en conductor que después lo llevó a comenzar una carrera de actuación en el CUT (Centro Universitario de teatro de la UNAM) de la Ciudad de México en el año 2002 y al poco tiempo fue acreedor de una beca del PECDA para continuar sus estudios en la universidad de estudios superiores. Del año 2007 al 2016 regresó a la UNAM como maestro de mecánica y producción teatrales.  La UNAM y La Compañía Nacional de Teatro, le dieron la oportunidad de trabajar con personalidades del teatro como Julieta Egurrola, Luis de Tavira y otras. 

En La Kfeta han sembrado la semilla de la actuación en sus participantes, y algunos ya estudian la carrera profesionalmente.

La Kfeta cuenta con un esquema horizontal donde el colectivo rota para desempeñar varias funciones, sostenido por el interés común; también cuentan con amigos del gremio que han apoyado el proyecto de Isaac Ramírez, a quienes han presentado en su escenario recurriendo al intercambio cultural y pago en especie, con esa libertad que le brinda el ser un espacio independiente.

La importancia de este centro radica no solo en la divulgación de trabajos teatrales y promoción de actividades culturales, sino también que dentro de sus talleres de formación, donde Isaac transmite a sus estudiantes el conocimiento adquirido en sus años de estudio, han sembrado la semilla de la actuación en sus participantes, y algunos de ellos ya se encuentran estudiando la carrera profesionalmente. La perspectiva y los hábitos de los jóvenes han cambiado, buscan experiencias de valor donde puedan expresarse con libertad y ser ellos mismos, se necesitan más de estos espacios para que ellos encuentren ese algo que les permita acceder a su creatividad y desarrollar así un crecimiento personal y espiritual. 

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