El paso del Festival de Monólogos a Una Sola Voz por el Teatro Victoria

Durango, con sus calles adoquinadas y tardes frescas de lluvia, protagonista de historias revolucionarias y fuente de inspiración de Ricardo Castro y Silvestre Revueltas, abrió de nuevo sus puertas al talento mexicano durante el paso del Festival de Monólogos a Una Sola Voz que se llevó a cabo del 27 de junio al 03 de julio en el Teatro Victoria. En esta ocasión recibimos las puestas en escena: La Señora de la Radio (Ciudad de México- Nayarit), Cantares (San Luis Potosí- Michoacán) Doce Maneras de Afilarse los Colmillos (Ciudad de México), Miguel Ángel, una Tragedia Adolescente (Ciudad de México), Nina y el Misterio de la Tortuga (Ciudad de México), y Batallas bajo la sombra (Jalisco).
El teatro infantil en México ha ido en aumento; existe una amplia oferta en temáticas donde los artistas siembran en su público semillas de empatía y sensibilidad a través de diversas propuestas con técnicas clásicas o contemporáneas que exploran y fomentan la imaginación de los pequeños.
En una noche de luna creciente el público de Durango recibió cálidamente a la obra de teatro de papel Doce Maneras de Afilarse los Colmillos, que es una de estas divertidas, interactivas y reflexivas representaciones que contribuye al crecimiento de públicos infantiles que, en esta ocasión, acompaña a Elisandro, hijo único de una pareja de vampiros, en la búsqueda de su identidad durante su transición a la adolescencia; un niño confundido que ignora que le sucede cuando aparece la luna. Es una historia basada en el libro infantil del mismo nombre de la autoría de Oscar Martínez Vélez, adaptada al teatro e interpretada por la actriz Viviana Amaya nacida en Cd. Madero, Tamaulipas, fundadora de la compañía Viviana Amaya Escena, quien cursó la carrera de actuación en el Foro Teatro Contemporáneo dirigido por Ludwik Margules y que cuenta con un diplomado cursado en la Casa de Teatro dirigida por Luis de Tavira. Su compañía ha montado cinco espectáculos profesionales de papel presentándose en México, Estados Unidos, Alemania, Colombia, Brasil, Ecuador, Suiza y Rumania y sus proyectos han sido seleccionados para recibir el apoyo a Creadores Escénicos del Fonca en el 2015 y 2019. Como ella misma nos dice: “Es una compañía que explora el teatro con estructuras de papel en sus diferentes formatos y posibilidades escénicas con tecnologías elementales. Con un profundo análisis en el argumento, la composición estética y las estructuras narrativas. Siempre con el compromiso de construir espectáculos atractivos que generen una reflexión crítica de nuestras prácticas socioculturales”.
La obra cuenta con la colaboración de Tania Becerra como asesora de dirección y puesta en escena, también con la ilustración de Luis San Vicente Oliveros. La adaptación se fue construyendo a lo largo de un proceso escénico, combinando improvisación y exploración de movimientos con los títeres de papel. El proceso de montaje se nutrió de una investigación en torno a los lenguajes del teatro de papel, la narrativa para infancias y el universo simbólico de los monstruos.
El Teatro de papel nace de los grabados litográficos que se vendían en Europa a principios del Siglo XIX en Alemania, Austria, Inglaterra, Francia y Dinamarca y cuya función educativa y lúdica perdura hasta nuestros días. Viviana Amaya encuentra su motivación en “la posibilidad de crear universos enteros con materiales esenciales: papel, cartón, luz, palabras”, y textualmente nos dice que: “El teatro de papel tiene una belleza íntima y una potencia simbólica que me permite contar historias tanto para infancias como para adultos, porque con papel puedo construir diferentes mundos y en una hoja doblada cabe un bosque, una ciudad y algunos secretos. Me interesa por su carácter artesanal y por la cercanía que genera con el público. Es un formato que invita a mirar de cerca, a detenerse, a entrar en un tiempo diferente. Me motiva su escala íntima, su cercanía con el libro y con el sueño. Me conmueve su manera de invitar a mirar con atención, como quien se asoma a una caja de música o a una herida. También me impulsa su ligereza y movilidad: el teatro de papel viaja conmigo, cabe en una maleta, se despliega en una mesa, en un teatro, en una escuela o bajo un árbol. Gracias a eso, mis obras me han llevado a recorrer muchos caminos, y a cruzar fronteras. Lo que más me impulsa, en el fondo, es esa sensación de desplegar un pequeño escenario y ver cómo se abre también el asombro de quien mira”.

Sin duda alguna quien ha presenciado Doce Maneras de Afilarse los Colmillos “ha podido reír y sufrir cada una de las aventuras de Elisandro en su lucha por ser comprendido en un mundo de adultos aferrados a convertirlo en algo que no es. Una historia narrada desde la creatividad y la sensibiliad de una artísta que transforma el escenario en un universo de sonidos y fantasía y que nos invita, en una de estas noches, finalmente a atravernos a aullarle a la luna.



