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La niña, la barca y el canario, el triunfo de la fragilidad

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Se presenta los fines de semana en el Foro Lucerna hasta el 14 de septiembre

Fotos: Daniela Acuayte. 

El gigante de la literatura nórdica, August Strindberg, concibió en 1888 uno de los mayores textos en la historia de la dramaturgia: La señorita Julia. En esa tragedia se cuenta la historia de pasión furtiva que sostienen La Señorita Julia y su sirviente Jean durante la mística noche de San Juan Bautista. Después de sucumbir a la pasión, ambos cambian radicalmente los coqueteos y devaneos por la violencia y la desesperación. Ante la llegada del conde, el padre de Julia, a la primera hora del amanecer, ambos amantes deciden huir de Suecia y perseguir una vida guajira por alguna parte de Europa oriental. Al momento de intentar huir, la Señorita Julia carga con la jaula de un pequeño jilguero como único compañero de viaje. Jean inmediatamente se enfurece pues un “bicho” como ese es un estorbo para un viaje clandestino y tan largo; entonces Jean extrae al pajarito de la jaula y termina con el estorbo sobre una tabla de picar.

 A una distancia de 137 años, la dramaturga mexicana Maribel Carrasco sorprende con un texto que pareciera ser la antítesis del pensamiento del strindbergano. La niña, la barca y el canario nos presenta la historia de una infantil protagonista que sí consiguió emprender una travesía al lado de su pequeña ave. En un mundo postapocalíptico La Niña emprende una huida en barca acompañada únicamente por su canario tuerto. La fragilidad une a estos personajes en una pujanza natural y extraordinaria por buscar nuevas formas de vida más allá de las aguas que surcan.

«La niña, la barca y el canario es una fábula sobre la supervivencia y la fragilidad; o mejor: sobre la supervivencia de lo frágil. Hoy, cuando más que nunca se celebran en nuestro mundo la fuerza bruta, el manotazo que cancela al otro, la mentira como estrategia, la negación de la empatía, el cierre de todas las fronteras, la polarización ciega, nos llega este maravilloso texto de Maribel Carrasco que nos consuela con su delicadeza, profundidad y contemplación.» Así se refiere el director Mauricio García Lozano a la obra que estrenaron hace algunos días en el Foro Lucerna.

Esta pieza es como un cuento infantil para espectadores adultos. Los tópicos por los que atraviesa la dramaturgia encuentran resonadores en medio de la violencia continua de nuestros días. La obra comienza con La Niña (Patricia Loranca) tendida sobre una montaña de cachivaches destruidos y mientras ella recupera conciencia de su vida, también cobra consciencia de la muerte de sus seres queridos. En medio de esa anagnórisis la sorprende su canario tuerto (María Penella) quien la acompaña en su imperiosa necesidad por buscar vida, en una sitio donde parece que ya es imposible encontrarla. Un viejo baúl y un sillón hacen las veces de una primitiva barca que a los protagonistas les permite surcar por los mares del diluvio. La niña se acompaña físicamente por su canario y espiritualmente por la voz y los recuerdos de su abuela (Verónica Langer) quien en su sabiduría vetusta reviste la madurez que la protagonista alcanza con este viaje.

La puesta en escena es brillante en su sencillez, arriesgada en su propuesta visual y un poema romántico que conmueve los corazones sensibles. La escenografía representa dos espacios fundamentales para contar esta historia: la montaña de cachivaches sobre la que descansa La Niña al inicio del drama es el sitio del apocalipsis y la debacle. La segunda parte de la obra se cuenta sobre las aguas (literalmente hay un espacio con agua real) que surcan La Niña y el Canario sobre su improvisada barca. En ese mar, que es la nada y es el todo, el carácter de los personajes se desarrolla por colores inexplorados, incluso poniendo al límite su relación. El cielo estrellado de los mares alcanza una estética  sublime, digna de una pintura impresionista. El diseño de escenografía tiene la rúbrica de Jorge Ballina, e Ingrid Sac es la responsable del poético diseño de iluminación.

El trabajo corporal que consolida María Penella (ganadora del Premio Metropolitano de Teatro a Mejor Actriz de Reparto por su trabajo en El hombre de la Mancha) para interpretar al Canario es digno de una ovación de pie. Su personaje es extraño, como extraño es que un canario hable con la filosofía y el humor de un bufón shakesperiano. El vestuario es tan sencillo como fundamental, apenas un frac negro y una peluca alborotada (luminoso diseño de Maricela Estrada). El canario es tierno y aguerrido al mismo tiempo que apocado, tuerto y silente; sin embargo, con el desarrollo del drama consigue conquistar sus miedos al batir sus alas. Antes de alcanzar la libertad terrestre El Canario entona una bella canción que hace estremecer a todos los que escuchan su canto. En la ficción ese canto no lo escucha nadie, están en alta mar y la belleza melódica se ha perdido entre los sonidos de las olas y las gaviotas. En el teatro no hubo espectador que no vibrara con la extraordinaria voz de Penella y sintiéramos un pequeño síndrome Stendhal de fascinación.

Patricia Loranca consigue una interpretación llena de ternura, jovialidad y encanto. Tiene tal fuerza visual, que hace que los espectadores podamos mirar la desolación y el ensueño a través de sus ojos. Verónica Langer interpreta a una abuela sabia y romántica; un personaje que, sin duda, recuerda al mayor arquetipo de  abuela jamás construido: Sara García. El personaje de Langer camina más sobre la línea de la abuela espiritual de Mundo de Juguete (1974) que sobre los derroteros de la aguerrida Luisa García viuda de García.

La noche del pasado viernes 25 de julio el público ovacionó de pie la puesta en escena y la mayoría salió con el rostro bañado en lágrimas. «Me apachurraron el corazón» escuché a una joven a la salida del teatro. La respuesta del público es consecuencia de la puntería que consigue Mauricio García Lozano con sus propósitos escénicos. La obra es un viaje del héroe que navega entre el estilo romántico (recargadamente sentimental) y el simbolismo filosófico en la línea del teatro de Maurice Maeterlinck (El pájaro azul, 1908) con un embeleso visual que sacude consciencias y emociones.

La obra se presenta los fines de semana en el Foro Lucerna (Lucerna 64, colonia Juárez, alcaldía Cuauhtémoc) hasta el 14 de septiembre. Los horarios son variables: viernes 20:30; sábados 19:15 y domingos 18:15. La obra tiene una duración aproximada de 75 minutos y se recomienda para audiencias mayores a los 12 años. Las entradas tienen un costo de $400 y están disponibles en Ticketmaster, Cartelera de Teatro y en las taquillas del recinto. Se recomienda seguir a la compañía como  @3allamada en Instagram y @3aLlamadaTeatro en X para estar al tanto de actualizaciones y promociones. 

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