Julieta Egurrola, Marina de Tavira, Stefanie Weiss y Gabriel Pascal acompañaron al maestro Luis de Tavira en la presentación de la tercera edición de El espectáculo invisible. Paradojas sobre el arte de la actuación.

El último miércoles de julio, el Teatro El Milagro se llenó de estudiantes de actuación, actores y actrices, teatreros varios y amigos del maestro Luis de Tavira.
Frente a nosotros, con el maestro al centro del escenario, estaban Marina de Tavira, Julieta Egurrola y Stefanie Weiss con Gabriel Pascal como moderador.
El encuentro, que el autor de El espectáculo invisible calificó de milagroso, reunió a una entusiasta audiencia, para anunciar y celebrar la reedición del volumen publicado por El Milagro, que integra 365 aforismos, algunos de ellos, leídos por un público convocado por la gran actriz Julieta Egurrola, cómplice de aventuras teatrales del autor y de El Milagro,a elegir alguno al azar. Curiosamente, cuando ofrecía el libro para que quien levantara la mano lo tomara para leer, varias veces no fue requerido pues ya contaban los asistentes con alguna de las tres ediciones que se han hecho del texto, incluso, algunos lo hicieron de memoria.

La interlocución está viva y eso es conmovedor: Luis de Tavira
Muchas gracias a todos ustedes que están aquí conmigo celebrando juntos todo lo que somos…nos ha traído algo que reconocemos y tenemos en común y eso es muy conmovedor, lo agradezco profundamente. Agradezco a El Milagro por esta tenacidad suya que es este hacer y este estar y que haya sido El Milagro el anfitrión de este milagro, y que hallamos llegado a esta tercera edición después de dos agotadas hace muchos años. Agradezco a Pablo Moya, el editor que no pudo estar físicamente aquí, pero lo está en la gratitud de mi corazón, en esta tarea fundamental de El Milagro.
Haber sido testigo de la aventura apasionante y apasionada de una actriz como Julieta no solamente de la pedagogía sino de la construcción del teatro, pues ha sido el asombroso testimonio de un ethos que se construye como arte.
Los aforismos fueron escritos durante muchos años de muchas maneras, son la expresión instantánea de un asombro ante lo presencial; el privilegio mayor de mi vida ha sido ser espectador del trabajo de los actores. La mayor parte de mi vida me la he pasado sentado y viendo asombrado…eso que sucede en la mente del actor y que es un enigma y es un misterio de la construcción de uno mismo…y en la creación de una obra de arte, que es muy difícil de entender.
La actriz y pedagoga Stefanie Weiss destacó la relevancia de El Milagro como un espacio de resistencia, que mantiene viva a una comunidad teatral, donde “se permite la reunión con los espectadores, un proyecto sostenido por personas apasionadas del teatro que nos recuerdan todos los días que todavía es posible reunirnos para pensar, para volver a sorprendernos en un momento en el que muchas veces el trabajo teatral se vive de forma fragmentaria y solitaria”. Weiss destacó que la nueva edición de El espectáculo… quedó lista en mayo de 2025, que la primera se editó en noviembre de 1999 y tuvo una reimpresión en 2003. Esta nueva contiene dos textos antes separados, uno de Luis Mario Moncada, y otro, el prólogo del español Juan Antonio Hormigón. Recordó sus clases con el maestro: Nos hacía caminar mientras pensábamos y pensar mientras caminábamos. El aforismo tiene algo de eso, no busca cerrar la idea sino dejarla en suspensión resonando en el cuerpo para que se traduzca en acción en la escena pero sobre todo en una ética para vivir la vida en el teatro.
Hay una idea central en el libro, continúo Weiss, que cobra hoy un peso enorme: actuar es reconocer. Reconocer al otro en su diferencia y eso es, en un tiempo en el que todo tiende a aplanarse, donde todo se espejea, es un acto necesario. El espectáculo invisible es un libro para leer despacio, pero también para compartir y conversar, para volver a lo que importa.
Marina de Tavira, con la gracia y la calidez que la caracterizan dentro de este universo teatral, habló con agradecimiento de su cercanía y del proceso formativo que ha vivido como profesional involucrada con los convocados. Se refirió al amor y a la paciencia del maestro con sus alumnos.
“Estoy muy nerviosa, me impone mucho hablar ante personas que admiro, que quiero, colegas, personas que he visto en el escenario. También lo estoy por lo que significa y ha significado este libro para mí, y lo que ha significado Luis en mi vida, su cosmovisión, su compañía”, expresó. Gracias Luis por este libro que se con toda certeza está escrito desde un amor profundo a los actores y las actrices, pero sobre todo, es de una paciencia inagotable, que han sido horas y horas de quietud para observar, guiar, tratar de entender para poder comunicar, eso que sucede cuando decimos que alguien actúa”, dijo.
He visto a Luis, expuso la actriz, esperar pacientemente ¡una hora! para que un actor diera la señal, es decir el golpe en la mesa, para indicar que ya está listo para decir la primera palabra de un texto, así, exactamente como está ahí -y señaló con la mirada al maestro, sentado a su lado en el escenario-. Y esta paciencia, continuó Marina, nace no sólo de su convicción de que el teatro es ese arte capaz de transformarnos y devolvernos la dignidad como personas, el arte de la defensa de la vida que vale la pena ser vivida. Nace también de la onda intuición de que en el arte de la actuación reside su fuerza. La vida me ha regalado la suerte de estar muy cerca de esta guía, de este amor, de esta paciencia. Y eso ha significado no nada más una forma de pararme frente al teatro, sino también y sobre todo, una apasionante, intensa forma de vivir.
Finalmente, Marina habló de su relación personal con El espectáculo invisible,“un libro que es el fundamento de cada aventura teatral en la que me he embarcado”, y recordó que la primera impresión fue elocuentemente presentada por David Olguín en la Casa de Teatro en Coyoacán, hace 25 años.
Al tomar la palabra Julieta Egurrola se refirió a El espectáculo invisible como un libro de cabecera, al que recurre como al I Ching. Haciendo un breve recuento de los años, habló de haber conocido por primera vez a Luis de Tavira en la prepa. El teatro nos encontró dijo. Contó que durante casi dos décadas confesó muchas veces preguntarse ¿actuar para qué? Las reflexiones estaban en estos 365 aforismos y tras haber convocado a los asistentes a compartirlos en voz alta, expresó con emoción, haciendo alusión a uno de ellos: Gracias Luis, los actores se atreven a hacer lo que el resto del mundo hace dormido.



