¿Necesitamos del teatro?
Ésa es la pregunta de miles de profesionales decepcionados del teatro y de millones de personas cansadas de que se les pregunte.
¿Para qué lo necesitamos?
Es un gran honor para mí escribir el Mensaje del Día Mundial del Teatro 2020. Es un sentimiento de una gran humildad pero también es emocionante pensar que el teatro pakistaní ha sido reconocido por el ITI, la organización de teatro mundial más influyente y representativa de nuestro tiempo.
Antes de mi despertar en el teatro, mis maestros ya estaban allí. Habían construido sus casas y sus poéticas sobre los restos de sus propias vidas. Muchos de ellos no son conocidos o apenas se les recuerda: trabajaron desde el silencio, desde la humildad de sus salones de ensayo y de sus salas llenas de espectadores y, lentamente, tras años de trabajo y logros extraordinarios, fueron dejando su sitio y desparecieron. Cuando entendí que mi oficio y mi destino personal sería seguir sus pasos, entendí también que heredaba de ellos esa tradición desgarradora y única de vivir el presente sin otra expectativa que alcanzar la transparencia de un momento irrepetible. Un momento de encuentro con el otro en la oscuridad de un teatro, sin más protección que la verdad de un gesto, de una palabra reveladora.
¿Día mundial del teatro para audiencias jóvenes? ¿De verdad?
¿Por qué tú, particularmente tú, llevarías a un niño a ver una obra de teatro para niños?
¿No tienes nada mejor que hacer que mirar a un grupo de adultos que, por lo general son tan serios y aburridos, hacerse los tontos, hacer mucho ruido, ponerse tristes y hacer el ridículo?
Sin ninguna experiencia previa, salvo la de haber asistido de niño al teatro, a los diecisiete años dirigí una obra actuada por amigos y compañeros de la preparatoria. Se presentó de manera informal en la escuela y también en una sala más adecuada y abierta al público.