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Doña María Magdalena y la rata que nos mordió

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Doña María Magdalena, la Condesa de Miravalle, trama una revolución secreta en el Virreinato de la Nueva España mientras transforma a su esclavo Anum en Espuma, una nueva criatura destinada a servirla y acompañarla en su delirio de poder. Entre juegos teatrales, rabia destilada en frascos y una guillotina portátil, la Condesa manipula al fraile Tomás para fabricar una pócima capaz de encender conciencias… Su plan: inocular rabia en once ratas hembras para que propaguen una insurrección subterránea en todo el Virreinato. Justo José, su hijo, observa con lucidez filosófica la caída moral de su madre y el nacimiento de un mito.
Obra inédita de Gonzalo Villanueva Irañeta que fue seleccionada en la convocatoria Irrepetibles del Teatro La Capilla, con patrocinio de la Secretaría de Cultura de México.

— 1 —

Atardecer. Pequeña recámara de paredes de piedra en el torrejón de la casona de la hacienda de Tacubaya, una de las más de setenta propiedades que llegó a poseer Doña María Magdalena Catalina Dávalos de Bracamonte y Orozco de Trebuesto, más conocida como la Condesa de Miravalle, en el siglo XVIII en el Virreinato de la Nueva España. Un camastro de una plaza y velas encendidas contra la pared. La Condesa, sentada sobre la cama, cose un vestido delicadamente desplegado sobre ésta. Lleva una media máscara con el rostro de cualquier doncella de la pintura renacentista. Anum, joven esclavo de la Condesa, en cuclillas contra la pared. La mirada perdida. Una Biblia sobre el marco de la única ventana, abierta. Asegúrese de que la actuación y dirección de arte remitan más a los guiños y movimientos expresivos de la comedia francesa, italiana o al grotesco mestizado con los territorios liminares de “lo queer” que a un realismo de compromiso emocional y psicológico.

Condesa: Sumisión y bravura… Vaya, hasta galantería. (A Anum.) Y todo dentro de esa envoltura de huesos y músculos primates, ¿quién te hizo a su imagen y semejanza? La Academia se equivoca cuando te nombra… A ti y a los de tu condición pienso. Tú no eres una “cosa”. (Reflexiona y se interrumpe.) Cuando te deslizas cual serpiente entre los pliegues de mis sábanas… (Concluye. Ha sido una deducción ridícula.) Importa tu salvajada entre las piernas y ese brillo tan infantil cuando me miras. (Pausa.) Un prodigio, eso eres. (Observa su tarea.) Una buena mujer debe saber coser. Una buena mujer no necesariamente es una mujer de buenas costumbres. Mis costumbres son malsanas y ya me ves, soy una buena mujer. ¿Soy una buena mujer?

Anum: (Mientras bebe unas gotitas de un frasco con gotero.) Usted mujer bestia.

Condesa: Pero justa. (Pausa.) ¡Responde! ¿Soy justa? ¿Por qué no respondes? Quiero decir, salvo

los azotes que te endilgo para calmar mi rabia… (Seductora, jugando.) Estoy rabiosa por tu culpa, gorila. Tú me das de beber ese líquido que calienta mi sangre y me convierte en una flama de catacumba.

Anum: Usted ordena.

Condesa: (Se golpeará el pecho cuando parodie la oración católica.) Las mazmorras de una catedral llevo en mis adentros por “tu” culpa, por “tu” culpa, por “tu” gran culpa. Mírame. Dame tu pie. (Anum recuesta su pie sobre la falda de la Condesa, quien mira la planta del pie.) ¿Duele? Buena costra… El hierro se adhirió a la planta de tu pie con delicadeza, mi fauno. El cuerpo es sabio a pesar nuestro. Ya lo he dicho, las herraduras afirman el paso, enraízan el espíritu al mundo. ¿Soy justa? Yo sí adhiero a la doctrina que los defiende como hijos de Dios, almitas encarnadas como nosotros, los europeos hechos de mármol y nácar. El mismo Paraíso, aunque con sus distintas moradas, por supuesto. No creo que los de tu piel deseen convivir la eternidad con los de la mía. Otras formas, otros modos, otros usos… Allí serás libre, Anum. Pero antes, “el valle de lágrimas”… (Se toca los dientes.) Sangro. Me sangran las encías, ¿y a ti? Creo que te pasaste de dosis… Yo también tengo espuma en la boca.

Anum: (Se ayuda con gestos para explicarse mejor.) Rabia corta cadenas, rabia sangre escribe paredes templo, perdón no.

Condesa: Ven, casi nunca te entiendo cuando hablas. Hoy sí. La rabia también ilumina la conciencia. Debes ejercitar tu castellano. Con la servidumbre, en el mercado, donde sea. Ven, dame más gotitas bajo el paladar…

Anum: Embustes fraile ese embustero. Yo fuerte. Rabia en la boca azúcar esclavo…

Condesa: Tu boca es un volcán.

Anum: Mi Señora…

Condesa: Y yo soy tu Pompeya ansiosa de magma. Te compré. Eso me hace tu señora, para los demás pero no para ti. (Ríe.) Algún día, en un futuro incierto, hombres y mujeres se agolparán frente al boticario y suplicarán por una medicina que los haga valientes, menos tibios frente a sus miedos, sus frívolas aspiraciones sociales… Cuando me enfurezco veo el futuro y su final. Hoy no. La sociedad es un tribunal tiránico conmigo. Cada mirada burlona que danza en los salones de mis fiestas de agasajo… Todas esas harpías me miran entre risas socarronas. Quisiera despellejarlas en vida, que conozcan mi sufrimiento… Pero no puedo, ésa es mi condena. Infringir dolor en otros que no son ellas…

Anum: Dolor dulce. Anum no miedo.

Condesa: (Muy dulce, romántica.) Quisiera quebrarte los huesos y con las astillas de tu húmero construirme un peinetón.

Anum: (Irónico.) No creo mi Señora más fuerza Anum…

Condesa: Acércate más. Eso… Descansa tu lomo en mí. (Tiempo, recuerda mientras lo acaricia…) Haberme hablado en público dejó ver cierta confianza… Inaceptable para un esclavo. Detesto la confianza. Corroe al deseo, domestica al espíritu. Y como soy la mujer más rica y horripilante de la Nueva España…

Anum: Todos miran usted.

Condesa: Lo sé, incluso en Europa hablan de mis fiestas. Con tesón y paciencia, he logrado que esta tierra, más que un virreinato, parezca un burdel. Todo avanza como está previsto. Meter hilo y sacar hebra… (Le arrebata el frasquito con gotero.) Necesito más rabia.

Anum: Anum no poder.

Condesa: (Mientras abre el frasquito.) Te lo ordeno.

Anum: Anum miedo.

Condesa: El miedo es para los libres. Tú eres mío.

Anum: Anum caballo Condesa Miravalle.

Condesa: (Mientras deja caer unas gotitas con el gotero bajo su lengua.) Está decidido. No volverás a presentarte en sociedad a mi lado. Anum morirá para que nazca la más exquisita dama de compañía, honor para las de tu estirpe.

Anum: (Altanero.) ¡Yo amar serpiente mía!

Condesa: Anum se disuelve en las aguas del lago de Texcoco. ¡Adiós, Anum! Alimenta los ajolotes de esos cauces barrosos y que de un cardumen brote el huevo de mi nueva sirena. Adiós, esclavo, bienvenida a la tierra preciosa sierva de la Condesa de Miravalle… (Como una adolescente.) ¡Ay, me siento poseída! Es la rabia. (Pausa.) Tu carita me conmueve… A partir de ahora serás Clara en sociedad. O Espuma… Espuma clara. ¡Ay no, odiosa redundancia! Espuma. Sí, Espuma, mi dama de compañía. (Pausa.) Dices no con los ojos. Siempre serás mi confidente aquí, entre estas paredes…

Anum: Si arrancar hombre mío yo quedar…

Condesa: Libre. (Silencio. Anum atónito. La Condesa sonríe.) ¡Abrázame! El aire frío se cuela entre las grietas. Abrázame una última vez como macho. Ya lo harás como nenúfar. (Anum la abraza.) Estás temblando…

Anum: ¿Y frailecito embustero?

Condesa: ¿Mi confesor?

Anum: Condesa querer serpiente frailecito.

Condesa: Fray Tomás no es un hombre sino un siervo de Dios.

Anum: Espuma sierva Condesa.

Condesa: ¿Estás celoso?

Anum: No.

Condesa: (Divertida.) ¡Estás celoso! A ver, enfurécete.

Anum: Con ama no.

Condesa: Los celos calientan la sangre… (Le entrega el frasquito con el gotero.) ¡Bebe más gotitas de rabia!

Anum: Mucha rabia matar Condesa.

Condesa: (Ríe. Imitándolo.) ¡Y muchos celos ahogar Eros! (Pausa.) Deberías leer a los maestros… (Pausa.) Oh, lo siento.

Anum: No dolor.

Condesa: Lo olvidé.

Anum: ¿Espuma aprender leer un día?

Condesa: ¡Por supuesto! Una buena dama de compañía lee para su señora.

Anum: ¿Condesa enseñar leer Anum?

Condesa: Espuma…

Anum: ¿Condesa enseñar leer Espuma?

Una ráfaga de viento entra por la ventana, abre la tapa de la Biblia y algunas hojas del libro se desprenden y vuelan por la habitación.

Condesa: ¡Observa! Mis palabras enloquecieron a la Santa Biblia…

Anum: Yo no creer dios frailecito.

Condesa: Por esa ancestral rebeldía te quise entre mis piernas…

Anum: (Seductor.) ¿Y por mi serpiente?

Condesa: (Encendida.) La más dura, suave, brillante y húmeda de la hacienda.

Anum: ¿Qué hacer usted mi serpiente?

Condesa: (Apoya su mano sobre la pierna de Anum y la acerca a su zona genital.) Quisiera conocer su veneno.

Anum: Vieja iglesia decir frailecito mago y alquimista…

Condesa: Le pediré a Fray Tomás que extraiga unas gotas de veneno de tu serpiente… Veremos si mata.

Anum: (Con sorna.) Serpiente frailecito muerta.

Condesa: Dormida simplemente. El frailecito crucifica a su serpiente por amor a un hombre… Fray Tomás vive con su serpiente adormecida…

Anum: Él mira ama. Usted desea él adentro usted.

Condesa: Ojalá me deseara…

Anum: Él mira usted deja mirar. Yo no mirar.

Condesa: Un esclavo no puede mirar a su amo. Espuma sí podrá.

Anum: Ensuciar amo mirada esclavo.

Condesa: No, angelito. Tú estás más limpio que yo. Nuestro modus vivendi asusta a las hienas con las que debo socializar, eso es todo. Ojalá tuviese tu libertad…

Anum: (Por primera vez…) “Modus viven…”

Condesa: No sólo me miraste sino que sostuviste la mirada cuando te respondí. Todos lo observaron. Debes pagar el precio de ese atropello al ceremonial y protocolo de la Corona. He sido el comentario de esta pequeña sociedad infame.

Anum: Cuando…

Condesa: ¡No hables! (Dulce.) Ahora no. Quiero que aceptes mi castigo con sana sumisión. He mandado traer un invento que enfervoriza las cortes del Viejo Continente. Pronto te desprenderás para siempre de tu serpiente y te convertirás en una bella mariposa negra, mi doncella. Ahora, desvístete.

Anum: ¿Ser bella yo? (Piensa. Se imagina. Sonríe.) Leer y bella.

Condesa: (Se acaricia la media máscara. Luego se la quita.) Yo nunca seré bella. ¡Desvístete! Que tu serpiente haga nido en mi entrepierna…

Fray Tomás irrumpe dando un portazo. Es una entrada tan triunfal como patética.

Fray Tomás: Crux Sacra Sit Mihi Lux. Non Draco Sit Mihi Dux. Vade Retro Satanás.

Condesa: Justo a tiempo, su Santidad… Vamos, Anum. Hazle un lugar al frailecito. Tal vez hoy acepte aparearse…

Fray Tomás: ¡Vade Retro Satanás!

Condesa: Suena tan dulce el latín en la boca de un hereje…

Fray Tomás: (Mirando las hojas sueltas por toda la habitación.) ¿Y este desparramo de Fe?

Condesa: Magistral literatura querrá decir…

Fray Tomás: Descarriada…

Condesa: Sea.

Fray Tomás: Me llamó.

Condesa: Quiero confesarme.

Fray Tomás se sorprende. Silencio.

Fray Tomás: (Solemne, un poco zonzo.) Todos los corderos retornan al pastor…

Fray Tomás toma asiento en la cama. La Condesa se arrodilla ante él. Anum toma distancia y da la espalda a la confesión de la Condesa.

Fray Tomás: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo… (Espera respuesta de la Condesa.) Amén. (Pausa.) Amén dije. (Pausa.) ¿Cuál es su confesión? (Pausa.) ¿Y su confesión? (Pausa.) ¡Confiese!

Condesa: (Seca, con la mirada firme.) Morimos sin conocernos. (Silencio. Caprichosa.) Ay, ya no quiero tu absolución.

Fray Tomás: Mi Señor absuelve.

Condesa: Pensé mejor en una escena para representar contigo. Serás mi pastor y yo tu ovejita traviesa.

Fray Tomás: Cristo es el pastor.

Condesa: (Jugando.) Pero yo quiero ser tu ovejita… (Con una voz impostada, ¿por qué no?, de manga japonés.) Soy una ovejita pícara que gusta de perseguir mariposas negras entre los árboles. (Lleva su mano al pecho de Fray Tomás.) Me interno en el bosque. Preocupado por tu ovejita traviesa, tú también ingresas al bosque. (Lleva la mano de Fray Tomás a su pecho.) Te pierdes en el bosque. Días sin comer… Hambriento. Me encuentras pastando bajo un Xolocócotl. (Lleva la mano de Fray Tomás a su cuello.) Sacrifícame y con mi piel hazte un abrigo para el invierno.

Silencio.

Fray Tomás: (Retira abruptamente su mano.) Doña María Magdalena, se lo ruego.

Condesa: (A Anum.) Levanta las hojas de la Santa Biblia. ¿Ya conoces a Espuma? Seguramente la viste paseando en los jardines. Originaria de… Una aldea perdida en… Ya sabe, del otro lado del mar. Nadie cuida mis flores como ella. Me inspiran cuando escribo teatro… Ya casi no escribo. Hago fuego, eso sí. Yo quemo mi teatro. Mis escenas animan el fuego de mis haciendas. Los parlamentos de mis personajes antes conformaban gigantescas criaturas antediluvianas… ¿Las palabras tienen cuerpo? ¿Y la Fe? ¿Ha visto alguna vez el cuerpo embalsamado de una mujer justa?

Fray Tomás: Una mujer no debe conversar con los demonios que rondan la mente. ¡Corona de espinas para la mente! ¡Martirio en Cristo nuestro Señor!

Condesa: Venga, Fray Tomás. Siéntese. Espuma nos traerá vino.

Anum sale.

Fray Tomás: No bebo.

Condesa: Le preparé un pequeño entremés. ¿Gusta del teatro?

Fray Tomás: No debo.

Condesa: Lo sé, oficio de excomulgados. Los cadáveres de los histriones descansan bajo los árboles, en los desiertos, pero sin dignidad para una lápida en un cementerio cristiano. (Entra Anum disfrazado de Papisa.) Espuma tiene afición por las artes vulgares. No debería llamarla así; el teatro, quise decir. Mírela, movimientos de gacela, ímpetu de oso y una voz de orangután. Habla, mi chiquita. Lo que gustes, haz sonar esas cuerdas monumentales.

Fray Tomás: Doña María Magdalena…

Anum dice algo en una lengua extraña, arcaica quizá.

Condesa: Ya ve, un rugido frondoso…

Fray Tomás: Detenga esta farsa.

Condesa: Ruégueme.

Fray Tomás: Por favor.

Condesa: Tantas posesiones que heredé, tanto oro y aun así, Melpómene y Thalia, musas del teatro, me han abandonado. Siéntese, escribí para usted. (Seca.) ¡Siéntate dije!

Anum se esconde detrás de la cama y manipulará dos títeres de guante. Su castellano suena con acento foráneo pero sin errores idiomáticos. El títere Lorenzo, un típico Bufón de feria, se acerca lentamente al títere Gogó, alguna especie de Colombina, quien duerme abrazada a una pequeña botellita de cristal labrado.

Títere Lorenzo: (En voz baja.) Tuve que esperar a que te durmieras para con toda la paciencia del mundo… (Le saca la botellita de entre los brazos de Gogó. A la botellita.) Mía, para siempre. Como nuestro secreto. Mía. (Guarda la botellita.) Algún día cantarán nuestro amor, mi Julieta. (Ríe.) Más fuerte que Ulises, ardo en rabia…

Títere Gogó: (Despertando. Al ver que Lorenzo le robó la botellita.) ¡Carroña! ¡Quiero mi elixir!

Corro peligro sin él. Moriré esta noche misma en manos de la Condesa si no me lo devuelves. (Se arrodilla ante Lorenzo.) Recuerde el juramento, mi Quijote. “¡Todos para uno y uno para todos!”.

Títere Lorenzo: Caerá este palacio y seguirás arrodillada. Besarás las pústulas de mis pies. Me lavarás con la lengua. Me alzaré como una Madonna en una nube púrpura y tú, mi espantapájaros, seguirás postrada ante mi gracia.

Títere Gogó: Iré a la hacienda y le contaré a mi Señora que me robaste.

Títere Lorenzo: ¡No me tutees!

Títere Gogó: Todos lo sabrán. Cuando mi Señora se aburra de ti, te echará a la calle y vagarás por la ciudad hasta que te destierren por fiero, por enano… ¡Por sucio engendro del mercado!

Títere Lorenzo: Te amo. Amo tus palabras sucias y tu aliento en la cara. Amo las gotas de tu saliva en mis pupilas. ¡Más! ¡Qué más! (Se arrodilla, se baja el pantalón y se pone con el culo empinado a Gogó.) Ay, magia demoníaca, ¿qué pretendes? (Le muestra la botellita.) La efigie del héroe cobra vida y busca un refugio ante la barbarie de un animal… (A público.) Esconderé mi tesoro donde nadie quiera buscarlo… (Esconde la botellita en el culo.) Sólo un dedo valeroso podría encontrarme en este pantano hediondo.

Títere Gogó: Está cayendo el sol. La Condesa puede llegar en cualquier momento. Se lo ruego, sátiro del lago, vaya a lavarse que hasta acá se huele ese pozole.

Títere Lorenzo: Venga, mi ninfa, conozca mi ciénaga…

Títere Gogó: ¡Ni por todo el oro de América!

Los títeres y la Condesa miran a Fray Tomás de manera inquisidora.

Títere Lorenzo: (A Fray Tomás, en un susurro cómplice.) Mmmm… Gogó es una piedra en mi camino. Debo deshacerme de ella para quedarme con las tierras de mi ama…

Gogó se acerca a Lorenzo por detrás y lo abraza. Forcejean mientras ríen y gimen. Los sorprende la voz de la Condesa.

Condesa: Debería devolverlos al bosque…

Títere Gogó: Un juego, mi señora, ensayábamos…

Títere Lorenzo: Hemos preparado un lazzi para esta noche. ¡Seremos los mejores locos de la Plaza Mayor de Tenochtitlan! ¿Vendrá a vernos, ama?

Títere Gogó: Lorenzo me robó.

Títere Lorenzo: ¡No es cierto!

Títere Gogó: ¡Mentira!

Títere Lorenzo: ¡Verdad!

Lorenzo y Gogó vuelven a forcejear.

Condesa: ¡Silencio! (Pausa.) ¿Quién dice la verdad? ¿Quién miente? ¿Sabré disfrazar una mentira con pequeñísimas verdades? (La Condesa, Gogó y Lorenzo miran a Fray Tomás, quien se pone de pie exaltado.) Retírate de mi vista, Gogó.

Títere Lorenzo: (Se arrodilla y junta sus manitos en señal de súplica.) Ay, no por favor, se lo ruego, no otra vez…

Condesa: (Actuando, es parte del entremés.) Soy una mujer justa. Y sabia. Sabia y justa. Por eso decidí llamar a mi primogénito así. Ni tuyo ni de Gogó, puercoespín. El elixir es mío. Dámelo. (La Condesa estira su mano y Lorenzo le entrega el frasquito.) Sal de la habitación, Gogó. Debo dar a Lorenzo su merecido… (Gogó desaparece riendo bajito mientras Lorenzo lloriquea.) Pausa dramática y… ¡Telón! ¡Bravo! ¡Bravísimo! (A Fray Tomás.) ¿Qué le pareció?

Fray Tomás: Usted… ¿Qué pretende usted de mí?

Condesa: (Oscura.) Usted… ¿Qué pretende usted de mí?

Fray Tomás: No fabricaré más rabia dije.

Condesa: Necesito más de esa pócima.

Fray Tomás: La rabia afiebra el cuerpo, enciende la mente…

Condesa: Nos despierta.

Fray Tomás: ¡¿Para qué la quiere?!

Condesa: Un plan divino pero secular. Una idea celestial pero mundana.

Fray Tomás: Que el Señor nos perdone.

Condesa: Fabrique la pócima en grandes cantidades y tendrá tierras, más tierras que las que imagina su Santa Iglesia.

Fray Tomás: Desconfío.

Condesa: Cobarde… Allí donde hay confianza, apesta.

  

— 2 —

Mañana. Jardín de la hacienda. La Condesa y Fray Tomás sentados bajo la sombra de un Xolocócotl, el árbol de la guayaba.

Condesa: Entonces sucedió la maravilla. Mamá rata, consciente de que estaba muriendo envenenada, no volvió a la ratonera, sino que se alejó lo más que pudo de sus crías para protegerlas de que al amamantarlas, ellas también se envenenaran…

Fray Tomás: (Luego de un silencio.) ¿Por qué me cuenta esa historia?

Condesa: Este vientre conoció once engendros. Ocho vieron la luz. Sanos, buenos y europeos. Se avecinan tiempos de transformación para este continente. Ya comenzó en el norte. Más temprano que tarde nos llegará también. Ya no somos un imperio. Las vísceras de un cuerpo caduco que se desmiembra, eso somos… Deseo engendrar lo prohibido, un nuevo hombre. Deseo el imposible. Y cuando esté allí, no volver jamás.

No tienes ni un ápice de los talentos amatorios de Anum y sin embargo te elijo.

Fray Tomás: (Para sí, con profundo y honesto pesar.) Estoy condenado.

Condesa: Al amarme traicionarás a Dios, eso me excita. No es tanto por ti como por Él. Mirarlo a la cara y amordazarlo. No me esquive… Permítame que lo roce como el sol a estas ramitas…

Fray Tomás: (Mirando la copa del árbol sobre él.) Cholocótl…

Condesa: No, la lengua debe danzar en la boca cual bailarina embebida en su sangría. Los aztecas conocen los movimientos del paladar, los labios y la lengua. Los franceses también. Hablo francés. Otra cortesía de tantos años de martirio y claustro en ese convento oscuro y frío. Obedecemos tanto las hembras… Vamos, inténtelo nuevamente.

Fray Tomás: Xolo cócotl.

Condesa: ¡Voila! Xolocócotl. Bello árbol, ya lo creo. Ya beberá del jugo cuando llegue el tiempo de sus frutos. Y su carne, Virgen Santa. Morder una guayaba es hincarles el diente a las nalgas de un mancebo…

Fray Tomás: Guayaba…

Condesa: (Fray Tomás le presenta una caja de madera labrada.) ¿Otro presente para Doña María Magdalena?

Fray Tomás: Lo olvidaba, su encomienda…

Condesa: ¡Finalmente! Ya pasaron cinco meses de mi encargo… Ya ves, el Correo de Mar muestra a las anchas el deterioro de la Corona… ¡Qué caja más elegante! ¿Las terminaciones son de oro? (Despectiva.) Bronce. (A Fray Tomás, quien sin querer la toca.) Acabas de rozarme con tu dedito de querubín… El dedo de Dios, antena sideral. Voy a pensar que lo haces porque te fascina mi piel. ¿Te gusta mi piel? Hubo otra noble que desangraba doncellas para bañarse en su líquido vital. Me pregunto por qué la sangre es roja cuando Madre Natura pareciera vestir el mundo de verde esmeralda. (Saca una guillotina portátil de la caja de madera.) Monsieur Guillotin… (Irónica.) Un verdadero filántropo. (Mientras observa con detenimiento la guillotina.) Sublime, tan delicada… (Extiende su mano hacia Fray Tomás.)

¿Me permite? (Pausa.) Su manita, arcángel. No temas, nunca infringiría dolor sobre ti, a menos que me lo pidieras… Tu dedo, ¿me lo das? (Fray Tomás extiende su mano. La Condesa toma el índice.) Fino y pequeño. No te pareces en nada a Anum y sin embargo te elijo ahora. (Fray Tomás retira su mano.) ¡Te dije que no temas! Discúlpame, no quisiera ordenarlo. (Fray Tomás extiende el dedo índice y la Condesa lo toma. Lo acerca al filo de la cuchilla de la guillotina. Sin dejar de mirarlo, la Condesa genera una pequeña incisión en el índice de Fray Tomás con el filo de la guillotina. La Condesa observa la gota de sangre en el dedo de Fray Tomás, luego lleva el dedo a sus labios y se pinta los labios con su sangre.) Tú reemplazarás a Anum en mi alcoba. Cuando la transfiguración esté consumada, le pediré a Espuma que nos observe mientras nos amamos. Quizá ella pueda amarme.

Fray Tomás: No quiero el Infierno.

Condesa: ¡Ja! Ingenuo… El Infierno es la rabia contenida de los muertos. ¡Y cada pueblo tiene el suyo! (Pausa.) Quiero una revolución y sin rabia no habrá estallido.

Fray Tomás: Desafiar a la Corona.

Condesa: América necesitará de una nueva clase, sin títulos nobiliarios, pero con el mismo poder que nosotros heredamos…

Fray Tomás: No puedo.

Condesa: ¡Eres el médico del Virrey!

Fray Tomás: No he curado más que reflujos y fiebre.

Condesa: Rejuveneciste mis manos, mi cuello y mi entrepierna con ese ungüento amargo que te pedí.

Fray Tomás: Me pide que juegue a ser Dios.

Condesa: Un punto rojo.

Fray Tomás: Estamos haciendo migas con el Diablo.

Condesa: Prometiste obedecer…

Fray Tomás: A cambio de su tesoro.

Condesa: (Divertida. Tocándose el busto.) ¿El sagrado o el profano?

Fray Tomás: El oro del mundo, eso dijo.

Condesa: Mucho cuidado, Fray Tomás. La alevosía engendra muertos.

Fray Tomás: Está dispuesta a hacer lo que mande por conseguir su plan…

 Condesa: Qué extraña suena la avaricia en la garganta de un santo…

Fray Tomás: Su riqueza volverá a los pobres a través de la Santa Iglesia.

Condesa: Un punto rojo donde inocular la rabia con una delgadísima cánula de vidrio.

Fray Tomás: Un dedo arriba del ombligo.

Condesa: (Tocando el vientre del fraile.) ¿Aquí?

Fray Tomás: (Saca la mano de la Condesa.) En el vientre de cada rata.

Condesa: Tan suave el pelaje de la rata, tan tierna su mirada. Dóciles y serviciales, tan escurridizas, las mujeres nos parecemos a las ratas. Vivimos con miedo en los rincones de los pasillos donde los pasos de las botas no nos aplasten. Siempre fértiles, úteros templados para engendrar caballeros, campesinos o coroneles. Esta casa está llena de ratas. Quisiera morderte el cuello.

Fray Tomás: Decenas de ratas infectando con sus mordeduras los rincones más desconocidos de esta ciudad pecaminosa.

Condesa: Mamíferos de garras fuertes saben cavar túneles entre los adobes de las paredes. De noche, en el silencio de la madrugada, las escucho peleando, fornicando, comiéndose entre ellas…

Fray Tomás: En un par de años, la rabia se habrá irradiado por todo el Virreinato.

Condesa: La rabia es la lengua de la libertad. No existe revolución sin rabia, créame. Cada rata tendrá el mandato de la libertad en su vientre y los rebeldes conocerán su intrincada gramática.

Condesa: Algún día esta tierra llevará mi nombre. Lo sé. Un ejército de ratas infectando de rabia el Nuevo Mundo… Está decidido. (Pausa. Mira la copa del árbol y busca los rayos del sol. Exhala profundamente.) La sangre me borbotea en la cabeza.

 

— 3 —

Justo José, primogénito de la Condesa, sentado e iluminado al estilo de las luces de interrogatorios policiales.

Justo José: No estoy aquí para confesarles nada. No es mi deseo testimoniar a favor de ella ni en contra de él. Hablo de mi madre. Me parió sano y entero en tiempos de cabezas colgantes. La Plaza Mayor apesta con tantas picas pudriendo descabezados. Yo sé que hablo con la libertad que me dieron los estudios y la fe. Fe en la Razón, mi carro alado. Lo sé y por eso hablo. No quiero interponer a mis argumentos la sensiblería pacata de los cirios que iluminan retorcidos que nunca conoceré por europeos y santos. Soy hijo de una blanca. Yo he nacido más blanco que mis padres blancos. Quisiera defender su doctrina pero tengo agallas y la Universidad me enseñó a dudar. ¿Por qué prohibirle al vulgo los misterios de la ciencia? ¿Cómo fundamentan su creencia de que hay hombres encima de otros hombres? ¿Pueden porque creen o creen porque pueden? ¿Están agobiados de tanto pensar? ¿A quién realmente le hablo cuando les pregunto? ¿Quién pregunta, mi curiosidad o mi ignorancia? ¿Es la curiosidad o el Duende el camino a la sabiduría? ¿Qué hay más allá del deseo? ¿Y si no hubiera nada más que ilusión?

¿Por qué desean callarme? Córtenme la cabeza, cuélguenla de la pica más alta y seguiré hablando, créanme. Ustedes avivan el fuego que pregonan. Ya no soy blanco en realidad. Yo estoy tiznado por la tinta de la Enciclopedia. ¿Dónde escondieron los libros que llegaron de Europa en el último galeón? ¿Por qué son malditos cuando sus tapas están forradas con piel de cordero? ¿No es la escritura un salto de la lengua? Hoy el sol brilla suave. Pareciera confundirse cuando es verano. Estamos en el fondo de un lago seco. Quizá deberíamos estar ahogados… Hablaré del cielo y del pantano. No siento rencor por Fray Tomás y mucho menos por Anum, quien merece mi compasión por ser negro libre. La compasión no es lástima. La compasión enciende al conocimiento. En África las madres cavan un hueco en la tierra con las manos, se hincan y hacen fuerza. Las mujeres fertilizan la tierra cuando dan a luz y luego se desangran. No creo que Fray Tomás haya deseado hacerlo. Obedecía un mandato superior, intuyo. (Reproduciendo la imagen de Jesucristo con su dedo índice alzado.) El índice es el dedo que baja el cielo a la tierra. El índice desata las tempestades. Mi madre quiso morir… Un plan perfecto, eso creía. Creer y poder… Yo elijo poder, por eso nunca beberé de la rabia. Ella sí. Su rabia era ponzoña y a ustedes les morderá los tobillos. (Pausa.) No quería hacer el mal, todo lo contrario. Ella estaba convencida de que sus hermanas, así llamaba a las ratas, inocularían una rebeldía necesaria. Creer y poder… Mi madre afirmaba que la rabia era la respuesta del cuerpo y la mente a las preguntas del alma. Mi madre afirmaba que pocas veces el cuerpo y la mente se aliaban tanto como con la rabia. Yo dudo. Yo dudo porque pienso. Pienso que ninguno de nosotros estará vivo cuando llegue la Revolución de la rabia… Y cuando la vida que habita en la rabia anide en el corazón, recién entonces tendrán su paroxismo. Cuando el veneno en las vísceras, entonces tendrán su revelación. Ustedes, Excelencias, serán juzgados por los nuevos jueces antes que ninguna autoridad de esta Nueva España moribunda. Hablo en nombre de los libres de esta tierra castigada por la blandura. Los pastizales secos no brotan de las piedras. Aceptó el veneno de la mano amada. Murió envenenada para que las de su naturaleza se rebelen finalmente. Las mujeres hoy hablan bajito y conspiran en las tertulias, sépanlo. El tiempo será mi adalid. Una fiebre en la mandíbula se avecina. El silencio que antecede al grito rabioso. Las semillas de la nueva sociedad ya comienzan a germinar. Yo sí me conocí antes de partir… Todo dicho, mi Verdugo. Adelante, deje caer el acero y separe la razón de las pasiones, el humano del simio. Estoy listo.

Con el sonido de una guillotina que cae, apagón.

  

— 4 —

Madrugada. La misma recámara de paredes de piedra de la escena 1. Espuma luce el vestido que la Condesa cosiera en la escena 1.

Justo José: Sabes cómo se arreglan las cosas aquí.

Fray Tomás: Llevo dos años al servicio de su madre.

Justo José: Siervo de mi madre y de Dios, siniestra alegoría. Tan abominable como el mito del Cielo y del Infierno. Ahora callas…

Fray Tomás: Buscas pleito, muchachito.

Justo José: Soy apenas más joven que usted.

Fray Tomás: Obremos entonces.

Justo José: Un punto rojo…

Fray Tomás: En el vientre de cada rata.

Espuma: (Con exquisito español.) Yo también llevo el destino de mi tierra tatuado en la piel. Mi pueblo, el hombre blanco, la guerra, la captura, el barco… Mordeduras, golpes y punzadas con cuernos de marfil, la más mortal de las espadas.

Fray Tomás: Notable tu castellano ahora.

Justo José: ¿Te dolieron tanto como perder tu hombría?

Espuma: Soy una dama ahora. Disfruto de los lujos de la mesa, el buen vestir y la conversación frugal junto a Doña María Magdalena, Condesa de Miravalle.

Justo José: Un nuevo nacimiento en el mismo cuerpo amputado.

Espuma: No me quejo y sin embargo extraño ese colgajo.

Justo José: ¿Sabes qué hicieron con él?

Espuma: Mi ama lo embalsamó y lo está exhibiendo.

Justo José y Fray Tomás: ¡¿Dónde?!

Espuma: Pero qué infantes más curiosos… ¿Quieren verlo?

Justo José y Fray Tomás: ¡Te lo ruego!

Espuma: En unos días… La Condesa mandará retirar el badajo de la campana mayor de la iglesia de la hacienda y colgará mi serpiente en su reemplazo. Cada vez que se llame a la Santa Misa, la campana sonará así: PLOF, PLOOOOF…

Fray Tomás: (Al escuchar semejante afrenta a su religión.) La furia me consume…

Espuma: Bien. Eso es rabia. Es momento de actuar.

Justo José: Obremos entonces.

Espuma: Un punto rojo. Once hembras. Ni una más. Es la orden.

Fray Tomás: Una mordedura será suficiente.

Justo José: Mortal hasta para un elefante.

Fray Tomás: La rabia no mata.

Espuma: Transforma.

Justo José: Era un chascarrillo.

Espuma: (Acentuando la CH, doble R y doble L.) “Chascarrillo.” Suena torpe en la boca. Notable, las palabras también golpean. Te propongo un juego…

Fray Tomás: (Quien ha quedado flotando en sus pensamientos…) La rabia en grandes dosis deja ver al monstruo escondido en esa habitación oscura que la Anatomía llama “cerebro”.

Espuma: (A Justo José.) Insúltame.

Justo José: Sodomita.

Espuma: ¿Eso es un insulto para ti?

Justo José: Pero si me pediste…

Espuma: ¡No por el significado de la palabra sino por su sonido!

Justo José: Ah… ¡Ya entendí! ¡Qué divertido!

Espuma: (Con un dejo de fastidio y derrota.) Qué martirio los hombres, Virgen Santa…

Justo José: ¡Cacatúa!

Espuma: ¿Así esperas ofenderme, Axioma prostibulario?

Justo José: ¡Catacumba!

Espuma: (Sarcástica.) Pero qué violento este caballero… ¡Calcítrope concomitante! (Pausa. Justo José ofendido, contiene la rabia, la rabia se convierte en frustración e impotencia, llora como un niño.) Ay, ay, no llore, no mi golosina nocturna, mi muñequito de trapo, mi moscardón del Olimpo… No me llore que envejezco.

Fray Tomás: (Quien sigue flotando en sus pensamientos.) No hay monstruo más cruel que el niño rabioso que se esconde en la habitación…

Espuma: Mi señora es una niña.

Justo José: Mi madre es una víctima.

Fray Tomás: Una madre que por ser niña se convirtió en la víctima de su señorío.

Justo José: Le debo quien soy.

Fray Tomás: Por ello un día serás juzgado.

Espuma: ¿Y Espuma?

Fray Tomás: Desaparece cada vez que te desnudas.

Espuma: Pero ya no soy un hombre. (Pausa.) ¡Aunque sí soy una mamá! Quisiera presentarles a Lilith. Yo también tengo una doncella enjaulada. Permiso…

Fray Tomás: Propio… (Espuma sale.) Este invertido merece el más gélido de los anillos del Infierno.

Justo José: Piedad, hombre. “El Señor obra de manera misteriosa.” Lo dice tu dios.

Fray Tomás: En Él confío. (Pausa.) No obstante… (Pausa.) Dios mío, acabo de recibir una revelación. El nacimiento de un mito: si Anum desapareciera…

Justo José: Mi madre entraría en pánico. Espuma la custodia. (Pausa.) Un desaparecido. (Pausa.) Quieres decir…

Fray Tomás: Esta tierra está llena de agua…

Justo José: Los vestigios del gran lago de Texcoco se secan.

Fray Tomás: Sin embargo, hay pozos donde el agua puede tapar a un cuerpo incluso sepultado de pie…

Justo José: Taparla de agua hasta que se descomponga.

Fray Tomás: Se disuelva como la espuma.

Justo José: Alimento para los ajolotes…

Fray Tomás: Si Anum desapareciera…

Justo José: Mi madre es afín a la melancolía. Sería más sencillo obrar…

Fray Tomás: Un desaparecido que inocula el Mal en el centro de un punto rojo en once hembras del Infierno. (Ampuloso, como un político en campaña.) ¡La maldición de la Condesa de Miravalle!

Justo José: No te entiendo.

Fray Tomás: “El Señor obra de manera misteriosa.”

Entra Espuma. Carga la guillotina portátil y una jaula con una ratita.

Espuma: Como no puedo parir un niño, hice un pozo en la tierra y he dado a luz a una ratita. Hoy mi niña amaneció asustada. ¿Intuirá su destino, Fray Tomás?

Justo José: ¿Puede un animalito tan primario conocer la fuente de su miedo?

Fray Tomás: El Altísimo habita en sus criaturas.

Espuma: ¿En el gusano?

Fray Tomás: Y en la ballena azul.

Espuma: Extraño la carne asada de las ballenas.

Fray Tomás: (Mirando la rata en la jaula.) Tu doncella tiene el mismo miedo que pronto tendrá su ama.

Espuma: (Espuma le entrega la guillotina a Justo José.) Arréglala.

Justo José: ¿Se dañó?

Espuma: Sucedió después de la ejecución. Cayó mi carne al suelo y la cuchilla no volvió a alzarse.

Justo José: Permíteme.

Fray Tomás: Permítenos.

Justo José: Hay sangre seca.

Fray Tomás: Mi señora ordenó que no se limpiara…

Justo José: (En pacto lírico.) Testigo…

Fray Tomás: Y vigía…

Fray Tomás y Justo José: La sangre.

Espuma: De mi hombría cercenada.

Justo José: (Intentando levantar la cuchilla.) No puedo.

Fray Tomás: Imposible.

Espuma: Deseaba mostrarles el comportamiento de mi doncella cuando perdiera su cabeza…

Justo José: ¿Acaso no morirá en el acto?

Espuma: Largos minutos después de un ruidoso lamento.

Justo José: ¿Las ratas se lamentan?

Espuma: La cabecita, huérfana de sus pulmoncitos, chillará como un bebé.

Fray Tomás: Cuéntanos más.

Justo José: ¿Qué hará la doncella sin su cabeza?

Espuma: Correr enloquecida en círculos, cada vez más cerrados…

Fray Tomás: ¿En espiral?

Espuma: Hasta llegar al centro del círculo donde morirá en silencio después de haberse lamentado.

Justo José: Un movimiento espiralado…

Fray Tomás: Como el alma buscando la Belleza.

Justo José: Todo círculo es un punto.

Espuma: Un punto rojo.

Silencio mientras se miran.

Justo José: Obremos pues.

Fray Tomás: Obremos.

Espuma: Yo conozco los tiempos de mi señora, sus lugares secretos. Una desconfianza igualmente merodea en ella desde hace tiempo.

Fray Tomás: ¿Desconfía de mí?

Espuma: Desconfía de ella. Se maldice frente al espejo.

Fray Tomás: Yo sabré hacer.

Espuma y Justo José: ¿Qué harás?

Fray Tomás se quita el atuendo de fraile. Está vestido de Romeo o Don Juan. Se va marchando como ínfulas de triunfador.

Fray Tomás: (Mientras sale.) Menos preguntas al Señor y perdona.

 

— 5 —

Madrugada en la caballeriza de la hacienda. Espuma y Justo José en el interior de una carroza. La puerta abierta los deja ver sentados uno al lado del otro.

Justo José: Mejor que no lo hiciste.

Espuma: Lo deseaba tanto.

Justo José: ¿Y ahora?

Espuma: Pues el fuego ahora consume la braza que me inunda.

Justo José: Tu imaginación te exalta. Deberías escribir tus pensamientos…

Espuma: Pasan los meses y el hombre que había en mí pareciera desprenderse como lo hizo mi carne con la guillotina.

Justo José: ¡Pam!

Espuma: ¡Shac!

Justo José: Como un disparo…

Espuma: Las armas de fuego me repugnan.

Justo José: Y sin embargo a mí me siguen los disparos. Como un presagio. A veces imagino que alguien muy lejos, en alguna curva de mi historia, ya me ha disparado y la bala está viajando a mi encuentro.

Espuma: Yo escuché el golpe del acero en mi entrepierna y no recordé más.

Justo José: El médico dijo que te desvaneciste.

Espuma: Nunca más.

Justo José: ¿Todo todo?

 Espuma: Nada nada.

Justo José: Borrado.

Espuma: Desaparecido.

Justo José: Pero entonces…

Espuma: Dígalo más cerca…

Justo José: ¿Qué piensas ahora cuando piensas? ¿Cómo sientes ahora cuando sientes? (Silencio.) ¿Quién eres ahora?

Espuma: Dígamelo usted.

Justo José: (Recorriendo el cuerpo de Espuma con la mirada.) Como las montañas del norte de África. Capas sobre capas de sedimentos milenarios… (Silencio.) Vaya, la transformación ha sido todo un éxito. Eres un nuevo ser.

Espuma: Y todavía no he sido descubierta.

Justo José: Como las selvas de Sudamérica.

Espuma: Soy un nuevo continente. Observe mis penínsulas, mi cordillera, mi fosa marina… Y aquí, un sendero inhóspito que todavía no me animo a transitar.

Justo José: Eres la criatura más perfecta de mi madre.

Espuma: ¿Más que sus hijos?

Justo José: Soy el primogénito nada más. Imagina a los otros, los paridos vivos y sobre todo a los muertos. Once ratitas en el laberinto de mi madre. (Pausa.) Tu sonrisa diabólica te ilumina…

Espuma: Ay, qué cursi… ¡Siga, mi señor!

Justo José: No soy tu señor.

Espuma: ¿No deseas serlo?

Justo José: Deseo ser Justo solamente. Olvida a José. Mi padre era José.

Espuma: (Le toca la cara.) Jus-to.

Justo José: ¿Lo soy?

Espuma: ¿Podrías serlo?

Justo José: No.

Espuma: Volvamos a la poesía entonces.

Justo José: Te partiría la quijada

y con los dientes salpicados

me haría una tiara.

Son las perlas de tu boca…

Espuma: ¡Qué hallazgo, mi señor!

Justo José: Te recorro con el índice,

mascarilla de papel.

Me detengo en el Sahara

y bebo arena como Sarah…

Espuma: ¡Rima fantástico!

Justo José: ¿Era Sarah o Yudith?

¿Cuántos nombres congeló

 el perfecto Elohim?

Otros cantan a Yavé

y a los blandos que escaparon

áspera piedra de azufre les daré.

Espuma: (Actúa, muy cínica.) Superior, formidable… ¡Estoy extásica!

Justo José: ¿Cómo dice?

Espuma: Embebida en éxtasis. (Dudando.) “Extásica” intuyo… Siga, se lo ruego, descubro una templada humedad en mi bajo vientre.

Justo José: ¿Sigo?

Espuma: ¡Siga!

Justo José: El hijo cortó los sacos del gran dios…

Espuma: Tóqueme.

Justo José: Y su rabia cayó al mar. Las olas la batieron y de la espuma…

Espuma: ¡Yo soy Espuma!

Justo José: Tú eres la encarnación del mal.

Espuma: Ay, ay… ¡Vibro, mi cuerpo vibra! ¡Siga, siga!

Justo José: No podré escapar a los mensajes

que trae la corriente en sus botellas.

¿Oyes el llamado,

tintineo de marea?

Espuma: No oigo nada. Lo oigo a usted, a ti.

Justo José: ¡Es un verso!

Espuma: Qué más da si me atraviesa…

Justo José: Se me acabaron las palabras, Espumita.

Espuma: Estoy en la orilla, mi Justito.

Justo José: Mi madre es buena con el verso dramático.

Espuma: No la nombres. Este carruaje es nuestro santuario. Oigo, sigue hablándome, quiero bailar…

Justo José: Sigo y viene la hecatombe

la palabra es el final…

¿Tendrá por culpa tu nueva forma

acercar mi vida al vendaval?

Espuma: (Jadea, esperpéntica.) ¡Ay, me agito toda! ¡Me quedo sin aire! ¡Me voy, me voy!

Justo José: ¡Ven, ven!

Espuma: Un borbotón de luz en la garganta… ¡Me muero!

Un orgasmo aparatoso de Espuma. Espasmos y contracciones durante un largo silencio. Miradas. Espuma se recompone.

Justo José: Tan extraña la palabra en el verso.

Espuma: Descuartiza al mundo.

Justo José: Y nosotros en él.

Espuma: Interpreta el verso para mí, Justo.

Justo José: Quieres decir…

Espuma: Hazlo carne.

Justo José: ¿Otra vez? ¿Quieres más? ¿No lo hice bien?

Espuma: Estupendamente, no es eso. ¿Gustas del teatro? Arte vivo el teatro. Inténtalo para mí.

Justo José: (Mientras baja de la carroza.) Ahora observa…

Espuma: Observo y aprendo.

Justo José: (Actuando.) “Soy un joven marinero, último sobreviviente del naufragio más terrible de estas costas.”

Espuma: ¿Cuántos sobrevivieron?

Justo José: “¡Los niños primero!”

Espuma: ¿Mujeres?

Justo José: “Los niños se las comieron.”

Espuma: ¿Y los maestres, contramaestres, el capitán?

Justo José: “Sepultados en el mar.”

Espuma: ¡Me encantan las tragedias! ¿Cómo sucedió tan amargo evento?

Justo José: “Cuando los huracanes muerden la tierra, se convierten en lluvia. Allí estábamos en ‘La escarlata’ navegando rumbo a Europa…”

Espuma: No le entiendo. Sea claro o pierdo el interés.

Justo José: “Habíamos zarpado con el amanecer y la tormenta nos engulló poco antes del mediodía.”

Espuma: ¿Divisaban la costa?

Justo José: “¡Ni una gaviota en el cielo!”

Espuma: ¿Entonces? ¡Más ritmo, avance que me duermo!

Justo José: “El capitán tenía la orden de volver con el último oro en las bodegas.”

Espuma: (Mira las manos de Justo.) ¿Qué esconde?

Justo José: “¿Aquí?”

Espuma: La otra mano.

Justo José: “Adivine.”

Espuma: ¡El ojo de uno de los niños náufragos!

Justo José: “Frío, frío…”

Espuma: ¡La lengua del capitán!

Justo José: “Tibio…”

Espuma: Ay, no sé, ya me aburrí, dígame. (Justo José abre su mano.) Una pepita de oro…

Justo José: ¿La quiere, Espumita? Puede hacerse un diente y sonreír con más confianza. Se la vendo. Un trueque mejor… “¿Tiene un pedazo de pan? Llevo días sin bocado.”

Espuma: (Actuando también.) “Cómame. Soy la última mujer.”

Justo José: “Lo dicho. Pero antes, escriba su testamento y permítame que lo guarde en una botella y la arroje al mar.”

Espuma: “¡Usted es el náufrago! Yo soy su cautiva…”

Justo José: “Cuando la devore, usted será mis entrañas y yo los restos de una mujer.”

Espuma: ¿Queda más en el frasquito?

Justo José: (Saca un frasquito con gotero de algún lado. Lo observa a contraluz.) Apenas unas gotas…

Espuma: Las quiero.

Justo José: Hemos bebido suficiente, preciosa.

Espuma: Una última fiebre, se lo ruego. Antes de que llegue el sol y nos reconozcamos miserables como siempre.

Justo José: ¿Oyes?

Lento in crescendo de un canto de pájaros que muta extrañamente al chillido de las ratas cuando pelean o fornican, acción gemela a veces.

Espuma: Son chillidos.

Justo José: Yo escucho pájaros.

Espuma: Alguien viene.

Justo José: Imagina que son ángeles…

Espuma: ¡Son ratas!

Justo José: “Y vienen a devorarnos…”

Espuma: “¿Quién las envía? No es posible, nadie sabe que estamos aquí.” (Pausa.) La Condesa… ¡Su madre adora el teatro!

Justo José: ¡No la escucho! El sonido me ensordece.

Espuma: ¡Su madre!

Justo José: ¿Mi madre?

Espuma: ¡Su-ma-dre-ha-vuel-to-a-es-cri-bir!

Justo José: Maldita sea.

Espuma: ¡No-mal-di-ga! E-lla-es-cu-cha.

Justo José: El frailecito ese y su magia prohibida.

Espuma: ¿Cómo dice? ¡Grite más fuerte!

Los sonidos desaparecen de golpe. Silencio. Ambos abrazados, en shock. Se miran, rostro contra rostro.

Justo José: Tan cerca me tengo de esa boca desdentada.

Espuma: Su madre está escribiendo en hojas sueltas de la Santa Biblia.

Justo José: Estoy borracho de Espuma.

Espuma: Le huelo la boca, Justo.

Justo José: ¿A qué huelo?

Espuma: A comida entre los dientes…

Justo José toma distancia y se huele la boca.

Justo José: Deseo saciar esta hambre con un mordisco negro.

Espuma: ¿Le parece? ¿Hará falta?

Justo José: Muérdame usted entonces.

Espuma: Soy dama de compañía de la mujer rata, puedo contagiarlo.

Justo José: Ya estoy rabioso…

Espuma: ¿Con dolor o sin dolor?

Justo José: “¡Haga y no pregunte! Me muero.”

Espuma: Doña María Magdalena me enseñó a no temerle al dolor.

Justo José: “¡Muérdame!”

Los chillidos ensordecedores vuelven. Espuma muerde el cuello de Justo José. Es el cuadro de un thriller de vampiros.

Espuma: “Arranco tu cuello a mordiscos.”

Justo José: “¡No la escucho, los ángeles cantan!”

Espuma: “Nuestras nodrizas…”

Justo José: “Un canto de cuna para matar.”

Espuma: “Los veo venir, son pájaros como esbeltas ánimas errantes.”

Justo José: “Tengo miedo.”

Espuma: “No tengas miedo.”

Justo José: (Es Justo José quien responde.) No tengo miedo.

Espuma: “Yo abrazo como los gorilas.”

Justo José: “La espuma de las olas se disuelve mientras te hundes.”

Espuma: “Me llevan, soy nuevamente una esclava…”

Justo José: “Y yo tu Poseidón…”

Espuma: “Agua cristalina después del huracán.”

Justo José: “Te bebo, cristalina.”

Justo José besa a Espuma. Es un beso pequeño e inmensamente dulce, pero finaliza con un mordisco. Espuma toma distancia y se toca el labio.

 

 

— 6 —

La habitación de las escenas 1 y 4. La guillotina portátil en un rincón. La ventana cerrada. La Condesa y Espuma, recostadas en el piso contra la pared de piedra. Espuma descansa su pie sobre el regazo de la Condesa como lo hiciera en la escena 1. La Condesa está retirándole la herradura de la planta del pie con una pinza de herrero.

Espuma: A partir de ahora todo será mentira.

Condesa: No me gusta ese juego.

Espuma: No es un juego, es tu vida en esta casa.

Condesa: Mi vida es tuya.

Espuma: No me gusta mi vida.

Condesa: No me gusta cuando me hablas así, querida.

Espuma: No me gusta mi vida y sin embargo la vivo a tu lado.

Condesa: Unos pasos más atrás, siempre.

Espuma: Me gustaba más cómo me hacías vivirla antes.

Condesa: No recuerdo otra vida que ésta. En cambio tú, perdiste…

Espuma: ¡No la perdí!

Condesa: Te arrebaté.

Espuma: ¡Me la arrancaste!

Condesa: Perdón, querida.

Espuma: No habrá perdón.

Condesa: Lo sé. Muerta en vida con ropajes de fiesta y el mismo efímero brillo que una burbuja al sol.

Espuma: Las ratas ya están inseminadas… Once ratas. Once hembras. Un pinchazo profundo justo en el corazón.

Condesa: Once puntos rojos… Aliméntalas bien, cuídalas como hembra. Los machos las olerán y querrán hacer lo suyo. Asegúrate que ningún macho se acerque o arruinarás mi plan.

Espuma: Me mordió el labio.

Condesa: ¿Quién, mi niña?

Espuma: Un macho.

Condesa: Déjame ver… ¿Sientes?

Espuma: Sí.

Condesa: ¿Qué sientes?

Espuma: Los dedos de una mujer… Rebotando como punzadas… En los contornos de mi piel… Sin encontrar dónde anidar y dejar huevitos…

Condesa: Mi pequeña, poetisa como su ama. Estoy vieja. Ya no tengo fuerzas… No es nada. Apenas el rastro de un dientecito minúsculo en los labios de una virgen. Estás hecha de tierra lejana, sanarás.

Espuma: ¿Qué deseas que haga entonces?

Condesa: Un nuevo tiempo se acerca. Ahora, el reclamo de libertad es un grito que el sordo escucha. Esta tierra cambiará. Yo lo sé. Deseo que el nuevo hombre de esta tierra aprenda. Es posible… Lucharán como antes, se comerán entre ellos como las ratas a sus crías débiles. Sumisos por un plato caliente hasta ahora. Dóciles ante cualquier mano fuerte. Una mordedura de rabia horadará la piedra hasta volverla…

Espuma: Filosa como cuerno de marfil.

Condesa: Soy la rata madre. Parí ocho ratones de castillo. (Mira por la ventana.) Mi primogénito será quien…

Espuma: Si yo fuera la Condesa…

Condesa: (Interrumpiéndola.) Me cortarías la cabeza.

Espuma: Desconfiaría del frailecito.

Condesa: Lleva días desaparecido.

Espuma: ¿Su amante o su hijo?

Condesa: Ambos.

Espuma: Cuida tus tierras, mi señora.

Condesa: El Nuevo Continente necesitará de una nueva clase, sin títulos nobiliarios, pero con el mismo poder que nosotros heredamos…

Espuma: Por eso la sumisión y el hambre.

Condesa: Serán un ejército sin comandante.

Espuma: Habrá guerras internas…

Condesa: Así somos las ratas…

ESPUMA: Fracasarán.

Condesa: La misma rabia los mantendrá unidos.

Espuma: ¿Y los que no quieran?

Condesa: La rabia es medicina sabia. Si no toma su curso, intoxica la sangre.

Espuma: Demasiados muertos, la sangre brotará como manantial en esta tierra.

Condesa: Sea.

Espuma: ¿Para quién?

Condesa: ¿Dónde está Justo?

Espuma: ¿Lo será con los dóciles y sumisos?

Condesa: “Nomen est omen.”

Espuma: No hablo la lengua de Dios…

Condesa: ¡¿Y le ruegas a un Dios que no habla la tuya?! “Tu nombre es tu destino.” Conozco

la historia. Dios nunca pisó esta tierra, Espuma.

Espuma: Si nos juzgaran por lo que pensamos, nos guillotinarían a todos.

Condesa: Muerte buena y rápida. La asfixia y la decapitación liberan el alma del animal que pisamos. El alma habita en las ideas.

Entra una botella por la ventana. Se estrella contra el piso de la habitación. La Condesa corre a la ventana y mira hacia abajo mientras Espuma recoge un rollo de papel entre los restos de vidrio. Lo despliega y lee.

Condesa: Nunca te enseñé a leer. Perdón.

Espuma: No leo. Imagino.

Condesa: (Observando el papel.) Son dibujos.

Espuma: Son ideas.

Condesa: Enséñame a leerlas.

Espuma: (Señalando en el papel.) Este hombre fuerte obedece a esta mujer desgarbada.

Condesa: El hombre parece una mujer. En esta casa uno es lo que parece… ¿Qué le dice la mujer fuerte a la mujer desgarbada?

Espuma: “El tiempo es breve y debes beber de la copa…” (Pausa. Vuelve al papel y a sus dibujos. Señala un dibujo.) Los jugos de este árbol se desangran en la copa.

Condesa: Parece un Xolocócotl…

Espuma: El árbol de la guayaba… (Señala otro dibujo en el papel.) Un caballero sostiene la copa.

Condesa: ¡Qué gallardo! Parece un Don Juan…

Espuma: El caballero da de beber a la mujer desgarbada.

Condesa: ¿Y este niño?

Espuma: No es un niño.

Condesa: Siente como niño. (Señalando otro dibujo en el papel.) La mujer fuerte ama al niño.

Espuma: ¿Y el niño? ¿Ama a la mujer fuerte?

Condesa: (Le arrebata el papel. Observa y señala.) En la última imagen, el niño sepulta a la mujer desgarbada.

Espuma: Es la madre.

Condesa: No entiendo.

Espuma: Está claro.

Condesa: ¿Quién la envía?

Espuma: Ignoro.

Condesa: (Tomándola del cuello con fuerza.) ¡Mientes, carroña!

Espuma: Mi señora, por favor…

Condesa: ¡¿Quién la envía?!

Espuma: No puedo respirar…

Condesa: ¿Qué dice? (Con las últimas fuerzas, Espuma acerca el papel a la llama de una vela y el papel se incinera en un instante. Espuma se desvanece en el piso.) Piensa, María Magdalena… No en vano llevas su nombre. Escapaste de las piedras pero ningún Redentor te protegerá esta vez. Debo apresurarme aunque se anuncie el final. Meter hilo y sacar hebra. Cada vez estoy más sola, rodeada de piedras que simulan un castillo. Enterrada contra un paredón y desnuda, me quedan mis joyas. Todos las quieren, por eso me cortejan. Sin embargo, hay un rumor, alguien me respira en cuclillas, susurra mis nombres cual hechizo de Coatlicue, yo también soy una madre sin cabeza y arropada por mil serpientes. Las escucho deslizarse por la casa, espiarme dormida, insinuarme los sueños hasta mancharlos de bravura en la penuria de la noche. (Toma la guillotina.) Venceré a la muerte como una estatua de mausoleo, aunque no descanse ni en mi féretro. Me venerarán las herejes e iluminarán mi cuerpo cuando sea vaciado, rellenado con seda y carcomido. Ni en las formas de la carne moriré esta vez. Uno de ellos me traicionará, pero quién. (Hace caer la cuchilla de la guillotina. La actriz jugará con el sonido de la cuchilla para acentuar su palabra a partir de este momento.) Mi niña tan blandita… Mi hijo sin impronta… Mi confesor y amante… ¡¿Quién?! (Pausa.) Coatlicue, madre y señora, también viviste la traición de tus hijos. Sea mi ruego una voz en tu montaña y hazme aceptar con valentía los designios de mi suerte para que mi voluntad siempre ordene, aún en la travesía de la muerte.

 

 

— 7 —

Techo del torreón más alto de la casona. Fray Tomás nuevamente con su atuendo de monje y Justo José, ambos de pie, se toman del pararrayos que hace también de brújula con los puntos cardinales. Espuma sentada con la ratita Lilith en sus manos.

Fray Tomás: No puedo comprender lo que dicen las jerarquías superiores.

Justo José: ¿Tampoco a los serafines?

Fray Tomás: Sólo a los querubines.

Justo José: Los soldados rasos del Señor.

Fray Tomás: La primera línea de defensa.

Justo José: Mentiroso.

Fray Tomás: Tiricnili pitrispi kis guayaba miñi is triri pivit

Justo José: Pibit.

Fray Tomás: No, pivit. Con V.

Justo José: Suena igual.

Fray Tomás: ¡No discutas! Pibit no significa nada, en cambio pivit... Soy yo quien habla querubínico.

Justo José: Traduce.

Fray Tomás: El veneno en el jugo de guayaba mata sin dolor.

Justo José: (Sonriendo, como si fuera un elogio.) Asesino…

Fray Tomás: Hemos obrado bien.

Justo José: Bufón de feria.

Fray Tomás: Sis vis milnic pritíviri…

Justo José: En español castizo.

Fray Tomás: Su muerte es justa.

Justo José: ¿Y los Arcángeles?

Fray Tomás: Ah, eso sí que no. (Muy académico.) El arcangélico es indescifrable. Somos humanos y no dioses.

Justo José: Mi madre jugaba a ser Dios.

Fray Tomás: Por eso no siento culpa.

Justo José: ¿Y ante el Señor?

Fray Tomás: Sumisión y obediencia.

Justo José: Yo no creo en los santos.

Fray Tomás: Por eso yo huelo a jazmines y tú no.

Justo José: ¡Otro cuento de su iglesia! (Con mofa.) La estela perfumada que dejan los santos cuando pasan… ¡Patrañas!

Fray Tomás: Tu madre se perfumaba conmigo…

Justo José: Cállese.

Fray Tomás: Bebía mi saliva cuando me besaba…

Espuma: ¿Y con los impíos? (Mira a ambos.) ¿Sienten su hedor?

Justo José: El aura de los santos y el hedor de los impíos… Escribiré un tratado de metafísica herética… Mi madre apestaba e irradiaba.

Espuma: (Mirando hacia abajo.) Están conquistando la tierra.

Justo José: Toda la culpa la tiene tu Teología…

Fray Tomás: Sacrílego, la Razón te nubla.

Justo José: Y se siente tan reconfortante…

Fray Tomás: (Fanatizado, con algún tic nervioso.) ¡La sumisión a la Fe es libertad para el espíritu!

Espuma: ¿Escuchan los gritos?

Justo José: Usted amordaza con sus credos al dios vivo.

Pregonero: (En off. A viva voz.) Tamales del sur, tamales calientitos, traigo de salsa roja, de mole y de dulce. Tamales del sur, tamales calientitos…

Fray Tomás: ¡Espantajo, te vistes como un pregonero!

Justo José: ¡Y tú vistes de marrón y no perteneces a esta tierra!

Fray Tomás: El negro y el marrón son los colores del retraimiento y el duelo cristianos.

Justo José: ¡Basta de muertos!

Espuma: Nadie escucha los gritos…

Fray Tomás: (A Espuma.) Yo te perdoné la vida.

Espuma: Se pelean por las hembras, por eso chillan. Son tantas, se reproducen tan rápido. Corren de un sitio a otro, trepan los árboles, saltan de rama en rama.

Justo José: (A Espuma.) Yo te salvé.

Espuma: (A Lilith mientras la acaricia.) Estás a salvo conmigo, doncella.

Fray Tomás: Somos corderos del buen pastor.

Justo José: Todo rebaño esconde a un lobo vestido de cordero…

Fray Tomás: Tienes las uñas sucias.

Justo José: Es tierra. Pronto cavaré tu tumba.

Fray Tomás: Tu mente es sucia.

Justo José: Tu alma también y fíjate, sigues vivo.

Espuma: Curioso el destino de los hombres… Nacemos y morimos en un pozo de tierra. Observen, el pregonero acaba de ser mordido por una. Salta en un pie del dolor, desparramando sus tamales por doquier. La fiebre entra por las patas y la rabia no tardará en hacer efecto. En las próximas semanas esta ciudad tendrá a su primer revolucionario… Meter hilo y sacar hebra, repetía siempre mi Señora… Observen, los niños toman los tamales y huyen. Ríen. Están hambrientos… Los niños no les temen a las ratas. Ya no veo bien. Pasa una nube. Lloverá otra vez. Démosle tiempo.

Justo José: Necesitaremos un nuevo libro, como el que redactan los héroes del norte. (Relámpagos y truenos a lo lejos. Fray Tomás y Justo José miran el cielo.) Y así fue.

Fray Tomás: Tal como lo dije.

Espuma: Augurio de brujo.

Justo José: Ni fraile ni santo.

Fray Tomás: Brujo.

Justo José: ¿Qué harás con tanta tierra?

Fray Tomás: Fundaré un Edén en la Nueva España. Una tierra prometida donde hombres y mujeres conjuguen sus fluidos y engendren una sangre nueva, mestiza de todas las etnias, credos y latitudes…

Justo José: Creer y poder no hacen buenas migas.

Fray Tomás: Creer y poder son verbos cuya diferencia no es de naturaleza sino de grado.

Justo José: Yo sólo creo en lo que puedo demostrar.

Fray Tomás: (Soberbio.) Y yo te demuestro que puedes hacer todo aquello en lo que creas…

Trueno fuerte. El pararrayos del que se aferran Fray Tomás y Justo José recibe la descarga de un rayo. Con un gritito agudo Justo José alcanza a soltarse. Fray Tomás se electrocuta a semejanza de los dibujos animados de los 80 y finalmente se desploma. Silencio.

Justo José: Nuestro final también será abrupto.

Espuma: Se nos acaba el tiempo.

Silencio.

Justo José: Llueve.

Silencio.

Espuma: Aguanieva…

Silencio.

Justo José: ¡Nieva!

Silencio.

Espuma: El porvenir será ingrato.

Silencio.

Justo José: Ratitas en su laberinto se perderán con esperanza.

Silencio.

Espuma: Sea.

Luego de un largo silencio. Oscuro.


Gonzalo Villanueva Irañeta. Creador escénico formado en Buenos Aires, Nueva York y Madrid, donde obtuvo el magíster en Creación Teatral en la Universidad Carlos III, estudiando con figuras como Juan Mayorga, Enzo Corman, Andrés Lima, Jaime Chabaud, Marco Antonio de la Parra y José Sanchis Sinisterra. Su trayectoria combina el rigor del Método, tras su paso por el Lee Strasberg Theater Institute, con una profunda inmersión en técnicas como View Points, Grotowski, Lecoq y el trabajo del Odin Teatret. Ha integrado compañías de referencia como Repertorio Español (NYC) y el Colaboratorio del Nuevo Teatro Fronterizo, Madrid. Ganador de la beca Iberescena 2019, ha desarrollado una obra que cruza dramaturgia, actuación y dirección con una impronta física y simbólica. Entre 2021 y 2025 residió en México, donde montó seis textos teatrales, cinco de su autoría en Foro Shakespeare, Teatro Milán, La Teatrería y Teatro La Capilla.

Doña María Magdalena y la rata que nos mordió, obra inédita, fue seleccionada en la convocatoria Irrepetibles del Teatro La Capilla, con patrocinio de la Secretaría de Cultura de México.

Las autorizaciones para el montaje de esta obra pueden solicitarse al autora en la siguiente dirección electrónica: cuevadezorros@gmail.com

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