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Esto no es una obra, es un asalto

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Esto no es una obra, es un asalto, se presenta en la Sala Salvador Novo de Teatro La Capilla los sábados a las 6 p. m., hasta el 29 de agosto del 2026.
Esto no es una obra, es un asanto, dirección y dramaturgia de Rodrigo Rivas Salgado. Foto: @ApuntesDeActuación

Antonin Artaud, en su teoría sobre el “Teatro de la crueldad”, afirma: “No somos libres. El cielo puede caernos sobre la cabeza. Y el teatro está hecho para enseñarnos eso”. Su propuesta dramatúrgica giraba alrededor de la apuesta por confrontar al espectador y exponerlo ante las vicisitudes de lo humano. Recordar nuestra vulnerabilidad, no desde una mirada estoica, sino desde la posibilidad del caos y la rendición. No puedo pensar en otra referencia después de ver Esto no es una obra, es un asalto, pieza con dramaturgia y dirección de Rodrigo Rivas Salgado. La trama sigue a Luis, un actor frustrado para quien las cosas marchan de mal en peor. Su cotidianidad se reduce a sobrevivir junto a su amigo Carolo y la banda de música experimental con la que apenas juntan unos cuantos pesos. La música funciona como catarsis —y demuestran tener talento—, pero no un leitmotiv; al menos para Luis, cuyo mayor deseo es actuar y arrastrar a sus amigos hacia el éxito. El destino, sin embargo, se empeña en llevarle la contra. Una serie de eventos desafortunados lo hunden por completo hasta que un asalto trastoca su existencia. ¿Oportunidad o mala suerte? Parece una mezcla de ambas. Luis le pide a Yonatan que le enseñe a robar a cambio de una paga, bajo el pretexto de que necesita prepararse para interpretar un personaje. En el pacto que realizan no dimensionan que ello habrá de marcar sus destinos.

Después del planteamiento inicial, se viene una caída libre con varios aciertos; para comenzar, el libreto y los diálogos, pues la progresión de las acciones ocurre en la justa medida de los 120 minutos de duración, para que el vértigo se sienta real. Los diálogos, aunados a las buenas actuaciones de Emmanuel Pavía (como Yonatan) y Alexis Briseño (como Luis), logran momentos arquetípicos que trascienden lo intrépido o banal de una situación. Rodrigo Rivas es cuidadoso al trazar el mensaje implícito: ¿cuántos no persiguen el sueño de crear y dejan sudor y sangre en el camino mientras la suerte les juega en contra? ¿O es que simplemente nos vemos reducidos a nada en un mundo repleto de anhelos? ¿Y si la única solución es la anarquía?

La transgresión es la apuesta; incluso surgen dilemas morales donde el espectador no la tiene fácil para emitir juicios. La intensidad que cobra la obra hacia el desenlace, cuando se rompe la cuarta pared y juegan con el teatro inmersivo, se convierte en una herramienta poderosa para abandonar la distancia contemplativa y sentir el sudor, la saliva, los golpes, la furia, la tristeza: todo un raudal de emociones.

Al final, tras sortear diversos obstáculos, se enfrentan al enemigo principal: Miguel, el hermano de Yonatan. Él encarna muchos males nacionales, como el cinismo de la filosofía de barrio (“Querer es poder”, “Hay que chingarle en lo que deja, no en lo que sea legal”, “Mientras el dinero sea necesario, da igual de dónde provenga”, “Ánimo, sí se puede”). Es la figura del capo omnipresente, del que para escaparse hay que cortarle la cabeza esperando que no le surjan dos más. La lucha que enfrenta Yonatan es conmovedora, salir de una prisión que parece perpetua por la suerte del destino. ¿El arte lo redimirá? ¿Acaso redimirá a alguien en este mundo?

Si estas líneas sugieren que se habla de una obra seria o pesimista, sí, por momentos lo es, aunque también desborda ironía y comicidad; después de todo, sólo a través del humor inteligente y empático somos capaces de soportar las peores desgracias.


Dramaturgia y dirección: Rodrigo Rivas Salgado
Compañía: La Oficina General de Ideas Inútiles
Elenco: Emmanuel Pavía, Alexis Briseño, Sebastián Cobos, Alonso Celma, Carolo Vargas
Producción ejecutiva: Yoeli Padrón
Diseño de espacio y vestuario: Oficina General de Ideas Inútiles y Anayasi Díaz Gómez
Diseño de iluminación: Juan Pablo Aguayo y Rodrigo Rivas Salgado
Diseño de mural: Anayasi Díaz Gómez
Diseño Sonoro y Musical: Carolo Vargas y Sebastián Cobos
Apoyo Técnico y asistencia de dirección: Diego Marzuca
Asesoría dramatúrgica: Carolo Vargas y Andrés Opaso Molinari
Asesoría en Combate: Ramón Cadaval
Diseño gráfico: Rebeca Arreola
Diseño y realización de tatuajes: Guadalupe Flores

Género: tragicomedia
Duración: 120 minutos
Obra apta para adolescentes y adultos

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