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El Circo, nostalgia artística

Date:

Farsa cómica en la Sala Salvador Novo, de el Teatro La Capilla hasta el 5 de julio

El Circo. Fotos de Adrián Martagón

El oficio del actor es perseguir audiciones. Sobrepasa el número de rechazos a las aceptaciones que en toda su vida recibirá. Los actores se han forjado una resiliencia impresionante frente a las inclemencias de su oficio, esa fortaleza vuelve a los más constantes unos guerreros escénicos. La obra que visité el fin de semana comienza con una audición, que es el pretexto para el encuentro de dos personajes disímiles y entrañables.

El Circo cuenta la historia de dos artistas que asumen su oficio desde distintos lugares: Nina y don Jesús. Nina es una acróbata vetusta que añora las viejas glorias de su pasado artístico. Hay por todo lo alto un cuadro, donde ella luce hermosa e imponente, que vigila en todo momento la rutina decadente de Nina, quien ya no puede hilar una secuencia corporal sin que la fuerza de sus piernas la traicione. Enfrente está don Jesús, un cómico musical romántico que enfrenta las adversidades con una sonrisa. A pesar de no tener un cuerpo virtuoso, sabe perfectamente que sus fortalezas están en el sentido del humor con el que observa el mundo.

Estos dos personajes se encuentran por una azarosa confusión que les implica algunas trampas para su sano encuentro. La dramaturgia tiene un sabor predominante  de nostalgia (me recuerda El canto de cisne  de Chéjov), los personajes abrazan sus ideales guajiros con mucha ternura. También el texto contiene una propuesta lúdica que es al mismo tiempo un reto escénico para los intérpretes, pues en contraste con ese estatismo sentimental hay una luz de comicidad y humor físico  constante. Esta pieza está emparentada con dos clásicos del cine estadounidense: Candilejas (Chaplin 1952) y El crepúsculo de los dioses (Wilder 1950). En ambas cintas encuentra una rima consonante con el artista vetusto que añora su glorioso pasado. Con Candilejas quizá encuentra una rima más visual en su estética y su ligereza humorística.

Para mí fue una gran sorpresa poder asistir a esta nueva versión de la obra que parte del mismo equipo ya había llevado a escena en 2024 (Centro Cultural El Hormiguero). ¡La obra adquiere otra dimensión! La dirección de esta obra ahora tiene la batuta de su propio dramaturgo: Alejandro Esquivel, quien apuesta por contar esta historia apoyado en la poética clown. El espíritu del clown no es solo un artilugio superficial de colores, vestuario y maquillaje, también está sostenido sobre pilares emocionales como la ternura, la sorpresa y la música. El discurso de la puesta en escena vuelve la mirada del espectador al pensamiento de nuestros anhelos ¿En qué lugar se ubican nuestros sueños, en los sueños pretéritos o en los futuros?

El maestro Gustavo Salas acompaña musicalmente a los actores. Es impresionante la cantidad de instrumentos con los cuales escolta la fábula teatral, principalmente acompaña con el sonido romántico de su piano, pero también acentúa los momentos caricaturescos con instrumentos como el acordeón, el carillón, la matraca o el kazoo. Definitivamente sin la música en directo del maestro Salas la historia sería diferente.

El elenco está integrado por Estefanía Sahi y Nelson Rodríguez. Ambos actores logran un contraste interesante que se apoya sobre los roles establecidos en el clown: cara blanca (Nina) y Augusto (don Jesús). El primero es perfeccionista, tiende a la seriedad y la autoridad, mientras que el Augusto es torpe, ingenuo e infantil. Estefanía Sahi tiene un destacado manejo de su corporalidad y pone el gesto al servicio situacional que atraviesa su personaje con riesgo, pero también con cuidado. Estefanía Sahi se escapa, en algunos momentos, de la cita que tiene con el dolor interno de su personaje. Es evidente que Rodríguez tiene un dominio claro y conciso de la técnica clown. Sobresale su precisión orgánica y el compromiso que tiene con la comedia física.

El circo es una farsa cómica para toda la familia. Se encuentra en temporada en la Sala Salvador Novo (Madrid 13, Coyoacán) los domingos a las 12:30 h hasta el 5 de julio. Tiene una duración de 55 minutos. Las entradas tienen un costo general de $300 y pueden adquirirse a través del sitio boletópolis.com o en la taquilla del Teatro La Capilla.

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