Segunda colaboración de estudiantes del DESAEP de la UV.

La bruja, la reina malvada, la seductora. O la que tiene sed de venganza por haber sido desterrada y busca desviar el curso lineal de las historias. Así son las villanas, que gozan con hacerle la vida imposible a las y los protagonistas de los cuentos. Se les acusa de estar llenas de perversión, de moverse en un mundo retorcido y de estar descarriadas del buen camino. Con sus argucias y trucos complican y ponen de cabeza lo que estaba destinado a tener un final feliz.
Sin embargo, a través de la picardía, el cálculo y el ingenio con que hacen sus fechorías, las villanas imprimen interés a los relatos y hacen que los mundos se movilicen y se agiten. Son enemigas de la tradición. Llevan a moverse de lugar, a torcer lo fijo, a buscar otros órdenes del mundo.
En y desde el campo de la danza contemporánea en México, esto es lo que propone la puesta en escena Vi11anas, la cual remite a algunos de estos personajes arquetípicos que podemos encontrar tanto en telenovelas mexicanas como en películas de Disney.
Vi11anas es una intervención dancístico-performática que confronta y desmantela los binarismos de género, la heteronorma y la moral religiosa judeocristiana. Al retomar elementos cliché asociados a la cultura popular homosexual mexicana, lleva a transitar por el lugar común para, desde ahí, reconocer la potencia política y estética de los cuerpos no binarios, gays, travestis, drag, cuir y/o maricas.
Con el fin de evocar la postura de género fluido que plantea Vi11anas, respecto al cuestionamiento de los imaginarios dominantes en torno a lo masculino y a lo femenino, en algunos casos utilizo la letra x para referirme de manera inclusiva a lxs artistxs.
En esta propuesta dancística, Edgar Pol (Morelia, Michoacán) y Octavio Dagnino (Mexicali, Baja California) unen sus esencias creativas para provocar al público como lo hacen las villanas en las telenovelas y los cuentos de hadas. Ambxs artistxs cuentan con una trayectoria profesional dancística de al menos diez años.
Pol, quien es conocido como Toto, dirige la compañía Viernes Roza, cuyo sello distintivo es cuestionar el orden patriarcal y las convenciones dancísticas desde una estética abigarrada, que resulta cómica y contestataria al mismo tiempo. Por su parte, al lado de la coreógrafa Daniela Vázquez, Dagnino encabeza el proyecto Almas sin aval, que se caracteriza por sustentar sus propuestas coreográficas en la improvisación y en la construcción conceptual en torno al cuerpo.
Al danzar, ambxs bailarinxs realizan pequeñas acciones y gestos que se alejan del virtuosismo acrobático, así como de las complejas secuencias de movimientos y/o ejecución de pasos preestablecidos en técnicas dancísticas academicistas.
En muchos casos, estas últimas provocan que el cuerpo que baila aparezca como una maquinaria capaz de ejecutar movimientos impactantes a primera vista, pero carentes de sentido, intención o conceptualización. Se trata de formas corporales vacías y estériles que no permiten que florezca una danza capaz de interpelar a quienes estamos expectantes ante el hecho escénico.
Una escena memorable es la de dos bailarinxs que permanecen de pie, con una rodilla semiflexionada, en una actitud solemne y marcial. Es como si atendieran a la orden de “paso redoblado” dictada por el sargento de una escolta. Desde la quietud total, su exuberante presencia inunda el espacio, como dos botones de flores que emiten su fragancia.
Los cuerpos de esa pareja de bailarinxs están ataviados con prendas de gala color rosa pastel y holanes de finas telas, como el chiffon y el shantug, que contrastan con botas negras de grandes suelas. A través del vestuario, Adriano Antigvo construye una potente imagen quimérica que insinúa una celebración de quinceañeras punk. Alonso Mendoza es encargado del styling.
Lxs artistxs proponen un juego de lo indefinido y lo mezclado de dos seres que no sabemos si son mujeres, hombres o monstruos. Cual divas de cine, como María Félix y Katharine Hepburn, lxs villanxs aguardan inmóviles y altivas mientras la concurrencia observa intrigada.
Cuando la quietud se evapora, con pisadas lentas y pesadas, lxs bailarinxs marcan un trayecto lineal que se abre paso entre el público. Al unísono, desenvuelven dos largos trozos de tela rosa con una meticulosidad casi sacra. De a poco, los dejan caer al piso para quedar como estelas o líneas que bien pueden ser metáfora de la construcción de un camino otro, de una vía alterna y disidente para transitar la vida, el sexo, el género.
El estado de tensión se rompe con la voz de Alejandra Guzmán. Así, al ritmo de Un grito en la noche, Pol y Dagnino corren a toda velocidad por el espacio. Primero, ondean con orgullo las telas rosas. Luego, las doblan, las extienden, las repliegan y se envuelven en ellas. La exploración que lxs bailarinxs desarrollan con estas telas genera imágenes de masas amorfas, indescifrables y abyectas que, en una dinámica de ocultamiento, revelan la presencia de cuerpos en transformación.
Conforme transcurre, Vi11anas adquiere un humor crítico y reflexivo acerca del auto- reconocimiento, la identidad, el bienestar y la gratitud. Del cuello de cada bailarinx cuelga una máscara blanca que vomita listones rosas. Se trata de una alusión a manchar, a ensuciar con lo marica los ideales del cuerpo que prevalecen en una sociedad heterosexual, patriarcal y religiosa.
Cuando lxs bailarinxs vuelven a la quietud, una persona pone un micrófono a la altura de las máscaras. Comienza un vaivén del micrófono entre una máscara y otra, perfectamente sincronizado con un audio en el que se escucha a Juan Gabriel. El audio es una edición de varias frases emitidas por el cantautor en diversos momentos de su vida. Está estructurado de tal manera que parece que el “Divo de Juárez” se entrevista a sí mismo.
La escena anterior también es un tributo a las voces maricas del pasado. En este caso, se logra a partir de la atinada elección sonora de este cantante que, a garganta abierta, con emotivas letras y un peculiar estilo de baile logró colocarse en la cúspide de la música popular regional mexicana. Con ello, desordenó o al menos puso en entredicho el machismo tan arraigado en la sociedad mexicana de finales del siglo pasado.
La propuesta artística plantea el género no binario y lo marica desde una danza mínima que podría estar más cercana al performance que a la danza escénica convencional. No es la única en su tipo, pero destaca por su contundente pronunciamiento hacia lo lúdico y lo experimental. Por un lado, responde a una línea de indagación creativa sobre la disidencia
en torno a la heteronormatividad en el contexto mexicano que abrieron otras, otros y otrxs bailarinxs y coreógrafxs de danza contemporánea. Por ejemplo, la compañía La Cebra Danza Gay, dirigida por José Rivera, o los trabajos coreográficos de Antonio Salinas.
Por otro lado, en lo que respecta a la danza mínima o la no-danza, como contrapunto de los excesivos fraseos de movimiento asociados a la danza contemporánea mexicana, destacan las aportaciones de Evoé Sotelo y Benito González. Ellos, desde 1992, con su compañía Quiatora Monorriel, cavaron surcos que han permitido sembrar y cultivar otros tipos de propuestas dancísticas que revitalizan, sacuden y son antagonistas de lo establecido, como lo es Vi11anas.
Esta puesta en escena formó parte de la programación de los Impactos Coreográficos, del Encuentro Nacional de Danza 2024, organizado por la Coordinación Nacional de Danza de la Secretaría de Cultura. La presentación tuvo lugar en el mezzanine del Teatro del estado “Gral. Ignacio de la Llave”, en Xalapa, Veracruz, el 8 de septiembre de 2024. Vi11anas no es para contemplarse pasivamente. Es una invitación para acuerpar la diferencia, la incomodidad, el cambio de perspectiva, el respeto y la inclusión.
Vi11anas. Coreografía-performance: Edgar Pol, Octavio Dagnino y Alonso Mendoza. Vestuario: Adriano Antigvo. Música: Ruth de las Plantas, Ozmandia’s Dream, Juan Gabriel y Alejandra Guzmán



