La Alacena, unipersonal que reflexiona sobre lo que significa ser mujer

La Alacena es un monólogo teatral escrito y dirigido por Tanya Huntington que aborda la vida y obra de María Izquierdo, figura esencial en la historia del arte y la cultura de México en el siglo XX.
Se trata de un documental en miniatura —con toques de ficción— que revela la fascinante biografía de la artista, narrada por ella misma. El texto abarca desde la comedia hasta la tragedia, exigiendo una gran versatilidad actoral.
La actriz Adriana Moles interpreta a María Izquierdo con libertad e intensidad sobre el escenario. El texto de Huntington es un testimonio de la resiliencia creativa en una época de transición posrevolucionaria, cuando, según la propia Izquierdo, “era un delito ser mujer y tener talento”.
La Alacena es ideal para espacios interesados en rescatar y fomentar el reconocimiento de figuras históricas que han sido olvidadas, poco exploradas o subvaloradas como protagonistas culturales de México.
Los objetos de utilería, creados por Lü Robinson, simbolizan las aportaciones de Izquierdo como una pintora parteaguas, además de recrear diversas escenas de su vida familiar y amorosa.
La escenografía sonora ha sido diseñada por Adolfo Cortés, Miguel Hernández y Tania Negrete. El diseño de iluminación corre a cargo de Esteban Castellanos y Alma Curiel. En escena participan Adriana Moles como María Izquierdo y Pepe Malabartínez como El Circense, además de los talentos de voz en off de Hernán Bravo Varela, Esteban Castellanos, Tomás García, Adrian Ollé-LaPrune y Eduardo Zambrano. La dramaturgia y dirección es de Tanya Huntington.

La Alacena se presenta los viernes 10, 17, 24 y 31 de octubre, a las 20:00 horas, en la Librería Mauricio Achar – Miguel Ángel de Quevedo 121, Sala ExpresArte.
Precio del boleto: $200 en Boletópolis / $250 en taquilla una hora antes de la función.
En 1930, María Izquierdo fue la primera mujer mexicana en exponer su obra en Estados Unidos (en el Art Center de Nueva York), un logro extraordinario para su tiempo. Esto la posicionó como pionera en la internacionalización del arte mexicano. Aunque fue cercana a figuras como Diego Rivera, José Clemente Orozco y Rufino Tamayo (con quien tuvo una relación personal y artística), nunca se subordinó al movimiento muralista, dominante en esa época. Al contrario, defendió una estética más íntima, introspectiva y profundamente mexicana, alejada de la propaganda política.



