A partir del 1 de agosto, en la Capilla Gótica del Helénico

Todos conocemos al actor que interpretó a Tartufo junto a Demián Bichir en el filme Hidalgo, y recientemente al emblemático pianista de Novecento: Juan Ignacio Aranda. Está a punto de abrir temporada con una obra basada en varias leyendas reales de habitantes del barrio de San Ángel, ambientadas en el México colonial del siglo XVII.
“El vestuario de todos nosotros —lo menciono especialmente— es de Mónica Raya: un vestuario espléndido. No hay zippers, velcros ni botones de acrílico, nada de eso. Todo son agujetas, botones grandes de piel, levita, chalequillo… Mi traje es pesado, de época; tengo un tricornio inglés finísimo. En fin, el vestuario me tiene muy contento, aunque es difícil de manejar.”
Son tres leyendas, no de terror propiamente dicho. En aquella época —1650, 1680— había mucha superstición. A estas personas se las veía como ánimas en pena. Hubo un tiempo en que los vecinos de San Ángel atrancaban puertas y ventanas por la noche, porque oían voces y llantos.
Una de las historias gira en torno a don Rodrigo Mendoza de Icaza, un grande de España, criollo (no peninsular), con una gran fortuna, minero de San Luis Potosí. Habita en San Ángel y tiene una gran casa; es de familia de abolengo. Esta es una historia independiente de las otras dos.
“Es la leyenda de un malvado, un tipejo adinerado con poder eclesiástico y judicial. Al estudiarlo junto con el director, Rafael Pardo, llegamos a la conclusión de que era un psicópata. Tiene todas las características: no tiene piedad ni empatía, no le duelen las cosas, no sabe llorar, no tiene emociones. Ha asesinado personas, ha violado niñas y mujeres. No cree ni en Dios ni en el Diablo. Provoca a la muerte.
Sale solo por las noches a caminar por los barrios de La Lagunilla. Iba desde San Ángel en busca de la muerte. Aprende a manejar el sable, la espada y el florete. Tomé durante mes y medio clases de esgrima; en escena tengo un duelo muy difícil, con unos cincuenta lances. Ha sido un entrenamiento arduo.
El personaje muere y no es perdonado. No hay acto de contrición. Sin embargo, está enterrado en el convento de San Ángel.”
Se cuenta que, al morir, don Rodrigo cedió gran parte de su fortuna a la Iglesia y fue enterrado según los ritos religiosos. Pero, según los vecinos de San Ángel, su ánima quedó en pena. Se le oía gritar por su padre, su madre, su hermano (a quien, al parecer, asesinó). Gritaba pidiendo clemencia, implorando descanso. Una leyenda muy interesante. Estoy contento con el proyecto.
Estrenamos el viernes 1 de agosto de 2025, en la Capilla Gótica del Helénico. Tendremos una función los viernes, dos los sábados y una los domingos, probablemente hasta septiembre.
“Hay un elenco estupendo conmigo. Lisbi Cuéllar —a quien conocí con Miguel Sabido— interpreta a mi hermana. Tienen una relación muy problemática. Hay una frase que marca el tono: ‘No soy ese niño a quien podías aterrorizar con tus castigos’.
A partir de ahí construimos la idea de que el personaje es un psicópata. Ella era mayor, catorce o quince años. Cuando mueren sus padres, se queda a cargo del hermano. No sabe qué hacer con él: desde niño es un rebelde, imposible de educar.
Pensé que era como Renfield, el personaje de Drácula: mata animales. Comienza con un gatito, luego un perro, después decenas de novillos. Nunca se hace torero, pero es muy diestro con la espada. Se bate a duelo, mata gente. Es un personaje muy atractivo.”
Las otras dos historias no tienen relación con esta. Una trata de un monje y una mujer del siglo XVII. Mujeres muy religiosas, beatas, que se enamoran de los monjes. Él quiere llevar una vida piadosa, digna, sana… pero es difícil con esa dama. Es una leyenda muy famosa.
Los personajes tienen nombre y apellido: vivieron de verdad.
La tercera historia es la de un niño. En escena participa un infante, Rogelio, en su primera experiencia teatral. Lo está haciendo muy bien, aunque es un papel difícil. He estado en algunos ensayos, no en todos.
Apenas tuvimos acceso a la Capilla Gótica recientemente, ya que estaba ocupada con otros eventos.
“La música es en vivo: una flauta transversal interpretada por una chica de apellido ruso y su pareja, un violinista. Acompañan muy bien las emociones de la obra: momentos terribles, mortuorios, dramáticos o alegres, también retratan la vida en el campo.”
Elenco: Valentina Gerberoff, Lisbi Cuéllar, Miguel Ángel Morales, Antonio Rojas, Loreli Mancilla, Esteban Montes, Alicia Lara, Rogelio Villegas, Aldo Preciado.
Música: Maria Vakorina, Eduardo Espinosa.
Vestuario: Mónica Raya.
Dirección: Rafael Pardo.



