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Títeres en el inframundo

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Aquetzalli el último apapacho en el Festival Muuki 2024

Aquetzalli, el último apapacho. Foto de Perla Mapula.

El día de los muertos, la fecha donde nuestros muertos regresan a casa, se origina en el año 998 donde fue instaurada por San Odilón, abad del monasterio de Cluny en Francia, que después en el siglo XVI llega a México poco tiempo después de la conquista. Hoy en día celebramos una fusión de prácticas indígenas y formas cristianas.

La compañía de títeres Teteutzin Artes Vivas dirigida por Miguel Rodríguez y Perla Mapula, nos llevó a un recorrido entre el mundo real e irreal con la obra Aquetzalli, el último apapacho, dentro del Festival Muuki del Día de Muertos en Durango capital. La historia está basada en la mitología mexica, donde nos
cuenta la historia de una cachorrita xoloitzcuintle que busca a su abuelo Othonqui, pero nadie de su familia le informa donde se encuentra y será la deidad Tezcatlipoca quien le revele su paradero y así inicia un viaje hacia el Mictlán (inframundo) donde Aquetzalli tiene que aventurarse a cruzar sus nueve niveles solo para darle un último apapacho a su abuelo amado.

La ternura, el amor filial, la perseverancia y el coraje son los ingredientes en esta obra de títeres combinados con las 9 técnicas que se aplicaron como son: guante, varilla, boca, planos, mesa, puppi, marioneta, wayang kulit (sombra indonesa) y animación de objetos. En la historia se representan los 9 niveles con 3 que corresponden al sincretismo colonizador entre la religión católica y las manifestaciones rituales mexicanas: El cielo, el purgatorio y el infierno; para ilustrarlos escénicamente se utilizaron elementos de las ofrendas, el pan de muerto, cañas de azúcar, pedernales de obsidiana y papel picado reinterpretados en telas. El diseño lumínico se basa en texturas y temperaturas, luz blanca, luz amarilla y ultravioleta para dar a cada nivel la atmósfera adecuada.

La obra escrita por Perla Mapula y Miguel Rodríguez, cuenta con música original con aires y sonidos tradicionales del México Prehispánico y contemporáneo. Nueve ritmos que nos integran a la trama donde son
interpretados por el músico Jesús Solís con su guitarra, ocarina y pandero y con letra de Miguel Rodríguez. La obra, nos comentan sus autores, “aborda la despedida y el duelo visto a través de las infancias; es un homenaje a la civilización mexica donde su cosmovisión y forma de abrazar la muerte como parte de la vida, marcó una fuerte relación del ser humano con el cosmos y las esencias vitales”.

Aquetzalli, el último apapacho, una propuesta escénica interesante convertida en arte como expresión humana para comunicar y procesar emociones ante la perdida significativa de un ser querido, que puede ayudar de alguna manera a un proceso difícil pero inevitable, a afrontar la situación para adaptarse y seguir adelante en la vida.

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