Primavera de 2020, en un Madrid confinado que no logra si-quiera dar sepultura a las personas víctimas del virus, dos mujeres de ochenta años, pareja tardía, recluidas en una residencia de ancianos conciben un plan de fuga…
A Rocío Galiano y Raquel Arribas.
En primera línea aquella primavera…
Personajes
Victoria
Coral
Saturnino
Carón, el taxista
Voces por megafonía y en la radio
I. Intramuros
Se escucha, incomprensible, un programa de radio en un receptor analógico.
Victoria: (Mirando su reloj.)Baja la radio, Coral, y cálzate ya.
Coral: ¿Cómo?
Victoria: Está alllegar. Cálzate. (Se pone en pie ayudada por su bastón.)
Coral: ¿Ya son las ocho?
Victoria: Menos diez. (Apaga la radio.)
Coral: Fíjate cómo estoy sudando. A ver si me va a dar la taquicardia.
Victoria: Cuanto menos lo pienses, mejor.
Coral: ¿Y si lo dejamos para otro día?
Victoria: Ni hablar. No se aplaza más.
Coral: Mañana, si me encuentro…
Victoria: Eso dijiste ayer.
Coral: Mira que hoy me han puesto la atropina y como me dé la taquicardia…
Victoria: Llevamos dos semanas planeándolo.
Coral: No estoy… preparada.
Victoria: Te sabes el plan de sobra.
Coral: Y…me da no sé qué dejar aquí a Felisa.
Victoria: Que no podemos llevarnos a Felisa. Está más que hablado.
Coral: Por eso: nos quedamos las tres.
Victoria: Coral, ¿tú qué quieres? ¿Espicharla aquí secuestrada? Que al hospital no nos van a llevar si caemos enfermas.
Coral: Pues, a Raimundo, mira cómo lo llevaron.
Victoria: Fue hace dos meses. Ahora ya no llevan a nadie. Acuérdate de lo que te leí: no se lleva a las uci a mayores de ochenta años. ¿Cuántos tenemos nosotras?
Coral: Pues Raimundo tiene noventa y dos y ya le han dado el alta.
Victoria: “Priorizar a los afectados con la máxima posibilidad de supervivencia.” Métetelo en la cabeza: nuestra mejor posibilidad de supervivencia somos nosotras dos.
Coral: Si sólo somos dos viejas, Victoria.
Victoria: Dos viejas unidas: tú y yo.
Coral: Unidas. Pero más viejas cada día.
Victoria: Dos viejas ¡y un plan! (Da un bastonazo en el suelo y se queda erguida, sobre él, como en un retrato ecuestre.)
Coral: El plan, el plan. Pero ¿tú crees de verdad que nos vamos a valer las dos solas con todo lo que…?
Victoria: Habrá que intentarlo. ¿O qué quieren? ¿Acabar con todos nosotros? ¿Vivir sus vidas en un mundo sin viejos?
Coral: Ni viejas.
Victoria: (Marcando a bastonazos sus cuestiones, desde su pose de retrato.) ¿Un mundo sin recuerdos, sin historia? ¿Sin memoria?
Coral: Sin nosotras. Estamos de más. Los mayores…
Victoria: No estamos de más. Estamos aquí todavía. (Otro bastonazo.) ¡Y aquí seguiremos un tiempecito!
Coral: No grites.
Victoria: A ver si se enteran. (El bastón plegable se le pliega y ella trastabilla.)
Coral: Al final te vas a hacer daño. (Pausa.) Y deja de dar bastonazos, que me estás poniendo nerviosa.
Victoria: Con todo lo que hemos luchado para llegar a este punto… ¡maravilloso! No tendremos mucho futuro, pero tenemos un presente; que lo sepan.
Coral: Menudo presente.
Victoria: Un presente de achaques, sí. De despistes, de ninguneos… pero aquí estamos: las dos juntas. (Se acerca a ella, afectuosa.) Y vamos a vivir nuestro presente fuera de esta trampa mataviejos: nos sostendremos la una a la otra.
Coral: No sé, Victoria. Tú es que eres más echada para adelante, pero a mí esto…
Victoria: Coral, ¿cuántos años hemos tenido que esperar para estar juntas?
Coral: ¿Y… qué van a decir las niñas cuando se enteren de nuestra fuga?
Victoria: Que hace sesenta años que eres mayor de edad. Además, no te engañes que, si estás aquí, es porque no les importas un cojón. Ni a la una, ni a la otra.
Coral: Mira que eres burra algunas veces.
Victoria: Y tú pusilánime.
Coral: Pero… pero ¿de verdad vamos a dejar aquí a Felisa?
Victoria: Otra vez.
Coral: ¿Y si se contagia?
Victoria: Vendremos a verla cuando todo esto se pase.
Coral: Y ¿si no se pasa? ¿Se va a morir solita?
Victoria: Ay, Coral, Felisa ya no se entera de si estamos o no estamos.
Coral: Se entera a su manera. Yo… es que no sé cómo tienes alma para dejarla aquí. Mira que si la cosa se pone todavía más fea…
Victoria: Tiene buena naturaleza, estará bien.
Coral: Se me está ocurriendo una cosa.
Victoria: No es momento.
Coral: ¿Y si… la matamos antes de irnos?
Victoria: ¡Coral!
Coral: Sobredosis de Orfidal ¡y a dormir!
Victoria: Razona, por favor, que eres una inconsciente.
Coral: Un machacaíto cargado. Como el que vamos a darle al de la puerta de proveedores, pero…
Victoria: Muy bien: dejamos seca a Felisa, para evitarle sufrimientos.
Coral: ¡Eso!
Victoria: Soslayamos que se trata de un crimen y que vamos derechitas a la cárcel por homicidio; si es que no la palmamos antes de que acabe el juicio. Pero a Felisa, una vez fiambre, ¿dónde crees que se la van a llevar, lista?
Coral: Es verdad…
Victoria: No quieren a los apestados: ni a los viejos vivos, ni a las viejas muertas.
Coral: (Pausa.) Ni morirnos podemos. Qué época terrible para vivir nuestra vejez.
Victoria: Ya, porque tú preferías la que nos tocó de jóvenes, ¿no?
Coral: Qué épocas, Victoria, qué épocas nos han tocado.
Victoria: Las funerarias desbordadas y tú pensando en aumentar la producción. Deja a Felisa aquí tranquila y vamos a ponernos en marcha de una vez. Que se nos echa la hora encima.
Coral: Ay, Victoria, yo no quiero que te mueras y me dejes sola otra vez y no sepamos dónde…
Victoria: Por eso nos vamos, Coralito de arrecife. El tiempo que nos quede será mucho, o será poco, pero será para nosotras dos. Y lo viviremos en libertad.
Coral: Hasta lo feo sabes decir en palabras bonitas…
Victoria: Anda, no aflojes, que ahora empieza la aventura. Y cálzate ya. ¿O es que vas a evadirte en zapatillas?
Voz por megafonía: Mariano, de mantenimiento, acuda a cocina.
Victoria: (Se asoma despacio a la puerta y la entorna.) Llega la psicóloga. Seguimos el plan.
Voz por megafonía: Jesús, de jardinería, acuda urgentemente a cocina.
Victoria: Arriba. Te toca a ti.
Coral: ¿A mí? (Se levanta vacilante con los zapatos ortopédicos en la mano.) Y ¿qué venía ahora?
Victoria la empuja suavemente hacia la puerta y se esconde junto al quicio. Llaman y se entreabre la puerta. Coral esconde los zapatos a su espalda.
Coral: Holaaa, bonita.
Victoria le hace señas de “enróllate”.
Coral: ¿Cómo estás, cariño?
Se escucha una frase incomprensible. Victoria hace señas de aprobación y luego gestos de “No, no”.
Coral: No, no. Hoy no salimos a aplaudir. Mañana a lo mejor. (Pausa.) Sí, yo creo que mañana ya…
Victoria le hace señas de “Sigue, que vas bien”.
Coral: Ya ves. Victorita, que le duele la cabeza. (Pausa.) Gracias, cariño, por tu…
Victoria: (Susurra.) Amabilidad.
Coral: ¿Eh?
Victoria intenta cerrar la puerta.
Coral: (Exagerando al asomarse hacia su interlocutora, que se aleja probablemente de su habitación.) Que todos los días vienes a animarnos, con tu alegría y tu jovialidad, y…
Victoria: (Susurrando.) Coral, ya.
Coral: (Levantando la voz.) Que sois muy majas todas, ¿eh? Y todos: todas y todos. Sin dejar a nadie fuera.
Victoria: Que se va a dar cuenta… (Consigue cerrar.)
Coral: Ufff… Mira, mira cómo me tiembla la mano.
Victoria: ¡Joder! Si es que te enrollas como una persiana; y sin ton ni son.
Coral: Estoy al borde mismo de la taquicardia ¡y no te quieres hacer cargo!
Victoria: Respira, respira profundo.
Coral: Que yo no me he evadido nunca.
Victoria: Recuerda lo que te dice la psicóloga: confianza, vivir el…
Coral: ¡Y no puedo empezar a los ochenta!
Victoria: Pero si en media hora estamos en tu casa. Sosiégate, que los nervios no son buenos de cara a afrontar una fuga.
Coral: Yo es que no sé mentir. (Inhala y exhala ruidosamente y se sienta.)
Victoria: Pero sí ya lo has hecho. Y a las mil maravillas. Primer objetivo alcanzado. Confianza en ti y serenidad.
Voz por megafonía: Jesús, de jardinería, acuda urgentemente a cocina, por favor.
Victoria: Y ahora, concentración: en cinco minutos, bajada por el ascensor de servicio y al siguiente objetivo. ¿Que es…?
Coral: (Respirando sonoramente, mientras consigue calzarse.) Cafetito al guarda nocturno.
Victoria: Eso es. Gentileza de la residente más simpática y más guapetona de la planta. Que quien tuvo, retuvo. (La besa en la boca.)
Coral: Quita, pegajosa. (Con dificultad.) Que me cortas la respiración.
Victoria: Y ¿de ahí?
Coral: De ahí…
Victoria: Radio…
Coral: Radio taxi.
Victoria: ¿Ves cómo te sabes el plan?
Coral: Radio taxi a la puerta de proveedores.
Victoria: Y ¡gran evasión camufladas por los aplausos! (Aplaude.) Eres una fenómena.
Coral: Una insensata, eso es lo que soy.
Victoria: Te quiero, insensata, siempre te he querido.
Coral: Calla, loca.
Victoria: Desde el día en que te vi por vez primera, en la misa de once del colegio. ¿Te lo he dicho alguna vez?
Coral: Todos los días me lo dices, loca.Que siempre has sido una loca. Y yo más por hacerte caso. A mis años…
Victoria: Los que ha tardado en morirse tu santo marido…
Coral: Evasión, evasión… Soy una imprudente de marca mayor. Y me está viniendo una presión muy grande en la cabeza, como cuando me va a dar la…
Victoria: Todo va a ir bien, Coral. Ya verás cómo se te pasa. Que eres una hipocondríaca; ya te lo dice la psicóloga.
Coral: Ay, deja en paz ya a la psicóloga, que anda que no se te nota. (Se pone en pie.)
Victoria: ¿El qué?
Coral: ¿El qué? A ver si te crees que no me doy cuenta de que cuando llega se te ilumina la…
Victoria: Anda, boba. (Mira su reloj.) ¡Las ocho menos dos! Van a empezar ya. Revista al comando y en marcha. (Le cuelga el bolso en bandolera.) ¿Móvil?
Coral: (Se palpa la ropa.) Sí.
Victoria: ¿Neceser de las pastillas y llaves de casa?
Coral: (Mira en el bolso.) Sí.
Victoria: ¿Machacado de Orfidal?
Coral: (Se palpa su bolsillo.) Sí.
Victoria: Listas. (Se cuelga una bolsa de tela de cierto peso, abre su bastón y se encamina cojeando hacia la puerta, seguida de Coral.)
Llaman inesperadamente. Un instante de estupor.
Victoria: Siéntate y disimula.
Se sientan, hieráticas cual esfinges, apretando los bolsos y el bastón.
Victoria: ¿Sí?
Satur: (Asomando la cabeza por la puerta.) ¿Ssse puede?
Victoria: Buenas tardes, Satur. ¿Qué se te ofrece?
Satur: (Aún desde detrás de la puerta.) ¿No ssalís hoy a aplaudir, niñass?
Victoria: Nos duele la cabeza.
Satur: ¿A lasss doss?
Victoria: A las dos.
Satur: Puess qué conjuntadass. (Entra y cierra la puerta. Transporta un carrito ligero con un concentrador de oxígeno, del que sube un tubo que le llega a las fosas nasales.)
Coral: Bueno, yo estoy… con un poco de angustia también. De esos días que no me llega el aire…
Victoria: Nos íbamos a acostar ya, así que si no te importa… (Con un gesto le invita a salir.)
Satur: ¿Ssin cenar? (A pesar del carrito, avanza con elegancia, hasta ganar la posición estratégica del centro de la habitación, donde se había situado Victoria para su retrato ecuestre.)
Coral: No tenemos mucho apetito hoy.
Satur: ¿Con el bolsso en la mano y loss zapatoss puestoss?
Victoria: Satur, ¿qué quieres?
Satur: Que me digáiss la verdad. (Da unos sonoros golpecitos sobre el mango del carrito.) Si no ess mucho pedir, despuéss de décadass de amisstad y de lucha (levanta el puño en saludo comunista).
Victoria: No te entendemos.
Satur: Claro que entiendess, Victorita. Me trabo en las esesss, por lo del oxxígeno; pero sse me entiende perfectamente. (Pausa.) ¿Qué tramáiss?
Coral: ¿Nosotras?
Satur: ¿Coralita, querida?
Coral: ¿Qué vamos a tramar, Saturnino? (Mirando a Victoria.) A nuestra edad.
Satur: Claro, porque si tramaraiss algo, me lo habríaiss dicho,
Coral: Por supuesto.
Se empiezan a escuchar aplausos y vítores ininteligibles.
Victoria y Coral reaccionan mínimamente, inquietas.
Satur: No seáisss falsass, que se oss nota.
Coral y Victoria: ¿El qué?
Satur: A loss que vivimoss nuestra infancia en Russia no se nossss escapa una trama.
Victoria: Satur, con todo el respeto a nuestras décadas de amistad…
Satur: Y de lucha.
Victoria: … Y de lucha, he de advertirte que voy armada de una bola de petanca homologada, oculta en esta bolsa. (Muestra ostensiblemente la bolsa de tela.)
Coral: ¡Victoria! No me lo habías dicho.
Victoria: Cállate, por favor. (Se levanta.) Y tú, Satur, si no quieres acabar la noche con una fractura cráneo-encefálica, abandona ipso facto nuestra habitación.
Satur: Ay que ver, Victorita, lo que te gussta el papel de militarota “Ssección Femenina”. Lo bordass.
Victoria: Estarás de acuerdo en que sería una pena que el último niño de Rusia muriera en circunstancias oscuras y de muerte violenta.
Satur: Violenta no tiene por qué sser.
Victoria: Vámonos, Coral.
Coral se pone en pie.
Satur: (Bloqueando el camino hacia la puerta con su carrito.)Esscúchame un momento, por favor.
Voz por megafonía: Jefas de planta, acudan urgentemente a dirección.
Victoria: Quítate de en medio. (Le empuja suave, pero firmemente con su bastón.)
Satur: Victorita, espera. (La sigue tan rápido como puede hacia la puerta, a rastras con su carrito.)
Voz por megafonía: Jefas de planta…
Satur: Mira, que las prisass no sson buenass.
Victoria: Y, por la cuenta que te tiene, no te vayas de la lengua hasta después de la cena. O tendré que explicar a la directora que pagas al guarda de noche para que haga la vista gorda los domingos, cuando…
Satur: Piensa que un cómplice taimado, como yo, oss puede sser de mucha utilidad. (Consigue bloquear la salida con su cuerpo.)
Los aplausos crecen. La inquietud de Coral y Victoria más.
Victoria: (Forcejea.)Satur, que no tenemos tiempo para zarandajas.
Voz por megafonía: Atención a todos los residentes y al personal. Cierren ventanas y balcones y diríjanse todos urgentemente al patio delantero.
Coral: ¿Está pasando algo?
Satur: En efecto. Dejad que oss lo explique y ensseguida tendremoss la vía exxpedita.
Victoria: ¿Tendremos?
Voz por megafonía: Personal de planta, ayuden a desalojar. Personal de planta, desalojen, por favor.
Satur: Porque oss dirigíss a la puerta de proveedores, ¿no?
Victoria: Eso a ti no te incumbe.
Coral: ¿No oléis como a…?
Se escucha una sirena de bomberos.
Satur: Ssí: hay un incendio.
Coral: ¿Aquí?
Satur: En la cocina.
Coral: ¡Virgen santísima!
Satur: Cossa de poco. Un regalito que ha vuelto con las bandejass de la merienda.
Victoria: Pero…
Satur: El fuego loss tendrá entretenidoss mientrass nos evadimoss.
Victoria: ¿Quieres evadirte con nosotras?
Coral: ¡Uy! ¿Y no te va a estorbar la bombona?
Satur: No ess una bombona, ess un concentrador de oxxígeno, última generación.
Victoria: Con nosotras no te puedes venir. Lo siento.
Satur: No querrásss dejar rezagado a un ssuperviviente de la Guerra Civil, el sstalinissmo, el franquissmo, el ssida y el aznarissmo. Por no hablar de…
Coral: (A Victoria.) ¿Cómo se ha enterado de nuestro plan?
Satur: Loss tísicoss tenemoss un oído muy fino. Y la maître de ballet un buen basstón.
Coral: ¡Nos has estado espiando!
Victoria: Satur, tienes noventa cumplidos e insuficiencia respiratoria.
Satur: En efecto.
Victoria: Y no te queda familia.
Satur: Ni falta que hace.
Victoria: ¿Dónde vas a ir?
Satur: Esso ess assunto mío. Pero no te preocupess, que no sseré un esstorbo. Yo tengo también mi plan.
Victoria: No lo dices en serio.
Satur: No me diráss tú que quieress un mundo soóo para viejass, con a; porque también estamoss los viejoss, con o; e incluso les viejes, ssegún alguness. Y todess tenemossnuestross propios recuerdoss, nuesstra hisstoria y etcétera, etcétera.
La sirena de bomberos se escucha cada vez más cerca.
Voz por megafonía: Aviso urgente a todos los residentes y a todo el personal. Se ha producido un incendio en la cocina del centro.
Victoria: ¿Qué has hecho, desgraciado?
Voz por megafonía: Diríjanse todos de inmediato al patio delantero.
Satur: No hay cuidado: la mayoría de loss ressidentes esstaban ya en el patio aplaudiendo y los bombeross avissados desde hace (consulta su reloj) ssiete minutoss.
Voz por megafonía: A todos los residentes, urgente…
Satur: En cuanto a mí, morirme me parece bien. Pero, dessde luego, no sserá atrapado en essta Necrópoliss.
Coral: ¿En esta qué?
Victoria: Hay que salir de aquí ahora mismo.
Satur: Y que lo digass, que a mí el humo no me conviene.
Victoria: ¿Qué pretendes hacer luego?
Satur: ¿No vaisss a llamar a un taxxi? Puess, donde caben doss, caben tress.
La sirena de bomberos, en primer plano, se confunde con las voces de megafonía, que apenas se entienden.
Victoria: Pero, pero…
Satur se asoma a la puerta y les hace un gesto de “vía expedita”.
Victoria, firme sobre su bastón, agarra con su mano libre a Coral, que se va santiguando con la otra.
Coral: Adiós, Felisita. Adiós. (Lanza unos besos al aire.)
Tartaleando y a hurtadillas, salen los tres.
II. Extramuros
Se escucha, de nuevo incomprensible, un programa en la radio. Esta vez dentro de un vehículo.
Carón el taxista: Disculpen si van un poco estrechos. Es una lata que no nos permitan subir viajeros en el asiento del copiloto.
Satur: (Con el carrito del oxígeno entre las piernas.) No sse preocupe, caballero. Vamoss bien.
Carón: Y ustedes por ser familia, que, si no, tampoco podemos llevar a tres.
Silencio de losa en la trasera del vehículo.
El bastón de Victoria atravesado sobre el regazo de los tres pasajeros.
Satur: Victorita, ¿te importaría plegar tu basstón?
Victoria: (Plegándolo incómoda.)¿Podría usted quitar la radio? Mi hermana va un poco mareada.
Carón: Ahora mismo. (La apaga.)
Victoria: (Contemplando el desolador paisaje urbano.) Con todo tan cerrado, no deben tener ustedes mucho trabajo.
Carón: No: algunos pasajeros para los hospitales; otros para los cementerios.
Pausa.
Satur: Puess… yo me voy a bajar antess que las señorass.
Carón: ¿Me avisa, entonces?
Satur: Doss calless máss y, en el ssemáforo, a la derecha.
Victoria: (En voz baja.) Satur, ¿no me vas a decir adónde vas a estas horas?
Carón: (A Coral, que respira ruidosamente.) Señora, ¿se encuentra usted mal? ¿Necesita que pare un momento?
Victoria: No se preocupe, siga. Y tranquilo, que no es el virus.
Coral: (Con cierta angustia.) Himmm.
Victoria: Es que, cuando se sale de sus rutinas, hiperventila. Pero ya vamos a llegar a casa, ¿eh, Coral?
Carón: ¿No viven ustedes en la residencia?
Coral: Sí…
Satur: (A la vez.) Noo.
Victoria: Hemos ido a ver a una residente.
Coral: Eso.
Carón: ¿Y les han dejado pasar?
Los tres se miran.
Victoria: No. Lamentablemente, no dejan pasar a nadie.
Satur: Sson inexxpugnabless. (Guiño cómplice a las mujeres.)
Coral: No la hemos visto ni de lejos siquiera. (Se emociona.) Felisita.
Pausa.
Carón: Si necesita usted un clínex, sírvase: los llevo en bolsas individuales, ahí atrás.
Coral: Muchas gracias. Qué atento. (Se suena. Se repone un poco.)
Carón: Menuda situación.
Coral: Quién nos lo iba a decir.
Satur: Gire en la próxxima, por favor.
Victoria: (En voz baja de nuevo.) ¿Dónde vas, Satur, de noche y sin equipaje? Que los hoteles están cerrados.
Satur: A mí me va a dejar en essta essquina, que la calle a la que voy ess a contramano.
Victoria: ¿Aquí?
Satur: Y luego deja ussted a estass damass, que tanto han luchado en la vida, sanass y salvass en ssu cassa.
Victoria: (Subiendo un poco la voz.) ¿No irás a la sauna, Satur?
Satur: (Igual que ella.) Mi primera etapa, ssí.
Victoria: ¡Temerario!
Carón: ¿La sauna “Paraíso”?
Satur: ¿La conoce ussted?
Carón: Haberlo dicho. (Detiene el vehículo.)
Coral: ¿Una sauna a estas horas, Satur?
Satur: A loss clientess ssenior noss reciben con cita previa y por la puerta trassera. Todo esstá arreglado.
Victoria: Te recuerdo que sólo tienes autonomía de oxígeno para tres horas.
Satur: Me ssobran doss. (Tendiendo un billete a Carón.) Joven, ya que parece conocer ussted el antro, una vez deje a lass señorass, ¿volvería a por mí?
Carón: De acuerdo. Pero no hace falta que me pague ahora.
Satur: Permítame que insissta: sse cobra de aquí lass doss carrerass y lo que ssobre…
Carón: Perdone un momento, que estoy viendo por el retrovisor un coche de policía enfilar la calle. (Avanza de nuevo con el vehículo.)
Coral y Victoria: ¿Policías?
Carón: Tres personas mayores y sin mascarillas…
Coral: No me diga que nos siguen.
Carón: Vamos a dar mejor una vuelta a la manzana, no vaya a ser que les dé por pararnos. Que por mucho que ustedes aleguen insuficiencia respiratoria y todo eso de que son familia…
Satur: Avance, avance, faltaría máss.
Carón: Los municipales no fallan: en cuanto ven a más de dos en el vehículo, ¡zas!
Victoria: ¿Sabes lo que te digo, Satur? Que nos va a llevar a nosotras primero. (Bajando de nuevo la voz.) Y luego ya te las compones con tus tejemanejes clandestinos. Que no tienes arreglo.
Satur: (En voz baja también.) De ninguna manera: tengo cita cerrada y no sabess lo que me ha cosstado.
Victoria: (Subiendo la voz.) Es que lo sabía: nos vamos a meter en un lío por tu culpa.
Coral: (Señalando al conductor.) Victoria, no chilles.
Satur: (Subiendo también.)En el lío estamoss ya.
Victoria: (Gritando.) ¡Vas a echar a perder todo el plan de huida por una veleidad!
Coral: Que no grites.
Victoria: Cállate.
Coral: Es que no me respetas.
Victoria: (Al taxista.) Por favor, diríjase usted a la dirección que le dimos al principio.
Satur: De esso nada: damoss una vuelta, como propone el caballero, y a mí me dejáiss en la ssauna, que ya voy jussto.
Coral: Haced el favor.
Carón: ¿Entonces…?
Victoria: A la primera dirección le he dicho. Y sin vacilar.
Satur: Ni hablar.
Coral: (Casi sollozando.) ¡Callaos los dos de una vez!
Carón: Por favor, no se peleen en mi vehículo, que bastante tenemos.
Coral: (Respirando otra vez con ruido.) Ya me habéis alterado de nuevo. ¿Estáis contentos?
Victoria: Lo siento, Coral.
Coral: (No le llega el aire.) ¿Por qué te habré hecho caso?
Satur: Calma, Coralita. Miss dissculpas también.
Carón: ¿De verdad no quieren que pare?
Satur y Victoria: ¡No!
Carón: Pues se acabó: a tomar por culo la mascarilla yo también. (Se la quita.)
Coral: ¿Se encuentra mal? A ver si…
Carón: ¿Ustedes no la llevan? Yo tampoco. (Se soba la cara con cierto agobio.)
Coral: (Con la respiración entrecortada.) Si quiere… le abro un clínex de los suyos.
Carón: Se lo agradezco.
Comienza a abrir un paquete cuando suena un móvil de tono de llamada atroz. Victoria y Satur miran a Coral.
Coral: ¿Soy yo? (Intenta respirar hondo.) Ay, ¿quién será a estas horas?
Victoria: No respondas.
Coral: (Tarda en llegar al móvil, sumido en no se sabe qué bolsillo.) Han colgado. (Mira el número.) Es Esme. (Atónita, a Victoria.) Si a diario no llama nunca.
Satur: (Al taxista.) ¿Le parece que bajemoss hassta la plaza? A ver ssi ahí podemos darless essquinazo…
Carón: Probamos.
Vuelve a sonar el móvil atroz.
Coral: ¿Cómo no se lo voy a coger?
Sigue sonando.
Coral: ¿Lo cojo?
Satur: Mejor sserá.
Victoria: (Bajito.) Que no se entere de la evasión.
Coral: ¿Diga? /…/ Esmeralda, cariño. /…/ Bien, bien, nada de particular. Aquí tranquilas… en la habitación. ¿Vosotros? /…/ ¿Un incendio? /…/ ¿En nuestra residencia? Nooo. (Los ojos como platos, mirando a Victoria.) ¿Seguro? /…/ Pues no. /…/ ¿En la radio? (Vuelve a hiperventilar.)
Victoria le hace señas de cortar.
Coral: Ah… pues… igual, igual. Ahora que lo dices… un poco de humo se percibe. /…/ Yo enseguida lo noto. (Respira con ruido…)
Victoria sigue con sus instrucciones mudas. Coral asiente.
Coral: Mira, justo nos están llamando por megafonía /…/ Sí. Te tengo que dejar. /…/ Noo. No te preocupes por nosotras. Si no será nada. Y, de todas formas, aquí no dejan entrar a nadie, ya lo sabes.
Victoria hace gestos de aprobación.
Coral: Luego te llamamos, claro. Claro. (Cuelga angustiadísima.) ¿Podríamos… parar un momentito?
Victoria: Aquí mismo, por favor.
Coral: Me están entrando náuseas.
El taxi se detiene. Victoria despliega estrepitosa su bastón, por encima de los regazos de los tres, y ambas salen con dificultad. Dan unos pasos hasta una esquina, donde Coral pueda aliviar sus náuseas.
Satur: (Mirando hacia atrás por el rabillo del ojo, con el cuello muy rígido.)Pareceque han tomado otra calle.
Carón: Sí. Creo que nos los hemos quitado de encima.
Satur: Muchass graciass por ssu celeridad. Y disscúlpenos el numerito.
Silencio.
Satur: ¿Sse encuentra ussted máss aliviado ahora, ssin la masscarilla?
Carón: Me vendría bien bajar a tomar el aire un momento. Mientras la señora se recompone.
Satur: Bajemoss, bajemoss.
Satur agarra su equipo de oxígeno y baja aparatosamente con la ayuda de Carón. Ambos se apoyan contra el capó, respirando el aire fresco de la ciudad desierta.
Satur: Qué ssilencio de plomo.
Carón: (Bebe agua de una botella de plástico y se seca con la manga. Mira despacio a Saturnino.) Se han escapado ustedes de la residencia, ¿verdad?
Satur: Me temo que ess evidente.
Carón: Pues a mí me están comprometiendo.
Silencio.
Carón: Pero, entre usted y yo, han hecho muy bien.
Satur: Ess ussted un taxxissta ssensible y cabal.
Carón: Como que soy licenciado en Filosofía.
Satur: Ya decía yo.
Carón: ¿Y están improvisando o tienen de verdad un plan de fuga?
Satur: (Mirando al infinito.) ¿No ess acasso el vacío el desstino final de todo plan de fuga?
Carón: Sí, claro. Y nuestras vidas los ríos, que van a dar en la mar, que es el morir. (Sacando un porro de su cajetilla de tabaco.) ¿Le importa si…?
Satur: Adelante.
Carón: (Se lo enciende.) Perdone, ¿le apetece a usted? Ya pasé el virus y no soy contagioso.
Satur: ¿Por qué no? La noche pinta de canass al aire. (Se quita de las fosas nasales el dispensador de oxígeno, saca un pañuelo y limpia el porro, al que da una calada. Exhala, tose un poco y se vuelve a colocar el dispensador.)
Carón: (Sonríe.)¿Cuántas primaveras ha visto usted, compañero?
Satur: Noventa y una. Pero ninguna como éssta. (Le devuelve el porro, tras haberlo limpiado de nuevo.)
Carón: Menuda primavera. La última para algunos.
Satur: (Pausa.) Ocho añoss tenía yo la primavera del treinta y ssiete, cuando me montó mi madre en un barco, en el puerto de Ssanturce, camino de Russia. Y penssaba…
Carón: ¿Es usted un niño de Rusia?
Satur: El último ya. (Recibe de nuevo el porro y repite la operación con el dispensador de oxígeno y el pañuelo.)
Carón: Mi abuelo era también republicano. De los que se quedaron, lamentablemente.
Satur: Yo volví a Esspaña de joven. En primavera también.
Carón: (Asombrado.) ¿A la España de Franco?
Satur: Russia no ess el mejor lugar del mundo para un homossexxual.
Carón: ¿La España de entonces lo era?
Satur: Ssiempre ha habido disscretos reductoss de permissividad.
Carón: Eh… ¿En el mundo del arte?
Satur: (Cómplice, le devuelve el porro, limpito.) En el de la Iglessia.
Carón: Ah, sí. Ahí bastante, claro. (Pausa para fumar.)Así que aquella primavera le salvó de Stalin ¡la Iglesia!
Satur: Podríamos decir que así fue.
Carón: Y, ésta, ¿a qué santo invocamos?
Satur: Pues al sssanto definitivo del Ssantoral.
Los dos: ¡Sanseacabó! (Ríen.)
Satur: ¿Cómo sse llama ussted?
Carón: Caron.
Satur: ¿Carón? ¿Como el barquero?
Carón: Caron, con el acento en la primera. Un nombre celta; viejas historias de familia.
Satur: Aha.
Carón: Pero puede poner el acento donde quiera. Caron, Carón, Cabrón… En el insti ya me curaron de espantos con el nombrecito.
Las dos mujeres regresan.
Satur: Coralita, ¿qué tal te encuentrass?
Coral: Todavía revuelta.
Carón: (Le ofrece el porro.) Si quiere… Un par de caladas y se le asienta el estómago, ya verá.
Coral: ¿Qué es?
Carón: Marihuana terapéutica. La compro en un sitio legal, no vayan a pensar.
Victoria: Lo que nos faltaba por ver.
Carón: Mano de santo para las náuseas. Y para la ansiedad, los dolores…
Coral: ¿Sí?
Satur: Prueba, Coral, que te va a ssentar bien. (Repite la operación de limpiar la boquilla con su pañuelo.)
Victoria: ¿Queréis hacer el favor de apagar eso y montar todos en el coche? ¡Ya!
Coral da una calada torpe y exhala sin dificultad.
Victoria: ¡Coral!
Coral: Ay, qué impresión. Se sube enseguida, ¿no?
Victoria: Que os lo estáis pasando de boca en boca. ¡Insensatos!
Coral: Lo ha limpiado Satur.
Victoria: Nos van a detener por fuga y tenencia de estupefacientes. Y mañana…
Coral: Uy, uy. (Risa tonta, de embriaguez.) Cómo coloca.
Victoria: Que tenemos a la pasma pisándonos los talones.
Carón: No, ya no. (Risa floja también.)
Satur: Perssecución abortada. Bravo, bravo, Carón. (Ríe también, pero con poco resuello.) Buen barquero para nuesstra travesssía. (Aplaude.)
Los tres hacen otra ronda con el porro, cada vez más relajados, recostados sobre el capó del taxi, como tres adolescentes en noche de botellón.
Coral: Pruébalo, Victorita, no seas sosa. Que es ¡nuestra noche de delincuentes! (Ríe de nuevo.)
Victoria: ¡Sois unos inconscientes!
Satur: Pero ssi essto ess jussto lo que noss hacía falta.
Carón: Un punto de fuga, señora.
Los tres del porro ríen.
Coral: (Cada vez más desinhibida, en confidencia.) ¿Sabe lo de la fuga, Satur?
Victoria: Anda, trae, que no puedo con vosotros. (Se suma a la ronda. Le da la tos.) Yo es que no sé qué le veis a esto. (Pasa el porro asqueada.)
Carón: Pues que deja el tiempo como… detenido.
Coral: Yo, desde luego, me voy encontrando mejor.
Carón: La vida y sus trabajos empiezan a aparecer como… como envueltos en una perla… reluciente.
Satur: Lissta para que el mar la engulla, por los ssiglos de los ssiglos.
Coral: Amén.
Victoria: Me das miedo, Satur.
Carón: También ayuda a pensar, pero desde otra perspectiva. Como en un presente… expandido.
Satur: Un presente a la esspera del último.
Carón y Satur se miran.
Satur: Esso ess la vejez.
Victoria: Pues sí que habéis agarrado pronto la mona.
Todos respiran, recostados, disfrutando del momento suspendido.
Satur: (Se recoloca en las fosas el dispensador de oxígeno.) Lamentablemente, yo no puedo quedarme máss. Y ussted tiene que acompañar a las sseñorass a su desstino.
Victoria: Y ¿tú?
Satur: Llevo el mío en esste bolssillo. (Señala al de la americana.) Y no preguntess máss.
Victoria: Pero…
Satur: Carón, ¿vendrá ussted, entoncess a mi ssalida de la ssauna?
Carón: Le llevaré donde me diga.
Satur: No tendrá que llevarme. Ssólo essperar, hassta esstar sseguro de que… (Gesto contenido como de haberse esfumado.)
Victoria: ¿Qué piensas hacer?
Coral: Satur, ¿no te vienes con nosotras? ¡Ay! (Le abraza, bastante colocada.)
Se escucha una sirena corta de la policía.
Victoria: Hay que irse.
Satur: Cuídate, generala. (Intenta abrazarla.)
Victoria: Satur, no. Dime qué vas a hacer.
Satur: Cuántass vecess lo hemoss hablado, Vicky. Ten el coraje de aceptarlo. Ess mi momento. Me hallo listso a partir.
Victoria: (Alarmada.) ¿Solo?
Satur: No esstaré solo. Y no quiero comprometeros.
La sirena se escucha más cerca.
Satur: Marchaoss de una vez. (Pone la mano sobre el hombro a Victoria y le abre la puerta del taxi.)
Carón: (Ayuda apresuradamente a montar a las mujeres y sube él también al vehículo.)Vuelvo en un rato. Que no le vean deambulando a estas horas.
Satur: (Por la ventanilla.) Ya me recojo. Ess ahí missmo, ya ssabe.
Carón: (Arranca.) ¿Seguro que quiere quedarse?
Satur: (Le entrega un papel.) Aquí esstán escritass lass insstrucciones, para cuando vuelva. Y no passa nada ssi sse demora.
Coral: ¡Satur!
Satur: Lo lee ussted luego. Adióss (se le quiebra un poco la voz)… amigass. Vivid, vidid mucho tiempo unidas. Y no dejéiss que nada vuelva a separaros.
Coral: (Sacando la mano por la ventanilla.) ¡Satur!
Victoria: (En un susurro, como para sí misma.) Adiós.
La imagen de Satur saludando con la mano retrocede ante sus miradas, llevadas por el movimiento del taxi, que se va separando de él. Hasta que, erguido y siempre diciendo adiós, se desvanece en el fondo.
Victoria llora en silencio. Coral la toma de la mano y la mira con ternura.
Carón enciende la radio, en la que se entienden apenas algunas palabras de las noticias, que culminan en un coro de voces desparejas.
Voces en la radio: ¡Este virus, lo vamos a parar! ¡Este virus lo vamos a parar! ¡Lo vamos a parar!
Y la barca de Carón se aleja, con su preciosa carga, navegando por la despoblada laguna de la nocturna ciudad.
Ana Fernández Valbuena. Doctora en Filología, investigadora y dramaturga española, es jefa del Departamento de Escritura de la Escuela de Arte Dramático de Madrid (RESAD). Ha sido Subdirectora de Teatro del INAEM (Ministerio de Cultura de España, 2023-2024), ha dirigido el Centro de Documentación de las Artes Escénicas y de la Música (CDAEM, 2022-2023) y es experta en teatro italiano y teatro español contemporáneo.
Ha publicado sus textos en: Ediciones Antígona, Editorial Fundamentos, Teatro del Astillero y en las revistas Acotaciones y Primer Acto. Sus obras se han traducido y montado en Italia, Noruega, Sudáfrica y Marruecos. Cuenta con premios a la creación teatral y ha dirigido talleres teatrales internacionales en Italia, Marruecos, Colombia, República Dominicana y Cuba.
Las autorizaciones para el montaje de esta obra pueden solicitarse a la autora en la siguiente dirección electrónica: anaisabel.fernandez.valbuena@madrid.org



