Lope de Vega: El caballero de Olmedo

Si sumamos fertilidad y relevancia, Lope de Vega resultará sin duda el primer dramaturgo de Occidente. Es además el creador del teatro español del Siglo de Oro, que según Menéndez Pelayo y creo que según la verdad —contra la patológica aversión de los españoles a poner en valor su patrimonio histórico y cultural— es «el teatro más rico del mundo».
Tomo prestadas también las palabras de don Marcelino, irrepetible «monstruo de la naturaleza» de la erudición y la crítica, como lo fuera Lope de la creación, para calibrar su aporte al arte dramático: «creó un teatro todo acción y todo nervio, rápido y animadísimo, lleno de fuerza y de inventiva, más extenso que profundo, más nacional que humano, pero riquísimo, espontáneo y brillante sobre toda ponderación». «Siguió a Lope con la misma libertad y con el mismo brío una legión de poetas». «Pero ninguno, ni Alarcón ni Tirso, llegaron a aquel poder inmenso de creación que abarca el mundo entero de las acciones humanas; a aquella vena pródiga e inexhausta que aun en las obras más imperfectas lanza raudales casi divinos». Y todos le deben la dramaturgia que comparten. Nada menos.
Entre las lecciones permanentes del Fénix habría que destacar el logro de un teatro para todos, que pone en el centro al público; teatro rara y verdaderamente popular en el mejor sentido y sin concesiones a la vulgaridad —contra sus propias palabras, irónicas, del Arte Nuevo— que se mantuvo vigente durante casi un siglo. En justa correspondencia, gozó en vida de mayor éxito y fama que cualquier otro autor, hasta el punto de que «dieron en Madrid, más de veinte años antes de que muriese, en decir por adagio a todo lo que querían celebrar o alabar por bueno, que era de Lope» (León Pinedo).
En la inmensidad de su producción son también abundantes las obras maestras. Fuenteovejuna es la más conocida y representada en el mundo, pero otras sobre el abuso del poder, como Peribáñez y el comendador de Ocaña o El mejor alcalde, el rey, no le van a la zaga; tampoco un drama de honor como El castigo sin venganza o un buen número de comedias de asunto amoroso, como La dama boba o El perro del hortelano. Pero la dramaturgia de Lope resplandece, a mi juicio, sobre todo en El caballero de Olmedo; aunque su entrada en el canon se hiciera esperar hasta fines del siglo xix, favorecida quizás por la mirada posromántica; que descubre, no inventa, su excelencia.
Obra singular, pero lopesca hasta la médula, rebosante de encanto, de gracia, es ejemplo supremo de algo tan inherente a su fórmula como la fusión de lo dramático con lo lírico y de lo cómico con lo trágico; también de la pasmosa capacidad para convertir en teatro cualquier materia (narrativa, lírica, histórica, mitológica, popular…), en este caso la coplilla tradicional castellana «Que de noche le mataron / al caballero, / la gala de Medina, / la flor de Olmedo» que, con la noticia del hecho, parece ser el germen casi único de la exquisita tragicomedia. Son muy claras las resonancias de La Celestina —expresamente aludida en el texto (II, 2), lo mismo que el mito de Hero y Leandro (II, 1)—: en el personaje de Fabia, en el flechazo de D. Alonso y Dña. Inés, en el trágico desenlace del amor que conduce a la muerte. No tiene mucho que envidiar a Romeo y Julieta, que ya es decir, y en algunos aspectos la supera. Sus versos son de oro, de una belleza poética y una eficacia dramática inusitadas. Pero la clave de su superioridad radica precisamente en su dramaturgia, que roza la perfección. No será fácil encontrar un drama mejor dicho ni mejor construido.
Lo prodigioso es que esta dramaturgia —de la obra y del teatro más rico del mundo— sea genuina creación de Lope, como celebra Montalbán en su Fama póstuma: «Sepan todos que su perfección se debe sólo a su talento, pues las halló rústicas [las comedias] y las hizo damas, y cuantos después acá las han escrito (aunque alguno bárbaramente lo niegue) ha sido rigiéndose por esta pauta».
José-Luis García Barrientos, doctor en Filología (UCM), Profesor de Investigación del CSIC, profesor de posgrado en la UC3M, es autor de libros, traducidos algunos al árabe y el francés, como Principios de dramatología, Cómo se analiza una obra de teatro, Teatro y ficción, La razón pertinaz, Drama y narración, Anatomía del drama o Siete dramaturgos, tres de ellos publicados por Paso de Gato. www.joseluisgarciabarrientos.com


