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Destino, Todavía no ha pasado lo que viene

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Esta obra se encuentra dentro del libro de dramaturgia La espina en el corazón. Dramaturgia de las cosmovisiones paralelas, editado por la Edulp, Universidad Nacional de La Plata, 2026. 

Escena 1: Morir es nacer dos veces. 

En una mesa, un mantel blanco, una botella de vino tinto, una copa, un florero con una flor roja.  

Sobre una silla roja un hombre sin rostro, o mejor dicho con un rostro de superficie blanca, desparrama su torso sobre la superficie de la mesa, estira su mano, queriendo alcanzar a la botella y queda inmóvil.  

El hombre lleva zapatos de vestir, pantalón de vestir negro, remera blanca, un sobretodo negro y un sombrero, comienza a mover sus pies  haciendo un sonido de ritmo cada vez más acelerado, suma el movimiento de un dedo, percutiendo sobre la mesa, mientras mantiene la misma postura, luego suma una voz que tararea una melodía. Terminada la melodía, el hombre llora. 

Jazmín García Sathicq.

Hombre: Ningún tango se aproxima al dolor que llevo. Estoy muerto para muchos. Muerto. No tengo experiencia en llorar mi propia muerte. Pero antes debo aceptarla. He vivido el duelo, el duelo real de la ausencia del otro al morir, pero nunca he aceptado el duelo simbólico de estar muerto para otro. He imaginado, muchas veces, posibles formas de morir. Incluso formas que sean originales, para dar que hablar, una muerte simple, no llamaría la atención ni estaría a la altura de mi poesía. He imaginado, por ejemplo, que un cactus me pinchara en el corazón, hiriéndolo de tal manera con su aguja punzante, que produjera que un delicado hilo continuo de sangre, no dejara de correr hasta vaciarme, y que  al darme cuenta de esto, de mi irreductible muerte, yo pintara sobre una pared blanca, usando el hilo de sangre como tinta, como sustancia. Imaginaba, ¿qué pintaría ante mi muerte? Un ave, un ave con alas.  

Calla. Continua moviendo  sus pies  haciendo un sonido de ritmo cada vez más acelerado, al que  suma el movimiento de un dedo percutiendo sobre la mesa.  

Hombre Ocre: (Aparece, es un hombre monocromo, esta vestido todo de color ocre, su propio rostro y sus manos son color ocre. Camina lento hasta el Hombre, pisa su pie, deteniendo el sonido, pone su mano sobre el dedo, aquietando su movimiento. Se ubica detrás de la silla del Hombre, de un brusco y fuerte movimiento, separa la silla donde este está sentado, de la mesa. El Hombre desploma su torso sobre sus propios muslos. Hombre Ocre, se pone frente a él, toma sus brazos, los sacude, como si estuviera sacudiendo a un mantel. Cada sacudida hace que Hombre se levante de un impulso, 

poniéndose en pie y volviendo a caer sentado sobre la silla. Esto sucede varias veces. Hombre Ocre levanta a Hombre, cargándolo sobre sus brazos  como se carga a un niño, con un brazo sostiene su espalda y con otro sus piernas.) Hombre: He muerto, lo sé. Lo sé. 

Hombre Ocre: Has muerto para otros, no para mí.  

Hombre: ¿Quién eres? (Hombre Ocre no responde.) ¿Mi padre? (Silencio) ¿Has venido a buscarme?  

Hombre Ocre: He venido a salvarte. No soy tu padre. 

Hombre: ¿Quién entonces? 

Hombre Ocre: Yo mismo. 

Hombre: ¿Tu mismo? Hombre Ocre: Yo mismo Hombre: ¿Tu mismo? 

Hombre Ocre: Tu mismo. 

Hombre: ¿Cómo tu mismo? 

Hombre Ocre: Yo soy tu mismo. Vine a dejarte morir. Como ves, no te abandono. 

Hombre: Dejar morir. 

Hombre Ocre: Dejarte morir. 

Hombre: Dejarte morir.  

Hombre Ocre: Eso, shhh, calla. (Le acuna, moviéndolo de un lado a otro, como adormeciéndolo.) Vamos a dejar morir a toda esa tristeza profunda, que incluso a veces la sientes estando solo o estando en compañía, y que muchas veces ni siquiera sabes muy bien por qué. Vamos a dejar morir todas esas lágrimas contenidas, vamos a dejar morir todo lo que has llorado durante mucho tiempo,  vamos a dejar morir, sobre todo, la inconsciencia en ti de estar compadeciéndote de tu propio destino, cuando en verdad son el porqué de tus actos y reacciones las que no comprendes.  

Hombre: (Reacciona desesperado, como despertando) ¡Si yo muero te abandono! 

Hombre Ocre: Ese que ahora mismo sos, ese que está muriendo, ya está muerto para mí, solo vine a honrar su historia en este paso a su muerte.  Tu muerte propia, la muerte de ti para ti mismo. Vamos a dejar morir  a unos cuantos de tus yoes. 

Hombre: ¿Vamos a matarlos? 

Hombre Ocre: Dejar morir, no es lo mismo. Dejar morir es un proceso. Un proceso en el que hay que ver y aceptar la muerte en su mientras. Matar es arrebatar la vida, lo vivo. Dejar morir es aceptar lo dado y acompañarlo en paz hasta su desintegración. 

Hombre: ¿Aún doliendo? 

Hombre Ocre: Aún doliendo 

Hombre: Aún no queriendo morir. 

Hombre Ocre: No, dejándolo morir para que nazca otro, otra forma. (Hombre hace un gesto como que comprende y acepta y se relaja en los brazos de Hombre de Ocre.) Vamos a dejar morir tu necesidad inconsciente de provocar dramas, vamos a dejar morir tu necesidad de agarrarte físicamente a los demás,  vamos a dejar morir  tu dificultad para hacer o decidir algo por ti mismo, vamos a dejar morir toda la exageración que imprimes a todas las situaciones que te suceden con frecuencia, vamos a dejar morir las dificultades que tienes para terminar una relación, que te cueste trabajo desprenderte de cualquier persona, tu incapacidad para terminar con relaciones que ya no son sanas y que mantienes, vamos a dejar morir esa dependencia emocional que por falta de confianza en ti y de estima propia sueles depender de todas las parejas con las que estás o has estado y sufres enormemente por este motivo, dejar morir el miedo que se apodera de ti cuando estás ante una persona que está enfadada o agresiva, el bloqueo que se produce en ti, que te conviertas en un niño asustado, dejar morir tu angustia con respecto a la idea de quedarte solo, esa sensación que tienes de ausencia, que no soportas ese abandono que sientes que muchas veces no es real. (Hombre Ocre saca de adentro de su saco una espina muy grande, hiere en el corazón a Hombre, un hilo de sangre empieza a chorrear de manera continua.)Vamos a dejar morir esto con todo el efecto acumulado, restos, vestigios, huellas, remanentes, impresiones y recuerdos. Reiniciar, recalibrar, reprogramar, rejuvenecer, reconectar y reajustar esta nueva información en tu cuerpo, tu mente y tu alma. (Hombre Ocre, agarra el florero, lo pone en el suelo, agarra la botella de vino, se sienta en el suelo teniendo a  Hombre sobre sus brazos, le da de beber de la botella, Hombre abre su boca, Hombre Ocre distancia a la botella y vemos que lo que hay dentro de la botella y con lo que está alimentando a Hombre es leche.) Mueres, así, poéticamente, amamantándote a ti mismo. (Le arranca el velo blanco que tiene en su cabeza y puede verse por primera vez su rostro. Se termina la leche, Hombre distiende su cuerpo, muere.) Esta vida no se va de ti, no te abandona, tú la dejas ir.  

Escena 2: Morir de repente 

Una manta sobre el suelo, arriba, una canasta de picnic, botellas de champagne, dos copas. Recostados sobre la manta un hombre y una mujer. Ella lleva un vestido blanco y está descalza, él un pantalón rojo, arremangado, y una camisa blanca abierta, puede verse su torso. Se besan, largo y tendido, disfrutan del beso. 

 Que apacible estar con vos, en éste lugar del mundo. 

Leda: En un lago así, morir como Ofelia. 

Guillermo: ¿Y eso? 

Leda: No sé. 

Guillermo: Ofelia muere de desamor. ¿O de locura? ¿Por qué querrías morirte? 

Leda: No es que quiera morirme, dije eso porque me pareció un bello paisaje para morir como Ofelia.  

Guillermo: Creo que cuando se muere no hay paisaje, hay historia. 

Leda: Memoria. 

Guillermo: Me parece un bello paisaje, no para morir, sino para vivir. Se romantiza esa muerte, la de Ofelia, pero no es romántica, no lo es. ¿Por qué querrías morirte? 

Leda: No empieces, Guillermo, no hagas un mundo de algo que no lo es. Fue una expresión. 

Guillermo: Ofelia tuvo destrato de Hamlet.  

Leda: Si. 

Guillermo: Yo no te destrato, nunca te destraté, al contrario, me desvivo por vos. 

Leda: No puedo creer que vuelvas a hacer esto. 

 ¡Que vuelva a hacer, ¿qué?! 

Leda: ¡Drama! ¡Provocar drama! 

Guillermo: ¿Drama? 

Leda: ¡Si, tu capacidad de hacer drama! 

Guillermo: Estábamos lo mas bien y vos dijiste eso, no dijiste cualquier cosa, dijiste eso. Hablaste de morir, peor, de suicidarte, como Ofelia.  

Leda: Vos estás loco, hechas todo a perder, todo, cualquier momento lindo. 

Guillermo: ¡Ah, sí, yo ahora!  La tipa habla de sus fantasías de matarse, y yo echo a perder el momento.  

Leda: ¡Lo estropeas todo! (Comienza a juntar las cosas del picnic y aguardarlas dentro de la canasta.) Guillermo: ¿Qué haces? 

Leda: Me voy. 

Guillermo: ¿Me voy o nos vamos? 

Leda: Me voy. 

Guillermo: ¡Ah, te vas, mira!  

Leda:  ¡Si, me voy!  

Guillermo: ¡No me hagas esto! 

Leda: Me voy, Guillermo. 

 No es un lago. Es un río. Un río correntoso, no es romántico, un río correntoso. 

Leda: Vos no sos romántico. 

Guillermo: ¿Yo no soy romántico y vos hablas de suicidios?   

Leda: Estoy harta de vos. 

Guillermo: ¿Ah, sí?  

Leda: ¡Sí!  

Guillermo: ¡Yo también estoy harta de vos! ¡Harto!  

Leda: Me voy. 

Guillermo: ¡Si te vas me tiro al río! Vas a ver que no es nada romántico. 

Leda: Tirate, tirate tranquilo, ¿es lo que queres? Tirate. 

Guillermo: No, es lo que vos querés, morir como Ofelia. ¡Tirate, me decís! ¡Me decís, tirate! 

Leda: ¡Sí!  

Guillermo: No me amás, no te importo nada.  

Leda: No me hagas ese gesto. 

Guillermo: ¿Qué gesto? (Leda se acerca y lo besa apasionadamente. Ambos se sobresaltan) ¿Qué fue eso? 

Leda: (Señala) ¡Allá!  

Guillermo: No puede ser. 

Leda: Si, se desprendió la tierra donde estaba ese árbol y flota sobre la corriente. 

Guillermo: ¡Se lo lleva la corriente! Podríamos haber sido nosotros, ese árbol estaba a tres metros nuestro. 

Leda: Así es. 

Guillermo: ¿Te das cuenta? No nos toca morir hoy. Ni como Ofelia, ni como 

Guillermo, ni como Leda. ¿Te das cuenta… Leda: ¡Sí!  

Guillermo: …podríamos haber muerto. 

Leda: ¡Muerto!  

Guillermo: ¡Así, de repente! 

Escena 3: La vida es una tómbola. 

Dos hombres jugando a la pelota, cuerpo a cuerpo, uno intenta sacarle la pelota al otro. 

Cabeza: ¡Ole! (Tiempo de acción) ¡Ole! 

Tomás: ¡Ole, qué, ole, qué! 

Cabeza: ¡Sos malísimo! 

Tomás: ¡Qué malísimo, qué malísimo! (Le saca la pelota. Grita.) ¡Ohhh, mira! ¡Mira que malísimo! (Hombre 1 intenta sacársela) ¡Ole! ¡Ole! ¡Sacámela, sacámela! (Corren de un lado para el otro) 

Cabeza: ¡Pará, boludo, mira lo  que hiciste! (Detienen el juego) Tomás: ¿Qué? 

Cabeza: Ni lo viste, casi lo pisaste. (Miran al suelo)  Tomás: ¡Uy, ni lo vi! 

Cabeza: No, ni lo viste.  

Tomás: ¡Me cuesta ver, sabes, Cabeza, me cuesta ver, casi lo piso!  

Cabeza: ¿Mirá si lo pisabas? 

Tomás: ¡Noooo, mira si lo pisaba! 

Cabeza: ¿No lo pisaste, cierto? 

Tomás: ¡Mirá si lo pisé! 

Cabeza: ¿Lo pisaste? 

Tomás: ¡No sé, no, creo que no, pero mirá si lo pisé! 

Cabeza: No se mueve. 

Tomás: No, no se mueve. 

Cabeza: Lo pisaste. 

Tomás: ¿Sí? No sentí, yo. 

Cabeza: No se mueve. 

Tomás: No, no se mueve. 

Cabeza: Vamos  

Tomás: No, ¿cómo vamos? , ¿cómo vamos?, no, vamos, no. 

Cabeza: ¿Cómo lo vas a pisar? 

Tomás: Es una desgracia, así ocurren las desgracias. Las desgracias ocurren cuando uno no quiere, si uno quiere no es una desgracia. 

Cabeza: ¡Lo siento, amigo! Fue una desgracia. 

Tomás: (Llora) ¡Sí! 

Cabeza: (Grita) ¡Se mueve, se mueve!  

Tomás: ¡Se mueve, se está moviendo!(Festejan, saltan, golpean un pecho 

contra otro, gritan.) 

Tomás y Cabeza: ¡Se mueve, se mueve, se mueve, se mueve! 

Cabeza: ¡Te quiero porque te importa la vida! 

Tomás: Si, me importa la vida. 

Cabeza: ¡Pasa que los caracoles quedan mucho tiempo quietos! 

Tomás: O se mueven pero es tan, TAN, lento, que ni lo percibimos. 

Tomás y Cabeza: ¡Se mueve, se mueve, se mueve, se mueve! (Festejan, saltan, golpean un pecho contra otro gritan.) ¡Se mueve, se mueve, se mueve, se mueve! 

Tomás: (Se detiene) ¡Uy, lo pise!  

Cabeza: No te pongas mal, fue una desgracia, no fue queriendo. ¡También, ir por acá!  

Tomás: (Levanta al caracol, lo mira mientras lo sostiene con dos dedos) ¡Lo siento! 

Cabeza: ¡Vamos a darle sepultura! 

Tomás: Si. ¡La vida es una tómbola! Hoy estamos, mañana no.  

Cabeza: Ahora estamos, después no. (Hace con su propia mano un sonido como si tocara una trompeta, hace una melodía funeral. Tomás besa al caracol, solloza en un suspiro, escarba un pozo en la tierra, pone al caracol allí, lo tapa de tierra, pisa la tierra) ¡Listo! 

Cabeza: Si. (Ambos miran la pelota. Cabezacorre hasta la pelota y comienza a moverla) ¡Ole! (Tiempo de acción) ¡Ole! 

Tomás: ¡Ole, qué, ole, qué! 

Cabeza: ¡Sos malísimo! 

Tomás: ¡Qué malísimo, qué malísimo! (Le saca la pelota. Grita.) ¡Ohhh, mira! ¡Mira que malísimo! (Hombre 1 intenta sacársela) ¡Ole! ¡Ole! ¡Sacamela, sacámela! (Corren de un lado para el otro) Escena 4: Morís para mí. 

Dos mujeres bailando una música suave y romántica.  

Emma: Voy a pedirte irme yo primero. 

Julia: Está bien. 

Emma: Sabes, soy muy sensible, no podría resistirlo. 

Julia: Está bien. 

Emma: Cuando te vayas, andate de una. Y, por favor, no vuelvas a escribirme nunca. 

Julia: Está bien. 

Emma: A partir de ese momento, morís para mí, ¿sí? 

Julia: Está bien. 

Emma: ¿Todo está bien? 

Julia: Si.  

Emma: ¿No estás en desacuerdo con nada? 

Julia: No. 

Emma: ¿Pero qué sentís? ¿Te duele? 

Julia: ¿Dónde? 

Emma: El corazón, el alma, las decisiones éstas. 

Julia: Está bien. 

Emma: Te propuse esta forma porque no era justo terminar de otra.  

Julia: Está bien. 

Emma: Yo te susurraría poemas, quizás hasta te cantaría al oído o te besaría con besos hiedra, para que la lengua enraíce dentro de tu boca…  Julia: Está bien. 

Emma: Yo besaría toda tu espalda, y mordería tu nuca… (Se detiene) ¿Está bien? 

Julia: Está bien. 

Emma: ¿Lo hago? 

Julia: Está bien. 

Emma: ¿Lo hago y después no nos vemos nunca más? ¿O nos vemos? 

Julia: No nos vemos nunca más. 

Emma: De acuerdo. (Se besan, se tocan) Me parecía brutal otra forma de despedirnos. 

Julia: Brutal. 

Emma: Está bien. 

Julia: Fuiste el amor de mi vida. 

Emma: Está bien. 

Julia: Nunca sentí amar a nadie, como te amo, (Se corrige)  te amé. 

Emma: Está bien. 

Julia: Me parece cobarde que no quieras seguir, sólo para no sufrir más el día que esto acabe. 

Emma: Bueno, no hablemos más, bailemos en silencio. 

Julia: Está bien.  

Emma: Siento desencajado algo acá (Se toca el pecho) Algo roto. 

Julia: Está bien.  

Emma: Creo que no estoy pudiendo respirar. 

Julia: Todo está bien.  

Emma: Te amo, más que a mi vida. 

Julia: Eso no está bien.  

Emma: No, no está bien. Creo que me estoy muriendo, no estoy pudiendo respirar. ¿Muero acá, en tus brazos? 

Julia: En mi pecho, morí en mi pecho. 

Emma: ¿En tus labios? (Julia se aproxima como para besarla.) No, no en esos. 

Morir en tus labios, quiero. 

Julia: Está bien.  

Emma: ¿Está bien? (Julia asiente con la cabeza. Emma se agacha, se mete dentro de la pollera de Julia, al instante la levanta, quedando cubierta por su pollera) 

Julia: (Goza. Inesperadamente) ¡Ay, me muero! ¡Me muero! ¡No puedo respirar!!Muero! ¡Muero en tu boca! ¡Muero! (Cae al suelo, muerta. Emma sale lentamente de su pollera, en silencio recorre su cuerpo, oliéndola) Nunca sentí amar a nadie, como te amo, (Se corrige)  te amé. 

Escena 5: Algunas muertes pueden salvarnos la vida.  

Un hombre modelando frente a otro que lo pinta.  

Pintor: ¿Cómo te llamas? 

Adonis: Adonis. 

Pintor: (Da pinceladas) No podías tener otro nombre, otra cara, otro cuerpo, Adonis. Sos perfecto. El hombre más bello que vi sobre ésta tierra. 

Adonis: Yo nací en el sur de Italia. (Se mueve) 

Pintor: ¡No te muevas! ¡No te muevas que aparece una sombra!  

Adonis: Es mi propia sombra, deberías pintarla. 

Pintor: Calla, mocoso, no pretendas decirme qué pintar o que no pintar. Al término de esto te invito a comer ostras en mi cama.  

Adonis: La sombra resalta mi luminosidad. Sin ella, no podrías ver mi belleza. Pintor: ¿Ah, no? ¿Cuánta sombra y cuánta belleza tienes? 

Adonis: Es directamente proporcional la belleza a la sombra, o la sombra a la belleza. 

Pintor: Puedo ver tu belleza, hasta ahora no veo tu sombra. 

Adonis: Soy igual de feo que lindo. No me hagas enojar, puedo dañarte, clavar mis dientes en tu yugular. 

Pintor: ¡No te muevas! ¡No te muevas, dije! (Adonis  se sale de la postura que sostenía) ¡Pero, pendejo, no te muevas, dije, no te muevas!  

Adonis: Pendejo, un coño, soy un lobo, un lobo hambriento, voy a atravesar ese haz de luz, para mostrarte mi sombra.  

Pintor: ¿Ah, sí? 

Adonis: Si.  (Se dirige hacia el Pintor, lo agarra del mentón.) Deberías pintar mi sombra, la integración de la forma es fundamental para la totalidad, develar los misterios reprimidos, los rasgos, deseos, impulsos y emociones que no concuerdan con mi imagen. ¿Qué artista no ve la sombra? 

Pintor: (Le pega un cachetazo, Adonis se lo devuelve, así sucesivamente muchas veces, en silencio, cada vez más rápido y más fuerte. Adonis arranca el lienzo y lo hace un boyo) ¡Ahora si la veo! Tu fealdad abominable. Voy a pintar solo eso.  

Adonis: ¡Qué suerte! Dejé de ser algo bonito para ser algo humano. Algunas muertes pueden salvarnos la vida.  

Escena 6: Como queriendo acariciar en la derrota el vivir mismo. 

Suena una música alegre. Una poeta, mujer mayor, anciana, sentada en un sillón, a su costado una mesa donde tiene una botella de vino y una copa , una torta, sándwiches de miga, masas finas.  Todo el espacio está rodeado de papeles tirados por el suelo, hojas de libros, libros. Frente a ella, una cámara de video, graba toda la escena, ella graba esta escena para otros. 

Poeta: Éstos son mis últimos minutos. Así lo imaginé siempre y así lo merezco. (Se sirve vino en la copa, bebe, come una masita.) 

Renacer es más importante y significativo que haber nacido.  Esa es la potestad que tenemos los humanos. Morir y nacer como queramos. No  se deja de nacer y de morir. A los que me mataron, por haberme hecho nacer, salud. 

(Levanta la copa y bebe) A ellos les dedico cada minuto de mi vida gozosa. 

Estoy feliz, he vivido plenamente. (Agarra una hoja del suelo y lee en voz alta)  

Yo trabajo la tierra, hundo mis manos en sus huecos,  sudo  en ella,  poesía. 

En la medida en que hablo y leo, me voy quedando sin palabras, vaciándome de sonidos, de lenguaje, sólo quiero llegar a mí, es ésta una despedida honesta, de eso se trata. 

(Agarra al azar una hoja del suelo y lee en voz alta)  

De espirales y torbellinos. De sonidos entre vientos arrasadores.  

De tierras secas, desgajadas.  

De lo perdido, de la reverberancia de la calma, de aquello que es profundo.  

Del vértigo mismo de aquel misterio.  

De lo que no tocaré, de lo que me habita en su ausencia.  

De sentirme próxima al latido cuando camino hacia dentro y respiro.  

Retumba, resuena, renace.  

Soy porque otros me habitan.  

Otros que me agitan y me calman.  

Ésta es una invitación al movimiento,  lo importante no es el destino final, sino este viaje,  

la vida que puede acontecer en el calor de los encuentros que transforman. 

Es así, no teman, los pájaros me acompañan, yo decido irme, alondras me llevan hacia ese otro lugar, desconocido, caen las palabras sin voz, plasmadas sobre un papel, que ya no me pertenece. (Suelta la hoja, mira su caer atentamente) 

Veo el caer pausado, yendo y viniendo en el aire de un lado a otro, como queriendo acariciar en la derrota el vivir mismo. 

Memoria: En todos los nombres, todos los paisajes, todas las músicas, todos los tiempos, todas las historias, huelo en silencio tu hueco, descarnado… o de carne curtida, tras el paso del tiempo. Intangible espesor que te nombra enmudecido. Como lo que no existió nunca pero se evoca, como un sabor a durazno que se aleja. (Toma la copa de vino, bebe hasta acabarlo.) 

He podido amar siempre, esa es mi paz absoluta, he podido amar por sobre el odio, por sobre el dolor, por sobre el olvido mismo. He podido amar. Ese es el yo que no muere. (Sube la música, reposa su baza contra el respaldo del sillón, respira cada vez más profunda e intensamente, cierra sus ojos y muere en paz.)  

Escena 7:Los ojos  más tristes del mundo. 

Dos paisanos en el campo. 

Paisano 1: Parece que lo llevó puesto, nomás. 

Paisano 2: Pobre hombre, ¿no llego  ni a verlo venir? 

Paisano 1: Parece que el toro ese se las tenía junadas. 

Paisano2: ¿Pero qué, cómo decís vos? 

Paisano1: Parece que el  hombre le había carneado a su ternero, frente a sus 

ojos.  

Paisano 2: Los ojos  esos y los de las vacas son los más tristes del mundo. 

Paisano 1: (Asiente.) ¿Viste vos? 

Paisano 2: Me tengo que pegar fuerte en el pecho pa no llorar cuando me miran así. 

Paisano 1: (Asiente.) ¿Viste vos? Parece que lo abatió el toro, nomás, lo hechó por la tierra, lo  destrozó todo.  

Paisano 2: ¿Y vos decís que fue por faenar a su ternero? 

Paisano 1: ¡Frente a sus ojos!  

Paisano 2: ¡La pucha, estamos todos en peligro! 

Paisano 1: ¡Y, si se retoba la fauna, si! 

Paisano 2: ¡La pucha, estamos todos en peligro! 

Paisano 1: ¡Sí! 

Paisano 2: ¡La pucha! 

Paisano 1: ¡Sí! 

Paisano 2: ¡Vos sabes que yo, sentí, como que me miraban mal el otro día! 

Paisano 1: (Asiente.) ¿Viste vos? 

Paisano 2: ¿Vos decís? 

Paisano 1: ¡Sí! 

Paisano 2: ¡La pucha! 

Paisano 1: (Saca el facón y advierte con un gesto a Paisano 1 que deben defenderse) ¡Ahí viene uno! 

Paisano 2: (Saca el facón y se pone en defensiva. A Paisano 1)  ¿Vos decís que nos entiende, lo que hablamos? 

Paisano 1: Y, yo creo que sí, pero no sé. 

Paisano 2: ¡La pucha! 

Paisano 1: Hablale  nomás y vemos. 

Paisano 2: Si no escucha, lo vuelvo a invitar a escuchar, y si no escucha de nuevo, lo degollamos, vos vas por la izquierda y yo por la derecha, facón en alto. ¿Oíste? 

Paisano 1: ¿Vos decís? 

Paisano 2: ¡Sí! 

Paisano 1: Hablale , hablale que se viene nomás. 

Paisano 2: Mirá Toro, yo no quiero descuartizarte, ni degollarte, tampoco carnear a tu hembra ni faenar a tu ternero, es mi trabajo, ¿viste? Yo estaba acá tranquilo, y vos viniste. 

Paisano 1: Atenete a las consecuencias, decile.   

Paisano 2: Atenete a las consecuencias, si seguís avanzando. 

Paisano 1: Que no queremos morir ni matarlo, decile.   

Paisano 2: Que no queremos morir ni matarte, ¿entendés? Somos buenos tipos. ¡Nooooo, no me mirés así, con esos ojos! 

Paisano 1: Con esos ojos, no. 

Paisano 2: Con esos ojos, no. Los ojos más tristes del mundo. ¿Me querés hacer llorar, vos?  (Se pega un golpe fuerte y seco en el pecho) ¡Ay, la re  put….!  

Paisano 1: Nosotros estábamos acá por tomar un mate, nomás. Al caer la 

tarde. 

Paisano 2: Que no queremos morir ni matarte, ¿entendés? ¡No me mirés así, con esos ojos! (Se larga a llorar) 

Paisano 1: ¡Guarda, ahí viene! (Levantan el facón, uno va por la izquierda, otro por la derecha, gritan salvajemente, con movimientos bruscos y fuertes, degollan al Toro.)  

Paisano 2: (Se pega un golpe fuerte y seco en el pecho) ¡A faenar, no queda otra! (Los dos arrastran  con fuerza al cuerpo del toro, se sientan en cuclillas, y mientras que lo faenan, hablan.) 

Paisano 1: Parece que lo llevó puesto, nomás, unos cuantos metros lo arrastró. 

Paisano 2: ¡Que hijo de puta! Pobre hombre, ¿no llego  ni a verlo venir? 

Paisano 1: No pudo defenderse, no  pensó, no llegó a tiempo. Parece que el toro ese se las tenía junadas. 

Paisano2: ¿Vos decís que por haberle carneado a su ternero, frente a sus ojos? 

Paisano 1: Los ojos  esos y los de las vacas son los más tristes del mundo. 

Paisano 2: (Asiente.) ¿Viste vos? Me tengo que pegar fuerte en el pecho pa no llorar cuando me miran así. 

Paisano 1: (Asiente.) ¿Viste vos? (Tiempo.) Parece que lo abatió el toro, nomás, lo hechó por la tierra, lo  destrozó todo.  

Paisano 2: ¿Y vos decís que fue por faenar a su ternero? 

Paisano 1: Lo mató, nomás, así, como nosotros. 

Paisano 2: ¡Pobre hombre! 

Paisano 1: Está muerto. 

Paisano 2: Si, muerto. 

Escena 8: Algo así como el destino

Una florista, prepara una corona fúnebre con atención, dedicación, esmero y alegría. Habla con una amiga.  

Luz: No, lo conocí  de casualidad, no me  lo presentó nadie. Fue algo así como el destino. Tenía que conocerlo. Yo salía de éste negocio, estaba bajando la persiana  metálica, que da un trabajo bárbaro y a veces se atora, se queda trabada. Bueno, pasó eso, yo estaba forcejeando, por suerte pasó el, me ofreció ayuda, le dije que si, destrabó la persiana y al irse, me preguntó mi nombre. Cuando le dije “Luz”, me sonrió y se fue. A partir de ese día venía todos los días y se llevaba un ramillete de flores, lo armaba yo, a mi gusto. Así fue conociendo mi gusto, pienso. Un día me preguntó si yo estaría dispuesta a hacer una corona fúnebre, me explicó que tenía una funeraria y que daban ese servicio a la familia de los muertos, la corona gratis. Le dije que sí, me animé. Un día me  invitó a salir, a tomar un café, le dije que sí. Bueno, nos besamos, paso de todo y empezamos a salir. Hace 6 meses de esto. Estoy muy bien, me  siento feliz, me hace sentir cosas hermosas y es muy dulce conmigo. Somos buenos compañeros. La funeraria la tiene acá a la vuelta, cada vez que se me  traba la persiana lo llamo y viene a destrabarla. Tenemos proyectos juntos. Me regalo un anillo, yo le había dicho que a mí no me gustaban esas cosas, pero él quiere ir haciendo todos los pasos, el compromiso… todo eso. Estoy embarazada, ¿sabes? Estoy feliz, estamos, fue algo así como el destino. Tenía que conocerlo. 

Escena 9: Morir naciendo. 

En una mesa, un mantel blanco, una botella de vino tinto, una copa, un florero con una flor roja.  

Sobre una silla roja un hombre sin rostro, o mejor dicho con un rostro de superficie blanca, desparrama su torso sobre la superficie de la mesa, estira su mano, queriendo alcanzar a la botella y queda inmóvil.  

El hombre lleva zapatos de vestir, pantalón de vestir negro, remera blanca, un sobretodo negro y un sombrero, comienza a mover sus pies  haciendo un sonido de ritmo cada vez más acelerado, suma el movimiento de un dedo, percutiendo sobre la mesa, mientras mantiene la misma postura, luego suma una voz que tararea una melodía. Terminada la melodía, el hombre llora. 

Hombre: Morir, estar muerto para muchos. Muerto. Ver mi sombra, mi oscuridad, aceptarla, aceptar mis impulsos, ver mis anudamientos, mis desencadenantes, mis represiones, iluminarlos y hacer de mí todo un yo amado. Integrar mi sombra a la luz, mecer mi agonía, ningún tango habla de éste duelo. He imaginado, muchas veces, posibles formas de morir. Incluso formas que sean originales, para dar que hablar, una muerte simple, no llamaría la atención ni estaría a la altura de mi poesía. He imaginado, por ejemplo, que un cactus me pinchara en el corazón, hiriéndolo de tal manera con su aguja punzante, que produjera que un delicado hilo continuo de sangre, no dejara de correr hasta vaciarme, y que  al darme cuenta de esto, de mi irreductible muerte, yo pintara sobre una pared blanca, usando el hilo de sangre como tinta, como sustancia. Imaginaba, ¿qué pintaría ante mi muerte? Una manzana, una manzana roja.  

Calla. Continua moviendo  sus pies  haciendo un sonido de ritmo cada vez más acelerado, al que  suma el movimiento de un dedo percutiendo sobre la mesa.  

Hombre Bermellón: (Aparece, es un hombre monocromo, esta vestido todo de color bermellón, su propio rostro y sus manos son también de ese color. Camina lento hasta el Hombre. Pisa su pie, deteniendo el sonido, pone su mano sobre el dedo, aquietando su movimiento. Se ubica detrás de la silla del Hombre, de un brusco y fuerte movimiento, separa la silla donde este está sentado, de la mesa. El Hombre desploma su torso sobre sus propios muslos. Hombre Bermellón, se pone frente a él, toma sus brazos, los sacude, como si estuviera sacudiendo a un mantel. Cada sacudida hace que Hombre se levante de un impulso, poniéndose en pie y volviendo a caer sentado sobre la silla. 

Esto sucede varias veces. Hombre Bermellón levanta a Hombre, cargándolo sobre sus brazos  como se carga a un niño, con un brazo sostiene su espalda y con otro sus piernas.) 

Hombre: He muerto, lo sé. He muerto. ¿Quién eres? 

Hombre Bermellón: Yo soy tu mismo, o tu deseo. Vine a no dejarte morir, vine a morir naciendo. 

FIN  

Las autorizaciones para el montaje total o parcial de esta obra pueden solicitarse a la autora, a través de: jazmin.garcia.sathicq@gmail.com

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