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“El teatro me pervirtió”: Sergio Magaña

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Se cumplen cien años de su nacimiento

El autor de Los signos del zodíaco-Foto INBAL

“El teatro me pervirtió”, reconoció públicamente Sergio Magaña acerca de este arte que ni siquiera le entusiasmaba y al que lo introdujo Emilio Carballido.

Sergio Magaña es considerado uno de los autores dramáticos más representativos de la dramaturgia mexicana del siglo XX. Su obra no tan vasta como la de otros grandes dramaturgos como Rodolfo Usigli o compañeros suyos de oficio, vocación y generación: Luisa Josefina Hernández y Emilio Carballido, puede reconocerse como fundamental. Las aportaciones de Magaña al teatro mexicano a través de su escritura dramática son, desde la mirada serena del siglo XXI y a más de veinte años (este 2024 mas de 30), de su fallecimiento, claras y sustantivas. Magaña aportó al teatro mexicano aspectos notables tanto desde la perspectiva temática como desde las estructuras mismas de sus obras. A lo largo de toda su dramografía podemos encontrar, lo mismo el espléndido manejo del melodrama, como textos teatrales con resonancias trágicas, así como formas cómicas y de la llamada pieza moderna.

Nació en Tepalcatepec, Michoacán, el 24 de septiembre de 1924; y falleció en la Ciudad de México, el 23 de agosto de 1990. Estudió en una escuela de jesuitas en Cuernavaca y después ingresó a la facultad de Filosofía y Letras de la UNAM donde hizo la maestría en Letras inglesas. En 1946 formó junto a Emilio Carballido y otros estudiantes, la Sociedad Literaria Atenea de Filosofía y Letras, que después se convirtió en el grupo de Teatro de la misma facultad. En 1988 recibió el Premio Nacional de Literatura Juan Ruiz de Alarcón, por su trayectoria como dramaturgo.

Como buen augurio de una carrera y presencia sobresalientes en el teatro nacional, el 17 de febrero de 1951 se estrenó en el Palacio de Bellas Artes la obra Los signos del zodiaco, con texto original de Magaña, entonces de 26 años, bajo la dirección de Salvador Novo, entonces director del Departamento de Teatro del INBAL. Esta obra marcó un hito al poner sobre el escenario del Palacio de Bellas Artes el retrato completo de una típica vecindad de la Ciudad de México, incluidos los personajes que la habitan, seres definidos por una determinación social, como apuntan algunos autores.

El cronista, dramaturgo y ensayista José Joaquín Blanco en su artículo Los signos del zodiaco (1997) reivindica el talento y originalidad de Magaña: “Su lenguaje coloquial es admirablemente efectivo, natural, y su vitriólica sátira a la clase media baja no ha tenido parangón”. Este hecho anticipa lo que autores como Oscar Lewis, Carlos Fuentes, Fernando del Paso y José Agustín mostraron en sus obras: Los hijos de Sánchez, trabajo antropológico, y las novelas La región más transparenteJosé Trigo y De perfil, respectivamente, añade.

En su búsqueda como creador dramático, lo mismo explora en la historia de México, como en la vida cotidiana del hombre común de la Ciudad de México en donde su capacidad de observación le lleva a crear personajes y situaciones dramáticas que se traducen en momentos de “pequeñas tragedias cotidianas”, según se aprecia en su obra Los motivos del lobo (1968). Magaña logró con su propuesta teatral hacer un poderoso retrato de costumbres de la realidad de su tiempo; del México de la segunda mitad del siglo xx y décadas posteriores. Sujeto a las influencias de los grandes autores dramáticos clásicos, pero también a la literatura y la dramaturgia norteamericana de su tiempo.

Los motivos del lobo (1965) es una obra que relata las últimas horas de la vida de Martín Guolfe y su familia, que a excepción del padre, había vivido 17 años encerrada en el interior de su hogar. Criados en cautiverio, los hijos del matrimonio Guolfe –Fortaleza, Lucero, Libertad y Azul– conocen poco del mundo exterior.

Considerada por la crítica mexicana como una obra de tesis, Los motivos del lobo es de hecho una pieza con declaradas intenciones alegóricas que nos desliza en un recorrido de la decadencia familiar propiciada por las expectativas de una excesiva virtud.

Magaña fue “un ser excepcional, dramaturgo prolífico, excelente ser humano, simpatiquísimo. Es sin duda un importante pilar en la dramaturgia mexicana”, así lo describió el reconocido director de teatro José Solé (1929-2017).

En el caso de Los motivos del lobo, de Magaña, la anécdota está basada en un hecho real que también dio pie a la película El Castillo de la Pureza, narra el extraño caso de un individuo que, en aras de mantener un estado de ideal pureza, literalmente encierra a su familia en su domicilio durante muchos años, evitando cualquier contacto con el exterior que pudiera «contaminarlos».

El dramaturgo se basa en este suceso recreándolo al darle forma teatral, como una crítica a aquellos utopistas inadvertidos de que no es sino en el seno mismo de la sociedad y a través de sus contradicciones donde puede fortalecerse un ideal de cambio; pugnando valores y acciones en contacto con el medio en que se desarrollan. Así, en el ejemplo que se nos muestra, la familia no solamente se destruye por la voracidad caníbal del exterior, sino que se erosiona en su interno como un cuerpo deformado en una coraza que no protege sino asfixia.

La anécdota nos resulta doblemente interesante, porque no solamente podemos leerla en el sentido genérico y social como fue pensada por Magaña, sino también en aquel particular de muchos grupos que han corrido este destino por tratar de cerrar filas contra un medio, naturalmente hostil e indiferente, hasta el punto en que llegaron a perder de vista sus propios postulados básicos de exigencia de cambio, para dedicarse a una labor de convento-manicomio que los llevó progresivamente a una tal ceguera que los destruyó en su interno a partir de un exorbitante y patológico crecimiento de las pasiones y debilidades personales. Allí donde las palabras «libertad» y «revolución», cada vez más obsesivamente mencionadas, terminaron por encubrir despóticamente dictaduras y actitudes cotidianas harto reaccionarias.

El provocador reinante del cine mexicano, Arturo Ripstein, atrajo por primera vez a una audiencia internacional con su tercer largometraje de éxito: una deconstrucción claustrofóbica, húmeda y perversamente depravada de la unidad familiar. Basada en una «historia real» de la década de 1950, que también fue más tarde la inspiración para Dogtooth de Yorgos Lanthimos, El castillo de la pureza, se desarrolla principalmente en los espacios reducidos de una casa, donde un violento y sobreprotector vendedor de veneno para ratas (Claudio Brook, habitual de Buñuel) ha encarcelado a su esposa e hijos durante dieciocho años y está cayendo en la locura. El castillo de la pureza lleva el melodrama patriarcal a sus extremos literales y extraños, mezclando la histeria de los dramas de masculinidad en crisis con una violencia sorprendente y el humor negro buñueliano.

Referencias:

https://www.uam.mx/difusion/casadeltiempo/16_may_2015/casa_del_tiempo_eV_num_16_27_30.pdf. 

http://www.elem.mx/autor/datos/629

https://filmineria.unam.mx/sergio-magana-biografia

https://www.gob.mx/cultura/prensa/sergio-magana-referente-del-teatro-neorrealista-mexicano

http://www.elem.mx/obra/datos/21288

https://carteleradeteatro.mx/2017/excepcional-dramaturgo-prolifico-excelente-humano-sergio-magana-27-anos-muerte/  

https://criticateatral2021.org/html/resultado_bd.php?ID=6737

https://www.filmlinc.org/films/the-castle-of-purity/ 

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