En España existe un gobierno central y diecisiete autonómicos. Los asuntos culturales están transferidos a las autonomías y en los estatutos de algunas pone muy claro, Cultura: exclusividad de la Autonomía. Por lo tanto, descifrar el sistema de funcionamiento de todos los entramados administrativos, gremiales, asociativos y de producción es un ejercicio cercano a la nigromancia.

Escrito por: Carlos Gil Zamora
La Comunidad de Madrid tiene unidades de producción propias, al igual que el Ayuntamiento, además de centralizar las del Ministerio de Cultura que a través del INAEM dispone del Centro Dramático Nacional, los Ballets y compañías de danza. Catalunya tiene Teatro Nacional, dependiente de la Generalitat, además de teatros con producción propia en Barcelona del ayuntamiento; Galicia tiene un Centro Dramático Galego con producciones propias. En ninguna de estas unidades de producción teatrales existe una compañía estable, asunto que no se quiere ni atender porque se esgrimen prejuicios enquistados para rechazar esta posibilidad.
En todas las autonomías hay subvenciones y ayudas para la producción y exhibición de espectáculos en los más de setecientos teatros, auditorios y salas de titularidad pública diseminados por toda la geografía, así como un gran número de festivales de todas las categorías, formatos y presupuestos.
Con esta situación general, se mantiene la malísima costumbre de cambiar a los responsables de programación o de dirección de teatros y centros cuando hay elecciones. En muchas ocasiones, siendo los nuevos responsables políticos del mismo partido, algo sucede que siente la necesidad de cambiar con otros los nombramientos y hasta con las estructuras que han ido funcionando. Este mal hábito se aplica en todos los lugares, con excepción de aquellos teatros de ciudades que esa plaza se ocupó tras una oposición, un concurso específico. Son los menos, pero son algunos que pueden mantener una continuidad en el responsable, aunque se sufre la injerencia de los políticos que llegan con sus miradas partidistas en diferente grado de intolerancia.
Existe un debate, o al menos un cruce de opiniones sobre la manera de acceder a los puestos de dirección de teatros y festivales de titularidad pública. Parece que la idea que provoca mayor consenso es que se realice a base de concurso público. La metodología más habitual es que el equipo político que tiene la gestión establezca unas condiciones, nombre a un jurado el cual debe estudiar los proyectos presentados y proponer una terna de la que la parte contratante, la administración pública y su político de turno, elegirá al que le parezca mejor para cumplir con sus objetivos.
Fíjense en el detalle de que el jurado no elige directamente, sino que propone una terna. Por lo tanto, con una buena selección del jurado y confiando en que el que más gusta esté presente en la terna, acaban saliendo, siempre, los que todos sabemos que van a salir. Pueden existir excepciones. Raras. Muy raras. Este sistema es considerado el más democrático, pero lleva implícita una duda razonable. Muchas personas con capacidades para esos puestos no desean verse sometidos a ese proceso abierto en el que pueden no salir y quedar relegados, y, piensan, desacreditados.
La otra forma o manera es la designación directa. Una prospección, unas entrevistas, un pequeño grupo de políticos y asesores del partido que ejerza en cada momento la gestión, pueden buscar a figuras, a personas con experiencia y capacidad de gestión, además de tener ya un reconocimiento previo que aporte valor añadido. En este caso, además, quien nombra asume la responsabilidad absoluta sobre ese nombramiento y su gestión. No tiene ninguna excusa ni parapeto si lo que se hace resulta insuficiente o no cumple con las expectativas.
En mayo de 2023 se realizaron elecciones municipales y autonómicas con un vuelco electoral. Desde entonces en autonomías muy importantes han accedido a Cultura miembros del partido VOX que es de extrema derecha. Sus decisiones son, en ocasiones, controvertidas, pero hasta el momento no ha habido recortes considerables. Pero han cambiado a todos los responsables de todas las áreas, incluidas las artes escénicas.
En Madrid se ha hecho cargo de la Cultura en la Comunidad Mariano de Paco, director, gestor, docente que ha tomado decisiones que cuesta entender. Para el Festival de Otoño ha nombrado e Pilar Yzaguirre, octogenaria que ya estuvo al frente del mismo hace unas décadas. En los Teatros del Canal, donde estaba de directora Blanca Li, ha formado una sexteto de asesores-directores y en el resto de estructuras ha ido colocando a personas que tenían otros cargos. Eso sí, ha destinado dos millones más de euros para la gestión. Y hay que recordar que tiene muchos festivales y programaciones especiales.
En el ayuntamiento ha pasado algo parecido, el Teatro Español que es el eje central, junto a las Naves del Matadero, tenía una dirección, pero ahora se ha colocado a una persona en cada una de sus cuatro salas. Hay que esperar unos meses para ver si esta atomización tiene efectos positivos.
Es en el mismo Madrid donde están las unidades de producción del INAEM (Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música) dependiente del Ministerio de Cultura que desde el mes de noviembre pasado está en manos del partido Sumar, coaligado con el PSOE en la gobernación de la nación. Los nombramientos en la estructura de gestión política han cambiado casi en su totalidad, pero hace una semana en una decisión de difícil comprensión han decidido prorrogar los contratos de todos los directores que finalizaban su compromiso. Una continuidad que no se corresponde con logros tangibles en lo artístico, por lo que se supone responde a que tienen otras prioridades, ya que hace mucho que se habla de convertir ese Instituto en una Agencia. Y otros planes que nunca se concretan.
Así estamos en los últimos meses, esperando todavía algunas decisiones en otros puntos de la geografía u otros festivales. Se da otra situación para tener en cuenta ya que empiezan a jubilarse las personas que durante años han estado al frente de instituciones, festivales y teatros, por lo que está en marcha una renovación generacional que todavía no se ven claras sus consecuencias.
Y para colmo, escribo con un presidente de gobierno que está reflexionando sobre si sigue o lo deja, lo que nos puede llevar a nuevas elecciones.
Y, sin embargo, se escribe, se dirige, se ensaya, se produce, se estrena y, en ocasiones hasta se gira. Con muchas dificultades y desigualdades manifiestas.



