spot_imgspot_imgspot_imgspot_img

El estado de vilo, ¿Qué es y cómo se genera?

Date:

Última prueba, obra del docente y dramaturgo Fernando Zabala. Foto de Marcos Allende

Hay algo que denomino usualmente en mis clases de dramaturgia como: El estado de vilo. Hay obras que mantienen este estado de vilo de una forma magistral y genuina. Pero antes de adentrarnos en ejemplos referenciales, propongo mejor reflexionar exhaustivamente sobre este concepto.

Las palabras “en vilo”, significan estar en el aire sin tocar el suelo. En el término físico, significa sin estabilidad, mientras que, en el término emocional, significa duda. Por lo tanto, en el caso del teatro, este estado de vilo, es lo que podríamos llamar: El pulmón de una obra.

Si el estado de vilo está bien planteado en la trama, genera siempre un campo de incertidumbre que abre los sentidos hacia lugares insospechados. Este campo recubre el conflicto iniciático en la pieza y las intenciones que pueda tener uno o más personajes en la obra.

Si tenemos una estructura en donde el problema no se termina por visualizar con claridad, eso significa que el espectador empieza a crear lo que yo llamo: Las falsas conjeturas. Es decir, intenta esbozar alguna resolución posible, debido a que no percibe el conflicto que está encubierto en la trama.

Ahora pensemos lo siguiente, para que este estado de vilo funcione, lo que debemos tener, es un conflicto subterráneo que posiblemente se revele hacia el final de la obra. Por lo tanto, si este estado de vilo lo mantengo en toda la estructura, mantengo la atención de un espectador que intenta decodificar lo que sucede y, por otro lado, concentro la tensión dramática entre personajes que desconocen la situación en la que se encuentran.

Ahora bien, hay que entender, que no solamente es el público el que quiere saber lo que ocurre en medio de este estado de vilo. Por, sobre todo, lo quieren saber los propios personajes que se encuentran inmersos en una circunstancia sin tener definiciones de lo que ocurre verazmente en el aquí y ahora. Esto significa que los personajes intuyen que hay una tensión aparente, pero no saben a ciencia cierta que la origina y de que se trata la misma. Es lo que tal vez podríamos denominar como la ambigüedad de la escena. Los personajes se inquietan porque no llegan a leer con claridad lo que ocultan sus adversarios, pero perciben que algo ocurre, aunque no saben bien que. Para ello, el estado de vilo deberá llevar a los personajes a un lugar de incertidumbre casipermanente durante el proceso que dure el planteo.

El estado de vilo entonces, puede estar hasta el nudo o desenlace de mi obra. Mientras más tiempo lo mantenga en la trama, más tensión y atención tendré del espectador. Lo importante será mantenerlo hasta que se sepa o no la verdad de las cosas. Si los personajes revelan actitudes o enunciados que el espectador decodifique con cierta facilidad, lo más probable es que el estado de vilo sea percibido como un intento trunco de cubrir un conflicto aparente.

La mejor manera de sostener el estado de vilo, es encontrando no solo un conflicto encubierto, sino también, saber manejar muy bien los tiempos que la obra requiera y el subtexto como eje vertebrador de acciones cotidianas en las miradas, los silencios, las sudoraciones y hasta el mal olor que pueda generar el miedo o la paranoia en los personajes.

El estado de vilo es algo más que un nivel de intriga, ante todo, es como se estudian los personajes y el cómo giran sobre el borde de un plato sin probar la sopa apetitosa que espera en el fondo por el cucharón inquieto. Por lo tanto, este estado de vilo, está sujeto a tres estadios posibles: El primero es que el autor sepa mantenerlo de comienzo a fin durante toda la obra o buena parte de ella sin dar indicios de un futuro problema. El segundo es que los actores lo transiten con gran hermetismo y sin adelantar absolutamente nada con ningún subtexto que desenmascare sus intenciones. El tercero y no menos importante, es que el espectador se introduzca en una lectura exhaustiva de la pieza y deba realizar un sobre esfuerzo para intentar decodificar el aparente conflicto no dado.

Cuanta más ambigüedad tiene una obra, más es la necesidad que tiene el público de develar o intentar romper con ese estado de cosas inciertas. El estado de vilo entonces, es lo contrario a lo que llamamos información. Es la no revelación física o textual de los personajes con X situación y el cómo se asienta un punto de tensión con varios caminos especulativos que no terminan de concretarse. Resumiendo, el estado de vilo es la manera de crear una suerte de tergiversación escénica para que el conflicto esté agazapado o se manifieste de forma equivoca en la cabeza del espectador.

Para entender mejor el funcionamiento del estado de vilo, analicemos la obra Un instante sin Dios del dramaturgo argentino Daniel Dalmaroni. En el puente y en buena parte de la trama, tenemos dos personajes que se estudian mutuamente. El empresario llega a una capilla con un aparente fin de caridad, mientras que el cura no logra entender como un empresario farmacéutico tiene intenciones de donar tanto dinero a su comunidad barrial. El cura intuye que el empresario viene con otro propósito, pero no sabe ni se imagina el origen de ese objetivo. El empresario, por su lado, siempre se muestra sonriente y relajado, mientras que el cura se lo puede observar tenso y nervioso. Entonces, de esta manera, el estado de vilo empieza a dar sus primeros frutos.

El público, al igual que el cura, desean saber cuál es la verdadera intención del empresario, porque quiere donar tanto dinero y qué es lo que verdaderamente se esconde detrás de ese acto caritativo. Por lo tanto, los espectadores crean un mecanismo de falsas conjeturas durante toda la obra, logrando así, diversas interpretaciones sin poder dar en el blanco y manteniendo la atención para ver en qué momento se escapa un chorro de información entre los personajes. Mientras tanto, el estado de vilo genera su potente inercia a partir de la ambigüedad del empresario que inquieta al cura durante toda la trama. Esto último, también opera inconscientemente en el espectador en la manera de trazar significado y crear sentido de lo que ve y cree percibir.

Entonces, el estado de vilo se construye con actitudes no reveladas por parte de los personajes y con un conflicto enmascarado que está suspendido en el aire hasta poder encontrar el momento indicado para pisar tierra. Es fundamental que en obras donde se vaya a tender este campo de tensión simulada, tengamos también personajes inteligentes, versátiles, agudos y por, sobre todo, personajes contradictorios que sepan cómo ocultar su verdadero fin y su verdadera identidad.

Por último, debemos comprender, que el estado de vilo se puede utilizar de distintas maneras según la estructura y el tipo de personaje que tengamos en nuestra obra. Para ello tenemos que tener en cuenta de qué manera se puede generar y en qué momentos claves se rompe para dar paso al desenlace y a una posible resolución o no de la trama. Lo importante será el modo en cómo configuramos ese estado de vilo y en cómo brindamos la información justa y dosificada para crear las falsas conjeturas y no caer de rodillas ante una posible definición del conflicto.

Comparte este post:

spot_imgspot_imgspot_imgspot_img

Popular

Más como esto
Descubre

Griselda Gambaro 1928-2026

"Nada más hondamente argentino que el teatro de Gambaro,...

Doña María Magdalena y la rata que nos mordió

Hasta ahora inédita, "Doña María Magdalena y la rata que nos mordió" fue anunciada como una comedia negra en clave queer que reimagina la vida de la Condesa de Miravalle, figura histórica del México colonial, cuando se presentó como parte de la selección de la convocatoria Irrepetibles de Teatro La Capilla 2025.

Comic Teatral: Hay unos ojos que si me miran, de Felipe Galván Rodríguez

Teatrikando Creí que iba a ver una obra romántica, suave,...

Escribir para la infancia: Una pequeña luz en medio de la oscuridad

A propósito de El secreto de una luciérnaga, su...