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El personaje y las variantes del signo zodiacal

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Como un aire de ilusión, de Fernando Zabala_Foto Luciana Fuchs

La psicología nos brinda herramientas muy interesantes a la hora de componer personajes para nuestra obra. De hecho, todos los autores en algún momento comenzamos a ser arduos exploradores inmersivos de nuestros personajes.

En ensayos anteriores he detallado algunas de las dinámicas a la hora de la creación. En este artículo quiero hacer hincapié en una variante que se relaciona más con la astrología y los signos del zodiaco que con aspectos puramente psicológicos.

Abordaré los signos por oposición y también por afinidad entre sujetos.

Los 12 signos zodiacales existentes representan fortalezas, debilidades, rasgos únicos, deseos y actitudes de las personas ante sí mismas, las demás personas y la vida. Con base en el análisis de las imágenes del cielo, así como en la posición de los planetas al momento del nacimiento, la astrología propone una idea de las características básicas de cada persona, sus preferencias, defectos y miedos. Considerar estas características básicas de los signos zodiacales puede ayudar a un autor a conocer mejor a sus personajes en su intrincado armado compositivo.

Hay cuatro aspectos del zodiaco que pueden representar los rasgos básicos del carácter, emociones, comportamiento y forma de pensar de los personajes, los cuales serán imprescindibles a la hora de componer sujetos con cierta variación emocional para tu obra.

Comencemos por pensar a los personajes en su incompatibilidad, según su signo zodiacal y sus derivados. Para ello, deberemos imaginar personajes que tengan una cierta oposición según sus características astrológicas. Estas grandes diferencias de personalidad según el opuesto de cada signo van a operar como vehículo para obtener pequeños o grandes conflictos en torno a un conflicto central; es decir, vamos a tener como resultado antagónico, situaciones que puedan ser patéticas, graciosas, absurdas y hasta ridículas si se quiere.

Por ejemplo: si A es tauro y B es acuario, A seguramente querrá vivir en la rutina y el calor hogareño; mientras que B querrá romper con lo convencional y todo lo que conlleve a ese estado de calma y quietud que pretende A. Por lo tanto, ese primer antagonismo entre A y B puede desatar un primer problema para el dúo.

Así pues, tener personajes con vínculos fuertes y opuestos irreversibles dinamiza la trama en virtud de la personalidad diversa y el contraste que ocasiona el primer chispazo.

Antes de componer a mis personajes, lo ideal es poder trazar una suerte de mapa astrológico y ver los signos más opuestos entre sí. A partir de las incompatibilidades zodiacales, podrían conseguirse distintas variantes con personajes que se vean atrapados por un problema mayor al que se manifiesta en la trama inicial. Esto se da por la forma de ver la vida de cada personaje y por diferencias que imposibilitan un arreglo entre los sujetos, y menos a largo plazo.

Claro está que tampoco podemos atenernos únicamente a un cruce de incompatibilidades astrológicas a la hora de pensar la trama, hay que tener claro que, como en la vida, la mayoría de la gente tiene algunas características de su signo zodiacal, pero otra buena parte de ellas depende de su propia personalidad, la cual hace singular a cada persona en el mundo.

La composición de personajes es una combinación audaz y dúctil entre capas superficiales y capas más profundas que desconocemos, hasta que se revela ese otro horizonte más sublime que no divisábamos al principio. Y la exploración de esta variante astrológica para mezclar agua, tierra, fuego y aire puede ayudar a plantar pequeños conflictos en la trama que se susciten alrededor del primer y el segundo problemas.

También podemos pensar el signo zodiacal del personaje no sólo desde un enfrentamiento entre opuestos, sino también desde las distintas complicidades entre unos y otros. Por ejemplo: si tenemos a B como virgo y C con D como géminis, podríamos pensar en que B es perfeccionista a la hora de pensar la realidad y que esa sola actitud chocará inevitablemente contra C y D, quienes tendrán una complicidad permanente en el juego y una volatilidad aventurera que sacará de quicio a B.

Esto quiere decir que la combinación de choques y complicidades en mis personajes podría originar distintas ecuaciones en la trama, teniendo como resultado una amplitud mayor en la progresión de conflictos y una estructura permeable según diferencias y afinidades astrológicas. Por otro lado, también podría pensarse que la complicidad podría verse alterada en función de la situación vivida por los sujetos y el conflicto que les toque atravesar en un marco que supere dichas afinidades y rivalidades zodiacales.

Asimismo, también podemos componer personajes para otros formatos que mantengan otro tipo de estructura. En el caso de un unipersonal, podríamos indagar en un determinado signo astrológico que fondee al personaje hasta darle sentido y forma en su carácter. Por ejemplo: si componemos un sujeto tomando como eje los signos de acuario o libra, tendremos seguramente personajes que luchen contra la opresión del sistema y la corrupción, ya que estos signos representan la justicia y la igualdad y no toleran la violencia o la falta de equidad en la sociedad. En el caso de acuario y libra, éstos desean el desarrollo y la progresión social, y si tienen en frente un sistema que privilegia determinados intereses por sobre las personas, rápidamente encontrarán a su antagonista en el medio.

Hay personajes del teatro universal que parecieran haber sido creados bajo los signos del zodiaco. Un claro ejemplo de ello es el personaje de Thomas Stockmann en Un enemigo del pueblo de Henrick Ibsen, protagonista que se enfrenta decididamente a un sistema corrupto y cuya sola actitud frente a la depravación es propia de un sujeto que podría ser de libra o acuario. Lo mismo ocurre con el personaje principal de Hamlet de William Shakespeare, donde observamos claramente que el joven príncipe va en busca de venganza, pero también de justicia frente al vil asesinato de su padre. Ambos personajes, tantoHamlet como Thomás Stockmann, mantienen rasgos característicos de signos como el de acuario o libra. Aunque el segundo irá por vías diplomáticas, el segundo tratará de lograr su objetivo mediante un duelo orquestado.

Lo importante a tener en cuenta en esta suerte de confección astral es que los signos zodiacales pueden ser una herramienta altamente versátil para obtener variantes compositivas que redoblen o reconstruyan la trama en su desarrollo, sin que ello, claro está, implique únicamente situaciones antagónicas por diferencias de carácter, sino que también pueden ofrecer actitudes de los personajes que inviertan posiciones según intereses, y por, sobre todo, según qué tipo de signo tengan en frente.


Fernando Zabala. Docente y dramaturgo.

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