
Es la segunda obra que hemos visto en este nuevo espacio; la primera fue Bodas de sangre, que realmente me gustó. Ahora asistimos a este montaje, inicialmente concebido como un cuento infantil, pero llevado a una versión para adultos… muy adultos. En ella, cuatro damas de la más alta alcurnia mágica —una de ellas incluso soberana—, todas provenientes de los cuentos infantiles, se enfrentan entre sí, confirmando el dicho popular: “el peor enemigo de una mujer es otra mujer”, entre risas y carcajadas provocadas por sus biografías, llenas de albures, ocurrencias agudas y leyendas personales.
Las villanas más famosas de los cuentos de hadas son: Lady Tremerg (la madrastra de Cenicienta), la Malvada Reina de Blancanieves, Malévola (el hada del mal de La Bella Durmiente) y Shúla (la bruja del mar de La Sirenita). Ellas han encontrado el legendario Libro de los Cuentos de Hadas. Hans Christian Andersen, Charles Perrault y los hermanos Grimm se volverían a morir al verse representados de una forma tan eXXX-céntrica.
Estos cuentecillos, que todos los occidentales hemos leído cuando niños, sirven aquí como pretexto para comentar nuestra época, con música (porque cantan y bailan), trajes llenos de moda y estilo fantástico. Llevan vestidos teatralmente vistosos que ni Chanel, Dior o Cardin imaginaron.
Estas casi dos horas para matar el aburrimiento están a cargo de Ismael Quiróz, Diego Morales, Erick Bonet y Arián del Valle, quien también dirige y escribe el texto.
¿Por qué decimos que no es para niños?
Por el uso de albures, gags cómicos y un lenguaje que podría calificarse de “fuerte”, todo con la intención de hacer reír, carcajearse sin límites. La violencia extremada de los cuentos infantiles es superada aquí, y recordamos cómo en esos relatos todo termina con el castigo de la villana o el perverso: las tiran por un barranco, las hacen caminar sobre fuego o bailar hasta la muerte con zapatos al rojo vivo. Pinocho sufre grandes privaciones por su desobediencia, las palomas ciegan a la reina, el lobo termina con piedras en el estómago y se ahoga… por citar algunos castigos “originales”. Si esos cuentos fueran escritos hoy, probablemente la generación Z diría que se extralimitan y asustan a los pequeños.
En Póker de Villanas hay escenas que lanzan chiste tras chiste como si fuera una ametralladora de hilaridad continua. Traté de anotar algunos y no pude. Le recomiendo poner especial atención cuando despedazan a una chaparrita, o cuando entablan un duelo de mujer contra mujer: discuten, pelean y se reconcilian a toda velocidad, para disfrute del respetable.
Todos cantan bien. Las coreografías son sencillas, porque el vestuario es pesado y no les permite mucha libertad de movimiento. La ambientación es modesta: taburetes y pódiums sobre fondo de cámara negra.
¿Dónde verla?
Se presenta en Privada de Juárez 31, Col. San Diego Coyoacán, a una calle de División del Norte, cerca de Río Churubusco. Los sábados, en punto de las 8 de la noche.
No tiene pierde. Se va a reír… si es usted mayor de edad.



