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Permanecer año tras año en cartelera… como Carballido

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Lo recordamos en su Centenario (1925-2008)

Emilio Carballido. Xalapa, Ver. Foto/ Gamaliel Velasco. revistatlacuilo.com

Dramaturgo, novelista, maestro, funcionario, guionista, entusiasta y generoso impulsor de creadores jóvenes y mujeres de su tiempo, el autor de obras como Rosa de dos aromas, Orinoco, Rosalba y los llaveros, Fotografía en la playa y Te juro Juana que tengo ganas, hubiera cumplido este jueves 22 de mayo, cien años.

Entre la década de los 60 y 70 del siglo pasado, se llegó decir que las obras de teatro de Emilio Carballido, eran superficiales, excesivamente tradicionales o demasiado literarias, incluso se le llegó a etiquetar como retratista de un “México pintoresco”. 

Carballido Fentanes impulsó a jóvenes autores teatrales en aquél entonces, a través de la publicación de sus obras, sobre todo en dos volúmenes: Teatro Joven de México y Más Teatro Joven.

Cuando fue editor de Editores Mexicanos Unidos (EMU), publicó una enorme colección de teatro que no tuvo igual en la escena editorial mexicana, digamos que sólo Paso de Gato, Libros de Godot o El Milagro tienen un escenario casi semejante a la gran producción editorial que hacía EMU, que podía hacerlo porque eran libros que se cocinaban muy rápido, con mucho descuido, muy baratos y producidos a gran velocidad, recuerda el crítico teatral y académico Miguel Ángel Quemain, conductor en Radio UNAM de Primer Movimiento.

Carballido fue editor de esa colección que tuvo también la acogida de la comunidad teatral, fue un enorme boom entre 1983 y 1986 que ocupó un lugar muy importante, y las obras de Carballido se editaron completas, obras en un acto, antologías. Eso permitió que se llevaran a escena muchísimas piezas teatrales. El dramaturgo veracruzano tuvo la generosidad de editar a Victor Hugo Rascón Banda, a Hugo Argüelles, a Carlos Olmos, Sabina Berman, en fin; muchas obras de autores que emergían en los años 80, recuerda el periodista. 

Él fue el principal promotor de sus obras y tenía todo un escenario sustentado en la Universidad Veracruzana de la que fue profesor. Fue un hombre muy importante en la universidad de teatro y danza. Tuvo esa fuerza en los 80 porque estuvo cuidando que sus obras  se montaran, y ese fue un factor fundamental.

Hasta la fecha, apunta Quemain, todos los autores, cuidan mucho promover sus obras; mandárselas a los directores, a las compañías de teatro, y ese fue un ejemplo importante que colocó Carballido. Él, como ningún otro dramaturgo en la escena mexicana, promovió así sus obras y gracias a él muchos directores tuvieron espacios muy relevantes. 

En menos de tres meses se han estrenado en el Distrito Federal dos obras de Emilio Carballido: Luminaria y Las cartas de Mozart, independientemente de muchas obras de este autor que se escenifican en teatros pequeños, escuelas y provincia. ¿Qué brindan sustentos generadores de público en donde se presenta? Tal vez el planteamiento de temas que invariablemente nos atañen, pero sobre  todo, su tratamiento mediante un lenguaje y un entorno que nos es conocido. 

A buena parte de su público incondicional le causa risa escuchar sobre el escenario las palabras y el tono exacto de una frase cotidiana, pero dicha por un actor o una actriz. Carballido expone los vericuetos mentales y verbales del mexicano común y eso le place. (Alegría Martínez, Unomásuno, 7 de agosto de 1988, en las páginas 90 y 91 de Así es el teatro, Conaculta 2005). 

La década de los 80 del siglo pasado fue de gran efervescencia creativa para Emilio, que para ese entonces, hablar de él ya era sinónimo de Teatro Mexicano, expresa para pasodegato.com el crítico teatral Gonzalo Valdés Medellín.

Tenía un público cautivo desde que estrenó en Bellas Artes Rosalba y los llaveros llevada al recinto por  Salvador Novo. 

A la gente le gustó su frescura, su manera de romper con los cartabones tan rígidos que existían en el teatro, y por la forma que llevaba lo popular a la gran escena de Bellas Artes. Por su manejo tan audaz en esos tiempos del lenguaje que integraba “palabras altisonantes” y las llevaba a escena con una gran naturalidad, expone Valdés Medellín, creador artístico en el Sistema Nacional de Creadores de Arte.

Pero estamos hablando de un público que lo siguió desde los años 50, ya tres décadas después, era un autor muy asentado.

A finales de los 70 escribe Fotografía en la playa, que publica en EMU, junto con otras obras suyas, en un librito. La obra la descubre  Alejandra Gutiérrez y la monta en Casa de la Paz con un éxito arrollador, con un elenco extraordinario en el que estaba Agueda Incháustegui, la mamá de Maria Rojo, actriz ocasional que era una delicia ver en escena, Raúl Quintanilla, Carmelita González, en fin, es una obra considerada una obra maestra, como la consideran muchos.

La obra más vista

Su obra Rosa de dos aromas, tuvo más  de mil representaciones, ahí están las placas en lo que fue el Teatro Coyoacán. El propio Carballido decía que algunas obras se escapaban a la voluntad del autor, y confesaba que nunca esperó semejante impacto de esta comedia dialogada, expone Valdés Medellín. “El público la hizo suya por su crítica a los feminismos trasnochados y al machismo”.

Carballido era un comediógrafo de gran altura, equiparable a Molière. Muchos decían que el «Molière mexicano» era Luis G. Basurto, pero Basurto no logró escribir comedias tan finas, tan precisas, tan llenas de vida como las de Carballido. No solo Rosa de dos aromas: basta leer las obras de su libro DF (piezas en un solo acto sobre situaciones cotidianas de la Ciudad de México) para reírte todo el tiempo. Igual con Te juro, Juana, que tengo ganas o ¡Silencio, pollos pelones, que ahí les van a echar su maíz!. Era un maestro de la comedia, le guste a quién le guste, porque al fin la vida se trata de reír y gozar, no de darse de topes contra la pared, manifestó el crítico.

Reseña Valdés Medellín: “Se consolidó en los años 80 como el dramaturgo más montado y exitoso de su época, aunque también estaba Hugo Argüelles, y el auge de la nueva dramaturgia mexicana. Ya desde finales de los 70, Carballido había cosechado otro triunfo enorme: Tiempo de ladrones, la historia de Chucho el Roto, dirigida por Martha Luna. Una obra tan extensa que se escenificaba en dos días (el público debía verla en dos partes), pero de una fuerza y vitalidad extraordinarias. Con Martha Luna en su mejor momento y Óscar Narváez entregando una actuación inolvidable, la obra reivindicaba a Chucho como el Robin Hood mexicano, algo que, en esencia, así fue.

Carballido siempre estuvo cerca del público. Su teatro era accesible pero profundo, como en Fotografía en la playa, un poema visual con ecos chejovianos, o en Rosa de dos aromas, comedia que sigue vigente por adelantarse a debates feministas actuales”.

Carballido novelista

Para Quemain, hay una deuda muy importante con la literatura mexicana, porque los editores que han estado al frente de las colecciones importantes, como la Dirección General de Publicaciones de Conaculta en su momento y el Fondo de Cultura Económica, han tenido muchas deudas que las universidades han solucionado; en ellas se han editado muchísimas obras importantes de la literatura mexicana, y creo que eso ha permitido que tengamos una presencia más o menos importante de autores nacionales, expone el también investigador. 

Asegura que Carballido en la narrativa es más importante que en el teatro, “sus obras son muy  importantes: La veleta oxidada, El Norte, El Sol, son hitos en la narrativa mexicana. Creo que la DGP las publicó pero ya no se reeditaron. Yo creo que es una deuda del FCE con Carballido”. 

En nuestros días se le monta poco

Gonzalo Valdés considera que debería haber un repertorio de los grandes dramaturgos mexicanos, “es uno de los errores más imputables a la actual Compañía Nacional de Teatro”, opina. No está mal que se enfoquen en descubrir nuevos talentos y a montar obras de cierto interés político, pero que se aboquen a revisar, acusa
el ganador del Premio Casa de América Latina del XII Concurso de Cuento Juan Rulfo 1995 por En la casa de las semejanzas.

No se valora lo suficiente a autores como Sergio Magaña, Hugo Argüelles, Héctor Azar o a Emilio, fundamentales para el teatro mexicano del siglo XX. De pronto, surgió esa guerra absurda entre dramaturgos y directores, donde se ha querido poner al director como el único creador del teatro, y eso no es cierto. Sin un buen texto dramático, no hay buena puesta en escena; y sin una dirección sólida, incluso un gran texto puede quedarse a medias. Parece que hay una carencia de criterio para rescatar esa tradición teatral que nos inspiró a dramaturgos, directores, actores hasta público, asevera Valdés Medellín. 

El teatro de Carballido envejeció, sobre todo sus obras en la ciudad de México (DF, 52 obras en un acto), que quedan como interesantes piezas de museo al estilo de Chava Flores, de Gaudalupe Trigo, o de cantautores que han explorado la ciudad, el mismo Rodrigo González con metro Balderas o Jaime López, describe Quemain.   

Carballido forma parte de ese mundo que prácticamente ya se fue, abunda el ensayista. Ya la ciudad es otra, ya el momento es otro y forma parte ya de la historia teatral, pero hay obras por ejemplo como  Rosalba y los llaveros, Rosa de dos aromas, entre otras que son comedias interesantes, creo que esta situado en esa órbita.

En su momento  sus enemigos lo nombraban como el Lope de México, como el Carlos Arniches, que era un comediografo español importante, señaló el doctor en Psicoterapia psicoanalítica.  

La impronta  y el hueco que deja

En lo que se refiere a la promoción de jóvenes creadores, en efecto Carballido deja un hueco enorme, asegura Quemain. La cercanía de los estudiantes de prepa, a través del teatro en los planteles y el teatro escolar, tiene una deuda enorme, ya no se ha continuado con esa fuerza para representar obras de autores mexicanos, para escribir obras en un acto. Carballido siempre apoyó a los jóvenes, aunque que no todos tuvieron el enorme talento que él poseía. Hugo Argüelles y Vicente Leñero tenían cada uno sus talleres, que quizá  eran mucho más potentes y dejaron más dramaturgos que el de Carballido, que sin embargo fue muy importante para dejar esa huella, en personas que se han dedicado a promover el teatro, en general, entre las nuevas generaciones. La huella de Carballido queda como una deuda en términos de gestión del teatro mexicano, concluye el periodista.

Valdés Medellín asegura: “El teatro mexicano no sería lo que es sin él. Ahí están sus discípulos: José Agustín, Hugo Argüelles; a quienes él impulsó: Miguel Ángel Tenorio, Pilar Campesino, Hugo Salcedo, Reynaldo Carballido, su sobrino, y una gran pléyade de generaciones tras generaciones que vienen en sus antologías famosísimas: Teatro joven, y Más teatro jóven de México, en las que también está Flavio González Mello, por cierto, el más jovencito de todos”. 

Él, concluye, fue quien convenció a Luisa Josefina Hernández de escribir teatro, además de que Balún Canán, de Rosario Castellanos, está dedicada a él que impulsó la narrativa de la escritora chiapaneca, y descubrió a Elena Garro como la autora de Testimonios de Mariana, de Elena Garro, fue muy generoso con las mujeres de su generación.

Emilio Carballido Fentanes nació en Córdoba, Veracruz, el 22 de mayo de 1925, y falleció el 11 de febrero de 2008 en Xalapa, Veracruz. Es además de dramaturgo, autor de cuentos, novelas y guiones. Ingresó en 1976 a la Academia Mexicana de la Lengua y, en 1996, recibió el Premio Nacional de Ciencias y Artes en Lingüística y Literatura. En 2002 se integró a la Academia Mexicana de las Artes. Se le ha considerado el dramaturgo mexicano mas traducido otros idiomas y “el padre de la dramaturgia moderna mexicana”.   

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