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Le pusimos “la chachimba” porque pensamos en iluminar el mundo con nuestro teatro 

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Hablan los fundadores de la compañía La Cachimba Teatro

La Cachimba Teatro Fotos de Roberto Sosa.

Durante el desarrollo del 5º Festival de Teatro Sobre Ruedas, que se llevó a cabo del 27 al 30 de noviembre en Hermosillo, Sonora,  platicamos con Paquita Esquer, fundadora junto con el dramaturgo Roberto Corella, de la compañía La Cachimba Teatro.

P.- Yo soy de un valle 

RS.- ¿Cómo se llama ese valle?

P.- El Valle del Yaqui, cerca de la costa. “Paredón Colorado, paredón, paredoncito la isla Huivulai”, todo eso conforman las aguas de la región. Imagínate  Villa Juárez, en este pobladito llovía y se formaba un fenómeno que es el famoso salitre, son tierras muy salitrosas, llueve y estás dos o tres días chacualeando el lodo. En Nogales llueve, transcurre una hora y no pasa nada, la tierra es arenosa, mucha piedra y el agua se filtra. No conocíamos por ejemplo la mayonesa, el pan de barra…el jamón. En la casa solo había tortillas, cuando había pan de barra era para un sandwichito; eran los años 1974 o 75 del siglo XX.

RS.-Hubo un cambio de residencia ¿Se mudó toda la familia a o solo tú?

P.- Yo me mudé, el objetivo no era quedarme, era pasar unos días en Nogales; fui hacer un examen para la preparatoria, me invitó un amigo para que lo acompañara, ya en ese lugar me preguntó ¿Por qué no haces el examen? Lo presenté y  lo pasé, otros lloraban por no haber aprobado. Pensé “este es un llamado del universo”; y allí me quedé a estudiar la preparatoria. Entonces aparece un grupo de teatro llamado Charles Chaplin. Su rutina era sencilla, eran ocurrencias y contar chistes con un formatito como de televisión; hacían entrevistas, cosas de enredos como el sordo que no oía y componía toda la historia; era provocar risa, ese era el objetivo nada más. Después se fue formalizando la situación, pensamos que sería bueno hacer teatro y dijimos bueno hagamos teatro. Pero necesitábamos un conductor, fuimos por el director de la Institución del Tecnológico y le preguntamos que si nos quería dirigir, teníamos un grupo de teatro y tenía que haber un líder. En ese momento entramos en contacto con Roberto Corella, era muy joven con solo 23 años de edad, era el año 1979.

RS.- ¿Roberto estudiaba allí en Nogales?

P.- No, él estaba en Hermosillo estudiando letras, ya era maestro del CEDART, escuela del INBA. Al momento que llega Roberto ahora sí ya empezamos con el teatro, él impartía todas las materias, nos daba entrenamiento corporal, acrobacia, análisis de texto. Los ensayos eran de cuatro a seis horas. En un inicio, Roberto iba los fines de semana y después de haber cumplido con el CEDART se quedó a vivir en Nogales. Con él empezamos a conocer a los clásicos, y lo que en esa época era la dramaturgia contemporánea.

RS.- ¿Qué se montaba más en ese tiempo?

P.- Soy pésima para los nombres. Recuerdo a  Las manos de Dios y ¿A qué jugamos?, de Carlos Solórzano; Vida y obra de Dalomismo, de Enrique Ballesté. En esos años empezamos a hacer teatro con obras como  Pero sigo siendo el rey, del grupo Saltimbanqui; Aún nos queda la esperanza, de varios autores;  Historias para ser contadas, de Osvaldo Dragún. La luz de tus blancos colmilloses una de las primeras obras que Roberto escribe, antes de eso agarraba textos y los adaptaba. Óscar Liera le decía: “tú eres el redentor de los textos, de los malos textos, ¿por qué no escribes desde lo tuyo, desde tu aldea?” Y sí, toda una generación entró en esa dinámica, hablamos de Cutberto López y Ángel Norzagaray el más avanzado en Mexicali. En todo el Noroeste empiezan a surgir bajo la batuta, el mando, energía y fuerza de Óscar Liera una generación de dramaturgos. Y con Roberto Corella se crea una forma, una estructura de trabajo muy importante; fundamos la primera compañía que fue el Taller de Teatro Reflejos, con ese Taller fuimos en tres ocasiones, con puestas en escena a la Muestra Nacional de Teatro, cuando el formato de selección constaba en la Muestra Estatal, la Regional y de ahí pasabas a la Muestra Nacional

RS.- ¿En qué año fue eso?

P.- Iniciamos en los años 80s

RS:- ¿En esos años comienzan a participar en la Muestra Nacional de Teatro?

P.- Así es. Estuvimos seleccionados en el 85, pero se suspendió por el terremoto. Elena Garro era muy recurrida por sus textos. Carlos Fuentes fue otro. Después de su obra La luz de tus blancos colmillos, Corella se encargó de generar la dramaturgia para nuestra compañía, curiosamente le fue mejor. A Luis de Tavira le encantó ese montaje, eso lo motivó para llevarse al protagonista, se llevó al actor a la Ciudad de México. En ese tiempo había unas encerronas por dos años en La Casa del Teatro, en Coyoacán. Ahí estuvo dos años, no recuerdo si concluyo o se salió… bien afectado; los procesos eran muy demandantes y lacerantes. La confrontación que generaba era primero contigo mismo, no cualquiera aguantaba esa dinámica. Su nombre era Mario Zatarain. A su esposa Elvira la entrevistó De Tavira –ella también actuaba-, le preguntó: ¿Por qué quieres hacer teatro? Y responde “Pues Roberto me dijo que viniera…”. Eran otras épocas.

RS.- ¿Qué pasó con la Compañía?

P.- Existió durante 18 años y con ella recorrimos toda la república. Nos venimos a Hermosillo después de la devaluación del 1994. Yo quería venir inicialmente a estudiar, me llamaba la atención Sociología. Hermosillo era una ciudad muy cara, nosotros veníamos de la frontera donde la economía tiene un tinte más sencillo, no es tan complicado. Vas al otro lado con diez dólares y haces el súper, compras arroz, libras de papas, manteca y tienes para preparar el alimento básico. Venir a Hermosillo fue un cambio importante y muy fuerte, además debíamos escoger una escuela para que los hijos estudiaran, no sería una escuela de gobierno, no había opción.

Formamos la compañía  La Cachimba Teatro con un primer montaje que fue una adaptación de Don Juan Tenorio de José Zorrilla, aquí la nombramos Don Juan Chilorio

RS.- La Cachimba Teatro ¿Por qué ese nombre?

P.-  La cachimba es una lámpara que funciona con carburo, es una flama. Tenía una colección de antigüedades en la pared en aquello años. Esa cachimba que teníamos era la que iluminó el nacimiento de mi hermana mayor; encontrando la musicalidad de la palabra la cachimba teatro, la cachimba…empezamos a jugar con ella ¡vamos a iluminar…! Vamos a iluminar el mundo con nuestro quehacer teatral

RS.- ¿Y qué pasó…?

P.- Sí, lo iluminamos hasta la fecha. Iniciamos con el teatro bar, concepto que  así se manejó ya que en ese tiempo la gente no asistía al teatro, fue también una búsqueda por generar público para el teatro. Iniciamos con este que tenía una estructura sólida, contábamos además con un texto como el de Zorrilla que tenía mucha tela de dónde cortar. Fuimos entreverando las situaciones políticas del momento, lo aderezábamos con risas, el chiste fácil, era condescendiente; tenía una historia, dirección, había actores y músicos, eso lo hacía tener calidad, somera quizá si la vemos ahora con el paso del tiempo. Con este espectáculo dimos más de 130 representaciones.

RS.- ¿En una sola plaza?

P.- En diferentes lugares, nos contrataban mayormente los restaurantes para atraer a sus comensales; la oferta artística era el gancho. Dimos muchas funciones pero no estábamos conformes, económicamente nos iba bien, había una derrama económica para los actores de Hermosillo. En la primera obra eran once gentes, imagínate la nómina de once personas. Nos presentábamos en salones de baile, restaurantes, sindicatos, en la Secretaría de Educación por el día del maestro, etc. Llegábamos con nuestra escenografía y a trabajar. Después hicimos teatro para las infancias, nos metimos al programa de Teatro Escolar;  concursamos y ganamos, la estructura del programa era muy noble, ya que  independientemente de ganar, permitía con su programa de trabajo adquirieras las herramientas para tu materia. Era muy distinto hacer teatro para toda la familia, allí empezamos a montar obras como: Ruidos y extraños de Perla Szuchmacher y Larry Silberman; Rancholocos, creación colectiva coordinada por Óscar Flores. Así comenzamos a amar el teatro para las infancias, fue algo que nos encantó. Sin embargo nosotros íbamos por algo distinto, “el teatro de búsqueda…” le decíamos así en esa época. Roberto Corella empezó a escribir textos, los fuimos montando por bastante tiempo. Él siempre ha estado como maestro de teatro desde el Tecnológico Regional en Nogales, después pidió su transferencia a Hermosillo conservando su misma plaza, trabajaba allí y escribía para los jóvenes. Yo me ocupaba de La Cachimba y él como dramaturgo. En ese tiempo me inicio en la producción, dejó la escena y entro al mundo de la gestión y elaboración de proyectos culturales, de procuración de fondos. Época en que Conaculta lanzó junto con el maestro McGregor un taller a nivel nacional, de tal forma que se ponían de acuerdo con las instituciones y uno decía “¡qué padre, vamos a documentarnos! ¿Qué es esto, cómo se come?”. Tú lo hacías pero no había un camino, una guía, un conocimiento de lo que era pensar el tema, elaborar todo el trabajo que existe detrás de una puesta en escena; conocer una estructura y darle forma.

RS:- ¿Disfrutabas más estar arriba del escenario que estar en la gestión?

P.- Fíjate Roberto que como actriz me fue muy bien. Nunca mezclé las dos cosas, una vez que empecé en la producción, me bajé del escenario y bajó también mi interés por la actuación ya que había que abrazar todo lo demás. El tema de la gestión cultural es tan amplio y conforme cambia la sociedad todo se transforma, demanda más tiempo y los conceptos son otros. Así descubrimos la palabra intercultural; el trabajo etnográfico de las comunidades, cómo está conformada una sociedad para la que vas a trabajar y qué le vas a presentar. 

RS,- Háblame del 5º Festival de Teatro  Sobre Ruedas. Nos mueve la esperanza

        ¿Cada año cambia el itinerario del Festival o regresas a los mismos escenarios?

P.-  Hemos cambiado, el año anterior estuvimos aquí en Hermosillo en el Centro de Atención y Desintoxicación para Niños Transformando vidas; en el Parque Madero estuvimos los primeros tres festivales y cuando nos empezaron a cobrar impuestos por las presentaciones quitamos al Parque Madero de nuestro programa, sin embargo fuimos a comunidades rurales en el Municipio de Hermosillo, a ejidos como la Victoria, la Habana, Salvador Alvarado, a muchos, muchos más.

RS.- ¿Este es el primer año que vienes a los Centros de Readaptación Social?

P.- Es el primer año del Festival que entramos en el ITAMA (para adolescentes), en los demás hemos estado siempre.

RS.- ¿En qué momento La Cachimba empieza a funcionar como compañía y cómo nace la idea del carromato?

P.- La complejidad de llevar público a la sala de teatro, cada vez fue mucho más enredado, necesitabas de una disponibilidad económica suficiente o conseguir patrocinadores para poder promocionar tu obra y que público se entere; lo hacíamos a través de los medios de comunicación  -no existían las redes sociales-, solo ellos podían anunciar tu obra, se acostumbraba instalar mamparas en las calles principales o donde había más tráfico. Así surgió la idea del carromato.

RS.- ¿En qué año se funda La Cachimba Teatro?

P.- 1996. Como te había comentado iniciamos con el texto de Zorrilla, adaptamos la obra y el título. Nos integramos en “la moda” que era el teatro bar de aquellos años. Con presentaciones en restaurantes, salones de baile, foros de asociaciones civiles como El Club de Leones, los Rotarios y en Hoteles. Así funcionó mucho tiempo

RS.- ¿El carromato en que año lo crearon?

P.- En  2019. Se publica el estímulo fiscal para el desarrollo de la cultura y las artes, el EFICAS que trabaja con el impuesto estatal sobre nómina, mes a mes el empresario tiene que pagar un impuesto estatal. Se crea este estímulo fiscal que permite que los grupos y compañías de cualquier disciplina tengan  acceso de hasta un millón de pesos, siempre y cuando el proyecto cumpla con ciertas características. Tienes que tener una compañía con una trayectoria sólida y poseer una narrativa; primero fue libre  como lo hacen para las zonas que incluyeron el Río Sonora, con un interés genuino por cubrir estas áreas; lo hicieron para subsanar el desastre que se hizo con la minera del cobre, con el derrame en el rio de metales pesados. Y por el interés del estado y el gobierno federal de hacer presas en el Río Sonora. 

El año pasado salió una convocatoria especial del EFICAS para atender esos municipios, eran hasta tres millones de pesos para estos lugares. Después de la primera edición viene el 2020 con la pandemia. En ese lapso todos nos dimos cuenta que el arte era realmente quien acicalaba la encerrona de todo el mundo, en los portales teníamos al soprano, la soprano o al tenor, la pianista…etc. o desde una ventana. De tiempo atrás en lo personal no me sentía satisfecha con abrir y cerrar el telón, no hacía falta ese público. Yo tuve una visión mucho más social del teatro, podíamos realmente ir a lugares en búsqueda de esa audiencia ausente. Íbamos a las comunidades a presentarnos  y era un regalazo, empezamos a descubrir ese otro territorio, de inicio fue ver su conformación política, social, económica y aspectos de salud que no están cubiertos, hasta religiosos porque existen lugares donde no puedes hablar con alguien porque no viene el padre a dar  la misa, solo de vez en cuando. Empiezas a absorber todo eso, vivíamos como si fuéramos una esponja; saber qué sucedía en esos sitios y también saber que funcionaba para esos niños. Hoy puedes ver un espectáculo, una puesta en escena que atrapa a ese público infantil, pero allí teníamos hasta cuatro generaciones. ¿Cómo entretienes –por así decirlo-, cómo interesas a alguien que nunca en su vida ha visto teatro? Me lastima mucho decir que en su vida no ha visto teatro, cuando debería ser un derecho constitucional que supuestamente se ejerce, pero evidentemente no es así.

RS.- Con el carromato descubres al público que necesitas atraer y llevarles el teatro.

P.- Exactamente,  cumples con una necesidad no de manera explícita, no es escuchar que digan: “¡ay queremos teatro…!” No, porque no lo conocen, es empezar a entrar a ese territorio que es nuevo para nosotros, es voltear los ojos hacia la comunidad rural carente de todos los servicios y por supuesto de las artes mucho más; ni pensar que en alguna comunidad existiera una compañía de danza contemporánea, un grupo de teatro, un cuarteto, quinteto, etc. La gran diferencia –insisto- es la centralización, a nosotros nos hizo muchísimo daño, independientemente que seamos una comunidad relativamente nueva. El presupuesto federal se asigna con base al peso poblacional. Si en un estado hay veintitantos millones de habitantes es lógica la centralización. No han volteado realmente a cubrir los estados en materia de difusión del arte para llegar a todos los rincones, así como se llega a Ciudad de México también el área rural existe, es un reto. Pensábamos que esto iba a cambiar con López Obrador y por supuesto no cambió. Hoy lo primero que se recorta son tres mil millones de pesos para cultura  en el presupuesto que se aprobó para el 2026.

RS.- Háblame ahora del Festival ¿Cómo nace la idea de crear este espectáculo? 

P.- Si con un proyecto como La rosa de los vientos o DesCierto cabaretito, llegábamos a una comunidad ¿Por qué no dos, tres o cuatro? Y ahora por qué no un espectáculo multidisciplinario, Roberto Sosa, ¿Por qué no? Me encantaría que los niños conocieran la danza contemporánea, me encantaría que Antonio Granados decida retomar el camino para crear la música que hacía para los niños, que a través de un merengue, un cha cha cha, con todos los estilos que te puedas imaginar y con una letra maravillosa, ya que él es un gran poeta. Ahí vas observando, viendo que ya dimos un poco, que provocamos sensaciones, como el hombre que vimos hoy entre los espectadores, bailando durante toda la obra ¿Qué veíamos? ¡Al niño interior…!! Te daban ganas de abrazarlo, él estaba involucrado en su mundo, no veíamos al adulto, ahí lo pudimos constatar. Como lo comprobamos en el Jineseki  con un niño que es neurodivergente -con el diagnóstico más alto-, cómo vuela en brazos del bailarín, lo cargaba y él levantaba su piernita dispuesto a ser levantado; yo vi ese vuelo, en él vi la libertad, el gozo, su alegría en cada ocasión en que insistía que lo levantaran y cuando ellos tenían que cerrar y dar forma a su propia propuesta, el niño se incorporó bailando como diciendo “ok, yo también…” Imagínate a ese niño ante un espectáculo musical, donde hay ritmo, cuerpo, conexión, no lo puedes ignorar. 

En verdad uno está ahí en la mesa de control, organizando, pero también estás observando reacciones. Soy muy sensitiva como actriz, tengo muy desarrollada esa sensibilidad, percibo las emociones que se generan o no, emociones que pasan entre el público. Me podrían cuestionar en una puesta donde ven solo al que está grabando y se sube, mueve las cosas, etc., lo pueden cuestionar, pero tú lo viste, el cocodrilo, los animales…el pájaro que voló, cumplen con algo. La pregunta sería ¿Qué es lo más adecuado? No lo sé a futuro, ahorita es necesario.

RS.- ¿Estas reacciones que observas, te ayuda a darle forma, a crear y hacer la selección de las obras para el siguiente festival? 

P.- Así es, para nuestra producción, como para el diseño. El trabajo que acaban de hacer hoy  estas chicas tiene que ser codificado, analizado, etc., ya que es muy importante tomar la opinión de la audiencia. Como importante es que nosotros como equipo hagamos una evaluación de nuestro trabajo, de las propuestas que presentamos, en la estructura organizativa, administrativa, etc., hoy estuvimos más compactos que el año anterior, el año pasado si nos vimos rebasados en varias cosas.  En cada ocasión que presentamos algo, el problema no es lo que estás haciendo, el reto es lo que sigue. Porque no estamos diseñado en base a caprichos, no trabajamos solo desde el escritorio; hacemos una sistematización de la información que es considerada, por ejemplo en el desarrollo de públicos o de audiencias, hay mucha tela de donde cortar porque hay mil formas de acercarnos a una estructura para poder acceder. Este año fui a Ciudad de los niños, hay 41 integrantes de esta casa hogar entre adultos y niños y te aseguro que el próximo año van a volver al festival. Fui a Malala, Asociación Civil -fundación que sostienen los Coppel, es un proyecto muy interesante ya que es redondo- y te puedo asegurar que van a estar en la plaza del estudiante de la Universidad de Sonora. Así vamos caminando, descubriendo los diferentes nichos que te ofrece una realidad. No se trata de hacer un festival y dejarlo así, que suceda de jueves a domingo, no, es ver que tan posible es que hagamos esto con el fin de ampliar el rango, el impacto. ¿Qué queremos? Que sea masivo ¿Por qué no soñar con eso? Dentro de lo que podemos considerar como concepto masivo. Esto lo definen los territorios a dónde vas a ir, ¿cuántos trabajadores agrícolas necesito impactar? En ese ejido al cual fuimos y verificamos que llevan a sus trabajadores del campo; así vas caminando, observando, no te quedas estático, no es un capricho, es realmente funcionar, que  el proyecto que sea viable y con calidad en cada presentación tanto en la oferta como en la asistencia. No puedes hacerlo de otra forma, no te esperes a que sean 200 personas las que vean una función, intentar que sean 400 o  500 y que sean aquellas las que el espectáculo permita, no vamos a meter a 1000 en un espectáculo que no es pero esto. La grandilocuencia, lo aéreo, lo magnánimo, los espectáculos que se forman con grandes dimensiones, con muñecos, etc., etc. es respetar la intimidad o la naturaleza de cada proyecto artístico. Ahora que presentamos Hamlet fue para 30 o 40 personas, al inicio había 60 o más quizá. Esto me encanta porque no voy a privar a los adultos de una narrativa tan especial como “Hamlet” y además el tratamiento que el director le da a este texto. La escena donde están peleando y de pronto se escucha “si mátalo…”, él que lo gritó se va a ir relajado, tranquilo porque ya exclamó quizá todo lo que a su jefe no le puede gritar. Finalmente el teatro es catártico.

RS.- En cinco años de festival, creo que aún no estás satisfecha con algunas cosas y cada año estás buscando que sean posibles. 

P.- Si, totalmente

RS.- ¿Ya tienes planeado para el próximo año en dónde te vas a presentar? 

P.- El siguiente año tendremos que hacer varios cambios muy importantes, por ejemplo lanzar una convocatoria para hacer una selección de propuestas; primero tendremos que definir si es con varias líneas o lo dejamos para niños y jóvenes que fue lo que más presentamos este año. Es muy difícil separar en estos territorios a los niños de los padres, normalmente se hacen pensando que van juntos. Nos enfocamos en niños y jóvenes; creo que en esta primera parte fue un gran éxito por lo que hemos vivido estos cuatro días. Y si, por supuesto  habrá cambios, como contratar más personal; a veces las instituciones nos ponen sus límites, por tal motivo  creo que debemos abrirnos más al Instituto Sonorense de Cultura y otros más, tenemos que reunirnos con los sistemas educativos como COBACH; hay tantos centros para hacer esta labor, pero estamos hablando de que se trata de centros educativos que saben de nuestra movilidad y tienen los recursos para trasladarse y poder disfrutar del espectáculo. En ese territorio donde nos movemos no sucedió eso. Debemos pensar en invitar a un país o hacerlo temático,  para niños y jóvenes. Debemos cavilar si dejamos la parte académica o no, hacia quién nos vamos a dirigir. Te diste cuenta que no estuvo ninguna persona o maestro de la Universidad de Sonora, ni alumnos, solo aquellos interesados que llegan, dejan el boleto y se van, no se quedan por diferentes motivos. Necesitamos hacer un verdadero análisis y que el presupuesto que se nos otorga vía federal, estatal, municipal o de la iniciativa privada, que realmente ayude a lograr, ampliar este rango de la población, es decir llegar a más lugares o menos lugares pero con más gente. Porque eso implica medir fuerzas reales. No te puedes comer el mundo en un día o tapar el sol con un dedo

RS.- ¿Qué tanto batallas para encontrar talento, compañías y gente que desee participar? 

P.- En estas cinco etapas le hemos dado el foco fundamentalmente a las compañías que estamos en la escena sonorense, porque me parece que es un esfuerzo conjunto, ellos desde sus propuestas, sus puestas en escena y nosotros lo demás. Ahora ya es tiempo de volar y lanzar una convocatoria –eso lo estamos pensando ahora, en este día que terminó este festival, no sabemos si nos vamos a sostener-, de que habrá cambios, es seguro. 

Con estas palabras concluyó la entrevista con esta gran creadora y promotora de teatro en el Noroeste del país. La Cachimba Teatro con su carromato seguirá iluminando los caminos por los cuales transiten los teatreros que arriben a esta tierra donde habita gente que ama al TEATRO. En lo particular agradezco la oportunidad de participar en el 5º Festival de Teatro Sobre Ruedas, y conocer  a quienes hacen posible que este suceda. Gracias Paquita Esquer, Roberto Corella y todo su equipo por su cálido recibimiento.

 

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