En el estudio de la literatura dramática el terror es un género muy poco cultivado por los dramaturgos

Son las 8 de la noche, el primer viernes de junio, camino solo por la calle de Madrid, en Coyoacán, rumbo al metro Viveros. La calle es tan oscura como el fondo del mar. A lo lejos veo las luces de la avenida, pero mientras más camino hacia ellas, parece que se alejan. De pronto escucho algo que avanza detrás de mí. Cuando me giro para ver quién es, no consigo distinguir a nadie entre la penumbra. Sigo caminando y al poco tiempo el ruido se incrementa. Giro nuevamente y no distingo ninguna figura humana. Aquello que se me aproxima no es andar humano. Las pisadas se aceleran y cada vez están más cerca de mí, pero no logro ver nada. Sospecho que son las patas de un perro que corre a gran velocidad. Yo me vuelvo y, sin mirar mi destino, corro para que aquella criatura no me alcance. Tropiezo, pero no me caigo, sigo corriendo en franca huida. Al llegar a Avenida Universidad me paro en seco y con atención descubro que el sonido que me había asustado en realidad es un aspersor que complementa el trabajo de las lluvias en los Viveros de Coyoacán. Voy a ver la obra de teatro La mano peluda: episodio maldito y es probable que el terror esté penetrando por mi piel desde horas antes de entrar al Teatro Ofelia.
El mundo de lo paranormal o sobrenatural siempre ha sido un tema morboso, al igual que el futbol o la política, parece un tema obligatorio en conversaciones adolescentes, ociosas o de borrachos. Todos tenemos alguna historia paranormal para contar en la noche y no pasar por un escéptico aburrido. Las leyendas paranormales son como las monedas de 50 centavos, no sirven para nada, pero todos cargan con una «por si se ofrece». La mano peluda fue un exitoso programa de radio que entre 1995 y 2010 atizó el morbo macabro de los noctámbulos radioescuchas de la Ciudad de México y su área metropolitana. El locutor Juan Ramón Sáenz (quien previamente conducía en Radio Uno Los grandes de la salsa) era la voz titular de este talk show nocturno donde se atendían las llamadas realizadas por el público y se daba magnitud radial a sus fantasmagorías. El episodio maldito ocurre cuando un joven veinteañero de nombre Josué llama a los teléfonos de cabina asegurando que tiene un pacto satánico que le reconcome por dentro.
Josué Velázquez llamaba desde Estados Unidos, aseguraba ser hijo de inmigrantes mexicanos y en su adolescencia conoció un libro que incluía conjuros satánicos. El chaval inmediatamente vio en los poderes ocultos la solución para ayudar a su familiar económicamente. Josué conjuró al mal y tres entidades demoniacas respondieron a su llamado. Sin duda el conjuro o el libro de Josué era más efectivo que el de Fausto, quien solo contactó con Mefistófeles. Los tres ángeles luciferinos pidieron a Josué el alma de uno de sus familiares y él les sacrificó a su abuela, porque «ya le tocaba» . La narración fáustica se interrumpió porque durante la llamada a Josué se le presentó algún demonio con pinta de marrano y lo sometió con todas sus fuerzas. Sáenz echó mano de un pastor exorcista quien auxilió a Josué desde cabina para liberarse de esa presencia demoniaca. El episodio radial eventualmente llegó a su fin y por la radio entró el himno nacional mexicano con sus marciales notas. El grito de guerra nacional había rechazado al masiosare enemigo. Todo parecía haber concluido como una noche más… pero la historia no terminó ahí.
El 29 de mayo de 2011 la muerte sorprendió a Juan Ramón Sáenz con un infarto fulminante a causa de una severa infección estomacal. ¿Pero esta verdad histórica es real? Hay quienes aseguran que el alma del periodista fue reclamada por el patas de cabra y que sus esbirros hicieron por él. De acuerdo con declaraciones de su viuda, el periodista se encontraba trabajando en un libro que se titularía Las profecías del fin del mundo. ¿Qué secretos se llevó a la tumba Juan Ramón Sáenz?
Todo este contexto es fundamental para acercarse a la obra La mano peluda: episodio maldito. El dramaturgo José Manuel López Velarde (autor de Mentiras y Si nos dejan) cambia el género musical por el terror teatral. La obra cuenta la historia de JR, el hijo de Juan Ramón Sáenz, quien se adentra por los archivos sonoros de su padre para descubrir la verdad sobre su muerte. El público acompaña la investigación del vástago Sáenz con un par de audífonos sincronizados con el sistema de audio del teatro. Cada espectador es engullido en los 100 minutos de archivos sonoros entre grabaciones caseras, grabaciones semiprofesionales y radiofónicas, que funcionan como pistas criminales que conducen hasta el episodio del endemoniado.
La cartelera de teatro en la Ciudad de México regularmente carece de propuestas de terror (salvo la constante presencia de La dama de negro) abundan los melodramas, el realismo anglosajón, comedias y las infaltables adaptaciones innovadoras (todas ultranecesarias) de alguna obra de William Shakespeare Pero ¿dónde queda el terror? Pareciera que es un género acaparado por el cine, pues ahí sí, nunca falta propuesta terrorífica en carteleras comerciales y no comerciales. Incluso en el estudio de la literatura dramática el terror es un género muy poco cultivado por los dramaturgos. Me parece comprensible que géneros tan cinematográficos como el wéstern sean poco desarrollados en los escenarios teatrales. Imaginemos el berenjenal que implicaría para cualquier productor meter caballos, diligencias, trenes, un poco de desierto y dos horas de balazos en un escenario. Pero el terror es más allá de un género cinematográfico imposible de contar sin trucos de cámara, edición o efectos especiales. Durante el gran siglo del romanticismo, cuna del terror, la literatura gótica, vampírica y espectral encontró en las historias sobrenaturales un terreno fértil del que extrajeron mil y una narrativas. Algunas novelas vieron también sus afortunadas adaptaciones teatrales, como Drácula que en 1927 fue adaptada al teatro por John L. Balderston y cuya versión fue supervisada y autorizada por Bram Stoker. En 2011 la compañía del Teatro Nacional de Gran Bretaña (National Theatre) tuvo un montaje muy afortunado de Frankenstein dirigido por Danny Boyle y protagonizado por Benedict Cumberbatch y Jonny Lee Miller, quienes alternaban personajes entre el Dr. Victor Frankenstein y su creatura. ¿Será que el terror es como el rock, un género propio de anglosajones y que sabe mucho mejor en inglés? ¿Por qué es el gran ausente de las marquesinas mexicanas?
La mano peluda: episodio maldito es el nuevo intento del teatro mexicano, chilango, por sumergir al público en una experiencia terrorífica. El público ingresa por detrás del escenario del Teatro Ofelia, por una oscura escalera que tiene en los descansillos figuras satánicas, ídolos paganos y muñecos simplemente «creepys». Al llegar a la butaquería el público se encuentra con unos audífonos que serán la tortura auditiva que taladrarán los oídos de los espectadores gran parte de la obra. La fábula se desarrolla con gran lentitud y tiene una evidente estructura tríptica. La primera parte el actor Mario González Solís (quien hace de JR) interactúa de manera frontal con el público para darle todo el contexto que es necesario para comprender en la obra. La historia es atractiva, pero es ajena para el público que generalmente no es consumidor de historias paranormales. Si bien el solo nombre de La mano peluda para muchos es un referente muy claro, para toda una generación que no se forjó escuchando la radio o para quienes vivimos fuera de la Ciudad de México, el nombre no dice absolutamente nada. La segunda parte de la obra, que dura aproximadamente 60 minutos, es toda la investigación sonora de JR. Las acciones del personaje son bastante débiles y se limita a ir de audio en audio tomando notas. Y por último… ¡No! No voy a revelar el final, porque las imágenes que contiene son verdaderamente efectivas en su golpe de terror. Este es un género que podría arruinarse con facilidad si se develaran detalles del desenlace.
La mano peluda: episodio maldito se presenta los fines de semana en el Teatro Ofelia (Av. Thiers 287 y Ejército Nacional, colonia Anzures), los jueves y viernes a las 21:00 ; el sábado tiene dos funciones 18:00 y 21:00; domingos a las 13:00 y 17:00. Las entradas están disponibles a través de Cartelera de Teatro, Ticketmaster y en la taquilla del teatro. La entrada es exclusiva para mayores de edad.



