El ideal para un artista de la danza es la independencia

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Desde Hermosillo, platicamos con Evoé Sotelo

En un impro que hicimos en Taller Brujo. Foto de ES.

La bailarina, coreógrafa e investigadora Evoé Sotelo, originaria y residente en Hermosillo, Sonora, nos habló de las actividades a las que se aboca ahora. La cofundadora junto a Benito González, de la compañía Quiatora Monorriel, quien estuvo al frente de Danza UNAM, durante siete años nos brinda brevemente su punto de vista respecto a las condiciones de la danza contemporánea en su tierra natal.

¿Qué ha hecho Evoé Sotelo desde que se fue a Hermosillo después de dejar Danza UNAM? ¿Sigues con la compañía Quiatora Monorriel?

ES- Como compañía, cumplimos 33 años en noviembre de 2025, partiendo de nuestra primera presentación dentro de la comunidad dancística, que fue con el premio INBA-UAM, en noviembre de 1992.

Nacímos y estamos aquí en Hermosillo, después de estar yendo y viniendo la mitad de la vida a la Ciudad de México. Ahora nuestra estancia acá ya es definitiva.

Quiatora Monorriel ha creado un sitio llamado Taller Brujo, “un proyecto añejo que Benito y yo tenemos para abrir en algún punto de nuestra vida, un centro cultural”, revela.

Y justo para tener esta autonomía necesaria para hacer investigaciones que nos interesan dentro del ámbito artístico y abrir otras líneas de confluencia con otros espacios de pensamiento y de la acción humana, más allá del arte, vamos a integrar un restaurante y una panadería, además del área para desarrollar actividades culturales.

Tenemos que hacerlo así porque la subsistencia de los artistas es un problema nacional e histórico. Las políticas culturales siguen mal planteadas, no se han reestructurado y están siendo sumamente destructivas.

Nosotros planteamos este Centro Cultural Taller Brujo, como una posibilidad de independencia económica “real” de las instancias del gobierno estatal, federal o local, que ha sido la única manera de subsistencia de los artistas.

Antes existía el circuito de una red nacional de festivales que se destruyó por completo cuando realmente todos los teatros estaban llenos en todas las sedes del país entero, era un proyecto que hacía circular la producción artística por todo México y era una manera de subsistir más allá de becas, uno podía subsistir un año en esos circuitos difundiendo esos proyectos que uno crea. Ahora creas proyectos con una beca del “FONCA” que no puedes presentar, que se quedan muertos con tres funciones, porque no hay forma de presentarlos, no hay programación, ni hay pago por las funciones. Se ha llegado a un extremo absoluto de incongruencia, y nosotros no queremos pensar nuestro futuro así.

Y siendo parte de esa forma tan descabellada de pensarnos como comunidad -en la que implico a las instituciones y a los artistas-. Es una forma totalmente absurda, no le hace bien a nadie. Porque tener una beca del sistema tres años, con lo que implica la producción y tu trabajo de investigación, si eres responsable y vas a profundidad, nada de esto tiene sentido si finalmente queda muerta, nadie la ve.

De qué sirve que el estado erogue recursos dándoselos a unos pocos ¿bajo qué criterios? quién sabe bajo cuáles, porque a veces los comités de selección, como los hacen por insaculación, quedan personas que no han visto danza, así de grave.

Hay una serie de inconsistencias por las que Benito y yo, decidimos no seguir siendo parte de eso, seguros de que tiene que haber una transformación profunda de las políticas públicas para que se pensaran y ejecutaran nuevas estrategias de apoyo e impulso al desarrollo de la danza.

Como esto no sucede, le apostamos a la independencia económica y a la independencia artística con este centro cultural. Hay que pagar a quien quiera presentarse, no queremos pedir apoyo al estado para pagar las funciones, sino lograr ser autosuficientes, realmente deslindarnos. Por eso es restaurante y panadería porque de ahí puede salir eventualmente, si tenemos éxito, un recurso para vivir y para empezar a plantearnos formas autogestivas.

¿Es el espacio de la compañía?

ES- La casa donde yo nací, una casa grande en el centro del Hermosillo viejo, donde habita mi madre con dos de mis hermanos que la están donando para esto. Es un proyecto de familia, sólo así se puede hacer. Es un espacio propio en el que no pagamos renta, y todos nos involucramos porque no podemos pagar una planta de trabajadores, por lo menos en este arranque estaremos sin pago. Mi papá compró la casa con su sueldo de abogado independiente, en la época de los setenta, cuando podías tener un crédito a treinta años; la empezó a pagar cuando nací y terminó de hacerlo cuando cumplí treinta años.

Sostenemos la independencia de pensamiento y de acción, no nos interesa ponernos del lado de ninguna corriente política, porque todas me parecen igualmente inconsistentes, por decirlo de alguna manera.

En sus redes sociales, Evoé respondió a quienes la han acusado de desear el espacio que en la Casa de Cultura de Sonora ocupaba la compañía Antares ¿Quién te metió en “elucubraciones mafufas”?

ES- Cuando se mueven intereses dicen cosas como Evoé llegó a Sonora a sentirse salvadora de la danza, o le lavó el cerebro a la directora del instituto para sacar a Antares porque se quiere quedar con el salón, dicen.

Dicen eso porque soy frontal, por mi transparencia al decir lo que pienso y realmente me preocupa que haya irregularidades de tipo legal muy graves. Que una asociación civil funcione como escuela privada dentro de un espacio público es muy delicado, y que nadie haga nada al respecto, refiriéndome a la institución, que han pasado muchas administraciones y no regularizan algo, a mí me parece importante, veo las problemáticas que se generan cuando las administraciones prefieren hacerse ciegos, sordos, y lo único que se logra es incrementar el problema de manera exponencial. Al llegar al punto de que alguien quiera resolverlo obviamente, se da una trifulca terrible, en la que muchos no quieren entrar porque salen raspados.

Aquí, con Antares, el problema es que no hay espacios, el único espacio digno para trabajar es ese, el salón Beatriz Juvera, y la propuesta del instituto es interesante porque implica realmente poner en condiciones dignas los otros dos salones para poder habilitar un espacio, como lo que en el INBAL fue el ensayodromo para teatro y danza atrás del Auditorio Nacional. Gracias a él, se hicieron trayectorias completas de coreógrafos, compañías y artistas que crecieron y así se desarrollaron los que hoy son los pilares hoy de la danza en México.

Es decir, que el beneficio para una comunidad, al contar con un lugar destinado al desarrollo de la danza en donde no sólo se piense en favorecer a un particular para un artista o una agrupación, sino propiciar la confluencia de grupos que entran y salen a ensayo, unespacio donde se compartan los procesos, y propicien futuras colaboraciones entre artistas que a lo mejor jamás hubieran sucedido pero que, al compartir un espacio común en el desarrollo cotidiano de su práctica, encuentren esas oportunidades, eso es revitalizar la danza. Eso es lo valioso que la gente no ve porque no viven aquí y eso es muy comprensible, pero es necesario informarlo también.

¿Me estás hablando de una situación a nivel nacional?

ES-Sí claro¡ hay artistas de todo el país que están viviendo lo mismo, y es curioso que quienes están sintiendo que esto que sucede ahora con Antares en Hermosillo, es una aberración, es decir la forma en que la comunidad de danza estamos avalando que la institución democratice los espacios, les parece aberrante, que la misma comunidad «golpee» a un grupo como Antares, les parece deleznable, que la comunidad y las instituciones tomen esa iniciativa en contra de Antares, “la más relevante de México y de Sonora”… y esa mirada fincada en el privilegio, en la jerarquización y la distinción discriminatoria entre calidad, excelencia, me parece preocupante porque hay artistas-funcionarios, que se atrevan a ponerse del lado de una de las partes en una discusión que es local, y no les compete opinar porque son funcionarios y el tema está por completo afuera de sus atribuciones.

Se les invitó a que fueran más colaborativos, por decirlo de una forma discreta, a través de proponerles formas de cooperación, de retribución accesibles. Pero Antares no ha accedido. Tampoco ha desmentido lo dicho por la institución, nadie de la compañía ha salido a manifestar una postura detallada sobre su situación.

Me parece que nos falta madurez como comunidad, responsabilidad también como artistas. Y eso se construye con este tipo de debates.

Me haces sentir lejos de ustedes, por lo detallado que debe ser la situación local que planteas, la bomba explotó ¿hace unos días?

ES- Es que se ha desvirtuado esta información, quienes están en la Ciudad de México opinan y se les hace que somos de lo peor por avalar la decisión de la institución. Desconocen que van muchos años que a la compañía Antares se le ha planteado que había que replantear la forma en que usa ese espacio.

Es fácil decir desde afuera que hay injusticia, hay un montón de información que podría cambiar la perspectiva del problema. Estamos cerca de quienes han tenido problemáticas dentro de la compañía y queremos apoyarles. Y una manera de apoyarlos es no seguir permitiendo que estos espacios se usen de manera inadecuada.

Finalmente, Evoé Sotelo nos habla de los talentos que en materia de danza contemporánea son de Hermosillo. “Hay gente muy valiosa, sin englobar a todos: Adriana Castaño, David Barrón, Claudia Landavazo, Manuel Ballesteros, todos ellos con trayectorias súper importantes, también Perla López, María Luisa Solares, Nadia Rodríguez, Daniela Urías, Gabriela Ceceña, Tania Alday, Gabino Guerrero, Silvia Salazar, Emmanuel Pacheco, y son poquitos los que te menciono.

“Hay muchos jóvenes. Tenemos una licenciatura en Danza en la Universidad de Sonora, de la que cada año egresan bandadas de bailarines a los que les urgen espacios para desarrollar su actividad; entonces es importante tener un poco más de claridad sobre la realidad y no hablar desde una cierta fantasía que se genera a nivel mediático”, concluye.

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