La compañía colombiana, dentro del 1er Festival Internacional Afroescénico

Ex-posición
Fundamentalmente encierro. Y lo que podría conllevar: dolor, placer, fastidio y felicidad, esos son acaso los subtemas que según el que esto escribe, aborda la compañía Diookaju en el unipersonal Ex-posición, de Catalina Mosquera y Julián Díaz. Una pieza curiosa en la que el silencio de la notable bailarina genera curiosidad, cuando lo que expresa con el cuerpo toma otra dimensión con el sonido correspondiente a un bebé, la risa de un infante, sus propios gemidos de queja, algunos acaso de placer, gritos y un discurso que alude a una sensación de incertidumbre.
En una pequeña pantalla se apuntala la acción de Catalina en el escenario. Mientras ella en físico nos muestra cierta sensación, en el video vemos que se está comiendo una fruta. Sus compañeros frente a nosotros son un ropero y un espejo. El ropero funciona como nuestro cuerpo de donde salen las emociones, es decir: Catalina sale del ropero en donde se siente encerrada y poco a poco, en el transcurso de la obra ira entrando y en su mayor parte, saliendo de él mientras escuchamos el discurso de una mujer que duda, que da un paso y duda, que va a salir y duda, tiembla. Mientras su cuerpo que contrasta con el blanco de su vestido se mueve y nos muestra lo que siente, escuchamos su voz hablando ya de una o de otra sensación. Llega un momento en el que se acuesta sobre el ropero mientras vemos una ciudad de noche. El ropero puede ser igualmente su espíritu y su mente y lo que Catalina nos muestra es lo que esa mujer que representa, una mujer negra siente.
Catalina Mosquera y Julián Díaz, marido y mujer -como Jaime Chabaud y Marisol Castillo, fundadores de Mulato Teatro, organizadores del este festival afroescénico-, hablan de su forma de trabajar en Diookaju, que combina danza afrocontemporánea y teatro.
Escenafro
“En nuestro proceso formación, tratamos de compartir conocimiento desde el sentir afro a todo el mundo en danza, teatro, actuación para cine, teatro, televisión, y escenafro, que es la fusión de danza afro con la actuación”, responde Catalina.
“Ahora estamos trabajando con las abuelas, como parte de nuestro componente social, nos interesa la dignificación de la persona mayor y entonces integramos a las abuelas de la familia de 70 y 75 años a la compañía”, agrega.
Julián Díaz comenta que en este momento están concentrados en la adulta mayor, en las mujeres y buscamos que las abuelas recuperen el estatus que les corresponde por derecho propio, que vuelvan a ser realmente las matronas, que vuelvan a ser escuchadas y entendidas, integradas, dice.
“Sucede que mi suegra se pensionó y después se empezó a deprimir, luego se enfermó porque la tristeza enferma y empezó a comer mucho y cuando la vimos más triste a Catalina se le ocurrió ponerla a actuar, a ella y a mi mamá ¡resultaron ser grandes portentos! Como bailarinas, cantantes y bailarinas, entonces ahora convocarán a otras abuelas”.
Yo soy actriz pero toda la vida he bailado y después de una pasantía que hicimos en la compañía Sankofa, en Medellín, empezamos a fusionar la danza afro contemporánea con la actuación. Y sentimos que nos faltaba, que era necesario hacerlo desde lo tradicional colombiano, desde lo urbano, desde lo corporal dramático, desde la biomecánica, empezamos a hacer una mezcla, porque sentíamos que el teatro que nos enseñaron académicamente hacía una división y ancestralmente nuestros cuerpos son una integración: el chamán baila, y canta, en fin. Quisimos entonces reducirlas a través de escenafro
“Fue una inquietud personal que se tornó en en una técnica. Y que ahora compartimos con las personas que se integran a Diookaju”.
Ex-posición es la primer resultado de esto, la obra lleva ya más de diez años de vida. Ha evolucionado mucho, ha cambiado según el lugar, afirma Julián. Siempre que Catalina la representa, la escenografía cambia, “nunca habíamos tenido un ropero tan grande como el que nos pusieron aquí en Foro La Gruta, siempre habíamos trabajado con uno más pequeño, y en este, pues no me sentí tan encerrada (risas). Entonces las posibilidades de movimiento fueron otras, y es como hacerse aliado del material escénico, lo mismo pasó con el espejo, usamos casi siempre uno con dos caras, y este solo tenía una, y eso te brinda otras posibilidades.
Generamos desde lo afro porque es lo que somos y es lo que nos interesa poner de manifiesto sin dejar de integrar a todo mundo sea o no negro. El estar en escena es un accionar político y es un lugar de reivindicación y dignificación, un lugar antirracista, hemos encontrado la manera de hacerlo de una forma poética, sin panfleto, concluye Catalina Mosquera.




