Se proyectó el documental dirigido por el cineasta Sergio Muñoz

El 13 de febrero del presente año se inauguró la exposición Dos luceros que se acercan. Miradas a María Victoria en el Centro Cultural Pedregal. Esta colección reúne más de 60 fotografías emblemáticas de la cancionera, además de un par de sus bellos vestidos y una marioneta de María Victoria que concedió en préstamo el Museo Nacional del Títere de Huamantla, Tlaxacala. Durante el mes que ha permanecido la exposición abierta se han llevado a cabo diversas actividades que honran la figura de la querida diva del cine y el teatro nacional.
La noche del pasado jueves 6 de marzo se proyectó el documental Cuidadito, cuidadito producido por la Filmoteca de la UNAM y dirigido por el cineasta Sergio Muñoz. Pavel Granados y Teté Gómez, los curadores de la exposición también fueron los presentadores del documental junto con el director. Este documental fue producido en 2013, cuando la maestra Guadalupe Ferrer era directora de la Filmoteca, institución que concedió muchísimas imágenes de su archivo para los fines ilustrativos del filme.
«Fernando Macotela define las cualidades de María Victoria como una afortunada mezcla de personalidad junto con visión, voluntad e inteligencia, decisión, fuerza, valentía, y desde luego talento; y advierte que una estrella se impondrá siempre porque tiene un don inigualable y sus características son tan exclusivas que nadie puede reproducirlas, tal vez solo imitarlas» Fueron las palabras con las que Pavel Granados (leyendo un texto de la maestra Ferrer) inicio aquella noche de dialogo directo entre familiares, amigos y admiradores de María Victoria.
Antes de la proyección de este documental Sergio Muñoz invitó a los presentes a fijar su mirada en aquel intento por recuperar el espíritu cosmopolita de la Ciudad de México. «La Ciudad de México fue una ciudad absolutamente cosmopolita, y queríamos reflejar eso. Creo que ahora está regresando, o al menos sabemos que está de moda a nivel mundial, porque viene gente de todo el mundo» Así lo señaló el propio autor cinematográfico y además nos permitió saber que la realización de este documental fue un chapuzón a su infancia, pues los años 60 presenciaron los últimos coletazos de lo que él ha denominado, «la época dorada del espectáculo en México», quizás este término como una extensión de la Época de Oro cinematográfica que concedía que el brillo de sus creadores también iluminara los escenarios de teatros, cabarets y centros nocturnos emblemáticos del momento, como el inolvidable El Patio.
El documental cuenta con una extensa entrevista en casa de la señora María Victoria, donde además de compartir sus memorias escénicas, también presenta por primera vez la intimidad de su hogar. Por ejemplo, su gran guardarropa donde la cancionera atesora sus reliquias escénicas que le granjearon el cariño de su público o un gran álbum con todos los recortes de prensa que en casa iban coleccionando cada que su nombre y figura se robaba las miradas de los lectores. También el documental presenta por primera vez su gran altar, el espacio donde María Victoria entra en recogimiento y oración para dialogar con Dios. Ahí se ven muchas imágenes de sus santos más devotos y su querida Virgen de Guadalupe. No se olvide que la voz de María Victoria por muchos años fue parte fundamental de las mañanitas en el Tepeyac cada 12 de diciembre.
El largometraje también nos permite conocer las anécdotas más simpáticas y entrañables de la cancionera, como por ejemplo la noche que Agustín Lara la invitó a cantar sus boleros y se molestó con el público porque no dejaban de gritarle improperios a María, del tipo «¡María, canta de espaldas». Agustín Lara detuvo el recital y pidió al público que tuviera educación con la artista, pero esto en lugar de calmar al público lo enardeció todavía más, e incluso entre espectadores de la gayola comenzaron a pelearse. María Victoria también recuerda con cariño la noche en que una mujer abofeteó con fuerza a su esposo porque se le iban los ojos al mirar la figura de la cancionera; hecho que también detuvo la presentación y arrebató las notas de prensa.
«Sin duda La criada malcriada sigue siendo la obra que mi mamá recuerda con mucho cariño. Fue la primera obra de comedia que hizo, tenía la cercanía del público en los teatros. Mi mamá siempre ha usado shalimar como perfume y estando en la fila 10 o 12, se alcanzaba a oler su perfume. La criada… fue una obra que estuvo por Europa, y era de dos actos; aquí terminó siendo de tres actos, porque su personaje era secundario y terminó siendo principal. Estuvo cuatro años y medio, fueron más de dos mil representaciones; era de martes a domingo. Apenas y descansaba, pero significó mucho para ella. » Así lo dijo Teté Gómez, hija de María Victoria, cuando se le preguntó sobre la importancia que conservan sus piezas teatrales en la memoria de María Victoria.
A propósito de la inauguración del teatro 29 de diciembre en 1965, con la obra La criada malcriada el crítico Rafael Solana se refería así del trabajo que María Victoria:
«cae muy bien, provoca una sonrisa, se hace agradecer; además de su encanto físico, que nadie discutirá, tiene un ángel que muchas para sí quisieran. Sobre sus méritos como actriz se podría establecer alguna enconada controversia, sobre su gracia en cambio no hay nada que hablar. »




