Se presenta los domingos en el Teatro Varsovia hasta el 6 de abril

En el escenario se observa un departamento juvenil, de un hombre soltero que comparte con su mejor amigo la partida de algún juego de video. Matías (Víctor Regules) es un hombre que se halla consternado por la propuesta de su pareja, quien le ha pedido que abran la relación a la posibilidad de involucrarse sexoafectivamente con otras personas. Se infiere que su amigo Román (Jonathan Walton Martínez) lo está pasando mal, que viene de una crisis personal y que el videojuego es el pretexto perfecto para reconectar con su vida social, una normalidad que había quedado suspendida y que ahora puja por continuar. La camaradería y la amistad se imponen a los problemas que ambos hombres cargan a sus espaldas.
La escena siguiente nos materializa la controversia prometida al público. Al departamento llega Sofía (Mafer Gómez), la novia insegura de Matías, quien después de muchos rodeos le confiesa a su pareja que siente una intensa atracción por otra chica. Matías queda suspendido por la confesión que acaba de recibir, y aunque no está dispuesto a renunciar al amor que siente por ella, la duda y el miedo de sumergirse en una relación poliamorosa, debilitan sus palabras que no alcanzan una retórica de complicidad y acuerdo.
La tercera escena migra la mirada del espectador hacia el otro lado del escenario que ha estado esperando a que la acción le habite en la penumbra del teatro. Sofía llega a casa, donde repite la confesión de sus sentimientos con su madre, Raquel una viuda joven (Romina Di Domenico) que se halla en la misma situación sentimental que su hija. Desde hace mucho que se ha descubierto y aceptado como tríbada y en secreto ha mantenido una relación con Fabiola (Bárbara Terremoto) que ahora se desborda por salir a la luz.
Hacia los cuarenta minutos de iniciada la función se puede vislumbrar la estructura dramatúrgica que con temeridad soporta la puesta en escena. La dramaturgia, que es responsabilidad de Alejandro Zermeño (el director), Mariana Biagi y Ana Berenice Cruz replica la estructura (y temas) de La ronda de Arthur Schnitzler que fue publicada en 1900 y que se ganó adeptos desde sus primeros lectores por el juego estructural que supone, además de cuestionar dramáticamente la moralidad sexual de la época. Diez personajes emparejados en breves escenas develan la complejidad de las relaciones humanas. La historia se desnuda ante el espectador como un carrusel por el que observa fragmentos de vida de estos personajes. Tanto Retratos como La ronda comparten la siguiente figura: en la escena uno, A dialoga con B; en la segunda escena B dialoga con C, quien dialogará con un personaje D en la tercera escena y así sucesivamente hasta cerrar el círculo en la décima escena. Es interesante pensar que la genealogía de Retratos se encuentra a más de cien años atrás y la vigencia de los temas y caracteres se sigue imponiendo.
¿Qué secretos esconden los personajes? ¿Cuáles son sus necesidades o miedos para seguir callando? ¿Y qué es lo peor que podría pasar si el cause de las pasiones se desbordara? Las interrogantes quedan suspendidas en el aire al finalizar cada cuadro de esta puesta escena. Quizá las preguntas únicamente encuentren posibles respuestas en la moral de los espectadores; pero ninguna de ellas es representada. Retratos, como su nombre lo indica, funciona como una galería, una pinacoteca, un tendedero fotográfico donde la imagen nos puede reflejar algunas acciones concentradas en un instante, pero jamás el final de una historia.
Aunque las primeras escenas de la obra puedan parecer redundantes en el tema del secreto, la sexualidad clandestina, la represión, la duda y la búsqueda de identidades alternas; es interesante para el oyente algunas preguntas que rebotan en voz de los personajes, como por ejemplo, cuando Dani (Eduardo Sparrowe) busca una pareja sentimental seria y responsable afectivamente. Un indicador para acercarse a conocer a un hombre es «Ya me invitó al teatro y no me ha pedido nudes» elogiando en este diálogo que el otro busque antes un contacto sentimental y artístico antes de imponer la sexualidad por delante. Sin duda estos Retratos son también un espejo de la vertiginosidad líquida en la que nos vemos envueltos y donde, la mayoría de las veces, no hay espacio para la mesura y el amor en calma.
Alexa Treviño, quien interpreta a una niña popoff fascinada con el histrionismo de su novio, resalta de esta obra coral por la gracilidad lúdica con que penetra en la piel de su personaje. Valeria es una joven de clase alta que sale con un bailarín (interpretado por Diego de la Torre) que se ve orillado a ser narcomenudista para costearse sus aspiraciones artísticas. Valeria es también una amiga ensimismada que pocas veces se permite salir de sus manías y problemas para escuchar los de su mejor amiga. Las dualidades de este personaje se sostienen en la complejidad que sabe interpretar Alexa Treviño, quien relumbra por los destellos de comicidad que hacen de su par de escenas, las más hilarantes para el público.
Esta obra alcanza su punto más álgido con la escena que sostienen la doctora Aurora (Karen Woodin) y su paciente Román, el mismo que vimos al inicio de la obra jugando videojuegos. ¿Cómo abordar la clásica escena del diagnóstico médico fatídico sin caer en las formas que se han visto miles de veces en las series de televisión? Pues la pareja que sostiene este momento lo hace con intimidad, la seriedad que demanda esta situación y mucha comunicación. Karen Woodin nos ofrece la mirada más amable de la medicina, empática y humana que muchas veces hace falta recordar que sigue presente en excelentes médicos.
Quizás (tal vez) la obra precise de una intimidad más directa con el espectador que en esta ocasión se ve entorpecida por las grandes dimensiones del Teatro Varsovia. Los actores que llevan el peso de las escenas románticas tienen una querencia natural a la cercanía corporal que nos recuerda al trabajo en telenovelas, intimista y bisbiseante al punto de entorpecer la proyección vocal. Además que el tratamiento realista de la dirección impone por largos minutos un estatismo que enmarca a los actores en cuadros “de plato y taza” que nos recuerda las formas del teatro burgués decimonónico.
Los caminos del teatro independiente son siempre sinuosos, cargados de incertidumbre, precariedad y limitaciones. Es motivo de elogio que esas condiciones, en esta producción hayan propiciado que los actores además de su compromiso histriónico pudieran realizar algunas otras tareas con bastante empeño. Bárbara Terremoto y Romina Di Domenico además de su participación actoral también realizaron el diseño escenográfico donde habitarían los 10 personajes de esta obra. Karen Woodin y Jonathan Walton fueron los encargados del diseño sonoro y Eduardo Sparrowe y Víctor Regules son los responsables de las redes sociales del proyecto.
Retratos se presenta cada domingo en el Teatro Varsovia (Varsovia 9116, colonia Juárez, CDMX) en horario del ángelus, a las 12:00 h hasta el domingo 6 de abril. Los boletos están a la venta a través de Ticketmaster y se recomienda consultar las redes sociales de la compañía @retratoscdmx para estar atentos a nuevos avisos y promociones.


