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Nunca he estado en Dublín, una comedia idealista

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Dirigida por Marco Pacheco, se presenta en el Foro Shakespeare los miércoles hasta el 8 de julio en el Foro Shakespeare

Mónica Huarte.Fotos: Adrián Martagón

Hacía mucho tiempo que no experimentaba, frente a un escenario, esa extraña sensación de ser transportado hacia la estética de una época televisiva pretérita. Hacia finales de los 80 y principios de los 90 el sitcom a la mexicana se instaló con los programas de Jorge Ortíz de Pinedo. Comedias como Dr. Cándido Pérez o Hasta que la muerte los separe ocurrían en platós de televisión con público en directo y el estilo de su comedia era una combinación entre el estilo norteamericano de la comedia de situación y la comedia española de dramaturgos como Jardiel Poncela o los hermanos Álvarez Quintero.

 El miércoles pasado me pasé por el Foro Shakespeare para ver la comedia Nunca he estado en Dublín. El espectador es recibido por la pulcritud de una sala en el hogar de familia de clase media aspiracional que exhala un aire navideño casi asfixiante: un árbol de navidad a la derecha, botas de fieltro perfectamente alineadas, una mesa de cena fracasada donde hay Bacardí en lugar de champaña y a la izquierda unos sillones de estilo IKEA.   Ese ambiente de hogar armónico que parece sacado de un catálogo de decoraciones posteriormente reflejará el desastre que lleva por dentro la familia.

El tono de la comedia se instaló de manera tajante mucho antes de la primera réplica. En el instante en que Mónica Huarte cruzó el umbral, seguida de cerca por Silverio Palacios, el público estalló en aplauso batiente, rememorando la dinámica de esos teleteatros cuando Ortíz Pinedo abría una puerta y enseguida se escuchaban las palmas. Confieso que este tipo de gestos me chirrían; no por un rechazo al talento o a la celebridad de los intérpretes, sino porque representa un rompimiento frívolo de la ficción teatral. Para esta obra más allá de un rompimiento, el aplauso vino pintiparado pues instala en cuestión de segundo la dinámica tonal del resto de la obra.

La obra, escrita por el español Markos Goikolea, nos presenta a una familia al borde del abismo. El matrimonio de Javier (Palacios) y Luz María (Huarte) atraviesa una crisis económica profunda.  El patriarca ha sido despedido de su oficina y la señora se ha jugado su patrimonio en una estafa piramidal de criptomonedas.  El orden de la Nochebuena se quiebra definitivamente cuando su hija Verónica regresa de Inglaterra y les presenta a su novia Angie, quien tiene la particularidad de ser invisible.

Si el barroco español nos propone un camino de la mentira hacia la verdad —pienso en el genio de Cervantes en El retablo de las maravillas, o en Ruíz de Alarcón en La verdad sospechosa—, esta obra camina en sentido opuesto: el idealismo y la ficción son los únicos mecanismos para hacer que la realidad  sea soportable. Este discurso idealista (netamente anglosajón) se enaltece hacia el final de la obra, en el marco de una Navidad secular. El público es capaz de descubrir que todos los integrantes de la familia viven estancados sobre la mentira del positivismo. Javier repite mantras aprendidos en un curso de superación personal, su primogénito es un migajero que se resiste a aceptar que el amor de su exmujer se ha terminado, y Verónica necesita inventarse una novia a modo, como si fuera un amigo imaginario, para lidiar con su soledad.

La dirección de Marco Pacheco es atinada al consolidar el tono de sus actores, conduciéndolos con precisión por el hábitat de esta familia disfuncional que marcha en dirección hacia una felicidad ficticia. Pacheco logra afianzar un humor que hace que el público responda de manera constante, sin perder el ritmo de la narrativa. Aunque la comedia de situaciones me resulte impropia, he de reconocer que la dirección entiende perfectamente este código de humor y lo reconduce hacia el lenguaje escénico contemporáneo. Pacheco establece las condiciones para que su elenco se sienta cómodo y seguro, incluso en momentos de improvisación.

El elenco se muestra plenamente entonado y con perfiles muy definidos. Silverio Palacios y Mónica Huarte lideran la escena con la solvencia que les caracteriza y construyen una relación entrañable que sobrepasa la cuarta pared. Palacios de pronto se desborda en aspavientos y chistes de referencia popular que deleitan público juvenil. Daniela Méndez y Miguel Tercero completan este cuadro familiar con una presencia escénica equilibrada. Juntos logran que esa «novia imaginaria» cobre una relevancia tal que termina por ser aceptada por todos, demostrando que, a veces, preferimos habitar una mentira compartida antes que enfrentar nuestras propias ruinas.

Ficha Técnica:

Obra: Nunca he estado en Dublín

Dramaturgia: Markos Goikolea

Dirección: Marco Pacheco

Elenco: Silverio Palacios, Mónica Huarte, Daniela Méndez y Miguel Tercero.

Lugar: Foro Shakespeare (Zamora 7, Condesa).

Funciones: Miércoles 20:30 horas.

Temporada: Hasta el 8 de julio.

Boletos: Disponibles en la taquilla del recinto y en boletos.shakespeareycia.com

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