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Lobos por corderos, y una gotera que permanece aullando

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Se presenta los martes en el Foro Lucerna hasta el 5 de agosto

Los temas por los que pasa Lobos por corderos, son bastante delicados. En la foto: Mariana Gajá, Adriana Louvier, Sofía Espinosa y Pedro de Tavira.

La directora del Colegio Schmidt está por comenzar una junta con un par de padres de familia. Es un sábado por la mañana y afuera cae una lluvia que por momentos es más fuerte e impertinente. Los padres de los niños llegan con relativa puntualidad y la reunión comienza con un tufillo flotando por el ambiente, cargado de tensión y tristeza. Bárbara Moretti, la directora, se ve bastante nerviosa y su estado anímico le hace derramar el café con el que busca congraciarse ante los silentes padres. Ella les informa inmediatamente que para recibir al nuevo ciclo escolar, el Colegio Schmidt ha decidido colgar una placa en memoria de los infantes fallecidos. Los hijos de Sonia y el decadente matrimonio Betancourt murieron en un accidente escolar. El camión que llevaba a varios niños a una excursión se volcó en el camino y esto le arrebató la vida al chófer de la unidad y a dos infantes. El Colegio ha tratado de capotear la situación con bastante dignidad y diplomacia, pero las cosas se empiezan a salir de las manos de la directora cuando pretende comprar el silencio de los padres afectados con un millón de dólares.

Lobos por corderos es una obra original de Reynolds Robledo, dramaturgo y director de este montaje. El texto se sostiene sobre los pilares de la dramaturgia neoclasicista que defienden que la fábula deberá respetar las «unidades aristotélicas» de tiempo, espacio y acción. Durante el siglo XVII, los poetas neoclásicos franceses pensaban que en la Poética de Aristóteles se dictaban mandamientos para escritores (en lugar de teoría dramática/literaria) y así, las tragedias de Corneille, Racine y otros más, buscaron no solo la representación de los grandes temas de la tragedia griega, sino también respetar los supuestos cánones aristotélicos: que la obra transcurra en un solo espacio, sin saltos temporales y con una sola línea narrativa. La obra de Robledo funciona de esta manera, intencional o no, la historia de Lobos por corderos se sostiene sobre los pilares de la tragedia neoclásica. Toda la acción se enmarca en la oficina de dirección del Colegio Schmidt, un sábado mientras se pasa la lluvia. Solo hay una escena que funciona como analepsis a la conversación sostenida, la rueda de prensa que la directora Moretti dio a los medios de comunicación después de la tragedia escolar. Es esa tragedia infantil el marco de una tragedia escurridiza y personal que está por alcanzar a la propia Bárbara Moretti.

Los temas por los que pasa la obra son bastante delicados: negligencia escolar, bullying, síndrome de down, divorcio, machismo y otros tantos. Estas tesis encuentran resonadores entre el público, pues nadie es ajeno de haber padecido alguna de estas cruces o al menos escuchar sonados casos mediáticos de negligencia escolar.  Los temas son descubiertos por el auditorio como petardazos emocionales en la primera media hora de la obra.  La situación es tremendista, al grado que es imposible no sensibilizarse ante el dolor de unos padres que han perdido a sus hijos, por un accidente previsible. No hemos terminado de conocer a los personajes cuando ya se han manifestado las procesiones que llevan por dentro. Dicho de otro modo, la obra nos presenta a los personajes por el dolor que los atraviesa. Quizá de este modo se alcanza un tope emocional demasiado rápido en el cuál es difícil encontrar mayor desarrollo. Sobre ese clímax los personajes vuelven en círculos sin presentar mucha progresión, pues la dosis de información peripecial se ha terminado con velocidad.

Lobos por corderos es una tragedia contemporánea que se apuntala sobre las columnas del neoclasicismo pero que se desenvuelve por el estilo realista con diálogos coloquiales y personajes construidos a partir de su carácter psicológico. La obra nos permite encontrar convergencias con otras literaturas. Como en Edipo Rey, la tragedia de Sófocles, la sangre derramada termina por alcanzar a la figura de poder, haciéndole caer con profundo dolor en la situación que minutos antes condenaba. El diálogo en la prosa de Robledo también recuerda algunas piezas de David Mamet, como Bufalo Americano  u  Oleanna, que brillan por ese acelerado «pimponeo» de diálogos monosilábicos, violentos y a veces absurdos que ponen al límite las capacidades racionales de sus personajes.

La propuesta escenográfica es bastante austera: un escritorio con tres sillas de estética minimalista y al fondo un librero blanco que se tambalea con solo tocarlo. El diseño de iluminación es de Allan Flores, quien privilegia el uso de la luz fría, quizás para evocar la iluminación «ahorradora de energía» de las escuelas particulares, tan prestigiosas como tacañas. La disposición escénica es a tres frentes, aunque es obvio que se privilegia el frente tradicional del Foro Lucerna. Dos escenas consecutivas ocurren «en proscenio», mordiendo la línea que delimita con los espectadores de la sección privilegiada. Los otros dos frentes de la obra son apenas incluidos hasta el momento de dar las gracias.

El elenco está conformado por Mariana Gajá, Adriana Louvier, Sofía Espinosa y Pedro de Tavira. Los cuatro actores están a la altura de las necesidades dramáticas que implica sostener una confrontación después del duelo por unos niños. Mariana Gajá, quien interpreta a la directora Bárbara, tiene una sensibilidad increíble y transparente; a los espectadores cercanos nos permitió asomarnos a su mirada, que trasluce los pensamientos y las mortificaciones de este personaje. Adriana Louvier y Sofía Espinosa son el rostro de la maternidad en duelo, a veces sobrias y por momentos sobrepasadas. Pedro de Tavira vuelve a demostrar la gran calidad actoral que tiene, haciendo que su personaje sea entrañable a pesar de cargar con una máscara de antipatía valentona.

La obra se presenta todos los martes a las 20:30 h en el Foro Lucerna (Lucerna 64, col Juárez) hasta el 5 de agosto. Los boletos tienen un costo de $672 y se encuentran disponibles a través de Ticket Master y en las taquillas del teatro. Se recomienda seguir las redes sociales de la productora @lobosproducciones.

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