El Teatro Julio Castillo se infesta de Parásitos

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Permanece en temporada dos lunes más: 26 de mayo y 2 de junio

Observar un espectáculo de improvisación en el Julio Castillo es ya algo digno de contarse. Foto: Adrián Martagón.

La función está por comenzar en punto de las ocho de la noche. El teatro ha tenido una gran entrada, es uno de los recintos más grandes de la ciudad y está a tope en sus primeras secciones de butacas. De pronto Diego del Río, director de Un tranvía llamado deseo, aparece en escena para avisarnos que la función del tranvía no puede darse porque se ha declarado una emergencia de parásitos en el teatro Julio Castillo. Del Río baja del escenario y en ese mismo instante aparecen en escena «los parásitos». ¡Que no cunda el pánico!¡No se trata de una nueva pandemia! Los parásitos son seis improvisadores que están dispuestos a hacer y deshacer nuevas historias a partir de las escenografías de otras producciones. En esta ocasión tocó el turno de parasitar la escenografía de la aclamada obra de 25 producción. El pasado 12 de mayo los parásitos fueron abanderados por Omar Argentino Galván (director del proyecto), Bernardo Gamboa, Carmen Mastache, Mario Alberto Monroy, Pilar Villanueva y el músico David Almaga.

El formato es muy interesante, pues los improvisadores no solo son sorprendidos por los detonadores del público, sino que también se afectan por lo que han de descubrir en las escenografías parasitadas. Esto permite que exista  una sorpresa constante durante toda  la función y dentro de cada una de las historias que se cuentan en la noche. De pronto se encuentran con objetos o materiales sorprendentes por debajo de un rincón o abriendo algún recoveco de la escenografía. El espacio escénico no es solo «el hábitat de los personajes» se vuelve un provocador continuo de retos por incluir en la ficción.

En este espectáculo se cuentan varias historias, algunas breves y otras con desarrollo más prolongado. A veces suben todos los parásitos al escenario y otras,  es suficiente con solo dos improvisadores para contar una historia. No se trata de un formato competitivo por ver cuál dupla o improvisador es el más virtuoso de la noche. Parásitos en un espectáculo dirigido a explorar todas (o casi todas) las historias que posiblemente puedan habitar en un espacio prediseñado. Estas historias pueden dialogar con el montaje que están parasitando (como ocurrió por un momento en que Omar Argentino se puso a parodiar los clichés de Stanley Kowalski) pero también pueden interpretarse las  historias de la fantasía más surrealista en una escenografía de corte realista. Esas contradicciones y convergencias hacen que la escena respire siempre con viveza y tremendismo.

Observar un espectáculo de improvisación en el Julio Castillo es ya algo digno de contarse. Pocas veces la programación del Centro Cultural del Bosque ha permitido que sus recintos sean «invadidos» por teatralidades espontáneas. Es de aplaudir que nuestras históricas catedrales del teatro también alberguen propuestas ingeniosas de improvisación que apuestan por un diálogo frontal con el público y por el lenguaje actoral en su estado más tosco. Regularmente la impro en México se ha constreñido a teatros de cámara o cajas negras. La improlucha es un caso aparte pues las necesidades del espectáculo imponen la grandilocuencia de un ring de lucha libre, banda de rock en vivo, pantallas, etc. Con Parásitos  ocurre algo bastante peculiar. La capacidad de los actores se desarrolla en su máxima expresión, y se desborda en un teatro tan imponente como es el Julio Castillo. Al mismo tiempo se disfrutan las escenas que apuestan por la intimidad, los diálogos susurrados y el ritmo lento.

Carmen Mastache y Pilar Villanueva construyeron una de las historias más íntimas y sorprendentes de la primera tanda. Ellas dos interpretaron a Matías y Pedro, dos presidiarios que buscaban escapar de prisión por un túnel. Toda la historia fue contada en el perímetro del escenario; dando así, una cátedra de la tremenda capacidad corporal que tienen ambas actrices. No hay nada como un improvisador que además es un actor entrenado, pues así llevará al máximo la potencia de sus propuestas. Otra de las historias que permanecerán en el recuerdo fue escrita por Omar Argentino, quien era el comandante de una tripulación perdida por el espacio. Para esta historia intervinieron todos los parásitos, cada uno desde su color natural para improvisar, pero con la calma que demanda una escena grupal, larga y que precisa de la escucha activa de todos los participantes. El público aplaudió con bastante entrega las historias más entrañables.

También es loable el trabajo musical de David Almaga, quien además de ser músico en este montaje, es actor, también improvisador y clown. Tiene una larga trayectoria en espectáculos de impro y ha trabajado con los nombres más importantes de la escena espontánea en México. Almaga fue el improvisador sin descanso, en todo momento proponiendo sonidos, ambientes y atmósferas a sus compañeros actores. Su trabajo no se limitaba a acompañar o ilustrar los movimientos dramáticos, sino a escribir con ellos sobre la página en blanco que se pintaba de a poco frente a nuestros ojos.

Parásitos permanece en temporada por dos lunes más: 26 de mayo y 2 de junio por diferentes recintos del Centro Cultural del Bosque.  Todas sus funciones son  a las 20:00 h y se recomienda consultar las redes sociales de la compañía @parasitusteatralis para estar al tanto de novedades y promociones.

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