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Los perros 

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Es difícil encontrar la analogía, una familia en apariencia normal y los animales más nobles que existen en el universo. Alicia y Emilio tienen un hijo, Rodrigo, esa noche llega con su novia Laura para celebrar su cumpleaños número cuarenta. A ella no le gusta celebrar, sin embargo acepta por atención a sus suegros. La velada inicia, Rodrigo en todo momento es amable con su novia; Laura parece ausente.

Fotografía: Roberto Sosa

Escrito por: Roberto Sosa

Conforme avanzan los minutos, la actitud de Laura incomoda a su novio. ¿Qué la tiene así cómo ausente? Ante la insistencia, ella revela lo que sucedió esa mañana en el transporte público camino al trabajo. El suceso la hizo reflexionar, lo que un hombre le expresó la confundió totalmente. Para no incomodar a la familia, acepta continuar con la celebración. Las mañanitas y su cara aplastada en el pastel le dan un giro a la historia. 

Nelson Valente (El loco y la camisa, El declive, Solo llamé para decirte que te amo) escribe el texto, un relato que inicia lento, crece y termina por desbordar el escenario. El eje dramático se sitúa en cuatro personajes que Valente define acertadamente. Cada uno construido con un peso específico; la tensión dramática ocupa todo el espacio; la historia logra que el espectador disfrute incómodamente la obra.

La obra de Valente perturba por la forma de abordar la historia, cada personaje se mete en el espectador, le habla, lo sacude, le dice quién es. El conflicto subyace, allí está desde el inicio, sólo necesita un detonante, que alguien le abra la puerta, y así sucede. Un departamento donde se festejaría un cumpleaños se convierte en una fiesta de afrentas que descubren el verdadero rostro de los participantes.

Cristian Magaloni se encarga de la dirección, su mayor desafío fue montar un texto de esta índole y la complejidad de los personajes. Magaloni ha demostrado talento y sensibilidad en la dirección de escena y de actores. Obras como Hay un lobo que se come al sol todos los inviernos, Esto no es Hedda Gabler, Corridos chejovianos e Indecente, por mencionar algunas, son prueba del talento de este director, actor y docente.

En Los perros, bajo su conducción la obra posee cadencia y movimiento. Una escena que da fe del buen trabajo que realiza Magaloni es el momento en que el pastel de Laura es llevado a la mesa para conmemorar su aniversario, ella ese día vive una crisis existencial, ese día no sabe cómo manejar sus emociones; con esa escena Magaloni rompe la inercia, la dramaturgia se expande e impacta con el espectador. 

Fotografía: Roberto Sosa

El elenco lo conforman Emilio Guerrero (Emilio), Sofía Álvarez / Paloma Woolrich (Alicia), Paula Watson (Laura) e Ignacio Riva Palacio / José Ramón Berganza (Rodrigo). El estreno fue con Sofía e Ignacio como Alicia y Rodrigo, respectivamente. Se trata de un gran reparto, con actores con talento y probada calidad. Emilio y Alicia son dos adultos mayores con muchos años de matrimonio; se pensaría que ya vivieron y vieron todo; sin embargo, la vida esta noche les tiene reservada una sorpresa.

Rodrigo y Laura son una pareja que llegan a las cuatro décadas de vida, a esta edad deberían ya tener estabilidad económica y emocional; se aman y su futuro es prometedor. Lo que Laura vive ese día camino al trabajo es una experiencia que la confronta. ¿Su vida es lo que ella deseaba? ¿Está parada donde quiere estar? ¿Qué futuro desea tener a lado de Rodrigo? Durante la velada cavila sin encontrar respuestas.

Las actuaciones son espléndidas, equilibradas, los cuatro construyen y habitan sus personajes adecuadamente. El texto inicia lento y va in crescendo, así mismo lo hacen ellos; de poco a poco el tono dramático crece hasta convertirse en una vorágine de emociones. Paula transforma su inicial mesura en una fuerza inmensa que arrastra a los otros personajes. Ignacio Riva Palacio no se queda atrás, su actuación es totalmente convincente.

La pareja que conforman Emilio y Sofía es de un matrimonio carente de emociones e interés del uno por el otro; la monotonía los tiene atrapados en una rutina que los consume. Esa noche ambos descubren  que aún hay mucho que decir, sentir, dar y recibir. La edad limita, con el paso del tiempo sus cuerpos no son los mismos; sin embargo, el barco de su vida que navega mares tranquilos puede encontrar un mar agitado que los haga vibrar nuevamente.

El diseño de escenografía e iluminación son de Félix Arroyo; ocupa el espacio para construir una sala, comedor y cocina de un departamento tipo clase media, diseño horizontal y de frente, lo cual permite al espectador poner el foco donde lo desea; la iluminación cumple, nada especial. Ambos se adhieren adecuadamente al relato, no roban protagonismo a la historia ni a los personajes.

Giselle Sandiel diseña el vestuario, no se complica, los viste adecuados a su edad: dos adultos mayores y una pareja aún joven. Telas y colores no distraen ni llaman la atención. En la escena final sí hay un cambio de ropa de Laura y Rodrigo, nada espacial, es lo que una pareja de su edad utiliza. Giselle, con probada experiencia en diseños de vestuario, demuestra su oficio en este trabajo.

De Natalia Pérez Turner es el diseño sonoro y música original; su labor como la de los otros diseñadores es precisa, no irrumpe ni distrae, se acopla. Si de una obra recordamos más la música que la historia, es que algo falló. Acá todo está en equilibrio para que el espectador disfrute de un buen montaje, con excelentes actuaciones y los dispositivos que los conforman.

Los perros es teatro que no busca aleccionar a nadie con discursos gastados y trillados. Su autor construye una historia que confronta a quienes ya alcanzaron los cuarenta años y los que caminan hacia los setenta años. El espejo que pone sobre el escenario nos refleja enormemente. Allí nos vemos con defectos y carencias, allí estamos con las preguntas que no sabemos responder. El escenario en un pedazo de nuestra casa que habitamos como los hacen Los perros. La obra subvierte, incomoda y se disfruta.

El escritor argentino ya nos había desafiado de esta forma con su obra El loco y la camisa; cuatro personajes en un microespacio que refleja un macrouniverso. Los protagonistas de una y otra historia aparentan una vida normal y tranquila; sin embargo, algo sucede que descubre su lado oscuro, el que todos llevamos dentro, y la aparente “normalidad” se descubre con todas sus grandes carencias emocionales.

El teatro con esta obra cumple su propósito: que después de presenciarla, salgas con la certeza de que algo te dijo, algo te removió y no saliste igual. Los perros es redonda, con los elementos propios de una buena puesta en escena: texto, dirección, producción y actuaciones. Se presenta en un foro que acerca al público con la dramaturgia. Eso se agradece.  

Hanna Berumen e Ignacio Riva Palacio la presentan en el Foro Shakespeare los miércoles y jueves a las 20:30 horas hasta el 11 de julio.

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