Todas somos Scherezada

Date:

Todas somos Scherezada es una de las obras ganadoras en la categoría de lecturas dramatizadas de la 12ª edición del DramaFest: una revisita a Las mil y una noches en clave de la tragedia de los miles de mujeres que en México desaparecen sin que se conozca su historia.

Los escritores son mentirosos. Pero aún así, las cosas no necesitan haber ocurrido para ser verdaderas. Los relatos y los sueños son las verdades-sombra que permanecerán cuando los meros hechos sean polvo y cenizas, y estén olvidados.

Neil Gaiman

Dicen los árabes que nadie puede / Leer hasta el fin el Libro de las Noches. / Las Noches son el Tiempo, el que no duerme. / Sigue leyendo mientras muere el día / Y Shahrazad te contará tu historia.

Jorge Luis Borges

Soy hombre: duro poco / y es enorme la noche. / Pero miro hacia arriba: / las estrellas escriben. / Sin entender comprendo: / también soy escritura / y en este mismo instante / alguien me deletrea.

Octavio Paz

 

Personajes

Sara

Raschid

Dinorah

Fabián

— I —

Fabián toca su guitarra.

Fabián

A continuación les voy a contar
sobre una mujer muy chingona.
Su nombre es Sara.
Y es escritora.

Sara: Hay dos clases de personas. A las que les gusta escuchar historias… y a las que nos gusta contarlas.

Fabián

La televisión era su pasión.
Dialogando nadie le ganaba.
Y en cuanto a estructura dramática
todos se la pelaban.

Sara: Me encanta dejar al público pegado a la pantalla, sin poder desprenderse de su asiento, con unas ganas inaguantables de tener que ver el siguiente episodio.

Fabián

Era experta en comedia
y maestra del suspenso…

Dinorah: Está hermoso el paisaje, ¿no?

Sara: Vamos por la carretera, mi hermana Dinorah y yo.

Dinorah: ¿Crees que funcione esta locación para el final de temporada?

Sara: Se nos hace de noche. Pensamos que ya no está tan peligroso como antes.

Dinorah: El lugar está increíble para la pelea final de Sandra contra John.

Fabián

Pero la vida la sorprendió con algo inesperado
que ni el mejor guionista hubiera imaginado.

Sara: De la nada, aparece una camioneta negra. Se bajan varios hombres con cuernos de chivo.

Dinorah: Ay, Dios.

Sara: Nuestra mente piensa lo peor.

— 2 —

Dinorah: Déjennos ir, por favor.

Raschid: ¿Qué estaban haciendo por estos rumbos?

Dinorah: Sólo estábamos buscando locaciones para una serie de televisión. Trabajamos para una casa productora.

Raschid:

Dinorah: Yo soy gerente de locaciones. Mi hermana es guionista.

Raschid: Claro. Y yo soy actor profesional.

Sara: Te juro que es verdad.

Raschid: Qué raro que nunca antes había visto a alguien que trabajara en una serie por acá. Y de la nada aparecen dos viejas con cámaras, tomando fotos por todos lados.

Dinorah: Si quieren pueden borrar todas las fotos de la cámara.

Sara: Trabajamos para la serie La guarura. ¿La conoces? La serie donde sale Lidia Brito.

Raschid:

Sara: ¿Conoces a Lidia Brito?

Raschid:

Sara: Checa los créditos de la intro. Ahí sale mi nombre: Sara Hernández.

Dinorah: Ella es una de las creadoras.

Raschid:

Dinorah: Si no nos crees, en nuestra camioneta están los gafetes que usamos en la producción.

Raschid:

— 3 —

Dinorah: Nos van a matar.

Sara: No digas eso.

Dinorah: Nos van a matar, estoy segura. Nadie nunca va a poder encontrar nuestros cuerpos. Nos van a tirar en alguna pinche fosa clandestina.

Sara: Cálmate, Dinah. Por favor.

Dinorah: Ya nunca vamos a volver a ver a nuestros amigos, ni a papá ni a mamá. Y todo por mi culpa. No debí de haberte traído conmigo.

Sara: No fue tu culpa. Yo fui la que quiso acompañarte.

Dinorah:

Sara:

Dinorah: Tenemos que hacer algo.

Sara: ¿Qué podemos hacer?

Dinorah: Tienes que pensar en algo. Eres guionista.

Sara: ¿Y eso qué tiene que ver?

Dinorah: ¿No escribiste unos capítulos donde Sandra es secuestrada y tiene que escapar?

Sara: Dinah, no vamos a escapar de aquí dando balazos y poniendo explosivos. No mames.

Dinorah:

Sara: No sabemos bien dónde estamos. Ni siquiera sabemos cuánta gente armada hay por aquí.

Dinorah: En la camioneta venían como cuatro o cinco hombres, ¿no?

Sara: Más los que probablemente están por aquí, en la propiedad. No se escucha nada, ¿ya te fijaste?

Dinorah: ¿Eso qué tiene que ver?

Sara: Ningún ruido del exterior. Ningún sonido de camiones urbanos o de automóviles, así que probablemente estemos lejos de todo, a lo mejor en alguna especie de quinta o rancho.

Dinorah: ¿Ves que sí ayuda el que seas escritora? Sabes muchas cosas…

Sara: Supongamos que pudiéramos escapar sin que nos vean. ¿A dónde iríamos? ¿Por dónde llegamos a la civilización? Ni modo que nos vayamos a pie. Porque si tratamos de escapar y nos cachan entonces sí… ahí quedamos.

Dinorah: ¿Entonces? ¿Nos vamos a quedar así, nomás, sin hacer nada?

Sara:

Dinorah:

Sara: Sólo podemos esperar.

Dinorah: ¿Esperar qué? ¿Que tengan un poquito de piedad y nos suelten? ¿Que se les ocurra pedir un rescate por nosotras? ¿Que nos conviertan en esclavas sexuales? ¿Que nos maten?

Sara: Esperar.

Dinorah: Me caga esperar.

Sara: Vamos a pensar que nos van a soltar.

Dinorah: ¿Y si no lo hacen?

Sara:

Dinorah: Chingado.

Sara: Yo que tú me ponía a rezar para que sí lo hagan.

— 4 —

Raschid: Nunca antes había conocido a una guionista.

Sara:

Raschid: Qué honor. No sabía que La guarura era tan conocida.

Sara: Está en televisión abierta.

Raschid: Muchos de los que trabajan conmigo la conocen, o al menos han visto un par de episodios. A ver si la veo pronto.

Sara:

Raschid: Estuve pensando… deberías de escribirme una serie de televisión.

Sara: ¿Cómo?

Raschid: Quiero una serie de televisión.

Sara: ¿Es una broma?

Raschid: ¿Tengo cara de que estoy bromeando?

Sara:

Raschid: Tengo un chingo de lana. Yo la produzco. Es más… si me gusta, dejo que tú y tu hermana se vayan.

Sara: ¿Lo prometes?

Raschid: Soy un hombre de palabra.

Sara: ¿Pero entonces quieres que te escriba una serie, sobre qué?

Raschid: Tú eres la creativa. Quiero algo que me guste, que me entretenga, que pueda presumirle a mis viejas, a mis amigos. Pero aguas… porque si no me gusta…

Raschid pasa su dedo por su cuello, como si fuera una daga.

— 5 —

Dinorah: ¿Cómo que quiere una serie?

Sara: Fue lo que me dijo.

Dinorah: No tiene sentido. ¿Es una madreada?

Sara: Le pregunté y me dijo que no. Sonaba muy en serio.

Dinorah: ¿Para qué quiere un narco una serie?

Sara: Dijo que quiere producir una porque tiene lana.

Dinorah: ¿Y qué vas a hacer?

Sara: Escribir un par de ideas y pitchearle las mejores. ¿Qué más? Dijo que si le gusta una nos dejará ir.

Dinorah: ¿Le crees?

Sara: ¿Tenemos otra opción?

— 6 —

Sara: Cuando estudié cine, un maestro que nos enseñó cómo pitchear nuestros proyectos nos decía: “Conozcan a su audiencia”. ¿Qué tipo de historia le podría gustar a alguien como él? Si le gustó La guarura, de seguro le gustan las narcoseries. Por suerte, si alguien conoce el mundo del narco, soy yo. Las ventajas de trabajar cinco temporadas en este proyecto. ¿Cuál es la mejor historia que le puedo contar? Piensa, piensa. Mi maestro nos decía: si al final del pitch de tu serie te preguntan “¿Y luego qué pasa?”. Ya chingaste, lograste tu objetivo. Los atrapaste con tu historia, así que te la van a comprar.

— 7 —

Sara: Quiero salir de aquí para volver a mi vida.

Dinorah:

Sara: Aunque bueno, ¿cuál vida? Si me la pasaba escribiendo todo el tiempo.

Dinorah: Siempre has sido una persona muy ocupada.

Sara: Ya sé. Por eso me pasó lo de Daniel.

Dinorah: Nada que ver. Daniel simplemente es un pendejo.

Sara: Tres capítulos por semana… una locura. Más correcciones del estudio, del canal…

Dinorah: Estaban buenas las desveladas, ¿no?

Sara: Qué chinga. Cómo extraño estar trabajando a gusto en mi depa…

Dinorah: ¿No tenías que entregar unos capítulos estos días?

Sara: Sí, me imagino que en un par de días se les hará raro que no conteste los mensajes.

Dinorah: Ojalá nos suelten pronto.

Sara: Pero la neta, nadie es indispensable en una serie. Mucho menos los guionistas. Somos tres por capítulo. De seguro alguien va a terminar haciendo la parte que me tocaba y ya.

Dinorah: Me imagino… así va a pasar con mi jale también.

Sara: No dudo que estén preocupados por nosotras, pero al final el show tiene que continuar. La historia de La guarura va a seguir… con o sin nosotras…

Dinorah:

Sara: Te pone a pensar. Le dediqué tantos años a la serie… tú lo sabes. Y no debería quejarme, la paga estaba muy bien. ¿Pero de qué me sirve el dinero ahora, aquí encerrada?

Dinorah: Te va a servir para cuando salgamos de aquí. Nos vamos a ir de vacaciones. Y te sirve la experiencia porque eres una chingona. Tuviste que escribir todos esos capítulos para ser aún más chingona y para poder crear cosas que ni te imaginas.

Sara: Desde que corté con Daniel tú sabes que no he tenido muchos ánimos de escribir.

Dinorah:

Sara: Ya se van a cumplir cinco meses desde que…

Dinorah: ¿Ya pensaste en qué serie le vas a proponer?

Sara: En eso estoy.

Dinorah: ¿Por qué no algo de amor?

Sara: No creo que este güey esté buscando algo romántico. Y la neta yo tampoco me siento muy inspirada que digamos.

Dinorah: La guarura es un melodrama. Proponle algo similar, no batalles. Que tenga amor, acción, aventura… un poco de todo.

— 8 —

Sara: ¿Te gusta la música norteña?

Raschid: Ajá.

Sara: Pues esta serie que te voy a proponer tiene mucho que ver con la música. Es sobre un cantautor, un sueño y un amor prohibido.

*

Aparece Fabián con su guitarra, canta.

Fabián

Me llamo Fabián y soy cantante.
Gracias a Dios no terminé como narcotraficante.
Me gusta la chamba y la parranda.
Y escuchar corridos con la banda.
Por eso siempre ando con mi guitarra.
buscando jale, sacando lana.
Y si de mujeres se trata,
soy un hombre de una sola dama.

Julián: ¡Fabián! Te veo muy feliz, hermano.

Fabián: Acabo de conocer a una morrita, Julián. Creo que me estoy enamorando.

Julián: Se te nota, cabrón. ¿Quién es la afortunada?

Fabián: Se llama Yadira. La conocí tocando en un festejo. Por más que lo intentaba no podíamos quitarnos los ojos de encima.

Julián: Pérate, ¿dices que la conociste dónde?

Fabián: En una tocada. Allá por la carretera, en una hacienda.

Julián: Aguas, compadre. Esas tocadas son peligrosas.

Fabián: Tranquilo, yo no estoy metido en nada raro. Yo sólo voy a tocar.

Julián: Las balas no saben distinguir eso, carnal. Y esta tal Yadira ¿qué estaba haciendo allá, si se puede saber?

Fabián: Estaba como invitada.

Julián: ¿Y por qué la invitaron?

Fabián: Pos… es exnovia de uno de esos güeyes.

Julián: Pinche Fabián… estás viendo y no ves, güey…

Fabián: ¿Qué?

Julián: ¿No supiste lo que le pasó al Ray?

Fabián: No, ¿qué le pasó?

Aparecen Ray y Juan.

Juan: Gracias por salvarme la vida, doctor.

Ray: A usted, señor Juan. Por la confianza.

Julián: Dicen que le salió un jale privado, así como a ti. Consultar a un vato muy acá que tenía una enfermedad bien pinche rara. Como este güey era narco, no podía ir a ningún hospital. Total, el Ray empezó a ir de vez en cuando a atender al señor. Era una mansión acá, grandota, también por la carretera. El pedo es que en ese mundo hay mucha pinche desconfianza.

Bichir: No confío en ese güey.

Juan: ¿Y eso, Bichir?

Bichir: Le estás dando demasiada confianza.

Juan: Es doctor, no es de ningún cártel.

Bichir: Por eso. Si no es de ninguno, significa es que es de todos. ¿Cómo sabes si puedes confiar en él? ¿Y si le dice a los otros tus broncas de salud? ¿Tus puntos débiles?

Juan:

Bichir: ¿Sabes qué? Dile que a partir de ahora sólo debe curar raza de nosotros. Si no quiere, de seguro es porque anda metido con los otros.

Juan: Perdería jale, no va a querer.

Bichir: Usted nomás pregúntele, patrón. A ver qué prefiere el doctorcito: perder jale o perder la pinche cabezota.

Julián: Y la siguiente vez que Ray visitó al doctor, después de la consulta…

Juan: Oiga doctor, necesito saber algo. ¿Usted ha atendido a personas del grupo contrario?

Ray:

Juan:

Ray: No sé, señor Juan. Soy doctor, no ando preguntándole a la gente dónde trabaja o con quién se junta…

Bichir: ¿Por qué está nervioso, doctor? El que nada debe nada teme.

Ray: No he hecho nada malo.

Bichir: Más te vale, cabrón.

Ray: Discúlpenme pero tengo que irme. Tengo otra cita.

Bichir: Tranquilo, ¿por qué tanta prisa? Si sólo estamos platicando…

Ray: No le conviene hacerme nada, señor Juan.

Bichir: ¿Lo estás amenazando, cabrón?

Ray: Si me pasa algo, ¿quién más lo va a curar?

Bichir: Podemos conseguir otro doctor, pendejo. Ni que estuvieras chapado en oro.

Ray: Sólo estoy haciendo mi chamba. Pueden checar mi celular si quieren. No tengo nada qué esconder.

Bichir: ¿Y esta libreta qué?

Ray: Son los apuntes de las consultas de mis pacientes.

Bichir: De seguro ahí es donde apunta información confidencial de nosotros para pasársela a los otros. Es un pinche espía.

Ray: Es una libreta común y corriente. ¡Vean adentro! ¡No hay nada!

Bichir: Mire lo que encontré, patrón.

Ray: ¿Qué pasó?

Juan:

Ray: ¿Qué pasó?

Juan: ¿Por qué está aquí esta información confidencial de nosotros?

Ray: Pero yo no escribí nada confidencial. A ver…

Juan:

Ray: ¡Ésa ni siquiera es mi letra!

Bichir: ¿Y estas fotos de la casa? ¿Vas a decir que tú tampoco las tomaste?

Ray: ¿Qué fotos?

Juan:

Ray: Señor Juan, me están sembrando evidencias falsas. ¡Se lo juro!

Juan:

Ray: Créame, no tengo necesidad de ponerme en contra de ustedes. ¿Qué ganaría yo con eso? Déjenme ir, por favor. Por favor…

Felipe: ¿Y luego qué pasó? ¿Lo dejaron ir?

Julián: Le cortaron la cabeza.

Bichir le corta la cabeza a Ray.

Bichir: No se preocupe, patrón. Tenemos su libreta. Ahí debe de venir cómo continuar su tratamiento.

Julián: El patrón tomó la libreta de apuntes de Ray. No encontró nada especial, ningún apunte sobre su enfermedad. Entonces decidió agarrar de su maletín un frasco igualito a los que Ray le daba después de cada consulta y se tomó un par de pastillas. Pero unos minutos más tarde, el patrón comenzó a sentirse mal. No se dio cuenta de algo.

Juan: Ah chinga, ¿qué me está pasando?

La cabeza de Ray canta.

Ray

Antes de que me tiren,
quiero confesarles una verdad.
Yo venía preparado
por si acaso ustedes me querían lastimar.
Tendrán un chingo de armas,
pero al final la química se los puede fregar.
Le puse veneno, y no pastillas, a ese frasquito tan particular.

Y ahora sí, señor Juan, nos vemos en el más allá…
Bichir dispara a la cabeza de Ray, callándola al instante.
Juan cae muerto, envenenado.

Fabián: Bueno, al menos el Ray se chingó a ese cabrón.

Julián: Creo que no estás entendiendo bien el punto de la anécdota, mi buen.

Fabián: Me queda clara la lección, carnal. Hay que tener cuidado con los narcos.

Julián: Y como quiera ahí andas tanteando las aguas…

Fabián: Esto es diferente. Soy músico, no doctor. Yo pongo el ambiente en las fiestas, nada más.

Julián: ¿Y eso qué? Acuérdate de lo que le pasó a Valentín Elizalde, los del Kombo Kolombia y tantos otros.

Fabián: Tranquilo, amigo. No me va a pasar nada. Ella ya no tiene nada qué ver con ellos.

Julián: ¿Y estás seguro de que ellos ya no tienen nada que ver con ella? Estás jugando con fuego, carnal. A ver si no terminas cantando pero en el panteón…

Sara: Pero lo que sienten Fabián y Yadira es difícil de ignorar. Los dos pasan los días platicando, conociéndose y haciendo el amor.

Fabián toma su guitarra y le canta a Yadira.

Fabián

¿Qué no ves, chaparrita?
Todo lo que tú me inspiras.
Tus ojos me iluminan
y tu sonrisa me cautiva.
Tus labios me capturan
y allá abajo me…

Yadira: ¿Excitas?

Fabián

(Continúa.)
Y allá abajo me excitas.
Tus caderas me prenden
y mi corazón se estremece.

Fabián: Estás cabrona, Yadira.

Yadira: ¿Por qué o qué?

Fabián: Por ti iría hasta el mismísimo infierno.

Yadira: No digas eso.

Fabián: ¿Por qué no?

Yadira: Tú no sabes lo que es estar en el infierno.

Fabián:

Yadira: No lo digas. Ni de broma.

Fabián: Perdón, es que es en serio. Te amo.

Yadira: Yo también te amo.

Ambos se besan apasionadamente.

Sara: Hasta que de pronto, un día…

Yadira: Tienes que irte, Fabián. ¡En chinga!

Fabián: ¿Por qué? ¿Qué pasó?

Yadira: Es mi novio.

Raschid: ¿Novio?

Sara: Ella le mintió. En realidad no había cortado con su novio, un terrible narco de la localidad.

Sale Fabián. Entra Bichir.

Bichir: ¿Qué pasó, chiquita? ¿Todo bien?

Yadira: Sí, corazón. Todo bien.

Bichir: ¿Por qué estás tan agitada?

Yadira:

Bichir: ¿De quién es esta guitarra?

Sara: Yadira se queda sin palabras. No sabe qué decir.

Yadira: Es de mi hermano. Vino de visita.

Bichir: No me habías dicho que tu hermano andaba por acá…

Yadira: Fue algo imprevisto, de última hora.

Sara: Bichir, su novio, sospecha que algo está raro. Ahora Fabián tendrá que arriesgar su vida por la mujer que ama, al mismo tiempo que tratará de triunfar en el difícil y competido mundo de la música norteña.

Raschid: ¿Qué son estas mamadas?

Sara: ¿No te gustó?

Raschid: ¿Me estás tratando de vender la historia de una pinche zorra y el pendejo con el que le pone el cuerno a su vato?

Sara: Es una historia de amor.

Raschid: ¡Es una historia de infidelidad!

Sara: Tenía que tener un conflicto. Pensé que…

Raschid: Está de la verga. ¡Búscate otra puta historia, pero de infidelidades no!

— 9 —

Dinorah: ¿Por qué se encabronó tanto?

Sara: Ni puta idea.

Dinorah: Estas personas son impredecibles. Nunca sabes cómo van a reaccionar.

Sara: Me caga. Era muy buena historia. Estoy harta de siempre estar pensando en qué le va a gustar a la plataforma, a la casa productora, al productor, al director, a los actores, al público meta… hasta a este idiota tengo que cumplirle los caprichos. ¿Cuándo voy a contar una historia simplemente porque yo la quiero contar y ya?

Dinorah:

Sara: Siempre pensé que algún día tendría tiempo… o que me lo daría. Ahora ya no estoy tan segura.

Dinorah: Ya que salgamos de aquí vas a poder escribir lo que se te antoje.

Sara: Eso espero.

Dinorah:

Sara: ¿Crees que Daniel esté enterado de lo que nos pasó?

Dinorah: Estoy segura de que él y muchas otras personas están bastante preocupadas buscándonos o posteando en redes sociales.

Sara: Qué horror.

Dinorah: No pienses en eso. Mejor enfócate en contarle algo que le guste a este güey. Mira, ya intentaste con algo de amor prohibido. Ni se te ocurra volver a tocar ese tema. ¿Por qué no intentas con algo totalmente diferente? ¿A lo mejor algo de suspenso?

Sara: Podría ser. Ya sabes que soy fan de Hitchcock.

— 10 —

Flashback. Masterclass.

Sara: Hay un libro muy chingón donde Hitchcock es entrevistado por Truffaut. Hablan de toda la filmografía de Hitchcock, pero hay una parte en particular que siempre me ha llamado mucho la atención. Hitchcock habla de la diferencia entre sorpresa y suspenso con este ejemplo: vemos a dos personas sentadas en un restaurante tomando un café. De pronto, explota una bomba bajo su mesa y mueren. Ésa es una sorpresa. Vamos a ver el mismo ejemplo, pero ahora con una pequeña diferencia: las mismas dos personas sentadas en el restaurante tomando café, pero de pronto la cámara baja y vemos que debajo de la mesa hay una bomba con un contador que marca: cincuenta y nueve, cincuenta y ocho, cincuenta y siete… la cámara vuelve a subir y volvemos a ver a las dos personas, platicando como si nada. Eso es suspenso. Al leer esto, aprendí que el truco de un buen guionista no está sólo en la historia, sino en cómo la cuentas. En cómo encuentras ese balance entre sorpresas y suspensos para mantener al público enganchado en tu historia, en la orilla de su asiento.

— 11 —

Entra un grupo de hombres y se llevan a Dinorah a la fuerza. Sara trata de detenerlos pero no lo logra. Sara, frustrada, comienza a pegarle a la puerta.

Dinorah: ¡Sara!

Sara: Dinorah, ¿estás bien?

Dinorah: Sí, sólo me pusieron acá en otro cuarto.

Sara: Gracias a Dios.

Dinorah: No te preocupes, estoy bien. No me hicieron nada.

— 12 —

Ray: Bienvenida. Toma asiento. Dime, ¿en qué te puedo ayudar?

Sara: Me siento un poco mal, doctor.

Ray: Cuéntame. ¿Qué sientes?

Sara: Siento muchas cosas. Como se acaban de llevar a mi hermana a otro lado.

Ray: Lo siento pero no puedo ayudarte con eso.

Sara:

Ray: ¿Alguna otra cosa con la que te pueda ayudar? ¿Algún malestar físico?

Sara: Sí.

Ray: ¿Dónde sientes exactamente esa molestia?

Sara: Me duele un poquito la cabeza.

Ray: Dímelo a mí.

Sara:

Ray: ¿Has estado descansando bien? Discúlpame, pero te noto un poco cansada.

Sara: Es que casi no he dormido.

Ray: Es importante que duermas. Tómate un parecetamol o ibuprofeno cada ocho horas durante cinco días. Después de que tengas algo en el estómago, claro.

Sara: En este momento no tengo acceso a medicinas, doctor.

Ray: ¿Al menos estás comiendo bien?

Sara: Una comida pinchurrienta y fría al día.

Ray: Híjole.

Sara:

Ray: Es importante que al menos te hidrates bien.

Sara:

Ray: Si siguen las molestias márcame. Estoy al pendiente.

Sara: ¿Vamos a estar bien, doctor?

Ray: Eso espero, sólo traten de que no les corten la cabeza.

— 13 —

Raschid: ¿Sabes qué?A la chingada. De cualquier manera, las historias no sirven para nada.

Sandra entra y mata a Raschid con su pistola.

Sandra: ¿Te encuentras bien? Me llamo Sandra y soy…

Sara: La guarura.

Sandra: Sólo mi patrón me dice así. ¿Cómo lo sabes?

Sara: No le des importancia.

Sandra: ¡Vámonos, rápido! Afuera hay una camioneta con todo un equipo de expertos que vinieron para ayudarlas. Tu hermana ya está allá afuera, sana y salva, esperándote.

Sara: Eres tan segura de ti misma. Ojalá yo tuviera un poquito de esa seguridad.

Sandra: Creéme, eres más fuerte de lo que crees.

Sara: ¿Tú crees? ¿Si soy fuerte por qué se me sale la vida por los ojos? Ojalá la vida real se resolviera tan fácil como en la series de televisión.

Sandra: Cada una de nosotras tiene que contar su propia historia, cada una con sus propias dificultades. Así nos tocó.

Sara: Siempre me sentía bien chingona creando conflictos para ti, ¿sabes? Disfrutaba ponerte al borde de la muerte, romperte el corazón, complicarte la existencia…

Sandra:

Sara: Perdóname, sólo estaba haciendo mi trabajo.

Sandra: ¿Por qué te disculpas? No escribiste nada que no pudiera superar, ¿o sí?

Sara: Buen punto.

Sandra: Todo lo que somos, y todo lo que podemos ser, son las historias que contamos.

Sara: ¿Qué significa eso?

Sandra: No sé. Tú eres la guionista, yo no.

— 14 —

Sara: Estuve pensando toda la noche. Se me ocurrió una idea para una serie aún mejor.

Raschid: Eso espero. Con que no sea sobre pinches viejas infieles…

Sara: ¿Por qué tanto coraje contra las mujeres?

Raschid: No confío en las viejas. En ninguna.

Sara: No todas las mujeres somos infieles.

Raschid: Pos yo todavía no conozco a una que no lo sea.

Sara: Muchos hombres son infieles también.

Raschid: No es lo mismo.

Sara:

Raschid:

Sara: En fin… esta serie comienza cuando un grupo de sicarios están a punto de ejecutar a tres miembros del cártel contrario.

*

Sicario: Dime una razón para que no te volemos los sesos, carnal.

Sara: El primer prisionero cuenta una historia sobre el cumpleaños de su hijo, cómo prometió llegar a tiempo al festejo.

Sicario: Les vamos a mandar tu cuerpo con un moñito, pendejo. No te preocupes.

Sara: El sicario mata al primer prisionero.

Sicario: ¿Y tú, cabrón?

Sara: El segundo prisionero dice que si lo dejan ir, les dirá dónde se encuentra una lana enterrada en una casa de seguridad. Un amigo de él acaba de pasarle el dato. Les ofrece llevarlos y que se queden con todo lo que encuentren.

Sicario: De seguro es puro pedo.

Sara: El sicario mata al segundo prisionero.

Sicario: ¿Ya ni pa’ qué abres el hocico, verdad? Si ya sabes cómo vas a terminar.

Ismael: No tengo miedo.

Sicario: Pues deberías, puñetas, porque te va a cargar la verga.

Ismael: La Santa Muerte me protege.

Sicario: ¿La Santa Muerte? No mames. ¿Neta crees en eso? Son puras supersticiones, pendejo. ¿O a poco crees que por rezarle esta bala no te va a perforar la cabezota?

Ismael: Ten cuidado. He escuchado de gente que se burla de ella y al poco tiempo se los carga la chingada.

Sara: El sicario titubea.

Ismael: ¿Me dejas contarte mi historia? Y ya después haces lo que quieras.

Sicario: Ándale. Si me entretienes te doy chance y te dejo ir, animal.

Ismael: Yo era como tú. Yo tampoco creía en ella…

Fabián

Muchos tienen un corrido: el bueno, el malo y el fuerte.
Hay de narcos, de damas y de ilegales sin suerte.
Hoy le canto a la patrona, a la Santísima Muerte.

La muerte está en todos lados, de ella no quieren hablar,
pero no hay que olvidar que nacimos y un día nos van a enterrar.
Diosito nos dio la vida y ella nos la va a quitar.

Ismael: Acababa de salir de la cárcel. No tenía ni un peso y tenía que mantener a mi esposa y a mi hija, pero por más que trataba no conseguía chamba. Era obvio. ¿Quién iba a contratar a alguien con antecedentes penales como yo? Necesitaba lana. Rápido.

Bruja: Así que quieres dinero.

Ismael: Ya estoy harto de pelármela todo el tiempo. Traté de hacerlo bien, seguir las pinches reglas, pero ya no puedo. Mi familia necesita comer. Necesito varo en caliente.

Bruja: ¿Y qué estás dispuesto a hacer?

Ismael: Lo que sea.

Bruja: ¿Lo que sea? ¿Estás seguro?

Ismael:

Bruja: No te preocupes, no te voy a pedir un sacrificio. No soy esa clase de bruja. Vamos a pedirle eso que tanto quieres a la Santa Muerte.

Ismael: ¿La Santa Muerte? No sé…

Bruja: No temas, viene desde nuestros antepasados: los aztecas. Es una presencia ancestral. Le puedes pedir todo lo que quieras y te será concedido.

Sara: Como un genio, pensó él.

Bruja: Pero eso sí, todo tiene un precio. Recuerda esto, Ismael: si le pides algo, tienes que darle algo a cambio. Y si prometes darle algo, tienes que cumplirlo; no lo tomes a la ligera. Si no lo haces, las consecuencias serán terribles.

Ismael: Fui al mercadito, compré velas, conseguí un par de figuras de ella. Recomiendan que tengas tres: una comprada, una regalada y una robada. Las conseguí sin broncas.

Sara: Ismael terminó robándose las tres figuras que necesitaba.

Ismael: Ya que tenga lana voy a hacer las cosas bien, como se debe.

Sara: Ismael comienza a rezarle.

Ismael: Ayúdame con todo tu poder, dame todo lo que mi corazón desea. ¡Te lo ruego!

Sara: Esa noche fue la primera vez que soñó con ella.

Ismael: Una mujer toda de negro, en su mano un palo con una cuchilla enorme, curveada.

Sara: Al día siguiente, le hablan por teléfono.

Ismael: ¿Bueno? Sí, él habla. Claro que me interesa. ¿Cuándo puedo empezar? Órale, gracias, ahí estaré.

Sara: Una amiga de su esposa le acaba de ofrecer trabajo en una ferretería.

Ismael: ¿Casualidad? No lo creo.

Sara: Su primer deseo ha sido cumplido. El altar va creciendo cada vez más, igual que su fe.

Hija: Pronto vas a cumplir años, papá. ¿Qué quieres que te regale?

Ismael: Una moneda de plata con la imagen de la Niña Blanca. Con eso tengo, m’ija.

Sara: Pero a veces la ambición no conoce límites. Uno siempre quiere más y más…

Ismael: ¡Niña Blanca, dame más! ¡Y te prometo que te voy a dar aún más ofrendas!

Sara: El dinero, los bienes y las cosas materiales se van multiplicando. Pero él, que tanto tiempo no tuvo nada, no tiene llenadera. Así que vuelve a su antigua vida de crimen.

Bichir: Ten cuidado Ismael, la gente no dura mucho en este trabajo.

Sara: Pero ahora Ismael tenía un arma secreta.

Ismael: Cuídame de mis enemigos, Santísima. Y si me proteges y evitas que me hagan daño, ¡te prometo que te daré toda la sangre que yo pueda!

Sara: Y así, Ismael logra escapar milagrosamente de cualquier situación, no importa lo peligrosa que sea.

Fabián

Dicen por ahí que hay un pelado
que siempre la anda librando,
no importa si es balacera, levantón o navajazo.
Al final todos se la terminan pelando.
Es amigo de la muerte, dicen sus compas.
Ten cuidado, carnal, al final no vayas a terminar chillando.

Sara: Pero lamentablemente, Ismael nunca ha sido bueno cumpliendo sus promesas. Y todo lo que prometió, quedó meramente en palabras.

Ismael: Una noche, estaba acostado en mi cama. Escuché un sonido extraño que venía del pasillo, como si arrastraran algo por el piso. Veo cómo aparece la silueta de la mujer de negro en la puerta, su cuchilla enorme raspando el piso. Un olor metálico cubre la habitación. Susurros extraños llegan a mis oídos. Y de pronto no puedo moverme. La mujer de negro se acerca cada vez más. Hasta que puedo ver su rostro…

Sara: Ismael despierta agitado.

Ismael: Las pesadillas se volvieron cada vez más frecuentes. Al poco tiempo, empecé a escuchar ruidos extraños en mi casa. Comencé a ver de vez en cuando la figura de ella rondando por ahí, siempre rondando. Pensé que me estaba volviendo loco. Hasta que…

Hija: Papi, tengo miedo.

Ismael: ¿Por qué, m’ija?

Hija: La señora de negro no me deja dormir. Me dice muchas cosas que no le entiendo. Quédate conmigo, ¿sí? No me dejes solita…

Ismael: Mi esposa empezó a verla también. No podía creerlo…

Sara: Ismael no sabe con quién acudir, así que termina en la iglesia de su colonia.

Padre: La muerte es un acontecimiento, no una persona. Además, la Biblia prohibe muy claramente la adoración de imágenes e ídolos.

Ismael: Yo sólo le prendía velas y ya, padre. No pensé que estuviera mal rezarle.

Padre: ¿Pero a qué le estabas rezando? Dios no tiene intermediarios. La muerte no hace favores, simplemente es.

Sara: Las palabras del padre meten miedo en su alma.

Ismael: Cometí un gran error, padre. ¿Qué puedo hacer?

Sara: Decidido, llega a su casa y tira el altar a la basura. Por un breve momento, Ismael respira tranquilo. Pero en eso…

Voz de reportera: Nos están reportando una balacera en una de las avenidas principales de la ciudad. Hasta el momento, hay dos personas heridas.

Ismael: Qué raro. No contestan el celular.

Voz de reportera: Las personas han sido identificadas como una madre y su hija.

Sara: La sangre se le viene al piso. Ismael llega al lugar de los hechos y encuentra los cuerpos sin vida de su hija y de esposa.

Ismael: ¡NO!!!

Sara: La policía le entrega las pertenencias de ellas. Y ahí Ismael descubre…

Ismael: La moneda de plata que le pedí a mi hija…

Sara: Con la figura de la Niña Blanca.

Ismael: ¿En qué chingados me metiste, pendeja?!

Bruja: Ella no es mala.

Ismael: ¡Me quitó a mi familia!

Bruja: ¿Le prometiste algo que no hayas cumplido?

Ismael: No sé. No me acuerdo…

Bruja: Te dije que si le prometías algo, lo tenías que cumplir. Esto es tu culpa. Tú te provocaste esto a ti mismo.

Ismael: Pero… ¡ya tiré todo a la chingada!

Bruja: No puedes dejarla cuando tú quieras. Si le pides algo, es un compromiso para toda la vida.

Ismael: ¿Por qué no me dijiste eso antes? ¡Chingada madre!

Sicario: Está de la chingada lo que te pasó, hermano. Pero si crees que sólo por eso voy a perdonarte la vida…

Ismael: No quiero que me perdones. Quiero que me mates.

Sicario: ¿Qué?

Ismael: Por eso terminé trabajando con esta raza, buscando trabajos cada vez más peligrosos. Pero ella no me lleva, me sigue cuidando aunque yo no quiera. Mátame, cabrón. Ten piedad de mí. Yo sólo quiero volver a ver a mi familia…

El sicario piensa qué hacer un breve momento. Finalmente, le dispara a Ismael.

Sara: El sicario mira el cuerpo sin vida de Ismael. En eso, algo sale del bolsillo de Ismael: una moneda de plata con la figura de la muerte. El sicario la toma entre sus manos y la mira con curiosidad…

Fabián

Yo adoro y quiero a la muerte y hasta le tengo un altar.
Ya hay millones que le rezan, la Iglesia empieza a temblar.
Abiertamente ya hay curas que la empiezan a adorar.

Mafiosos y policías se la empiezan a tatuar.
Políticos y hasta empresarios también le tienen su altar.
Yo le prendo sus velitas, no es un delito rezar.

A la Santísima Muerte muchos la usan para el mal.
Es bueno que te defiendas, pero nunca hay que abusar.
La muerte es muy vengativa. Si no le crees, no le hables mal.

Sara: ¿Qué tal?

Raschid: No me gusta. Con la Santa Muerte no se juega.

Sara: No estoy jugando. Me imaginaba la serie como una antología entre terror y misterio. Como la Dimensión desconocida, con un twist al final. Cada capítulo podemos ver la historia de alguien que tiene algo que ver con el culto a ella: empresarios, narcos, prostitutas… y la Santa Muerte es el hilo conductor que conecta todas esas historias.

Raschid: No sabes en lo que te estás metiendo, pendeja. Ella no es ni buena ni mala… simplemente es. Y a ti se te ocurre presentarla como si fuera un fantasma, demonio o monstruo de película de terror barata.

Sara: Perdón, yo…

Raschid: Gracias a ella estoy vivito y coleando, cabrona. Así que no pienso dejar que le faltes al respeto.

— 15 —

Sara: Súbitamente élsaca una navaja. Se me acerca. Toma mi mano derecha y la pone sobre una mesa. Por instinto trato de quitarla pero es inútil. Se pone a tararear: “De tin, marín…”. Los dedos no, por favor. Los necesito para escribir. Hasta ahora no te han servido para nada, dice. Estira uno de mis dedos, el que alguna vez pensé que presumiría un anillo de compromiso de Daniel. No, por favor. Por favor. Ya sé, dice. ¿El de tu hermana o el tuyo? Me quedo helada. No sé qué decir. El de tu hermana, pues. A ver si esto te motiva a no cagarla otra vez. Por fin me suelta. Un tipo viene y me encierra en el cuarto de siempre. Escucho a mi hermana gritar. Perdón, Dinah. Perdón. No supe qué contestar.

Bailan una misma coreografía.

— 16 —

Sara: Dinah, ¿estás bien?

Dinorah: Mmmph…

Sara: ¿Dinah?

Dinorah:

Sara: ¿Qué te hicieron?

Dinorah:

Sara: Perdóname si te hicieron algo.

Dinorah: Argh…

Sara. ¿Dinah?

Dinorah: Estoy bien.

Sara: ¿Qué te hicieron? ¿Te duele mucho?

Dinorah: No te preocupes por mí.

Sara:

Dinorah: Concéntrate en lo tuyo para que nos dejen salir de aquí.

— 17 —

Flashback. Masterclass.

Sara: Como guionistas, una de las herramientas más poderosas que podemos aprender a utilizar son los cliffhangers. Los cliffhangers son herramientas narrativas para dejar al público en suspenso. Antes se usaban en los cortes a comerciales, aunque ahora con las plataformas de streaming se usan al final de muchos episodios. Cliffhanger significa en español algo como: “quedar colgando de un acantilado”, pero también se podría traducir como “al borde del abismo” o “del precipicio”. El término se originó cuando al final de una novela serializada a finales de 1800 el protagonista quedó literalmente colgando de un acantilado. Pero desde antes, escritores como Charles Dickens y Miguel de Cervantes ya lo utilizaban en sus historias. Puede ser una situación difícil, un dilema al que se enfrenta el personaje o simplemente una revelación como: “Luke, soy tu padre”. Con esto se espera enganchar al público para que se quede —o regrese— para ver cómo los personajes resuelven este conflicto o situación. El cliffhanger deja una pregunta en la cabeza del público: ¿y ahora qué va a pasar? ¿Podrá el personaje principal salir de su predicamento?

— 18 —

Ismael: Rézale.

Sara:

Ismael: Vamos, rézale. Sin su ayuda nunca van a poder escapar.

Sara:

Ismael: Es la única que las puede proteger.

Sara: No tenemos altar.

Ismael: De seguro hay alguna figura por aquí que puedas robar. Velas también encuentras.

Sara:

Ismael: Pídele que las libere y de seguro lo va a hacer.

Sara: No, con esas cosas no juego.

Ismael: ¿Prefieres morir? ¿Que se mueran tú y tu hermana?

Sara:

Ismael: Rezar no cuesta nada. Sólo tienes que tener fe en ella.

Sara: La única fe que quiero tener es que saldremos de aquí.

Ismael:

Sara: Sólo necesito encontrar una historia que le guste.

Ismael: Deberías pedirle que te dé inspiración. Eso también se puede.

Sara:

Ismael: Deberías rezarle. Antes de que tu hermana se quede sin dedos.

— 19 —

Raschid: ¿No que eras guionista? Hasta ahora puras ideas mierda.

Sara: La tercera es la vencida. Tiene elementos de thriller, como CSI. Estoy segura de que ésta te va a encantar.

Raschid: Más te vale, porque esto ya me está empezando a dar hueva.

*

Fabián

Interrumpimos nuestra programación, dijo la conductora:
Acaban de encontrar a una muerta en su camionetota.
Los medios fueron de inmediato a cubrir la nota,
pero a nadie se le ocurrió prenderle una veladora.
Dicen que era de familia importante.
Qué lástima que su vida acabó en esta masacre.
Su cuerpo totalmente desmembrado, ¡qué coraje!
Su sangre quedó embarrada por todas partes.

Aparece Elmer.

Elmer: Siempre me entristecen estos casos. ¿Cómo puede caber tanta violencia en un solo cuerpo? Demasiada crueldad. Las autoridades encontraron el cuerpo mutilado de una mujer en una camioneta último modelo, dentro de bolsas negras para la basura.Al parecer la víctima era esposa de un político muy importante del estado. El padre de la difunta, Octavio de la Garza, fue quien me contrató. Necesito encontrar al culpable en menos de tres días.

Raschid: ¿Tres días? Eso es imposible.

Sara: Se me ocurrió para darle un poco de urgencia al asunto.

Raschid: La mayoría de los crímenes en México casi nunca se resuelven… ¿y tú crees que el detective lo va a poder resolver en tres días? No mames.

Elmer: Corrección: necesito encontrar al culpable lo más pronto posible. Como se acercan las elecciones estatales, hay demasiada presión por todos lados, hasta del alcalde y del gobernador. Me llamaron a mí, Elmer Mendiola, investigador privado, y no a alguien de la policía, porque el 94.8 % de los casos denunciados en México quedan impunes. ¿Cómo luchar contra un sistema inútil y podrido desde adentro? Los policías no investigan ni madres, son carteros del ministerio público, sólo se dedican a repartir citatorios. Y para colmo, todos los servidores públicos se quejan de los de otra sección. Los policías preventivos de los peritos, los policías de investigación de los agentes del ministerio público, los fiscales de los jueces. Todos echándose la pinche pelotita hasta que llega la próxima víctima y vuelven a empezar el juego. Tampoco sirven de mucho los peritajes ni las evidencias. Cero huellas, cero información, cero sospechosos. La única forma de probar un asesinato es hacer que alguien te diga “yo fui” y eso nunca pasa. Entre la corrupción, falta de pruebas, órdenes de aprehensión que nunca se cumplieron y confesiones obtenidas de manera dudosa, los detenidos —si es que los hay— rara vez pasan por un juzgado. La impunidad reina en este país de ciegos, sordos y mudos. Pero a pesar de todo, creo en la justicia. No en la del sistema mexicano, pero al menos en la justicia divina. Es el único consuelo que nos queda. Pobre de mi hija… ¿qué futuro le espera a ella en este pobre país sin ley? Y los medios de comunicación están como sabuesos aprovechándose de la situación, entrevistando a cualquier persona cercana a la víctima con ganas de tener sus quince minutos de fama. Todos dicen frente a las cámaras haberla conocido… ¿pero quién la conocía realmente?

Sara: En eso, le hablan a nuestro protagonista. Los medios acaban de revelar que el presunto culpable es el señor Santos, esposo de la víctima.

Elmer: Gracias a mis contactos, un amigo que trabaja en la policía me da la oportunidad de hablar brevemente con él.

Santos: Creo que yo fui quien mató a mi esposa.

Elmer: ¿Crees?

Santos: Es difícil de explicar.

Elmer: Soy todo oídos.

Sara: La cámara se acerca lentamente al rostro de Santos.

Santos: Mi esposa y yo nunca tuvimos una relación perfecta. Peleábamos la mayor parte del tiempo. Empecé a refugiarme en el trabajo. Ella comprando cosas caras e innecesarias. La gota que derramó el vaso fue hace poco, que me pidió un celular nuevo, el modelo más reciente de la marca Apple. Se me hizo bastante raro porque el de ella funcionaba bien, pero aún así se lo compré. De hecho, le puse una cubierta roja de marca, carísima, para protegerlo. Unos días después, un técnico fue a hacer una reparacion a la oficina y me llevé una gran sorpresa: él tenía en sus manos el mismo celular que le había comprado a mi esposa, con todo y la misma cubierta roja resaltando el logo de la marca. Inconfundible. ¿Sabe usted qué me dijo el tipo?

Técnico: Me lo regaló mi novia. Bueno, una vieja con lana que me ando cogiendo.

Santos: Me aguanté el coraje, fui a la casa inmediatamente y confronté sutilmente a mi esposa.

Mi amor, ¿puedo ver el celular que te compré?

Marisela: Claro. ¿Puede ser después de que terminemos de cenar?

Sara: Ella le ofrece un shot de mezcal. Él se lo toma de un trago para agarrar valor.

Santos: Si no te molesta, prefiero verlo de una vez.

Marisela: ¿Por qué?

Santos: Quiero checar algo importante.

Marisela:

Santos:

Marisela: Qué raro, no está donde lo dejé.

Santos: Qué raro…

Marisela: Tiene que estar por aquí.

Santos: ¡Eres una pinche mentirosa!

Empezamos a discutir… y después ya no me acuerdo de nada. Lo único que recuerdo es despertar en el suelo de mi casa. Sangre por todos lados.

Elmer: Encontraron el cuerpo de tu esposa destasado, cortado en pedazos, dentro de su camioneta. Lo único que no ha aparecido es su cabeza.

Santos:

Elmer: ¿Dónde la dejaste?

Santos: Le juro que yo nunca le haría eso… por más emputado que haya estado.

Elmer: Toda la evidencia apunta hacia ti, mi estimado Otelo.

Santos: Lo sé, pero se me hace demasiado extraño el no recordar absolutamente nada…

Elmer: A veces el cerebro se desconecta en situaciones como ésta, con demasiado estrés.

Santos: Puede ser. Sólo para que sepa, no voy a intentar escapar ni ampararme. Voy a enfrentar las consecuencias. Si tengo que pasar el resto de mi vida en la cárcel, que así sea…

Elmer: Bueno, al menos con esto el padre de Marisela tendrá algo de consuelo.

Santos: ¿De qué está hablando?

Elmer: El padre de Marisela, don Octavio de la Garza, fue quien me contrató para investigar el caso.

Santos: Pero eso no es posible… mi suegro murió hace más de diez años.

Elmer: ¿Entonces quién me contrató? ¿Quién se hizo pasar por el señor de la Garza? Estas preguntas me dejan reflexionando profundamente. Decido ir al despacho de Santos para investigar quién era el técnico, el supuesto amante de Marisela, para tratar de hablar con él… pero por más que busco, no encuentro ningún registro de él. Checo el registro con el guardia de la entrada, y el técnico dijo que venía de parte de Servicios Especializados S. A. de C. V., pero esa compañía no existe. Preguntando, descubro que es parte de una red de factureras que operan en el estado desde el sexenio anterior. En eso, algo hizo clic en mi cabeza. Recuerdo el shot que Marisela le dio a su esposo antes de que la matara. ¿Y si no le dio alcohol? ¿Y si era algo más y por eso perdió el conocimiento? A lo mejor Santos no estaba mintiendo cuando dijo que no recordaba cómo mató a su esposa. ¿Y si realmente no la mató? No ha aparecido la cabeza de ella… así que en teoría el cuerpo podría ser de cualquiera. Tenemos que hacerle pruebas de ADN al cadáver… ¡pero ya! Para estos momentos mi mente está dudando de absolutamente todo. Incluso, la posibilidad de que lo estuviera tratando de incriminar algún partido político de la oposición. Sea como sea, definitivamente hay algo podrido en México.

Sara: El detective llega a su casa, las preguntas aún rondando por su cabeza. En eso, descubre un objeto extraño en la mesa del comedor.

Elmer: Un celular nuevo marca Apple… con una funda roja de marca. ¿Hija, de dónde sacaste esto?

Hija: Me lo acaba de regalar el papá de un amigo. ¿Por?

Fabián

Hoy que a mi pueblo ahogando está la corrupción
de mexicanos sin conciencia que gobiernan
y se olvidan de los pobres de estas tierras,
y se dedican a saquear nuestra nación.

Dicen que huele a podrido en Dinamarca.
Pero comparados con nosotros están en la gloria.
Allá la justicia sí puede cantar victoria.
Acá los corruptos gobiernan cual monarcas.

Este trip se va a poner bien denso.
Tantas preguntas, tan pocas respuestas.
Ni al pinche Hitchcock se le ocurrió algo con tanto suspenso.

Raschid: No entiendo esta pinche historia. ¿Hacia adónde va esta chingadera?

Sara: Es un plot twist. El celular que causó todo termina con la hija del detective.

Raschid: ¿Pero por qué chingados lo tiene ella?

Sara: Es parte del misterio. La idea es hacer algo como en Gone Girl, donde Marisela realmente no está muerta, sino que hizo un plan elaborado para incriminar a su marido. Para chingárselo a él y al partido político de él.

Raschid:

Sara: Cada temporada puede haber un caso nuevo. Como en True Detective de HBO. Podemos aprovechar para ver la corrupción de las autoridades, entrelazadas con el narco. Creo que puede ser bastante emocionante.

Raschid: No tienes ni puta idea de cómo funcionan las cosas. ¿Tú crees que porque escribes una serie pedorra de tele sabes cómo funcionan las cosas?

Sara:

Raschid: Te crees muy chingona porque sabes escribir, porque sabes usar palabras complicadas y pones nombres extravagantes que a nadie le pinche importan.

Sara: ¿Qué nombres extravagantes? ¿“Otelo”?

Raschid: Exacto. Te crees la mera riata, muy culta y la verga, pero no sabes ni madres. ¿Sabes cómo movemos la droga? ¿Sabes cómo negociamos con alcaldes y gobernadores? ¿Sabes cómo tratamos con la policía? No mames. Sólo te fusilas las pinches películitas que ves en la tele. ¿Has sentido una ráfaga de balas persiguiéndote? ¿Sabes a qué huele un cadáver? ¿Al menos has escuchado el disparo de una pistola en vivo? ¿Quieres que te enseñe?

Raschid saca su pistola.

Raschid: Si supieras todo lo que he hecho, no estarías tan tranquila aquí conmigo, contándome tus pinches historias pedorras.

Sara:

Raschid: ¿Nunca te has preguntado qué se siente matar a alguien? De eso nunca hablan las películas de acción o las series como la tuya; de qué se siente. Matan cabrones como si nada, como si fueran moscas. ¡Pum, pum, pum, pum, pum, pum, pum! Todos sabemos que no importan, que son extras, relleno, que no aportan nada a la trama. Se mueren y ya. A nadie le importa que esos seres dejen de existir. Por eso no vemos que los quiten de la calle, que lloren por ellos y mucho menos que les hagan funerales… porque a nadie le importan. ¿Verdad que no? La historia tiene que seguir, porque eso es lo más importante.

Sara:

Raschid: Hace unos días me preguntaste por qué tanto coraje contra las viejas. ¿Has sentido tanto coraje que quieras matar a alguien que alguna vez quisiste? Yo quería mucho a alguien. Si me hubiera casado, hubiera sido con ella. Te juro que nunca le puse un dedo encima. Jamás. Era mi adoración. Me dijeron que la habían visto con otro güey. Yo soy bien directo. Le llegué a preguntar varias veces si traía algo con otro vato, pero siempre me juraba y juraba que no. La morra me lo decía viéndome a los ojos, pero la verdad tarde o temprano siempre sale a la luz. Nos vimos en el depa que yo mismo le estaba pagando, llegué antes que ella. Ella llega un rato después, bien fresca y guapa como siempre. Ahí ya estaba seguro que me estaba poniendo el cuerno. Levanté al güey, yo mismo vi las fotos en bolas que ella misma le mandaba, el güey ya había confesado todo. Volví a preguntarle: ¿me estás poniendo el cuerno con este pendejo? Ella lo seguía negando. Le volví a preguntar: ¿dónde estabas aquel día? ¿Por qué esto? ¿Por qué lo otro? Empezó a ponerse nerviosa, a contradecirse. ¿No me habías dicho que estabas acá? Es como ir acorralando poco a poco a un animal. Te juro que hasta podía oler su miedo. Hasta que ya no pudo inventar más excusas. No supo qué decir y se quedó callada. Le dije: ven, te dejé un regalo en la recámara. Ella entra. La cabeza del vato sobre la sábana. La sábana donde los dos cogieron cuando yo no estaba en su depa. El celular del vato en su boca, en la pantalla la foto de ella en bolas. Qué cabrona, confié en ti. Se puso a llorar, rogándome que la perdonara. Estaba hincada, llore y llore y llore. La tomo de la cara con mis manos, le doy un beso en la frente, la veo a los ojos… y comienzo a apretar. Apretar, apretar, apretar. Ella no me quita los ojos de encima. Me duele ver el pinche arrepentimiento en sus ojos. Apreté, apreté, apreté y apreté… hasta que dejó de moverse. Cuando la vi inmóvil, con los ojos abiertos, sentí una mezcla bien rara… como de rabia, amor, tristeza y odio. Todo mezclado. Nunca he vuelto a sentir nada igual. Creo que una parte de mí se murió esa noche. No te imaginas lo que se siente quitarle la vida a alguien a quien adoras. Al ponerme el cuerno, ella terminó matándonos a los dos. ¿Sabes qué es lo más raro? Después de algo así todo te vale verga. Ya no puedes volver a ser quien eras antes. No sientes nada, eres como de piedra. Empecé una especie de ritual. Me traía a una morra cualquiera, me la cogía y cuando me aburría de ella la mandaba a la verga. Un balazo. Pum. Rápido. La que sigue. Como si fueran extras. En las series de ustedes siempre puedes encontrar extras pa’ todo lo que quieras. ¿Adivina qué? Acá también…

— 20 —

Dinorah: ¿Sara, qué te pasó?

Sara:

Dinorah: ¿Te hizo algo?

Sara: No.

Dinorah: ¿Entonces por qué estás tan alterada? ¿Qué pasó?

Sara: No somos nada para él. Somos extras.

Dinorah: ¿De qué estás hablando?

Sara: Nunca había sentido tanto miedo, Dinah. ¿Cómo puede haber gente con tanto poder? No somos nada para él.

Dinorah:

Sara: No quiero terminar como una de esas mujeres… con mi historia inconclusa.

— 21 —

Elmer: Me da muchísima tristeza este caso. Una guionista tan talentosa, tan joven…

Sara:

Elmer: Pero la impunidad reina en este país.

Sara: No, alguien nos tiene que encontrar.

Elmer: Nadie levantó ninguna denuncia. Dicen que andaba en scouting de locaciones con su hermana y algo les pasó.

Sara: Tengo que hacer algo.

Elmer: ¿Cómo luchar contra un sistema inútil y podrido desde adentro?

Sara: Tengo que hacer algo. Tengo que hacer algo. Tengo que hacer algo.

Elmer: Gracias por dejarme pasar a la escena del crimen, licenciado. En verdad, no puedo creer lo que estoy viendo.

Sara: No estoy muerta.

Elmer: ¿Cómo puede caber tanta violencia en un solo cuerpo?

Sara: ¡No estoy muerta aún!

Elmer: Demasiada crueldad. A la hermana le cortaron todos los dedos de las manos.

Sara: ¡No! ¡Mi hermana no!

Elmer: Y a la guionista la…

— 22 —

Sara: No puedo dormir. Batallo para respirar. No puedo dejar de pensar en todas esas mujeres cuyas vidas se quedaron a la mitad, como una serie de televisión que fue cancelada antes de tiempo. ¿Cómo se llamaban? ¿Al menos sabía cómo se llamaban? Todas tenían nombre. No eran extras, eran personas de carne y hueso. Tenían amigos, familia, hijos. Tenían sus propias historias que estaban escribiendo día a día. Eran las protagonistas de sus propias vidas… como Dinah y como yo.

Dinorah: ¿Cuántos días llevamos aquí?

Sara: Ni idea.

Dinorah: Estoy harta de estas cuatro paredes.

Sara:

Dinorah: Todos han de estar muy preocupados.

Sara:

Dinorah: A lo mejor ya nos dieron por muertas.

Sara:

Dinorah: ¿Cuánto tiempo se tarda la gente en perder la esperanza?

Sara: Mucho. Hay cicatrices que se quedan abiertas para siempre.

Dinorah: ¿Cuántas mujeres levantadas vuelven a sus casas?

Sara: No las suficientes.

Dinorah:

Sara: Cada noche tengo que estar inventando historias con la esperanza de que alguna nos vaya a sacar de este lugar. Soy como Scherezada de Las mil y una noches. Sin proponérselo ella fue la primera guionista, la experta en los cliffhangers y el suspenso, dejando al Sultán asesino enganchado con sus historias cada noche, para continuarlas al día siguiente. Yo soy Scherezada. Siento como si estuviera pitcheando historias colgada de un maldito acantilado, agarrada de la orilla con una sola mano, sosteniendo a mi hermana con la otra, a punto de caer al vacío. Aprieto los dedos con todas mis fuerzas para no soltarme, pero cada vez es más difícil pensar en historias mientras estoy así, colgando de un hilo. Trato de no mirar abajo para no sucumbir ante el terror, pero ya no sé cuánto más pueda. Scherezada estuvo así por mil y una noches. Yo ya ni sé cuánto tiempo llevamos encerradas aquí. Se me están agotando las ideas. ¿Cuántas noches más podré aguantar? Ya ni siquiera sé si soy buena guionista.

— 23 —

Sara: Un romance entre un sicario y una sicaria de cárteles opuestos.

Raschid: Eso jamás pasaría. Sería muy estúpido que te metieras con uno de tus enemigos.

Sara: Un jefe narco va al psicólogo. Al estilo de Los Soprano.

Raschid: ¿Los qué?

Sara: Los Soprano. Es una serie muy importante de HBO.

Raschid: Me vale verga HBO.

Sara: Podemos mostrar otro lado de los narcos. ¿Qué hay dentro de sus cabezas? ¿A qué le temen? ¿Cuál es su lado humano?

Raschid: ¡Aburrido!

Sara: La triste historia de cuatro hermanos que van muriendo por culpa del narcotráfico. Inspirada un poco en El soldado Ryan.

Raschid: Si vi El soldado Ryan.

Sara: ¿Buenísima, no? Puede ser muy conmovedor.

Raschid: Me cagan las historias donde la gente llora.

Sara: Un policía y un sicario que son hermanos. Drama tipo Breaking Bad.

Raschid: Nah. ¿Por qué siempre pones ejemplos de series gringas?

Sara: Porque veo mucha tele, a eso me dedico.

Raschid: Siempre te la pasas diciendo: como tal serie, como tal programa. ¿No tienes ideas originales o qué?

Sara: Bueno… ¿qué tal algo sobre un cártel de puras mujeres chingonas? Ellas secuestran hombres y los tratan como animales.

Raschid: ¿Parecida a La Reina del Sur?

Sara: Sí.

Raschid: ¿Ves? Puras pinches copias. ¿Se te ocurre algo de humor negro?

Sara: Hay una balacera y parece que muere por accidente el achichincle de un narco.

Raschid: ¿Puede ser un enanito?

Sara: Sí, puede ser un enano. ¿Por qué no?

Raschid: Nah, mejor un jorobado. Está más cagado. Y que hable chistoso, como el Sammy. ¿Sí sabes quién es?

Sara: Sí. Entonces… hay una balacera y parece que muere por accidente el achichincle jorobado de un narco. Nadie quiere echarse la culpa, porque al culpable se lo va a cargar la chingada. Pero es tanta la presión de encontrar un culpable, que al final varios de los involucrados terminan confesándose al mismo tiempo. ¡Lo que no saben es que el jorobado está vivo!

Raschid: ¿Pero está muerto o no está muerto? No entiendo.

Sara: Creían que estaba muerto, pero no, al final descubren que la bala sólo lo rozó.

Raschid: ¿Eso se te hace chistoso?

Sara: Me dijiste que querías algo de humor negro.

Raschid: Me imaginaba algo más chido como “Un muerto… pero de risa”.

Sara: Ah…

Raschid: No quiero una comedia pendeja, me cagan.

Sara: Pero “Un muerto… pero de risa” es una comedia pendeja.

Raschid:

Sara: Bueno, ¡está bien! Hacemos que el jorobado se muera. Y los involucrados manipulan el cuerpo del güey para que parezca que está vivo.

Raschid: Olvídalo, ya no me gustó.

Sara: ¿Qué tal una comedia no-pendeja sobre un narco que quiere ser actor y salir en una narcoserie?

Raschid: ¿Pero por qué un narco quisiera ser actor?

Sara: No sé… porque puede ser bastante interesante, ¿no? ¿No crees?

Raschid: No.

Sara:

Raschid: No creo que un actor gane lo que nosotros ganamos.

Sara: Eso sí.

Raschid: ¿Cómo te inspiras para sacar todas estas mamadas?

Sara: A veces escuchas alguna anécdota de alguien o ves alguna película o serie que te inspira. Otras veces tomas cosas que te pasan de tu propia vida. Hay personas que simplemente sueñan con alguna historia, la escriben y ya.

Raschid: Yo acabo de tener un sueño bien pinche raro. Soñé que estaba en una especie de desierto, alejado de la ciudad. Y a lo lejos veía una vieja de espaldas escribiendo en chinga en su laptop. Pero bien loco porque estaba chillando, pero feliz al mismo tiempo. En eso aparece una tele de no sé qué pinches lados y estamos tú y yo ahí adentro. ¿Qué raro, no? Y algo me contabas de unas viejas y no sé qué chingados. Y en la tele también aparecían sus historias. Ah…y me decías una frase que no tiene ni puto sentido.

Sara: ¿Qué frase?

Raschid: “Todas somos Scherezada”. No sé por qué me acuerdo tanto de esa frase. Ni siquiera sé qué significa Scherezada. Pinche sueño loco, ¿no? Parece como si me hubiera fumado algo antes de irme a jetear. Chingado, ya me está afectando verte tan seguido…

Sara:

Raschid: Shtt. Te estoy hablando.

Sara: Perdón, me quedé pensando en tu sueño.

Raschid: ¿Sabes qué? Te voy a ayudar un poco. Se me acaba de ocurrir una idea chingona.

Sara: A ver…

Raschid: Una serie sobre mí: El Raschid.

Sara: ¿Cómo?

Raschid: Sí, mi vida es bastante interesante. La neta, si te contara todo lo que me ha pasado, te sorprenderías. Me cae que si hicieran una serie con mi historia sería mejor que las pinches series del Chapo o hasta la de Pablo Escobar.

Sara: Está bien, puedo escribirte tu propia bioserie. Si es lo que tú quieres…

Raschid: Siéntate. Te voy a contar un par de anécdotas para inspirarte. Tengo de todo: de acción, de misterio y hasta cachondas…

Sara:

Raschid: ¿Quieres una cheve? En serio, fácil tengo material para unas siete temporadas.

— 24 —

Dinorah: ¿En serio le pasó todo eso?

Sara: No sé. También me contó que una vez se peleó contra una pantera negra que se escapó de un zoológico que tenía su exjefe en una de sus casas.

Dinorah: ¿Una pantera? Ni que fuera superhéroe.

Sara: Ya sé, probablemente sea una mezcla de realidad y ficción.

Dinorah: Sinceramente, ha de ser más ficción. Esto de la pantera lo sacó de la serie de Pablo Escobar.

Sara: Dice que hasta estuvo en la cárcel y se escapó varias veces.

Dinorah: Eso no se me hace tan imposible de creer.

Sara: Y no te he contado todo lo que me dijo, estuvo hable y hable más de cuatro horas. Estuve en chinga haciendo apuntes.

Dinorah: Mira, por lo menos parece que por fin ya está emocionado por esta historia.

Sara: Eso sí. Ahora sólo falta darle forma a todas estas anécdotas.

Dinorah: ¿No será que éste era su plan desde el principio? ¿Qué le escribieras este caprichito?

Sara: Probablemente.

Dinorah: No importa. Ármale su pinche historia para que nos suelte de aquí lo más pronto posible.

Sara: Por cierto, se llama Raschid.

— 25 —

Raschid: Espero que se te haya ocurrido algo mamalón con todo lo que te conté.

Sara: La historia comienza en la cárcel, donde aquella vez estuviste detenido…

*

El Cíclope: Mi nombre es Genaro Peña pero me dicen el Cíclope. Llevo cuarenta y dos años encerrado aquí. No voy a mentir, como hacen la mayoría de los reos: yo sí soy culpable. Robé una tienda para poder darle de comer a mi familia. Los pinches policías se pasaron de verga. Así fue como perdí mi ojo. A través de los años he escuchado chingamadral de historias, pero ninguna como la del Raschid.

Fabián

El Raschid es muy chingón, ya es casi leyenda.
Y aunque esté en el bote, los otros cárteles tiemblan.
Es un cabrón inteligente y poderoso.
Del gobierno se ha burlado como pocos.
Los productores de cine quieren filmar su vida.
Pero él los deja en visto, cagado de la risa.
Grabar algo sin su permiso es suicida.
Nunca lo intentes ni aunque trabajes en Televisa.

El Cíclope: La gente por aquí dice muchas cosas sobre el Raschid.

—Yo una vez escuché que peleó a mano pelona contra una pantera negra.

—Un primo lo vio. Dice que fue neta.

—Escuché que fue en un rancho en Veracruz.

—El Raschid dándole vergazos al felino.

—El pobre animal terminó casi muerto maullando de dolor.

—Yo supe que el Raschid se chingó él solo a cuarenta sicarios que iban por su cabeza.

—¡Sal de ahí!

—¡Ya valiste verga, cabrón!

—Pues el vato se la peló a pesar de que lo tenían acorralado dentro de una camioneta.

—Al final ya no le quedaban balas, pero como quiera, con una pinche navaja, mató hasta el último cabrón del cártel que intentó ejecutarlo.

—Está cabrón.

—El Raschid está muy, muy cabrón.

—Se ha chingado a cientos de personas.

—Policías, sicarios, cualquiera que trata de ponerse en su contra.

—Aunque no lo crean es un buen cabrón.

—Eso sí.

—Dicen que le mandó comprar balones de futbol a todos los niños del pueblo donde nació.

—Y que cuando una chavita de ahí cumple sus quince años, él patrocina todo el pedo.

—Por eso lo quieren mucho ahí, en ese pueblo mágico donde nació, allá por el norte.

—Como Robin Hood, pero en vez de arco y flechas… un chingo de pistolas.

—Cuernos de chivo, R15, M82… de todo un poco.

—Yo una vez vi que le dieron un balazo en el pecho y él como si nada, como un pinche Terminator bien verga. Ha de ser inmortal el cabrón.

El Cíclope: A veces es difícil separar la realidad de la ficción. Pero en lo que coincidían todos lo que lo han conocido es que el hombre es una leyenda viviente.

—Ésta es la tercera vez que lo encarcelan.

—McGyver se queda pendejo comparado con Raschid.

—Siempre encuentra una manera de escapar del bote.

—De volver al juego.

—Aunque pierda toda su lana cuando lo capturan…

—Al final la vuelve a recuperar.

—Por más seguridad que pongan…

—Para él ningún escape es imposible.

—Si sigue encerrado aquí de seguro es porque todavía no se ha aburrido…

El Cíclope: Después de mucho tiempo me agarré de valor… y me acerqué directamente a hablar con Raschid.

El Raschid viejo: ¿Así que quieres conocer mi historia, pinche Cíclope?

Raschid: Espera, ¿por qué me pones como viejo?

Sara: Se me ocurrió que podemos hacer juegos interesantes entre el presente y el pasado. Como la serie de Luismi.

Raschid: Ta bueno. ¿A quién pondrías a actuar como yo en la serie?

Sara: A quien tú quieras. ¿A quién te imaginas?

Raschid: Tendría que ser un muy buen actor.

Sara: Claro.

Raschid: Alto. Muy talentoso. Y guapo.

Sara: De seguro conseguimos a alguien con ese perfil.

Raschid: A ver si metemos a Lidia Brito también. Estaría chido conocerla.

Sara: Tengo justo el papel para ella… ya no tarda en salir.

El Raschid viejo: Mi historia es igual a la de todos los que entramos en este negocio.

Familia pobre, muy humilde. Sin futuro, sin oportunidades. Destinado a la mediocridad, igual que mis padres, mis hermanos, mis vecinos, mis compas y toda la gente que conocía. Y de pronto, una oportunidad que cambia tu pinche vida…

—Empezó como halcón.

—Luego vendiendo droga en antros y escuelas.

—El Raschid desde morrito tenía chingo de ambición.

El Raschid viejo: Como no tenía nada, tuve que arriesgarlo todo. No había otra opción.

—Aprendió a usar armas.

—Tuvo que hacerlo.

—Si no, no hubiera llegado hasta donde está.

—Aprendió a matar.

El Raschid viejo: O matas o te matan, así es esto.

—Tuvo que chingarse a chingos de monstruos.

—El Simio, la Urraca, el Gigante, el Caníbal, el Tritón…

—Jefes de otros cárteles, pues.

—Para ir creciendo.

—Para llegar cada vez más cerca de la cima.

—Cada vez más y más arriba.

—Una cima infinita que nunca terminas alcanzando.

—Los cuerpos de sus enemigos como si fueran escalones.

—Porque en este negocio, por más lana que tengas, nunca es suficiente.

—Uno siempre quiere más y más.

—Nadie tiene llenadera.

—Hasta que alguien te chinga y ocupan tu lugar.

—Y te conviertes en el escalón de alguien más.

El Cíclope: ¿Y cómo fue que llegaste hasta acá?

Sara: Raschid baja la mirada.

El Raschid: Confié demasiado en alguien.

El Cíclope: ¿Una mujer?

El Raschid viejo: He estado con un chingo de viejas, pero sólo he querido, en verdad querido, a una mujer en mi vida. Si me hubiera casado, hubiera sido con ella. Te juro que nunca le puse un dedo encima. Jamás. Era mi adoración.

Raschid: Espérate, eso no fue así.

Sara: Tuve que cambiar algunas cosas. Es parte de la adaptación.

Raschid: No. ¡Ella no me chingó a mí! ¡Yo me chingué a esa cabrona por zorra!

Sara: No podemos poner que la mataste.

Raschid: ¿Por qué chingados no?

Sara: Porque si el protagonista hace eso, vamos a perder a la mayoría de la audiencia. Aunque sea narco y esté inspirado en ti, el público tiene que tener empatía con el personaje.

Raschid:

Sara: No van a sentir empatía si es feminicida. Por eso le puse que confiara en ella y también que lo quieren mucho en su pueblo. Para mostrar su lado sensible, humano…

Raschid:

Sara: ¿Viste la serie de Pablo Escobar?

Raschid: Algunos capítulos.

Sara: ¿No viste cuando él quema chingos de billetes para poder calentar a su hija, que se está muriendo de frío? Es para generar algo por el estilo.

Raschid: Está bien. Sigue…

El Raschid viejo: Teníamos varios años de relación. Hasta tuvimos una hija juntos. Le tenía toda la confianza del mundo. Hasta que un día…

—Era su cumpleaños.

—Pinche fiestón loco.

—Su vieja le dijo que le tenía una sorpresa.

—Hizo que se comiera unos hongos alucinógenos.

—Tú disfruta, dijo.

—Y el viaje empezó.

El Raschid viejo: Cerraba los ojos y veía colores por otros lados. Empecé a alucinar muy cabrón. El sonido distorsionado de los corridos entrando por mi cabeza.

Fabián

Una chica, si quiere a un vatooooo
por él puede dar la vidaaaaa,
pero hay que tener cuidadooooo
si esa hembra trae movidaaaa…

—Y de pronto, el viaje se convirtió en pesadilla.

—Algunos invitados de la fiesta, los traidores, comenzaron a sacar sus armas.

—Pero los guaruras y las personas fieles a Raschid respondieron.

—Y se armó la pinche balacera.

—Chingos y chingos de balas lloviendo por todos lados.

—Dice Raschid que los atacantes ya no se veían como humanos.

—Algunos eran animales, otros seres hechos como de piedra.

El Raschid viejo: Mis balas rebotaban en ellos. No lo podía creer…

—Raschid se tira al suelo para evadir las balas.

—Un momento como de cámara lenta.

—Como si las balas fueran estrellas fugaces o cometas.

—Sus estelas de colores atravesando el aire y el espacio.

—En eso, Raschid literalmente vio su vida entera como si fuera una serie de televisión.

—Pero resumida como en esos resúmenes que ponen antes de que empiecen los episodios.

—Previamente en “La vida de Raschid…”

—Todos esos momentos de triunfo…

—De exceso, de desmadre, de desvergue.

—Todos esos muertos que cargaban sus armas.

—Todo lo que le costó llegar hasta donde se encontraba ahora.

—Todos esos escalones.

—¿Sería éste el final de su historia?

—¿Acaso sería Raschid un personaje secundario y desechable en la historia de alguien más?

—Pero Raschid no quería ser escalón de nadie.

—Y a pesar de la tremenda desventaja, se defendió.

—Y atacó y contraatacó.

—Y contra todo pronóstico, los monstruos empezaron a caer.

—Hasta los seres hechos de piedra comenzaron a romperse, desmoronarse.

—Aunque eso sí, le dejaron varios impactos de recuerdo.

—Al final, dicen que fue una masacre.

—Gran final de temporada.

El Raschid viejo: En eso, volteo y veo a mi vieja apuntándome con una pistola.

El Cíclope: ¿Ella fue la que…?

El Raschid viejo: Ella fue la que me traicionó, la que estaba detrás de todo este desmadre.

El Cíclope: ¿Y luego? ¿Cómo fue que sobreviviste?

El Raschid viejo: No recuerdo mucho después de eso.

—Dicen que ella le disparó en el pecho.

—Apuntó directamente a su corazón.

—De buena suerte Raschid traía chaleco antibalas.

—A lo mejor la Santa Muerte está de su lado.

—Está vivo de milagro.

—Fue su regalo de cumpleaños.

El Raschid viejo: Así fue como llegué hasta aquí. Ya pasaron cinco años desde ese incidente. ¿Pero sabes qué es lo que más me duele de todo esto?

El Cíclope: ¿La traición?

El Raschid viejo: No. El no poder ver a mi hija. La extraño tanto…

El Cíclope:

El Raschid viejo: Pero está bien, cada vez falta menos para verla otra vez.

El Cíclope: ¿La van a traer acá pa’ que la veas?

El Raschid viejo: No… voy a escaparme de este pinche agujero de mierda. La tercera es la vencida… y esta vez tú me vas a ayudar.

Fabián

Raschid no es el Chapo ni mucho menos Escobar.
Pero al final, de cualquier manera, siempre va a ganar.
¿Podrá escapar de la cárcel?
No le cambie de canal.
Le prometemos que esta historia va a continuar.

Sara: Y así termina el piloto. El resto de la temporada podemos intercalar cómo el Raschid planea su escape de la cárcel junto con flashbacks de su pasado.

Raschid: ¿Qué pinche mugrero es esto?

Sara: ¿No te gustó? Están casi todas las anécdotas que me contaste.

Raschid: ¡Está llena de mentiras! No mames. ¿Cómo se te ocurre poner que por culpa de una pendeja que me droga me encierran?

Sara: Ya te dije que fue para hacerte más humano.

Raschid: No quiero ser más humano, quiero ser una leyenda.

Sara: Así no funciona este medio. Los personajes que pasan a la historia son los que están bien construidos. Todo buen protagonista necesita tener un arco de cambio, ser vulnerable, tener algún defecto que…

Raschid: ¿Defecto? ¿Estás mal de la pinche cabeza o qué? Si yo tuviera errores ya estaría muerto, pendeja. Y estoy vivito y coleando. ¿Qué no ves? ¡Soy la mera verga! Y a ti se te ocurre ponerme encerrado en la cárcel cinco años. ¡No mames!

Sara: ¿No viste El Padrino? ¿Scarface? ¿La serie del Chapo? ¿La de Pablo Escobar? ¿Narcos de Netflix?

Raschid: No.

Sara: Pues en todas esas series absolutamente todos los protagonistas tienen defectos o al menos obstáculos que les dificulta conseguir lo que quieren. ¡De eso se trata el drama! ¡De que batallen!

Raschid: Me vale verga el pinche drama. ¡Yo no pienso tener defectos, chingada madre! ¡Yo estoy poniendo la puta lana!

Sara: ¿Qué lana?!

Raschid: Cambia la pinche historia.

Sara: ¿Qué quieres? ¿Un personaje que consiga todo lo que quiera y ya? ¿Sin obstáculos, que no cambie nunca, que siempre sea un chingón?

Raschid: A huevo. Yo voy a ser el productor, así que yo decido.

Sara: Yo soy la guionista, yo sé lo que sí funciona y lo que no.

Raschid: ¿Tú que sabes? Tú ni siquiera escribes series, escribes pinches telenovelas. ¿A quién le importan tus ideas pedorras? Tú escribes tus pinches historias imaginarias en papel. Yo las escribo en el mundo real con la sangre de mis enemigos… o de quien me da la contra.

Sara: Me queda bastante claro porque tú no eres productor. ¡Eres un pinche asesino de mierda!

Raschid:

— 26 —

Sara: ¡Dinah!

Dinorah: ¿Qué pasó?¡Hasta acá se escuchaban los gritos!

Sara: Tu mano…

Dinorah: Eso no importa ahora. ¿Por qué te peleaste con él?

Sara:

Dinorah: ¿Qué va a pasar con nosotras? ¿Porqué me volvieron a poner aquí contigo?

Sara:

Dinorah:

Sara: Se me quedó viendo, bien cagado. Y me dijo…

Raschid: A la verga la serie. A ti y a tu hermana ya se las cargó la chingada.

Dinorah:

Sara: La cagué, Dinah. Perdón.

Dinorah: ¿Por qué no le seguiste la corriente y ya?

Sara: Aunque hubiera hecho los cambios que él quería estoy segura de que al final iba a salir con alguna otra cosa.

Dinorah:

Sara: Es un pendejo. Te juro que lo intenté. Te lo juro.

Dinorah: Tenemos que salirnos de aquí.

Sara: Tú sabes que es imposible.

Dinorah: No voy a quedarme aquí esperando a que me maten. Prefiero al menos tener la posibilidad, aunque sea muy pequeña, de escapar.

Sara:

Dinorah: Abre los ojos. Ha estado jugando con nosotras todo este tiempo, dándonos una falsa esperanza que nunca existió. Vamos a intentar escapar. Es lo último que nos queda.

— 27 —

Fabián toca la guitarra.

Fabián

Voy a cantar un corrido,
Escuchen muy bien, mis compas,
para la Sara Hernández,
guionista muy famosa,
nacida allá en Monterrey
.

El Raschid le dijo a ella:
escríbeme una serie.
No te tardes, chiquita,
o te voy a descuartizar.
Es más, por cada idea que no me guste
un dedito te voy a cortar.

Sara: No cantes eso, porfa. Es de mal gusto.

Fabián

La Sara se puso a escribir
la historia más importante de su existir.
Intentó con música y romance.
La batearon al instante.
Una chingona del misterio,
pero el jefe se perdió entre tanto enredo.
Hasta la serie de la Santa Muerte
corrió con bastante mala suerte.

Sara: ¡Shhh!! ¡Déjame pensar!

Fabián

Pobre Sara,
por jugarle a la Scherezada
le salió el tiro por la culata.
La Sara perdió su voz, no sobrevivió,
y hasta su pobre hermana se murió.

Sara: ¡Ya cállate!!

Fabián: Un minuto de silencio por Sara. Que Diosito la tenga en su santa gloria. Vamos a dedicarle un fuerte aplauso para que llegue hasta el cielo. Estoy seguro que de seguro allá sigue escribiendo sus historias.

— 28 —

Sandra: ¿Cómo estás?

Sara:

Sandra: ¿Cómo estás?

Sara: Tú no existes, Sandra. Eres parte de mi imaginación.

Sandra: ¿Y eso qué?

Sara:

Sandra: Ánimo, Sara. No pierdas la esperanza.

Sara: Es fácil ser fuerte cuando eres un personaje de ficción.

Sandra: Tú me escribiste. Si soy fuerte, tú debes serlo también, porque tú eres mi creadora.

Sara: Ya no tengo fuerzas para seguir. Ni siquiera sé cómo le estoy haciendo para imaginarte.

Sandra: Quizá en eso radica tu fuerza. En imaginar.

Sara:

Sandra: Si te rindes, ¿quién contará tu historia?

Sara: ¿Cuál historia?

Sandra:

Sara: Es cierto. Mi historia…

Sandra: Si no es ahora, ¿cuándo la vas a contar?

Sara: ¿Pero de qué sirve? Ya es demasiado tarde.

Sandra: Nunca es demasiado tarde.

Sara: ¿Por qué contamos historias?

Sandra: Dímelo tú. Tú eres la guionista.

Sara: Supongo que porque soy humana. Porque es mi manera de entender al mundo, de conectarme con los demás.

Sandra: ¿Entonces? ¿Qué te falta?

Sara: Tiempo. Estar en mi depa, tranquila, con mi laptop, tomando un café calientito. No estar preocupada por mí y por mi hermana. ¿Le sigo?

Sandra: Tienes lo más importante.

Sara:

Sandra: Acuérdate de los deadlines de tus episodios. Eras increíble trabajando bajo presión.

Sara: Esto es muy diferente…

Sandra:

Sara: La realidad es muy diferente a cómo yo la escribía en tu serie de televisión. En La guarura, al final de todo, el bien siempre vence al mal. En el mundo real así no funcionan las cosas, Sandra. En este país cualquier persona te puede quitar la vida y no pasa nada.

Sandra: Entonces escribe sobre eso. Cuenta esa historia que sólo tu puedes contar. Tú sabes cuál es…

— 29 —

Sara escribe sobre una hoja de papel.

Dinorah: ¿Qué estás haciendo?

Sara: Escribiendo.

Dinorah: ¿Para él?

Sara: Para mí.

Dinorah: ¿Te inspiraste de repente o qué?

Sara:

Dinorah: Yo no puedo dejar de pensar en qué nos van a hacer y tú estás escribiendo. ¿Te volviste loca?

Sara: A lo mejor. Ya encontré lo que estaba buscando. Sólo necesito terminar de ponerlo en palabras. Ya casi termino.

Pasa el tiempo.

Sara sigue escribiendo.

Sara: Listo.

Dinorah:

Sara: ¿Puedes darle una leída?

Dinorah: Perdón… no tengo cabeza para esto…

Sara: Por favor. Necesito que lo leas. Necesito que seas mi público. Necesito saber qué piensas.

Dinorah lee la hoja de Sara. Ella se conmueve.

Dinorah: Es hermoso.

Sara: ¿Verdad que sí?

Dinorah: Estás cabrona, Sara. ¿Cómo se te ocurrió todo esto?

Sara:

Dinorah: Es realmente hermoso.

Sara: Quédatelo.

Dinorah: ¿Por qué?

Sara: Por si me pasa algo.

Dinorah:

Sara: Yo lo distraigo.

Dinorah: ¿Qué te pasa? No te voy a dejar sola.

Sara: Necesito que saques esta historia de aquí.

Dinorah:

Sara: Tenemos una sola oportunidad. Hazlo.

Dinorah:

— 30 —

Raschid: Bueno, no puedes decir que no lo intentamos.

Raschid saca su pistola.

Raschid: ¿Alguna última cosa que quieras decir?

Sara: Hay una última historia que te quiero contar. La dejé para el final porque creo que es la mejor idea para una serie que se me ha ocurrido hasta ahora. ¿Querías que escribiera una serie sobre ti, no? Pues tiene algo de nosotros dos, de ti y de mí.

Raschid: ¿Ah, sí? ¿Y de qué trata? ¿De cómo te vuelo los sesos?

Raschid le quita el seguro a la pistola.

Sara: Empieza con una infidelidad… porque a mí también me pusieron el cuerno.

Raschid: Claro que no.

Sara: Te lo juro.

Raschid: Sólo quieres darme lástima para que no te cargue la chingada.

Sara: Por eso acompañé a mi hermana en este estúpido viaje, para distraerme. Tenía cinco años con Daniel, estábamos a punto de casarnos. Él era lo mejor que tenía en mi vida. Pero un día descubrí que me engañaba. Igual que tú, mi mundo entero se vino abajo. Pero yo no lo maté. Yo era la que me quería morir de tanto dolor. Y el dolor se metió hasta adentro, hasta mi alma. Entré en una crisis. Quería ser guionista, contar historias. ¿Cómo terminé escribiendo diálogos para series? ¿Series?, si son prácticamente telenovelas. Tú mismo lo dijiste. Y en medio de esta crisis que duró meses, un día tuve un sueño muy extraño. Soñé que estaba terminando un guion nuevo en un lugar que nunca antes había visto, una especie de oasis en el desierto, alejado de la ciudad. Recuerdo soñarme a mí misma feliz, radiante, escribiendo en mi laptop. Y cuando desperté era como si hubiera soñado que encontraba un tesoro. Tenía que encontrar esta historia que estaba escribiendo en mi sueño. Por eso, cuando mi hermana me preguntó si quería acompañarla a ver unas locaciones en el desierto, supe que era una señal. Estaba segura de que encontraría la inspiración que tanto necesitaba. En eso, tú llegaste a nuestras vidas.

Raschid:

Sara: ¿Qué irreal es nuestro país, no? Salí de mi casa buscando un sueño y terminé secuestrada. Me sentí tan tonta por arriesgar mi vida por un sueño estúpido. Pero entonces pasó algo muy extraño. ¿Te acuerdas cuando me contaste tu sueño? La persona que soñaste que estaba escribiendo en su laptop era yo.

Raschid: No mames, eso es imposible.

Sara: Y sin embargo pasó. Fue ahí cuando lo entendí todo. Tenía que pasar por todo esto: estar encerrada aquí, conocerte, escucharte, sentir tanto miedo y cagarla tantas veces para poder escribir esta historia, nuestra historia.

Raschid: Sólo estás dando patadas de ahogado con tanto pinche rollo de los sueños y la chingada.

Raschid le apunta a Sara en la cabeza.

Sara: Ya no me importa si sobrevivo a esto o no… me salvé a mí misma. Encontré la historia que tanto estaba buscando. Pase lo que pase, yo ya sé que soy una chingona. ¿Y te digo algo? No eres tan fuerte como crees. Tú eres un extra también porque tarde o temprano te van a reemplazar. El mismo personaje de Raschid pero en otro cuerpo, en otro jefe, en otro cártel. Las historias son más fuertes que la violencia. Dices que tú escribes con sangre, pero la verdad es que al final lo que sobrevive a través del tiempo son las buenas historias. Mucho más que las personas que las contaron. Algunas han durado más incluso que las tierras en donde fueron contadas. Puedes matarme a mí, pero jamás a mis historias. Ellas se defienden solas, especialmente esta.

Raschid:

Sara: Aquí está. La mejor serie que pude haber escrito. No es la historia que quería contar, son las historias que tenía que contar. Una antología inspirada en Las mil y una noches que retrata lo que las mujeres vivimos en este país lleno de violencia. Algunas completas, otras a la mitad, como las vidas de tantas mujeres que han perdido su vida antes de tiempo. Historias sobre el poder de contar historias, dedicadas a todas esas mujeres que asesinaste y que jamás serán olvidadas. Se llama Todas somos Scherezada. El primer capítulo empieza con una guionista que es secuestrada por un narco que quiere que le escriban su propia serie de televisión…

Sara le entrega una hoja de papel a Raschid.

Raschid la lee sin bajar su pistola

Un largo silencio.

Raschid: ¿Y luego?

Sara: ¿Y luego qué?

Finalmente Raschid baja su pistola.

Raschid: ¿Qué pasa después?

Oscuro.

Luis Guerrero (Monterrey, Nuevo León, 1983). Premio Nacional de Dramaturgia Emilio Carballido 2020 por Las ruinas de la memoria. Mención honorífica del Premio Nuevo León de Literatura 2022 por Yo tan Bergman, tú tan Fellini. Finalista del Premio Nacional de Dramaturgia Joven Gerardo Mancebo del Castillo 2012 por Números imaginarios.
Las autorizaciones para el montaje de esta obra pueden solicitarse al autor en la siguiente dirección electrónica: srguerrero@hotmail.com

Comparte este post:

spot_imgspot_imgspot_imgspot_img

Popular

Más como esto
Descubre

Una cabra: Un guiño a la sencillez de las preguntas complejas

Una cabra, dirigida por Jorge Ríos, en el teatro...

Los días perfectos: dramaturgia epistolar y teatro de la intimidad

Leonardo Sbaraglia despliega un registro interpretativo que conjuga sensibilidad,...

El huipil que oculta: la complejidad detrás de una tradición

La obra se presenta hasta el 15 de...

Se despide el campeón

Unipersonal en tres escenas, de Fernando Zabala, en el que dos potentes imágenes surgen con violencia en los recuerdos del exentrenador de box que lo protagoniza: una postal idílica y la foto de un mítico boxeador ensangrentado sobre una vía.